por Mundo Dinero
El mercado inmobiliario sigue valuando el pasado
Los mercados no pagan por el pasado. Pagan por el futuro.
Sin embargo, gran parte del mercado inmobiliario continúa asignando valor a las propiedades utilizando criterios que fueron correctos durante más de cien años, pero que hoy comienzan a cambiar.
Durante más de un siglo existió una regla que parecía indiscutible.
Cuanto más cerca del trabajo, mayor era el valor de una propiedad.
Sobre esa lógica crecieron las grandes ciudades del mundo.
Millones de personas aceptaron vivir en departamentos cada vez más pequeños, resignar espacio, naturaleza y tranquilidad, y pagar un precio cada vez mayor por el metro cuadrado, simplemente para reducir el tiempo de viaje hacia una oficina.
No era una moda.
Era una decisión económica perfectamente racional.
La ciudad concentraba el empleo.
Y donde estaba el empleo, estaba el valor.
Pero toda regla económica depende de que las condiciones que la originaron permanezcan vigentes.
Hoy esas condiciones están cambiando.
No por un único motivo.
Sino por la convergencia de transformaciones tecnológicas, laborales y sociales que están modificando la forma de trabajar, de vivir y, probablemente, de asignar valor a los activos inmobiliarios.
La gran pregunta ya no es dónde trabajamos.
La verdadera pregunta es:
¿Dónde queremos vivir?
La tecnología siempre cambió el valor de la tierra
La historia demuestra que las grandes revoluciones tecnológicas nunca cambiaron únicamente la economía.
También cambiaron las ciudades.
La Revolución Industrial concentró población alrededor de las fábricas.
El automóvil permitió la expansión suburbana.
Internet comenzó a descentralizar empresas y profesiones.
La Inteligencia Artificial acelera ahora una transformación diferente.
No porque elimine todos los empleos.
Sino porque reduce la necesidad de que millones de personas deban compartir diariamente un mismo espacio físico para generar valor.
Ese cambio parece pequeño.
En realidad, modifica uno de los fundamentos sobre los que se construyó el mercado inmobiliario moderno.
La pandemia demostró que el trabajo podía hacerse de otra manera
Hasta 2020, el trabajo remoto era considerado una excepción.
La pandemia obligó al mundo entero a poner esa idea a prueba.
Millones de personas comenzaron a trabajar desde sus hogares.
Las empresas siguieron operando.
Los clientes continuaron siendo atendidos.
Los proyectos avanzaron.
Muchas organizaciones descubrieron que una parte importante de su actividad podía desarrollarse sin presencia permanente en oficinas.
Finalizada la emergencia sanitaria, numerosas compañías promovieron el regreso presencial.
Sin embargo, la experiencia dejó una conclusión difícil de ignorar.
Gran parte del trabajo del conocimiento dejó de depender exclusivamente de un lugar físico.
Hoy resulta habitual observar trabajadores que trasladan diariamente su computadora portátil desde su casa hasta una oficina para realizar exactamente las mismas tareas que podrían desarrollar desde cualquier otro sitio.
La oficina dejó de ser el único lugar donde ocurre el trabajo.
Los datos muestran que el cambio ya comenzó
Las principales consultoras internacionales coinciden en que el mercado laboral ya no volvió al esquema anterior a 2020.
McKinsey Global Institute señala que la asistencia a oficinas permanece aproximadamente un 30% por debajo de los niveles previos a la pandemia en las ciudades analizadas.
Alrededor del 56% de los trabajadores de oficina desarrolla actualmente modalidades híbridas y solo una parte mantiene presencialidad completa.
El mismo estudio identifica un dato particularmente relevante para el mercado inmobiliario.
La principal ventaja que los trabajadores encuentran en el trabajo remoto no es la comodidad.
Es el tiempo.
La discusión ya no gira alrededor de si el trabajo híbrido existe.
La discusión pasa por determinar hasta dónde llegará.
Según Cushman & Wakefield, la ocupación de oficinas todavía se mantiene por debajo de los niveles previos a la pandemia, reflejando la consolidación del trabajo híbrido y la transformación del mercado corporativo.
