El ajuste monetario, y la consecuente suba de tasas que impulsó el Banco Central para poder absorber más pesos del mercado, están asfixiando cada vez más a las pequeñas y medianas empresas, que son castigadas con quitas de hasta el 10% por vender sus cheques en los bancos para hacerse de efectivo.

La situación llevó a que muchas firmas eviten hacer la operatoria en el sistema financiero o busquen otras alternativas, como venderlo en el mercado de capitales, a un menor costo. Si bien el Gobierno lanzó líneas a tasa subsidiadas, los bancos tienen un cupo para otorgarlas y, en algunos casos, las exigencias son altas.

Según los últimos datos del Banco Central, al 16 de enero, el stock de documentos descontados en el sistema financiero (incluye cheques y facturas) al sector privado es de 237.598 millones de pesos y marca una caída de 5,6% en la primera quincena del año. La cifra refleja un desplome del 13,2% desde el mes de octubre, cuando comenzó el duro ajuste monetario, y ubica al stock en el nivel más bajo desde agosto de 2017.

“Desde los últimos meses del año pasado comenzó a caer el volumen que descontábamos, a lo que se sumó que comenzaron a venir cheques rechazados, aunque no en un nivel alarmante”, explicó el gerente de un banco de segunda línea, pero muy activo en el negocio del factoring (descuento de documentos).

En línea con la suba de tasas que impulsó el organismo monetario, el costo de descontar un cheque o una factura hoy se ubica, en promedio, en el 64% anual, pero en la práctica los bancos cobran entre 73% y 80% anual de Tasa Nominal Anual, según la entidad y el tipo cliente.

A eso, además, hay que sumarle gastos como la “comisión y gestión por documentos diferidos”, que llevan el CFTEA (Costo Financiero Total Estimado Anual), a un valor de entre 110% y 120%, según explican en una de las entidades. Eso sin contar la parte impositiva, como IVA, Ingresos Brutos y el Impuesto al cheque, que encarecen aún más la operatoria.

Calculadora en mano
¿Cómo se calcula esa tasa a la hora de descontar? Se aplica al monto, se divide por los 365 días y se multiplica por los días que faltan para que se pague el documento. Así, para un documento de $10.000 a 30 días, con una tasa total del 110%, el descuento que se queda el banco por entregarle efectivo a la Pyme asciende a 904 pesos, más los impuestos.

“El empresario que va a cambiar cheques a los bancos o está pensando en liquidar la mercadería y cerrar o está cambiando la plata, haciéndola circular sin ganar nada. Con las ventas en baja, y costos que aumentaron pero que no se pueden trasladar a precios, los intereses son confiscatorios”, sostiene Damian Regalini, vicepresidente de la Cámara Argentina de Fabricantes de Media. “Se quedan con tu ganancia y un poquito más, esa es la realidad”, acota.

Después de escuchar reclamos similares de otros industriales, el Gobierno tomó nota y, desde el año pasado, recurrió a fondos del Ministerio de Producción y subsidió parte de la tasa para que Pymes descuenten sus cheques en los bancos a un costo más razonable.

En la última partida que lanzó en noviembre, destinó $22.000 millones y la tasa era del 38% anual en entidades públicas y del 45% en las privadas que se sumaron a la iniciativa. Del total, el Gobierno, a través del Fondo Nacional de Desarrollo Productivo (Fondep), subsidia 12 puntos porcentuales y el plazo máximo de descuento es de 90 días.

Si bien esta línea vence el 28 de febrero próximo, en varios bancos ya se agotó el cupo y en algunas entidades exigen condiciones extras, como por ejemplo que los empleados de la Pyme acrediten el sueldo por ese banco.

En cuanto al descuento de facturas, que comenzó a realizarse hace no más de dos años, el financiamiento en el sistema venía creciendo levemente y en los últimos meses, con la tasa en niveles altísimos, también redujo la operatoria. El interés es similar al que cobran por los cheques, pero las Pymes que lo usan suelen tener un acuerdo con cada entidad, según qué tipo de empresas son las que emiten las facturas.

Un mercado en crecimiento

Asimismo, otra alternativa para descontar a un costo mucho menor que en los bancos es a través del mercado de capitales, en donde el volumen viene creciendo con fuerza.

