Miércoles 15 de Julio 2026
El fin de una era y el nacimiento forzado de un competidor

Telecom ganó la pulseada por Telefónica, pero ahora tiene 18 meses para crear a su propio rival

En el programa Negocios son Negocios, Carlos Burgueño analizó la autorización del Gobierno nacional para que Telecom avance con la compra de Telefónica. La operación puede reconfigurar el mapa de las telecomunicaciones en Argentina, pero llega con condiciones pesadas: ceder 6 millones de clientes en el AMBA y ayudar a crear, en 18 meses, un tercer competidor real en el mercado.

Mundo Dinero por Mundo Dinero

8 Julio de 2026
NEGOCIOS SON NEGOCIOS
Telecom ganó la pulseada por Telefónica, pero ahora tiene 18 meses para crear a su propio rival

Qué deberá soltar Telecom para quedarse con Telefónica

La batalla sigue. Y esta vez tiene un capítulo decisivo en el negocio de las telecomunicaciones en Argentina: la compra de Telefónica por parte de Telecom fue aprobada, pero con condiciones pesadas, concretas y de cumplimiento obligatorio.

La decisión quedó formalizada el 18 de junio de 2026, cuando el Tribunal de Defensa de la Competencia, dentro de la Autoridad Nacional de Defensa de la Competencia, dio luz verde a la operación. Sí, la compra quedó autorizada. Sí, Telefónica termina su historia en la Argentina. Pero no, Telecom no puede quedarse con todo tal como está.

El Estado impuso una condición central: desinvertir. En otras palabras, si Telecom quiere quedarse con Telefónica, tendrá que desprenderse de una porción relevante del negocio y ayudar a crear un tercer operador que compita en serio.

El final de una etapa para Telefónica en Argentina

Con esta resolución, la presencia de Telefónica en la Argentina, iniciada en diciembre de 1990, llega a su fin. Se termina una relación histórica con el país. Mejor dicho, se termina el negocio de Telefónica en el mercado argentino.

La salida no fue improvisada. Telefónica de España venía con la decisión de retirarse de América Latina en general y de Argentina en particular, buscando hacerlo rápido y con la menor pérdida posible. Y en ese contexto apareció una oferta imposible de ignorar.

Qué aprobó exactamente el Gobierno

La autorización oficial no fue un cheque en blanco. La compra de Telefónica Móviles Argentina por parte de Telecom quedó supeditada a un conjunto amplio de condiciones para evitar una concentración excesiva del mercado.

La lógica detrás de la medida es clara: impedir que la operación derive en una posición dominante que perjudique a los usuarios y limite la competencia.

Por eso, el corazón de la resolución es este: Telecom debe desprenderse de una parte sustancial del negocio móvil y de la infraestructura asociada para dar lugar a una nueva empresa.

Qué deberá soltar Telecom

La exigencia principal es muy concreta.

  • Ceder 6 millones de clientes móviles.
  • Transferir la infraestructura vinculada a esos usuarios.
  • Armar una nueva compañía con estructura legal, operativa y comercial propia.
  • Vender esa nueva empresa a un operador o inversor que la convierta en un tercer competidor del mercado.

Y hay un dato decisivo: esos clientes no saldrán de cualquier lado. Están ubicados en el AMBA, es decir, Ciudad de Buenos Aires y conurbano bonaerense, donde está la parte más rentable del negocio.

Ahí está la crema. Ahí está el volumen. Ahí está la caja.

Esa porción representa aproximadamente el 40 por ciento de la facturación total de la nueva empresa a crear. O sea, no se trata de armar una compañía decorativa para cumplir con un expediente. La obligación es construir un jugador con escala real.

Los límites que no podrá superar

Además de la desinversión, la resolución pone topes específicos a la posición de mercado que podrá conservar Telecom.

  • No podrá superar el 40 por ciento del mercado en ninguna región del país.
  • No podrá superar el 50 por ciento de los usuarios en ninguna región.
  • Esos límites también se consideran sobre el total nacional.

Esto obliga a reorganizar el mapa del negocio móvil e internet tradicional en Argentina. La operación ya no es simplemente comprar, integrar y seguir. Ahora hay que comprar, recortar, rearmar y vender.

Una precisión importante sobre quién controla Telecom

En el debate público suele simplificarse todo diciendo que Telecom es del Grupo Clarín. Pero la estructura accionaria es más compleja.

