Esta semana se conoció un dato que sorprendió: el Estimador mensual de actividad económica (EMAE) arrojó un 0,4% positivo respecto al del mes de Julio. Y la sorpresa sobreviene teniendo en cuenta como contexto una economía con restricciones a la importación y una caída pronunciada en el salario real.

Entre los sectores que más crecieron los que sobresalieron fueron la actividad Industrial (8,3%), la minería (14%) , hoteles y restaurantes un (33,7%). “Este crecimiento lo explica la expectativa de que la inflación va a ser superior y no menor”-analiza el periodista Mariano Otálora para quien “muchas empresas decidieron adelantar el consumo para no perder poder adquisitivo dinamizando la actividad por lo menos en el corto plazo.”

Esteban Domecq, fundador y director de Invecq Consulting SA, entiende que el fenómeno se explica en que “a pesar de que los analistas esperábamos un dato de agosto un poco negativo, entiendo que hay todavía un rezago de una política económica muy expansiva en el primer semestre; recordemos que la política fiscal tenía una tendencia expansiva de casi 12 puntos de crecimiento en términos reales. A esto se le suma una política monetaria, que también estaba bombeando mucho la economía. En junio se cayó la deuda en pesos, el BCRA emitió más de $1 billón que quedaron flotando en el sistema. Esto se combina con mayor atraso cambiario y con valores de commodities muy altos hasta que hace muy poco empezaron a retroceder, sobre todo la soja. Entonces si bien a partir de julio empiezan a apretar el freno de mano fiscal porque esto estaba derrapando, todavía hay un efecto rezago de toda esa gran expansión que, de alguna manera, le está permitiendo a la actividad mantenerse en buenos niveles. Probablemente en septiembre ya se vea un número negativo porque el deterioro en los ingresos reales se está empezando a sentir fuerte. Ya existe una caída acumulada en tres en tres meses de casi 5 puntos en términos reales de un salario que queda en la zona de 4,5% con una inflación promedio en la zona de 7%. Y eso está empezando a sentirse en algunos componentes más volcados al consumo doméstico de la clase media, media baja en la canasta alimentaria. Entonces, probablemente si continúan con este apretón fiscal y monetario y en la medida que se complique recomponer este ingreso real, vamos a empezar a sentir ahora una desaceleración en el nivel de actividad.”

Según Otálora, después de los cimbronazos del mes de julio “mucha gente no quiso convalidar el nuevo tipo de cambio y prefirió llevarse los pesos hacia el consumo.” Eso explicaría el aumento en ese mes del  consumo de alimentos y bebidas que creció en un 5% interanual.

Domecq habla también de otro efecto que viene por parte de las empresas frente a los altos niveles de emisión. “Deciden financiar proyectos de construcción, proyectos reales porque tienen que hacer circular todo este excedente de pesos.” 

Según Diego Martínez Burzaco, de INVIU, se trata de un proceso que se da también a nivel internacional donde se registran promedios inflacionarios que alcanzan el 8%. “Para el inversor que el dinero en una cuenta a la vista el costo de oportunidad ante la pandemia era un 2% no le hacía mella. Pero lo que antes navegaba al 2% mensual, ahora con el 6% el costo de oportunidad es mucho más grande. Creo que el súper cepo también ayuda a mantener el nivel de actividad porque muchos pesos atrapados,  financieramente hay mucha deuda pública dando vuelta en todo el sistema y muchas empresas están reasignando parte de su liquidez, quizás en capital de trabajo, pero quieren estirar un poco vencimientos y plazos y van a cuestiones de economía real. Quizás y también tuvieron un overshooting del tipo de cambio; cuando el dólar financiero libre alcanzó los $350 muchos aprovecharon para cambiar y monetizar eso contra consumo.”