Las zonas de intervención y no intervención son parte del programa de estabilización del BCRA. Es el costado cambiario del programa, que complementa al eje del programa que es el compromiso de mantener constante en términos nominales el crecimiento de la base monetaria (descontando los ajustes estacionales de diciembre y junio). De esta manera, las zonas de intervención tienen como objetivo intentar establecer cierto rango en la cotización del dólar, para evitar un aumento exagerado, pero también una apreciación muy fuerte que ponga nuevamente en problemas al sector externo.

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Desde un punto de vista monetario, si el dólar se escapa de la zona de no intervención hacia arriba, el mercado estaría reflejando una huida del peso, es decir, una caída de la demanda por

pesos. Así, el BCRA intervendría vendiendo dólares y contrayendo la base monetaria con el objetivo de “limpiar” el excedente de pesos que el público no desea tener. Por el contrario, un dólar menor, que se ubica en la zona baja de intervención, estaría indicando que el mercado se está desprendiendo de dólares en términos netos, es decir, que la demanda por pesos está aumentando. En este caso, la intervención oficial debe darse en la dirección de otorgar esa liquidez de pesos que el público está demandando. Esta operatoria incrementa las reservas netas del Banco Central al tiempo que expande la base monetaria.

UN DÓLAR QUE SE UBICA EN LA ZONA BAJA DE INTERVENCIÓN, ESTARÍA INDICANDO QUE EL MERCADO SE ESTÁ DESPRENDIENDO DE DÓLARES EN TÉRMINOS NETOS.

Sin embargo, como el objetivo número uno del BCRA acordado con el FMI es mantener bajo estricto control la evolución de la base monetaria, el comité de política monetaria se ha impuesto un límite a la intervención compradora. Las compras de divisas que realice la entidad no podrán generar una expansión monetaria superior al 2% mensual. Por lo tanto, lo que el Central busca es que si efectivamente hay una mayor demanda de pesos, la misma se realice con una tasa de inflación descendente. Este es el escenario ideal: una recuperación genuina de la demanda de dinero, con una tasa de inflación presente y esperada en baja y una paulatina reducción de las tasas de interés.

EL PUNTAPIÉ POSIBLE

Las primeras dos semanas del año muestran esta dinámica virtuosa. Luego de un 2018 extremadamente convulsionado, los primeros días del año nuevo han traído calma a los mercados y el equipo económico se ilusiona con que esto sea el puntapié de un proceso de estabilización duradero que permita una recuperación económica de cara a las elecciones. El riesgo país ha descendido 150 puntos básicos desde el último día de diciembre, el MERVAL acumula una ganancia de 13% y la tasa de referencia se ubica en 58%, retomando la tendencia descendente luego de algunas semanas. A su vez, la primera renovación de Letes ha concluido con un roll-over del 100%, fenómeno que no se observaba desde hace varios meses.

EL CLIMA DE OPTIMISMO NO DEBE HACER OLVIDAR LOS INNUMERABLES RIESGOS Y PUNTOS DÉBILES QUE ENFRENTA LA ECONOMÍA ARGENTINA.

SIN EXCESOS DE OPTIMISMO…

Sin embargo, el clima de optimismo no debe hacer olvidar los innumerables riesgos y puntos débiles que enfrenta la economía argentina. Si bien ha mostrado un descenso importante, la percepción de riesgo reflejada en el precio de los bonos sigue siendo muy alta para el país; las reservas internacionales propias del BCRA están en niveles bajos, el déficit fiscal y las necesidades de financiamiento aún son elevados, al tiempo que gran parte del financiamiento está estructurado en instrumentos de corto plazo con vencimientos permanentes.

Por si todo esto fuera poco, el riesgo central de 2019 es político. A medida que las elecciones vayan ganando proximidad en el tiempo, aumentan los riesgos de un comportamiento de cobertura por parte de los individuos. Si se percibe con alguna probabilidad importante la opción de que Macri no logre la reelección, los agentes privados podrían recurrir al atesoramiento de divisas como estrategia defensiva. Este fenómeno ya ocurrió en el contexto de las elecciones legislativas de 2017, cuando el dólar subió un 10% en pocos días y requirió la intervención vendedora del BCRA (una opción que hoy, dentro de la zona de no intervención, está vedada). Justamente este escenario es el que el Tesoro está intentando evitar, mostrando que ya no el Banco Central sino el propio Tesoro tiene una suficiente cantidad de dólares que necesitará liquidar en los próximos meses. La publicación del programa financiero y las declaraciones del Secretario de Finanzas van en esta dirección y probablemente hayan incidido en la calma reciente. Consciente de estos desafíos, el equipo económico se muestra optimista pero cauto, evitando caer en los errores apresurados del pasado.

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