por Mundo Dinero
Brasil se derrumbó: ¿es momento de comprar después del pánico?
Una caída del 20% en un ETF de Brasil y desplomes cercanos al 50% en algunas acciones alcanzan para poner a cualquiera en alerta. La pregunta aparece enseguida: ¿hay una oportunidad o estamos tratando de agarrar un cuchillo que todavía cae?
La respuesta no pasa solamente por quién ganó una elección. Hay que separar lo que cambió en la economía, lo que cambió en las expectativas y lo que ocurre cuando un mercado demasiado comprado tiene que desarmar posiciones de golpe.
Puede haber precios interesantes y, al mismo tiempo, margen para nuevas bajas. No es una contradicción. Es la diferencia entre encontrar una inversión atractiva y acertar el mínimo, algo bastante más difícil.
Los precios, rendimientos y escenarios que siguen corresponden a la coyuntura analizada, no a cotizaciones en tiempo real. Las carteras son ejemplos para discutir estrategias y riesgos, no propuestas universales.
Claves para decidir
- El derrumbe brasileño combinó una sorpresa electoral con el desarme de posiciones previamente sobrecompradas.
- El principal desafío macroeconómico de Brasil reúne deuda interna elevada, tasas reales altas y crecimiento bajo.
- Comprar por etapas permite conservar margen de maniobra, pero no elimina posibles pérdidas adicionales.
- Argentina enfrenta riesgos propios ligados al proceso electoral, los vencimientos de deuda y la acumulación de reservas.
Qué pasó en Brasil y cuánto había subido antes
El golpe posterior al resultado electoral fue fuerte y bastante generalizado. En la primera rueda se señalaron estos movimientos:
- EWZ: una caída cercana al 20%.
- XP: un cierre aproximadamente 48% abajo.
- Braskem: una baja del orden del 40%, seguida por un rebote cercano al 25% en la rueda siguiente.
- Real: una depreciación de alrededor del 8%.
- Tasas de mercado: subas de unos 300 puntos básicos en los rendimientos mencionados.
Ahora bien, mirar solamente esa rueda deja afuera la mitad de la historia. Muchos activos venían de subas importantes, alimentadas en parte por la expectativa de un cambio político. El mercado había tomado partido antes de conocer el resultado.
Cuando esa apuesta no se cumple, aparecen ventas por varios motivos: inversores que cambian su escenario, operadores que toman pérdidas y posiciones apalancadas que necesitan reducirse. No todo lo que cae está reflejando un deterioro equivalente en el negocio de una compañía.
La interpretación de Alexis Tschubarov fue justamente esa: una parte del derrumbe corrigió una sobrecompra previa. Incluso planteó que un triunfo del candidato preferido por el mercado podría haber generado una apertura alcista y una toma de ganancias posterior. Es una hipótesis, no algo que podamos comprobar, pero sirve para evitar una explicación demasiado cómoda: "bajó porque ganó tal candidato".
También hubo operaciones tácticas. Tschubarov contó que había multiplicado su exposición durante la caída y vendido buena parte en el rebote siguiente. Esa toma de ganancias le permitía reducir el costo de la posición que quería conservar a mayor plazo. Comprar para un rebote y comprar para mantener son dos decisiones distintas.
Las valuaciones mejoraron, pero eso no alcanza
Una referencia citada ubicaba el precio sobre ganancias futuras del Bovespa en torno a 8,2 veces, frente a un promedio histórico de aproximadamente 10,5 veces. Es decir, el mercado se había abaratado respecto de esa medida.
Pero un múltiplo más bajo no resuelve la discusión. Puede haber una oportunidad, o puede haber ganancias futuras que necesiten revisarse. El precio cayó por algún motivo; lo importante es decidir si ese motivo justifica todo el ajuste o solamente una parte.
Brasil no se puede analizar con cabeza argentina
La comparación con las PASO argentinas de 2019 aparece casi automáticamente. Hay una sorpresa electoral, caídas violentas y mucho volumen. Hasta ahí, el parecido existe.
El problema es convertir ese parecido en una equivalencia macroeconómica. Pablo Goldín puso el foco en una diferencia central: Brasil tiene problemas importantes, pero no son los mismos que tiene Argentina.
En el escenario analizado, la economía brasileña combinaba:
- Inflación anual del orden del 4% al 5%.
- Reservas internacionales cercanas a US$400.000 millones.