Clarín tiene alrededor del 40 por ciento de la compañía. Otro 40 por ciento pertenece a Fintech, la firma del inversor mexicano David Martínez. El resto se divide entre acciones que cotizan en bolsa y una participación estatal.

Ese tramo estatal, cercano al 11 por ciento, está en manos de la ANSES a través del Fondo de Garantía de Sustentabilidad. Esa participación proviene del proceso iniciado en 2008 con la estatización de las AFJP.

¿Por qué importa este dato? Porque el Estado no solo regula desde afuera. También tiene presencia dentro del directorio de Telecom. Y eso le agrega una capa política muy interesante a toda esta historia.

La gran discusión: por qué no se tuvo en cuenta la telefonía satelital

Uno de los puntos más discutidos de la resolución es que no considera la telefonía satelital dentro del cálculo competitivo del mercado. En otras palabras, la evaluación se hizo sobre telefonía celular e internet tradicional, pero dejando afuera servicios como Starlink.

Y esto no es un detalle menor.

La conectividad satelital está creciendo con fuerza, sobre todo en zonas rurales y áreas donde la infraestructura tradicional no llega bien o no llega directamente. Desde el punto de vista del usuario, el servicio compite. Cambia la tecnología, cambia el proveedor, pero la necesidad que resuelve es la misma: conectarse.

Esa fue una de las objeciones del grupo comprador. Si se excluye el negocio satelital, el mercado que se mide es más chico, y entonces la participación de Telecom luce más grande. Si se incorporara a Starlink y a futuros jugadores satelitales, la foto competitiva sería distinta.

Pero la autoridad no lo tomó en cuenta. Y ese punto ya quedó definido, al menos en esta etapa.

La tercera empresa: una solución regulatoria con muchas dudas de negocio

Sobre el papel, la idea oficial es lógica: crear un tercer operador fuerte para equilibrar el mercado frente a Claro y Telecom. El problema aparece cuando se mira la economía real del sector.

Muchos analistas privados observan la decisión con cautela. La pregunta de fondo es simple: ¿hay espacio genuino para una tercera empresa rentable en telefonía celular e internet tradicional en Argentina?

La duda no es menor. De hecho, para muchos la mejor prueba de esa dificultad es la propia salida de Telefónica. Si hubiera existido un negocio sólido, rentable y con perspectivas claras, Telefónica no se habría ido.

Y no solo se fue de Argentina. También redujo o abandonó posiciones en otros países de la región. Eso alimenta la idea de que el mercado puede sostener uno o dos jugadores grandes con mucha espalda, pero que un tercer competidor necesita condiciones excepcionales para sobrevivir.

Qué tipo de empresa podría funcionar

Si esa tercera compañía quiere tener alguna posibilidad real, no alcanza con tener una licencia y algunos millones de clientes. Haría falta algo mucho más ambicioso.

  • Capital financiero muy fuerte.
  • Fondos provenientes del exterior.
  • Capacidad de sostener inversiones continuas.
  • Paciencia para esperar rentabilidad de largo plazo.
  • Escala suficiente para competir en precios, cobertura y tecnología.

En síntesis, no se trata de encontrar un comprador cualquiera. Se necesita un operador con espaldas reales. Una compañía pequeña o un inversor sin músculo probablemente terminarían chocando contra la lógica del sector.

Y otra vez aparece el mismo punto: esta evaluación del mercado no contempló el crecimiento del negocio satelital, que podría modificar bastante el escenario competitivo de los próximos años.

La dimensión política del conflicto

Detrás de esta operación no hubo solo números. Hubo política. Y mucha.

El gobierno de Javier Milei nunca mostró entusiasmo por convalidar que Telecom, un actor ya instalado en el negocio, comprara Telefónica. La preferencia oficial era otra: que el comprador fuera un grupo nuevo, sin presencia previa en telecomunicaciones, capaz de entrar al mercado desde cero y de ampliar la competencia de verdad.

Eso no ocurrió.

Y además quedó un fuerte malestar en la Casa Rosada por cómo se desarrolló el proceso. La sospecha oficial fue que Telefónica de España no fue del todo transparente respecto de los tiempos y del mecanismo de venta.

Por qué se tensó la relación con el Gobierno

Cuando el gobierno argentino consultó a los españoles sobre el avance de la operación, la respuesta habría sido que el proceso sería largo, con algo parecido a una compulsa o búsqueda de ofertas, y que la definición llegaría bastante más adelante.