Según el último informe de la Comisión Nacional de Valores (CNV), en el año 2018, mientras el financiamiento total en la Bolsa cayó 70%, la operatoria de cheques de pago diferido se disparó 101%.

“Hay algunas Pymes nuevas que están ingresando, que empiezan a advertir que durante mucho tiempo el mercado de capitales no era una opción visible para ellos. Siempre tuvo mejores tasas que el banco, pero no lo advertían, y ahora, en ese marco, están yendo al mercado de capitales”, cuenta a iProfesional Fernando Luciani, director ejecutivo del Mercado Argentino de Valores (MAV).

Hoy en día, la tasa que pagan las empresas que descuentan documentos en la Bolsa a 30 días ronda el 45,3% anual para la modalidad de “Cheques Avalados”, que es la más utilizada y que cuenta con el respaldo de una Sociedad de Garantía Recíproca (SGR) que garantiza el pago. Esa tasa llegó a tocar un pico de 50% entre octubre y noviembre, pero luego se reacomodó en torno a los valores actuales.

A esa tasa hay que agregarle la comisión que cobra el agente de bolsa que es variable, pero ronda el 0,5% y el 1,5%, y el honorario de la SGR, que puede ser de entre 2% y 3% sobre el monto a descontar.

Todo para financiar el día a día
Según el índice de Inversión Pyme que en estos días difundió la SGR Garantizar -la más grande del país-, de cada $100 del financiamiento conseguido por estas empresas, en 2018 sólo $35 fueron para inversiones y $65 correspondieron a préstamos de corto plazo para financiar el día a día. Es el peor registro de los últimos cinco años.

“Este número acompaña la realidad de las Pymes que, ante la coyuntura actual, requieren de un mayor financiamiento de capital de trabajo por la extensión en la cadena de pagos y no se encuentran tomando garantías para proyectos de inversión, sustanciado también en las mayores tasas de interés de las líneas de crédito”, subrayaron desde Garantizar, que cuenta con un fondo de riesgo de $7.500 millones.

A la hora de encontrarle una explicación, el informe sostiene que “la contracción de la economía en general sumada a la incertidumbre respecto al valor de las tasas de los bancos impactan en la confianza del empresariado y en la toma de decisiones”.

En diálogo con iProfesional, Pablo Pereyra, gerente general de Acindar Pyme -la segunda SGR en tamaño del mercado y la mayor del sector privado-, revela que “durante el segundo semestre de 2018 gran parte de las necesidades de financiamiento estuvieron enfocadas en el capital de trabajo y todo lo relacionado a líneas de proyecto de inversión redujo bastante su participación”.

Pereyra destaca que el hecho de ofrecer una tasa mucho más baja que el sistema financiero generó una importante demanda, que fue clave para impulsar el negocio de Acindar Pyme, que comenzó el año con 1.446 pequeñas y medianas empresas activas y cerró 2018 con 2.480 firmas.

“Mucho de eso obedece a clientes nuevos, que vieron en el producto algo que les servía. Y, por el otro lado, clientes que antes no utilizaban la SGR porque le convenía más la tasa del banco y ahora volvieron a volcarse”, explica.

Además, agrega, la diferencia con el banco no sólo está en la tasa de interés sino también en el plazo de los cheques. “La Bolsa de Comercio te permite extender los plazo y, en promedio, se opera en 150 días. Los bancos descuentan en plazos un poco más cortos”, asegura.

El temor a lo desconocido
Pero por una cosa u otra para muchas firmas, el financiamiento en la Bolsa sigue siendo algo muy lejano. De las 700.000 firmas que hay registradas en el país apenas unas 50.000 recurren al mercado de capitales para fondearse.

“El mercado de capitales siempre le lleva a la pyme un pequeño costo de ingreso, no en términos económicos sino en tiempo, en armar los legajos o en elegir el agente de bolsa”, reconoce Luciani, del MAV. Además, agrega, también “exige una regularidad fiscal total, una estructura con una contabilidad mínimamente ordenada y sin dudas hay un grupo de empresas argentinas que no pueden acceder”.

Regalini, por su parte, considera que el aspecto contable y la mayor exigencia de la Bolsa para poder operar no es una traba. “No hay mucha diferencia entre una carpeta en el banco y una carpeta en la Bolsa”, sostiene.

El empresario textil cree que lo que hace que el financiamiento de Pymes en la Bolsa no sea tan popular se debe, en parte a que “es un trámite más atípico que el bancario” y, por otro lado., a la “poca extensión geográfica, que es mucho menor a la de los bancos”.

Desde el MAV, Luciani admite que el problema de fondo es que “existe un déficit de cultura financiera, que hace que muchos se pierdan las oportunidades” y asegura que en trabajo con distintas cámaras están avanzando en la difusión de los instrumentos que ofrece la Bolsa de Comercio a las empresas para financiarse. “Vemos un déficit de planificación financiera tanto del lado de la empresa como del lado del inversor”, destaca.

Lo que aún no arrancó en la Bolsa es el descuento de facturas, que si bien desde 2018 está reglamentado, aún faltan “aspectos técnicos de la AFIP”, según cuenta Luciani.

Todo en negro
Pero más allá de los bancos y el mercado de capitales, muchas Pymes no tienen otra alternativa que descontar sus cheques en cuevas o financieras que están fuera del sistema formal y ahí la tasa ya es más que abusiva. Según cuenta Regalini, en los últimos meses hubo muchas empresas a las que la AFIP les embargó sus cuentas por deudas impositivas y “no les quedó otra” que ir al mercado informal.

“Si alguien le debe a un proveedor, le rebotan un cheque; al que le debe a la AFIP le embargan la cuenta”, grafica.

Desde una financiera que opera en la city porteña explican que en los últimos meses tuvieron más operaciones de cheques de pago diferido y la tasa, si bien es muy variada, supera el 100% anual. A eso hay que sumarle una comisión que va entre el 2% y el 4% sobre el valor nominal del cheque. “En los gastos es en donde hacemos diferencia con los bancos, que cobran mucho más por los impuestos”, sostiene un operador de esa financiera

Según explica, el negocio se cierra cuando ellos lo depositan en un mayorista, siempre en el mercado informal, que le descuentan entre 1,8% y 2,5% para convertir el cheque en efectivo.

Pero si algo no escapó a ningún mercado, ya sea formal o informal, es el aumento en la cantidad de cheques rechazados, que si bien no es alarmante, registró varios meses de crecimiento sobre el final de 2018. Los datos del BCRA muestran que en diciembre el rechazo por falta de fondos en términos del total compensado se mantuvo en niveles similares a los del mes anterior, en 1,7% teniendo en cuenta las cantidades y el 1,2% al medirlo en valores.

“Se vio un pequeño crecimiento, que no fue nada preocupante, en los meses de octubre y noviembre y ya en diciembre y en los primeros días de enero bajó considerablemente”, comenta a iProfesional, Pereyra, de Acindar Pyme. “Esa es una situación que se ha repetido, por ejemplo, el año pasado en junio y julio. Son pequeños saltos pero después se normaliza”, agrega.

Desde el MAV, Luciani sostiene que la negociación de cheques que no tienen ningún tipo de garantía, “en la cual podría haber algún índice de morosidad, el ratio estuvo por debajo del sistema financiero”.

En las cuevas, mientras tanto, ven que el número de rechazos, lejos de estabilizarse, sigue en aumento. “La cantidad de rechazos que hay es más elevada. Nosotros tenemos una cartera sana, clientes de muchos años, pero en el mercado se ve mucho más que antes”, cuentan desde una oficina ubicada a metros de la avenida Corrientes.

Las tasas de interés por ahora están domando al dólar, pero el efecto colateral es fulminante para las Pymes. El propio Guido Sandleris sabe que con este ajuste monetario está asfixiando al sistema productivo y por ahora parece dispuesto a pagar ese costo.

“Evitar que variables claves como el dólar se disparen es más importante para generar estabilidad a mediano plazo”, suelen responder en la cúpula del BCRA para justificar sus altas tasas, mientras más pequeñas y medianas empresas bajan sus persianas y no logran llegar ni siquiera a ver ese horizonte de estabilidad que imaginan en el Central.

Fuente | IProfesional