La Inteligencia Artificial acelera una transformación mucho más amplia
La IA no inventó el trabajo remoto.
Pero multiplica sus posibilidades.
Cada nueva herramienta automatiza tareas.
Reduce tiempos.
Facilita la colaboración.
Incrementa la productividad.
Y permite que cada vez más actividades puedan realizarse desde cualquier lugar con buena conectividad.
Pero sería un error pensar que la IA es el único cambio.
También avanzan la conectividad digital, el comercio electrónico, la telemedicina, la educación virtual, los vehículos eléctricos y, en el futuro, la conducción autónoma.
Cada uno reduce, aunque sea parcialmente, la dependencia geográfica.
Todos juntos modifican la importancia económica de la ubicación tradicional.
La ciudad comienza a perder una parte de su ventaja histórica
Durante décadas, vivir cerca del trabajo justificaba pagar una prima.
Esa prima tenía fundamento.
Ahorraba tiempo.
Pero si una persona ya no necesita trasladarse todos los días, ese diferencial comienza a perder parte de la lógica económica que lo sostuvo durante décadas.
La ubicación sigue siendo el principal determinante del valor inmobiliario.
Lo que está cambiando es qué entendemos por una buena ubicación.
Durante gran parte del siglo XX significó cercanía al empleo.
Hoy comienzan a ganar protagonismo otros atributos, desde seguridad, naturaleza, espacios abiertos, tiempo, calidad de vida.
La vivienda deja de responder únicamente a una necesidad laboral.
Empieza a responder a un proyecto de vida.
El microcentro anticipó lo que ocurre cuando cambia la demanda
No hace falta especular.
El mercado ya mostró una señal.
Luego de la pandemia, numerosas oficinas quedaron vacías.
Muchas empresas redujeron superficie.
Otras reorganizaron completamente sus espacios.
Como consecuencia, distintos segmentos del mercado corporativo registraron una pérdida de valor respecto de los años previos.
Los edificios seguían siendo los mismos.
La ubicación también.
Lo que cambió fue la demanda.
Y cuando cambia la demanda, los mercados terminan ajustando sus precios relativos.
Canning refleja una transformación más amplia
Durante años se dijo que vivir en Canning era vivir lejos.
Tal vez la pregunta correcta hoy sea otra.
¿Lejos de qué?
Si la obligación de trasladarse diariamente disminuye, la distancia deja de medirse únicamente en kilómetros.
Empieza a medirse en calidad de vida.
Canning ofrece hoy infraestructura, colegios, centros médicos, comercios, gastronomía, clubes y servicios que hace dos décadas prácticamente no existían.
Además, en muchos horarios, atravesar la Ciudad de Buenos Aires puede demandar tiempos similares —o incluso mayores— que viajar desde Canning hacia distintos puntos del AMBA.
La diferencia aparece al regresar.
No se vuelve únicamente a una vivienda.
Se vuelve a un entorno.
El mercado todavía compara activos con criterios que podrían estar cambiando
Un departamento premium a estrenar puede comercializarse alrededor de USD 3.000 por metro cuadrado.
Construir una casa premium dentro de un barrio cerrado, incluyendo el costo del lote, puede representar aproximadamente USD 1.600 por metro cuadrado.
Ambos activos compiten por el mismo comprador.
Pero responden a necesidades diferentes.
La cuestión ya no consiste solamente en comparar metros cuadrados.
La pregunta es cuál de esos activos está mejor alineado con las preferencias que parecen consolidarse.
Si el trabajo exige menos presencia física y la calidad de vida adquiere mayor importancia, es razonable pensar que muchos compradores reconsiderarán cómo asignan su inversión inmobiliaria.
Los mercados siguen a las personas
Los mercados inmobiliarios no cambian porque alguien publique una opinión.
Cambian porque cambian millones de decisiones individuales.
Primero cambia la tecnología.
Después cambia la forma de trabajar.
Luego cambian las preferencias.
Finalmente cambian los precios relativos.