- Un superávit comercial importante.
- Una posición de deuda externa mucho menos exigente que la argentina.
- Un gran volumen de deuda pública interna en reales.
- Crecimiento económico bajo y tasas de interés reales muy elevadas.
La lectura de Goldín era que el episodio podía normalizarse como una reacción financiera, sin necesariamente desembocar en una crisis económica como la argentina de 2019. Eso no significaba negar el riesgo, sino ubicarlo donde corresponde: en Brasil hay que mirar especialmente la deuda interna, el resultado fiscal y el crecimiento.
La política importa, pero también importan sus límites
El análisis político tampoco se reducía a izquierda contra derecha. Goldín destacó la experiencia negociadora de Lula y consideró que un Congreso fuera de su control podía funcionar como un límite a decisiones más expansivas.
Su interpretación fue que los antecedentes de Lula mostraban pragmatismo económico y atención a la reacción de los mercados. Por eso, no esperaba necesariamente un cambio radical de rumbo. Sí veía dos señales decisivas para evaluar la etapa siguiente:
- La elección del ministro de Economía. El perfil del equipo permitiría interpretar cómo buscaría recuperar confianza.
- La política fiscal anunciada y ejecutada. Los compromisos importan, pero también la capacidad de cumplirlos.
Si la tensión financiera persistía, Goldín veía posible una designación económica más firme frente al déficit. Era una expectativa sobre la respuesta política, no una garantía.
El verdadero dilema brasileño: tasas altas, deuda interna y poco crecimiento
La pregunta que incomoda es bastante sencilla: si Brasil tiene una inflación relativamente baja, ¿por qué necesita una tasa real tan alta?
Para ubicar la discusión, una tasa real positiva significa que el rendimiento supera la inflación. En los números comentados, esa diferencia se acercaba a 9 o 10 puntos porcentuales. No era apenas un pequeño premio por ahorrar en reales.
La explicación planteada combinaba dos elementos. Por un lado, un stock grande de deuda interna exige condiciones atractivas para seguir refinanciándose. Por otro, sigue viva la tensión entre tasa de interés, tipo de cambio e inflación: bajar la tasa puede aliviar la actividad, pero también presionar al dólar y complicar la estabilidad de precios.
El Banco Central brasileño prioriza su objetivo inflacionario, aun cuando eso tenga un costo sobre el crecimiento. Para profundizar en ese marco, se puede consultar la información del Banco Central de Brasil sobre política monetaria.
Déficit primario no es lo mismo que déficit financiero
En la discusión se mencionó un déficit primario cercano al 0,6% del PBI. Ese resultado excluye los intereses de la deuda. Al incorporar la carga financiera, el desequilibrio total se acercaba al 9,5% del producto.
Ahí está el nudo. El desequilibrio corriente puede parecer pequeño, pero los intereses vuelven mucho más difícil la dinámica de la deuda.
Además, corregir el resultado primario no es tan fácil. Goldín señaló tres límites: poca inflación para licuar gastos, menor margen para seguir aumentando impuestos y partidas de gasto con mecanismos de indexación constitucional.
La secuencia fiscal reciente también era relevante. Se describió una fuerte corrección posterior a la pandemia, que había dejado un superávit primario, seguida por una flexibilización y luego nuevos esfuerzos de ajuste después de tensiones de mercado. La conclusión no era que Brasil ignorara el problema, sino que tendía a administrar una tensión recurrente.
Que la deuda sea desafiante no significa que mañana deje de refinanciarse
Desde una mirada argentina, cuesta entender cómo un país sostiene durante tanto tiempo una deuda creciente con tasas reales tan altas. Sin embargo, la observación de Goldín era que Brasil seguía refinanciando sus vencimientos en el día a día.
Eso no vuelve inocua la trayectoria. Significa que hay que distinguir el riesgo de sostenibilidad a mediano plazo de una crisis inmediata de refinanciación. Confundirlos puede llevar a decisiones de inversión equivocadas.
El crecimiento termina siendo la otra pieza del problema. La comparación regional presentada mostraba un avance acumulado cercano al 20% para Brasil desde 2012, frente a aproximadamente 40% en Chile y Ecuador y 50% en Colombia y Perú. Argentina quedaba todavía más atrás.
Con una economía creciendo apenas 1% o 2% anual, una tasa real de 9 o 10 puntos pesa muchísimo. La estabilidad financiera y externa aporta un colchón, pero no reemplaza al crecimiento.
