La primera semana del año suele ser una de las más tranquilas en el mundo financiero internacional, a medida que los inversores vuelven de sus vacaciones y los intermediarios ultiman sus planes de acción para los siguientes doce meses. Esto es seguido por una inundación de nuevas emisiones hacia fines de enero/principios de febrero cuando inversores y tomadores han especificado sus necesidades y cómo distribuir el dinero durante el trimestre.

Este año, tras la victoria de Trump con la expectativa de un reimpulso de la economía y el consecuente incremento del costo del dinero más la decisión de la Fed de subir su tasa de referencia tres veces (si bien el mercado está factorizando sólo dos, al 58%) cambió el escenario y disparó un juego de sillas musicales en las que la única certeza es que el último en acomodarse, pierde. Tan sólo el martes pasado, el primer día hábil en Wall Street, se vieron emisiones por unos u$s19.900 millones, y en la semana acumulamos otras por más de u$s30.000 millones (en colocaciónes de 3 a 11 años): Citigroup u$s5.250 millones, Barclays u$s5.000 millones, National Australia Bank u$s3.500 millones, Daimler USA u$s3.000 millones, FedEx u$s1.200 millones, Deere u$s1.000 millones, ABN Amro 2.250 millones, Royal Bank of Canadá £ 500 millones, que se suman a las colocaciones del Santander UK, Credit Agricole, Rabobank, BNP Paribas, Westpac, Lloyds, Banco de Montreal, Ford, Toyota, etc. Esto es por lejos un récord en la colocación de bonos el primer día del año (el promedio desde 2000 es de u$s 978 millones) y la primera semana (el año pasado se alcanzaron u$s15.800 millones).

Como el consejo mayoritario para los inversores en renta fija es este año colocarse en deuda de alta calidad a menos de cinco años, y así reducir la suba de la volatilidad esperada por el aumento de las tasas, lo que se ve es que estas colocaciones están impulsadas por el lado de la demanda de dinero y no por el de la oferta. Lo que están haciendo las empresas es aprovechar la leve caída de las tasas de los últimos días, tras la suba con la victoria de Trump (da la sensación que el mercado se tomó un descanso hasta ver medidas concretas), adelantándose a la asunción el próximo día 20, buscando congelar para entonces el costo de su fondeo.

Claro que este arranque a toda máquina no significa que el año marque un récord en emisión de bonos y se superen los u$s3,6 billones colocados en 2016. A medida que las tasas vuelvan a subir, las colocaciones en renta fija se irían desacelerando, mientras el esperado incremento en la actividad de fusiones y adquisiciones -por la eventual expansión económica- comenzaría a pasar al centro del escenario restando interés en la renta fija e incrementado el incentivo para la colocación de acciones y IPOs (en un giro de 180 grados a la fuerte recompra de acciones de las empresas, que se vio en los últimos años). Es por esto el gran apuro de colocar la deuda cuanto antes.

Latinoamérica

Este escenario se complica aún más para los emisores latinos de deuda y particular sus soberanos. En primer lugar la chance de alcanzar los récords de colocación de deuda de u$s121.000 millones en 2013 y u$s134.000 millones en 2014 es muy baja ya que a pesar del reingreso al mercado internacional de la Argentina el 19 de abril -con la mayor emisión soberana de la historia por u$s16.500 millones- América Latina colocó deuda por sólo u$s 117.000 millones en un escenario de retornos del 15% en “investment grade” y 30% en high yield, que sería imposible de ser repetido. Frente a esto se tendría al nuevo Gobierno norteamericano reduciendo los impuestos, en particular los corporativos que pasarían del 39% (real) al 24% (en línea con el resto de la OCDE), la SEC desregulando y bajando los costos de intermediación y acceso al mercado de capitales, un eventual blanqueo para la repatriación de fondos -el éxito del caso argentino no pasa desapercibido- y al dólar y las tasas en ascenso (con restricciones a las importaciones a los EE.UU.) lo que convertiría al país del Norte en una aspiradora de fondos.

Pero el punto es donde queda Argentina. La semana pasada 7 emisores latinoamericanos anunciaron su entrada al ruedo. La primera local fue Genneia, controlada por la dupla Brito/Carballo, que finaliza este miércoles, buscando entre 300 y 400 millones de dólares al 2024 (rating B3/B+) -ya tendrían un préstamo sindicado por 102 millones con el Macro y el Itaú; el parámetro son los bonos de CGC a 2021, colocados en noviembre al 9,5% rindiendo ahora 8,9%-. Esta semana le sigue Pampa Energía arrancando su “road show” mañana en Boston para finalizarlo el 16 en Londres, buscando de 500 a 1.000 millones, bonos 5/7/10 años (B3/B+) -la emisión originalmente se planeó para junio 2016; la empresa de los Mindlin desearía convertirse en el referente de tasas para el sector privado, desplazando a YPF, lo que sugiere priorizarían tasa sobre volumen-.Sobre esto se monta entre el 12 y 26 de enero una primer colocación del Tesoro argentino (Chile y Paraguay también anunciarían colocaciones sobernas así que cuanto antes salga mejor;) por 5.000 y 10.000 millones, de 5 (una señal “floja”) a 10 años (una buena señal) hasta en 3 tramos. Si bien el mercado determinará las condiciones finales, el gobierno busca -con el bono 2026 pagando un 7% privilegiarían una tasa baja más que volúmen y que esta sirva de referencia para la operación de mediados de febrero y las hasta 3 de marzo- una tasa de 5,5% y no más del 6%, cabiendo aquí la observación que si bien el euromercado aun no abrió de lleno habría sido más conveniente hacerlo bajo la moneda común, en la medida que los pronósticos son hacia la paridad dólar/euro (Brasil está estudiando este camino).

Con esto como patrón de referencia seguirían en febrero las colocaciones de: Central Puerto y Aeropuertos Argentinos (la primera demorada tras la victoria de Trump, ambas por hasta 400 millones), YPF (demorada, aprobada el 16 de diciembre por 1.000 millones), Supervielle (300 millones) y las colocaciones provinciales de -Gobierno nacional permitiendo- Tierra del Fuego (demorada, 150 millones, ), La Rioja (demorada, 200 millones), Entre Ríos (demorada, “road show” finalizado, 250 millones) y Santa Cruz (350 millones).

La clave de todo esto pasa entonces por las colocaciones del Tesoro. Más allá de lo difícil del escenario externo y la “propaganda” a favor del Gobierno y la Argentina, la sobrecolocación de deuda a lo largo del año pasado y la ruptura de la promesa que en el corriente año se recurriría al mercado internacional una sola vez-, la administración Macrista ha generado un problema de credibilidad que debiera subsanarse de manera perentoria. Este año el Tesoro necesita u$s41.000 millones con el 25% a 30% a colocarse en el primer trimestre; de esto el 54,7% es deuda nueva a emitirse básicamente en el exterior, y el resto son “roll overs” -el mes pasado se pospusieron los u$s 7.000 millones que vencen en abril- que se suman a los u$s26.500 millones que precisan las “agencias”.

El escenario no es dramático pero no es fácil, sobre todo si se privilegia la idea de “atar la tasa externa” por cuestiones electoralistas. Frente a esto, el incentivo a recurrir a los dólares que acaban de “descubrir” los argentinos tras el blanqueo, sea vía emisiones voluntarias o impuestos, se torna difícil de resistir. Se verá ahora cuánto vale realmente el ministro de Finanzas.

Fuente: Ámbito