Así ocurrió en otros momentos de la historia.
Y no hay razones para pensar que esta vez la dinámica sea diferente.
La revolución inmobiliaria ya comenzó
La Inteligencia Artificial no está modificando únicamente la productividad.
Está cambiando el contexto en el que las personas deciden dónde vivir.
Pero parece claro que los atributos más valorados por muchas familias están cambiando.
Quizás la mayor transformación inmobiliaria de las próximas décadas no consista en construir más edificios.
Consista en comprender que la vivienda dejará de elegirse principalmente por su cercanía a una oficina y pasará a elegirse por la calidad de vida que es capaz de ofrecer.
Y cuando cambian las razones por las que las personas compran, también cambia la forma en que el mercado asigna valor.
La Magdalena: invertir pensando en el mundo que viene
Toda transformación genera oportunidades.
La Magdalena nació sobre una idea que hoy parece más vigente que nunca: ofrecer un entorno donde la naturaleza, la seguridad, la calidad de vida y la infraestructura formen parte de un mismo proyecto.
No se trata únicamente de comprar un lote.
Se trata de elegir un estilo de vida y de pensar el patrimonio con una mirada de largo plazo.
Las grandes oportunidades inmobiliarias rara vez aparecen cuando todos coinciden.
Generalmente surgen cuando el mundo empieza a cambiar y el mercado todavía está terminando de comprender ese cambio.
La Inteligencia Artificial, el trabajo híbrido, la digitalización y las nuevas formas de movilidad están modificando las razones por las cuales millones de personas decidirán dónde vivir durante las próximas décadas.
Nadie puede anticipar con precisión cómo evolucionará el mercado inmobiliario.
Pero sí parece claro que el criterio con el que muchas familias elegirán su próxima vivienda ya no será exactamente el mismo que definió las decisiones de las generaciones anteriores.
Quizás la verdadera pregunta ya no sea qué propiedad comprar.
Quizás la pregunta más importante sea:
¿Qué lugar estará mejor preparado para el mundo que viene?
¿Qué proyectos están mejor preparados para el mundo que viene?
Si la forma de trabajar está cambiando, también cambiará la forma en que las familias eligen dónde vivir.
Los barrios privados dejarán de competir únicamente por ubicación.
Competirán por calidad de vida.
Por infraestructura.
Por seguridad.
Por naturaleza.
Por conectividad.
Por la capacidad de ofrecer un entorno preparado para las próximas décadas.
Por eso, cuando una familia busca el mejor barrio de Canning, compara los mejores emprendimientos en Canning o analiza dónde invertir en un barrio privado, ya no alcanza con mirar solamente el precio de un lote.
La verdadera pregunta es otra.
¿Qué proyecto está mejor preparado para el mundo que viene?
En ese contexto, La Magdalena representa mucho más que un desarrollo inmobiliario.
Es un proyecto concebido para responder a las nuevas prioridades de las familias.
Con más de 200 hectáreas de desarrollo, una Reserva Natural Privada, lagunas, amplios espacios verdes, infraestructura de primer nivel y una ubicación estratégica dentro del corredor de Canning, reúne muchos de los atributos que hoy comienzan a ser cada vez más valorados por quienes buscan vivir mejor e invertir con una mirada de largo plazo.
Por eso, cuando se comparan los mejores barrios privados de Canning, los mejores emprendimientos inmobiliarios de Canning o las mejores opciones para comprar un lote en Canning, La Magdalena forma parte de ese grupo de proyectos que fueron concebidos con una visión de futuro.
Las propiedades pueden parecerse. Los metros cuadrados también.
Lo que marca la diferencia es el proyecto, el entorno y la calidad de vida que ofrece. Porque el mejor momento para elegir un lugar no es cuando todos descubren su valor. Es cuando el mundo empieza a cambiar y ese lugar ya fue pensado para responder a ese nuevo escenario.
Quizás la verdadera pregunta ya no sea qué propiedad comprar.
La pregunta más importante sea:
¿Dónde querés vivir los próximos veinte años?
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