EWZ: qué mostraban las divergencias y los soportes
El análisis técnico de Sebastián Waisgold aportó otra forma de ordenar el movimiento. Antes del derrumbe, el precio de EWZ había marcado nuevos máximos mientras los indicadores de impulso mostraban picos cada vez más bajos.
Eso es una divergencia bajista: el precio sigue avanzando, pero lo hace con menos fuerza. No anuncia por sí sola el día ni la magnitud de una caída. Puede persistir, repetirse o resolverse con una corrección relativamente menor.
Waisgold describió una sucesión de hasta tres señales de agotamiento en ese movimiento. La utilidad no estaba en afirmar que el indicador "le gana" al precio, sino en advertir que la suba venía perdiendo aceleración.
Después de la caída, la escala temporal cambiaba la lectura. Había daño de corto plazo, pero en el gráfico semanal todavía se discutían soportes sin dar por terminada toda la tendencia previa:
- US$30: soporte anterior que coincidía aproximadamente con el retroceso del 50% del tramo medido.
- US$27,50 a US$27,80: otra zona de referencia, cercana al retroceso del 61,8%.
- 38,2%: el primer retroceso relevante ya había sido superado levemente en la medición presentada.
Estos niveles no eran promesas de rebote. Mostraban algo más útil: podía haber margen adicional de baja sin que todas las referencias de largo plazo quedaran invalidadas.
Nu, Petrobras, Vale y XP: no todas las oportunidades son iguales
Nu: una tesis de largo plazo que exige tolerar volatilidad
Nu aparecía como una posición para acumular en una cartera de largo plazo, distinta de la cuenta utilizada para trading. Esa separación es importante: el mismo activo puede ser razonable para alguien que piensa en años e incómodo para quien necesita vender la semana siguiente.
El escenario técnico planteado contemplaba una posible extensión de la baja hacia US$8,90 o US$9. Según el punto de partida, eso implicaba una caída adicional aproximada de entre 20% y 26%.
La proyección se apoyaba en un conteo de ondas de Elliott y se presentó como una posibilidad, no como un destino obligatorio. También estaba pendiente la presentación de resultados, mencionada para el 12 de noviembre en esa coyuntura.
La propuesta operativa era entrar por partes. Si el monto previsto era 100, empezar con 30 y conservar capacidad para nuevas compras. La espera podía durar semanas o meses. Comprar escalonadamente reduce la dependencia de acertar un único precio, pero no elimina el riesgo.
Petrobras y Vale: medir la caída contra toda la suba
Petrobras había pasado, en las referencias comentadas, de unos US$11 a US$26 y luego a alrededor de US$22. Vale había subido de aproximadamente US$7 a US$17 antes de corregir hacia US$11,80.
Esos recorridos ayudaban a poner el derrumbe en perspectiva. No todo había vuelto al punto de partida. Además, en Petrobras la expectativa política se mezclaba con el petróleo y el conflicto internacional, por lo que atribuir toda la suba o toda la baja a la elección resultaba forzado.
Se discutieron zonas inferiores como US$18 o US$19 para Petrobras y alrededor de US$10 para Vale. Eran referencias de escenario, no pisos asegurados. También se mencionó a Bradesco como una forma de tomar exposición al sector bancario brasileño.
XP: soporte atractivo, pero una estructura más dañada
XP generó una discusión especialmente interesante. Por un lado, la zona de US$15 había funcionado como piso durante más de dos años y el precio había vuelto a ella tras el desplome. Eso motivó compras cerca de US$16.
Por otro, Waisgold advirtió que una caída de semejante magnitud había dejado daño técnico. Si el soporte se perdía, los rebotes podían convertirse en oportunidades para reducir exposición en lugar de señales para quedarse.
Las dos lecturas pueden convivir: un soporte puede justificar una operación, mientras su ruptura invalida esa misma idea. Lo que no conviene es enamorarse del precio porque alguna vez funcionó.
Por qué una liquidación puede durar más de una rueda
Cuando hay apalancamiento, la baja obliga a vender y esas ventas pueden provocar nuevas bajas. Es el mecanismo detrás de la frase de mercado "la baja trae más baja".
No se conocía con precisión cuánto apalancamiento había en Brasil. Por eso, la posibilidad de varios días de depuración se planteó como un riesgo a considerar, no como una medición comprobada. Un rebote fuerte tampoco demostraba por sí solo que todo hubiera terminado.
Cómo se transmite el golpe de Brasil a la Argentina
Argentina también reaccionó. En la primera rueda se mencionó una suba del dólar MEP de apenas 0,8%, mientras el riesgo país pasaba de aproximadamente 707 a 765 puntos y las acciones sufrían.
La primera distinción es entre contagio financiero y efecto económico estructural. Puede haber ventas regionales durante algunos días sin que eso implique un cambio de fondo equivalente en la actividad argentina.
El vínculo comercial pesa menos que antes
Los datos presentados mostraban una reducción importante de la relación comercial relativa:
- Entre 1995 y 1998, Brasil recibía alrededor del 28,7% de las exportaciones argentinas.
- En el período más reciente del análisis, esa participación rondaba el 13%.
- La participación argentina en las importaciones brasileñas había bajado de aproximadamente 12,6% a 4,4%.
La conclusión no era que Brasil hubiera dejado de importar, sino que el canal comercial tenía menos fuerza agregada que en otras épocas. Para algunos sectores, en cambio, seguía siendo decisivo.
El tipo de cambio bilateral sí deja una señal incómoda
Un real débil mejora la competitividad brasileña frente a una Argentina relativamente cara en dólares. El gráfico de paridad bilateral mostraba una situación desfavorable para Argentina que venía de antes del episodio electoral.
Eso puede sentirse en exportaciones, competencia de productos importados y turismo. Si Brasil queda relativamente barato, también se vuelve más atractivo para las vacaciones de los argentinos.
La evaluación de Goldín era que el impacto no tenía por qué ser tan rápido ni tan automático como en otros períodos. Las principales tensiones financieras argentinas, a su juicio, vendrían más de la economía local y de su propio proceso electoral que de Brasil.
Bonos argentinos: el riesgo electoral empieza antes de votar
Acá hubo diferencias de énfasis. Tschubarov sostuvo una postura defensiva: veía los rebotes de bonos como oportunidades para vender y consideraba posible llegar a la elección con un riesgo país mayor.
Como señal de esa incertidumbre, comparó rendimientos cercanos al 2,63% para el AO27 y al 12% para el AO28. La distancia entre vencimientos próximos podía leerse como una prima por atravesar una etapa política más incierta, no simplemente como una oportunidad gratuita.
También recordó una compra de AE38 alrededor de US$45, que inicialmente cayó hacia US$43 y luego, después de un resultado electoral favorable al mercado, abrió por encima de US$60. El ejemplo mostraba cuánto puede cambiar un precio cuando se resuelve una incertidumbre política. No aseguraba que el siguiente episodio fuera a repetirse.
Goldín introdujo un contrapunto importante: un año es mucho tiempo para la política y las finanzas, pero poco para mejorar la economía real.
Las candidaturas y expectativas pueden cambiar muchísimo en doce meses. Las elecciones anteriores lo demostraron. Por eso, tomar como definitivo un escenario electoral tan anticipado puede ser tan riesgoso como ignorarlo.
Al mismo tiempo, mantener tensión financiera durante un año entero tiene costos. Si el Gobierno prioriza evitar sobresaltos cambiarios, puede quedar menos espacio para impulsar actividad y consumo.
Las reservas y los vencimientos serán pruebas concretas
Más allá de las encuestas, el mercado tiene fechas que mirar. El calendario de deuda externa presentado para el año siguiente incluía, entre capital e intereses:
- Primer trimestre: alrededor de US$8.000 millones.
- Segundo trimestre: aproximadamente US$5.000 millones.
- Tercer trimestre: cerca de US$9.400 millones.
Los pagos de bonos de enero y julio, los compromisos con el FMI y los vencimientos de BOPREAL agregaban exigencias al recorrido electoral. También se mencionó un desembolso pendiente del Fondo de unos US$900 millones, pequeño frente al conjunto de necesidades discutidas.
El punto no era afirmar que esos pagos no se harían. Era observar cómo se acumulan las reservas y cómo se completa el financiamiento que todavía faltaba cubrir. La capacidad de pago se construye antes del vencimiento.
Una cartera argentina agresiva: qué busca y qué riesgos asume
Waisgold presentó una cartera local para un perfil agresivo, con esta distribución:
- AO29: 20%.
- Bono dual con vencimiento en enero de 2028: 10%.
- BBVA Argentina, BBAR: 20%.
- BYMA: 10%.
- Loma Negra: 15%.
- YPF: 15%.
- Transportadora de Gas del Sur: 10%.
El AO29 se defendió por un rendimiento cercano al 12% y su flujo mensual de pagos. La objeción fue clara: cruza el período electoral y parte del siguiente gobierno. Cobrar todos los meses no elimina el riesgo soberano ni obliga a conservarlo hasta el vencimiento.
El dual combina tasa y dólar oficial, no cualquier dólar
El segundo bono se presentó como una alternativa que reconoce el mejor ajuste entre la tasa TAMAR y el dólar oficial, con las condiciones adicionales de su estructura. En esa rueda se discutía un rendimiento en pesos cercano al 39% o 40%.
La advertencia central fue que la cobertura cambiaria está ligada al tipo de cambio oficial de referencia A3500. Si el dólar MEP sube mucho más que el oficial, la protección no es equivalente a tener dólares financieros.
Por eso, un eventual aumento de la brecha, nuevas restricciones o un reperfilamiento son riesgos relevantes. El vencimiento de enero de 2028 podía resultar interesante ante una corrección del oficial al inicio del siguiente gobierno, pero esa era una condición de escenario, no una cobertura perfecta.
La lógica detrás de las acciones
- BBVA Argentina: exposición al negocio bancario.
- BYMA: una apuesta vinculada al volumen de operaciones del mercado.
- Loma Negra: participación en un posible sostenimiento del rebote de la construcción.
- YPF: exposición a energía y Vaca Muerta.
- TGS: otra vía de participación en la infraestructura energética.
Hay varios nombres, pero no una diversificación económica enorme. El mercado argentino concentra buena parte de sus alternativas líquidas en bancos y energía. Además, la tesis de Loma depende de una recuperación de actividad que no todos daban por probable.
El mercado global: inteligencia artificial, balances y tasas
Fuera de la región se describía un regreso del apetito por riesgo hacia tecnológicas, inteligencia artificial y actividades vinculadas a su demanda energética, incluida la energía nuclear.
También se comentaron versiones sobre una posible salida a bolsa de Anthropic. Entre las cifras mencionadas figuraban ingresos semestrales por US$16.300 millones, un crecimiento interanual del orden del 1.300%, pérdidas netas muy grandes y una reducción de la valuación pretendida desde US$2 billones hacia US$1,5 billones.
Esos números se discutieron como información preliminar alrededor de una eventual oferta pública, no como documentación validada en el análisis. La enseñanza financiera era más amplia: crecer muchísimo en ingresos no equivale a generar ganancias ni vuelve razonable cualquier valuación.
La agenda también incluía resultados de Microsoft, Alphabet, Amazon y petroleras, además de la reunión de política monetaria estadounidense y las elecciones en Estados Unidos. Para revisar las fechas oficiales de la Reserva Federal, está disponible el calendario del FOMC.
Value contra growth: dos maneras de buscar oportunidades
Tschubarov no estaba persiguiendo la ola tecnológica. Prefería empresas como Nike, McDonald's y PepsiCo, y mencionó exposición a Under Armour en el exterior.
Su argumento era de valuación: le resultaba más cómodo comprar negocios a múltiplos de 12 o 18 veces que pagar 40 veces por un crecimiento que debe cumplirse casi sin errores. Una compañía exigida puede sufrir una caída fuerte si decepciona, aun cuando siga creciendo.
También observaba acciones chinas, entre ellas Alibaba y JD. En JD señalaba una zona cercana a US$25, pero quería confirmar que el soporte resistiera. El ejemplo de NIO, que había perdido una referencia alrededor de US$3,37 o US$3,38 después de varios intentos de rebote, servía como advertencia: un precio que parece barato puede seguir bajando.
Una cartera de CEDEARs para un perfil agresivo
La propuesta internacional de Waisgold distribuía el capital en cinco posiciones del 20%:
- Nu: crecimiento financiero digital, con los riesgos brasileños ya discutidos.
- Gold Fields: una apuesta a un posible rebote del oro, sin exigir nuevos máximos.
- Oracle: infraestructura de bases de datos y demanda relacionada con inteligencia artificial.
- ETF de semiconductores SMH: exposición a distintas compañías de la cadena de chips.
