Unos 150 inversores europeos y estadounidenses estuvieron la semana pasada en Buenos Aires convocados e invitados por el JP Morgan. En las que fueron reuniones muy reservadas, escucharon a los principales ministros del gobierno de Mauricio Macri y a los empresarios más poderosos. Y aunque los elogios fueron tibios, tal como se estila, se conformaron con la promesa de una Argentina transformada en un país normal.

Tras el encuentro, hubo un sondeo. Y esas expectativas son para tener en cuenta. Después de todo, se trata de los que ponen la plata en diversos proyectos. Así, coincidieron en que habrá amplias posibilidades de desarrollo del mercado de capitales. Y están dispuestos a jugar fuerte. Aseguran que después de este recesivo 2016, Argentina crecerá 3,5% el año que viene. ¿El dólar? Lo imaginan en 16 pesos a fin de año.

En el sector financiero ya habían tenido indicios del apetito que despierta el país por sus altas tasas. Un ejemplo fue el volumen, que alguien calificó de abrumador, cuando ofrecieron al país US$ 62.500 millones y el Gobierno tomó US$ 16.500 millones para pagar en parte a los fondos buitres.

De allí, que vaticinen como exitoso al anunciado blanqueo de capitales. En los bancos, casi en línea, con las proyecciones del ministro Prat-Gay, calculan que podría llegar a US$ 60.000 millones.

El razonamiento se basa en la cantidad de dinero de argentinos en el exterior, que se estima en torno a los US$ 300.000 millones.

Otro impulso para el blanqueo es que cada vez es más difícil mantenerlo oculto el dinero: a partir de enero de 2018 rige la reciprocidad de información financiera y los mismos bancos no quieren saber nada de la plata de origen dudoso. El escándalo de los Panamá Papers va en esa dirección Por cierto, ese dinero en negro legalizado se puede mantener en el exterior. ¿Cuánto ingresaría realmente al país? Los cálculos menos optimistas creen que rondaría los US$ 6.000 millones, “una inyección formidable de dinero para infraestructura, donde estamos en América Latina en el fondo de la tabla, casi al mismo nivel de Venezuela y Paraguay”, según un financista que suplicó el anonimato y que se basó en un informe que preparó la Asociación de Bancos (ABA) para la Cámara de la Construcción.

Consultados sobre la recesión y el ajuste, que se medirá en una reducción del rojo de las cuentas públicas de 1,5% a fin de año; algo que nunca sucedió en la Argentina en tan corto tiempo, los financistas relativizaron el grado de caída de la economía.

Destacan que la morosidad en los bancos es bajísima, apenas un tercio del promedio de la región y que los gastos con tarjeta siguen en aumento, en torno al 38% anual. Sus clientes, los supermercados, les aseguran que en la primera semana de mayo, las ventas repuntaron en paralelo a la baja en algunos precios. En cuanto a la situación en Brasil, con la peor crisis en un siglo, preocupa y mucho. Eso sí, creen el campo, que explica el 60% de las exportaciones, será la punta de lanza para que la economía arranque junto a la inversión en infraestructura, energía y los servicios, que ocupan al 65% de la mano de obra.

Fuente IEco