Sin embargo, en febrero de 2025 se anunció desde Madrid que Telecom ya había comprado Telefónica. La operación se presentó como cerrada, prácticamente consumada, con un pago por 1.245 millones de dólares, financiado en gran parte por David Martínez.

Eso cambió por completo el clima político.

Lo que para Telefónica era una salida resuelta, para el Gobierno argentino fue un hecho consumado que lo dejó afuera del proceso. Y eso molestó, particularmente al Presidente. Desde ese momento, el desembarco definitivo de Telecom quedó trabado hasta junio de 2026, cuando finalmente se aprobó con restricciones severas.

Por qué Telefónica aceptó la oferta de Telecom

Desde la mirada de Telefónica de España, la decisión tiene lógica empresarial pura. Quería irse rápido, quería minimizar pérdidas y recibió una propuesta muy superior a otras alternativas que estaban dando vueltas.

Las otras ofertas que se habían sondeado, y que para el Gobierno podían resultar más convenientes desde el punto de vista competitivo, estaban por debajo de los 600 millones de dólares.

Frente a eso, los 1.245 millones ofrecidos por Telecom eran difíciles de rechazar.

Negocios son negocios.

Qué pasa ahora: 18 meses para crear y vender la nueva empresa

La etapa que se abre ahora es tan importante como la compra misma.

Telecom tiene 18 meses para:

  1. Separar el paquete de clientes e infraestructura que deberá ceder.
  2. Dar forma jurídica e institucional a una nueva compañía.
  3. Poner esa empresa en condiciones de operar.
  4. Encontrar un comprador o inversor.
  5. Transferirla para que actúe como tercer competidor en el mercado.

En la jerga de los negocios, tiene que encontrarle la novia. Es decir, conseguir el actor económico que quiera quedarse con ese activo, invertir y hacerlo crecer.

La gran incógnita es si realmente aparecerá alguien con el capital, la escala y la paciencia necesarias para hacerlo funcionar.

Quién decidirá el futuro dueño del tercer operador

Acá aparece uno de los datos más llamativos de toda la operación: quien definirá al eventual comprador no será el Gobierno, sino Telecom.

Es decir, el Grupo Clarín y David Martínez, a través de Fintech, serán quienes conduzcan ese proceso. Ellos decidirán a qué inversor acercarse, con quién negociar y qué propuesta aceptar.

Por supuesto, queda abierta la pregunta política inevitable: ¿habrá acuerdo entre Telecom y el Gobierno sobre ese futuro operador? ¿O la decisión quedará enteramente en manos de la empresa?

Ahí vuelve a jugar el dato accionario que mencionamos antes. El Estado tiene una silla en el directorio de Telecom por su participación cercana al 11 por ciento. No es un actor externo mirando desde la vereda de enfrente. Está dentro de la estructura societaria. Y eso puede pesar cuando llegue el momento de definir nombres.

Lo que está en juego en el mercado de telecomunicaciones

Esta operación reconfigura el mapa de las telecomunicaciones en Argentina. No solo por la salida de Telefónica, sino por lo que obliga a hacer después.

Quedan planteadas varias discusiones de fondo:

  • Si el mercado puede sostener un tercer operador tradicional verdaderamente competitivo.
  • Si la exclusión del negocio satelital distorsiona el análisis regulatorio.
  • Si la nueva empresa tendrá viabilidad económica o será apenas una solución de compromiso.
  • Si el Gobierno y Telecom coincidirán en el tipo de inversor que debería quedarse con ese activo.
  • Cómo impactará todo esto en precios, cobertura, inversiones y servicios de conectividad.

La compra ya fue aprobada. Pero el verdadero partido recién empieza ahora.

Un cierre abierto

Telecom consiguió quedarse con Telefónica. Eso ya está. Pero para hacerlo tendrá que soltar una parte valiosa del negocio, construir un nuevo competidor y demostrar que esa ingeniería regulatoria puede transformarse en una empresa viable.

Ahí está la clave de todo este capítulo.

Porque una cosa es autorizar una operación para evitar un monopolio. Otra muy distinta es lograr que el remedio funcione en el mercado real. Y esa historia todavía no terminó.

Habrá más capítulos. Seguramente varios.

Fuente: NEGOCIOS SON NEGOCIOS. Canal Mundo Dinero. Link: