La medida

El proyecto permite jubilarse hasta 5 años antes. Es decir se reduce la edad jubilatoria de 60 a 55 años para los varones y de 65 a 60 años para las mujeres. Podrán acceder a este anticipo jubilatorio sólo para aquellas personas que ya tengan los 30 años computables y se encuentren desocupadas al 30 de junio del 2021. La jubilación anticipada permitiría acceder a una prestación del 80%, de las últimas 120 remuneraciones. Pasados 2 años, se recompone en un 100%.

 

Las consecuencias

Analizando el proyecto con más profundidad surgen una serie de interrogantes a partir de su aplicación. El sistema jubilatorio es deficitario en todo el mundo y también en Argentina. Esta medida aportaría más desequilibrio fiscal. Mariano Otálora, conductor de A24, señala “pareciera que nadie dice de dónde saldrá el dinero para pagar a los beneficiados por esta medida.”

Además, es una medida por única vez. La selección de los beneficiarios se da exclusivamente por edad y no sustentado por un estudio socio económico. Esto llevaría a permitir acceder a este beneficio a quien quizás no lo necesite. Y aquella que está, por ejemplo, a un mes de cumplir 55 o 60 años, y realmente lo necesita, se perdería el beneficio.

Si bien pareciera una medida que mejora la situación jubilatoria, no genera ningún cambio sustancial en el sistema actual. Otálora señala que es una medida pensada en el corto plazo electoral y que “este proyecto sirve para tapar la situación de las jubilaciones bajas que se cobran actualmente que muchas se encuentran por debajo de la línea de la pobreza.”

La medida suma más pasivos al sistema jubilatorio ya quebrado. Esto presenta un problema en el mediano y en el largo plazo. Esta medida está lejos de robustecer el sistema jubilatorio frente a la enorme masa de personas laboralmente activos que no aportan. “En la actualidad hay un 50% de la población activa en la informalidad y no aporta al sistema. ¿Qué se hace para mejorar la cantidad de aportantes? Nada.”, sentencia Otálora. Sumado a que se estima que en la pandemia aumentó la informalidad.

 

 

La situación del sistema

Los sistemas de reparto están en quiebra en todo el mundo. Este sistema fue un invento de Bismarck en Alemania en 1870. En esa época la gente se moría a los 47 años y la jubilación se percibía a los 60. Es decir, que todos aportaban y muy pocos accedían al cobro. Así el sistema fue superavitario y permitió la aplicación del estado benefactor. El economista Agustín Etchebarne señala que “este sistema era una gran estafa hasta que se amplió la expectativa de vida y pasó a ser deficitario”

En Argentina pasamos del sistema de reparto a la de las AFJP, y parecía que se había resuelto el problema del déficit. El sistema de las AFJP necesitaba algunos ajustes, en particular con respecto a las comisiones, pero funcionaba. En lugar de mejorarlo, en 2008, el Gobierno de Cristina Kirchner decidió eliminarlo. “Cuando le preguntaron a las personas en 2008 si querían volver al sistema estatal de reparto, la mayoría  no quiso volver, pero el Gobierno quería tener control de esa caja”, señala Etchebarne. En 2008 el sistema previsional era superavitario. Mariano Otálora, conductor de A24, señala que “las AFJP dejaron 30,000 millones de dólares, más el flujo de los aportes.”

En la actualidad el sistema está quebrado. Desde que el Estado volvió al sistema de reparto, el gasto se duplicó con respecto al PBI. Según Otálora “en el actual sistema nadie se beneficia, salvo las jubilaciones de privilegio. Los monotributistas, sin importar la categoría, perciben la mínima que no alcanza para nada. En el caso del autónomo también sucede que percibe mucho menos de lo aportado.”

Otálora concluye: “la intención de la medida es razonable. Ayuda a aquellas personas, que no tienen la edad, pero tienen años de aportes y se encuentran desocupadas. El problema es que se estaría pagando una prestación que nadie aportó en un contexto de un sistema jubilatorio quebrado y con jubilados que no llegan a fin de mes. Argentina es el país con mayor cantidad de jubilados en la etapa pasiva en Sudamérica. La contracara, es que la mayoría no llegan a superar la línea de pobreza”

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