- Caterpillar: actividad industrial y una participación vinculada a energía.
La idea era capturar recuperaciones y mantener posiciones durante algunos meses, siempre que el escenario acompañara. No era una cartera conservadora ni moderada, y tampoco una promesa de regreso a máximos.
La baja reciente del rendimiento del Treasury a diez años formaba parte del contexto. Esa tasa influye en el costo del financiamiento y en las valuaciones. Aun así, un cambio favorable en tasas no anula los riesgos de balances, elecciones o expectativas demasiado exigentes.
Como variante dentro de semiconductores, se comentó una posición en TSM después de una buena presentación de resultados. La lógica era quitar del camino un evento inmediato de incertidumbre, aunque eso no eliminaba los demás riesgos del negocio.
Fuera de la cartera principal aparecieron alternativas ligadas a criptoactivos, como Coinbase y la compañía mencionada como sucesora de Bitfarms. Se trataron como opciones adicionales de mayor riesgo, no como reemplazos de una posición conservadora.
Coca-Cola y Vista: un buen negocio también necesita un precio razonable
Coca-Cola: el desafío de sostener el crecimiento
En Coca-Cola se comentaron ganancias por acción de US$0,91 frente a una expectativa de US$0,88. El dato que abrió la discusión fue un crecimiento del consumo del 5%, superior al ritmo del 2% o 3% señalado como referencia más normal.
La duda era su sostenibilidad. Si una parte respondía al impulso del Mundial, proyectarla indefinidamente podía exagerar las expectativas. De ahí surgía la idea de tomar parte de las ganancias y rotar hacia otros activos. No porque la compañía fuera mala, sino porque el precio también depende de lo que el mercado espera después.
Vista: resultados, resistencias y petróleo
En Vista, los participantes que declararon tener posición mantenían una visión favorable, pero reconocían riesgo antes del balance. El análisis técnico ubicaba una resistencia relevante cerca de US$79 y contemplaba una caída potencial hacia US$60, aproximadamente 16% o 17% desde los niveles discutidos.
También se observaba que el indicador de impulso había requerido un esfuerzo parecido para alcanzar precios inferiores a los máximos anteriores. Era una señal de cautela, no una predicción cerrada sobre el resultado.
La otra variable era el Brent, mencionado cerca de US$115. Un precio alto del petróleo puede ayudar al negocio, pero también abre la pregunta de qué ocurre si baja. El conflicto internacional impedía dar por segura cualquiera de las dos direcciones.
Un buen balance no siempre hace subir una acción. Si el mercado esperaba algo todavía mejor, o si las perspectivas decepcionan, puede haber ventas igual.
Entonces, ¿conviene comprar después del pánico?
Hay argumentos para empezar a buscar oportunidades en Brasil: valuaciones más bajas, compañías cuyos negocios no cambiaron de un viernes a un lunes y una macroeconomía con defensas externas importantes.
También hay motivos para no apurarse: liquidaciones que pueden extenderse, soportes que todavía deben confirmarse y una combinación exigente de deuda interna, tasas reales y bajo crecimiento.
En Argentina, además, la discusión no termina con el contagio brasileño. Goldín cerró con una visión cautelosa sobre la actividad: energía relativamente firme, el agro todavía aportando pero con menor impulso esperado y muchas dificultades para el resto de los sectores, incluida la construcción. Su escenario era de estancamiento con riesgo recesivo.
Si el Gobierno prioriza controlar la tensión financiera y cambiaria, el consumo y la actividad podrían quedar en segundo plano. Esa mirada pone en discusión las apuestas más dependientes de una recuperación económica amplia.
Para decidir, conviene ordenar cuatro cosas:
- El plazo: no es lo mismo buscar un rebote que acumular para varios años.
- El tamaño: una entrada parcial deja margen para revisar y actuar.
- La pérdida tolerable: el precio puede caer otro 20% incluso después de parecer atractivo.
- La condición que invalida la idea: un soporte roto, un balance distinto o una política económica inesperada pueden exigir cambios.
No hace falta operar todos los eventos. Quedarse afuera de una elección incierta también es una decisión válida: hay muchos mercados y muchas maneras de invertir. La oportunidad no está en comprar cualquier cosa porque cayó mucho. Está en entender qué comprás, por qué y cuánto podés esperar.
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Fuente: ¿Qué hacemos con los pesos?. Canal Mundo Dinero. Link:
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