Buenos Aires es una ciudad con personalidad propia, dinámica, con enorme tradición cultural, donde se esconden múltiples historias, mitos y secretos. De la capital argentina se pueden conocer datos y estadísticas favorables, como también negativas. Se ubica como la quinta ciudad más visitada de América Latina. Pero a su vez, hoy es considerada por diversas consultoras internacionales como la ciudad más cara de América Latina, debido al incremento de precios en bienes y servicios, a la alta inflación, los salarios depreciados y al debilitamiento de la moneda.

Otras notas | Volvé a ver ¿Qué hacemos con los pesos? 30.12.2016

Este informe se basa en el valor comparativo de más de 200 artículos en las ciudades más importantes de la región, incluyendo vivienda, transporte, alimentos, ropa, artículos para el hogar y entretenimiento.

Tomar un café en un bar es uno de los hábitos porteños más comunes, y en la actualidad se convirtió en una costumbre cara. Un pocillo de café en un barrio céntrico cuesta casi 3 dólares, un monto que está muy por encima de las capitales de Colombia, México y Brasil (rondan entre 1,30 y 1,70 dólares). Estacionar el auto en un garaje céntrico sale el triple que en Bogotá. Y una botella de agua (1.5 litro) vale 1, 40 dólares, el doble que en México, que cuesta 0,70 dólares.

La tendencia se repite en otras actividades de la vida cotidiana, como alquilar un departamento, comprar la leche o una lata de gaseosa en un supermercado. Las categorías que más crecieron fueron servicios (luz, gas) y transporte, debido a la quita de subsidios.

Llenar el tanque de nafta del automóvil en Buenos Aires es casi una utopía. Aquí sale 1,40 dólares el litro de nafta, mientras que en San Pablo y Santiago de Chile vale en ambas ciudades 1,10 dólares. Bastante más atrás viene la gasolina de Bogotá y del DF en México, que cuesta 0,73 y 0,77 respectivamente. Alquilar un departamento de 100 metros cuadrados en un barrio céntrico cuesta casi el doble que en la capital colombiana. En Buenos Aires sale 1.000 dólares, mientras que en Bogotá se pagan 580 dólares. Los precios también son más elevados que en San Pablo (el alquiler está a 635 dólares) y que en Ciudad de México (800 dólares).

Una típica salida nocturna de fin de semana en cualquier ciudad, es ir al cine, sea en pareja o en familia. En este rubro, Buenos Aires también es más cara que el resto de las ciudades importantes de Latinoamérica. Ver una película en nuestra ciudad sale 9 dólares cada ticket, si a eso le sumamos el pochoclo y la gaseosa, termina siendo una salida bastante cara. En Brasil el precio es similar, 8 dólares la entrada; bastante más económico es ir al cine en Colombia o en México, lugares donde el precio oscilan entre los 3,5 y 4 dólares. En la actualidad, los porteños en un alto porcentaje se inclinan más por comprar películas en DVD o contratar el servicio de Netflix, que es más económico.

Un litro de leche, producto básico y elemental en la heladera de cualquier familia, en Buenos Aires cuesta en la actualidad 1,25 dólares, mientras que en San Pablo 1,20 dólares, en la capital chilena sale 1 dólar, pero en Bogotá y en México DF el precio ronda los 0,80 dólares.

Lo mismo ocurre con el estacionamiento, guardar el auto durante una hora en un garaje porteño, promedia los 3,5 dólares, tres veces más caro que en México. En Brasil, en este rubro el precio es bastante similar a Buenos Aires, y en Bogotá 1.30 dólares. Cada país tiene su cerveza nacional, en este producto también Bs As tiene la botella más cara de la región (2,15 dólares), en cambio en Colombia y México no llega a valer un dólar (0,90).

En el último año “los viajes de shopping” a otros destinos más baratos continuaron vigentes en la clase media-alta argentina. Los preferidos de los argentinos son Miami y Santiago de Chile para comprar calzado, indumentaria, y tecnología entre otras cosas. Por ejemplo, un par de zapatillas deportivas de marca (Nike o Adidas) en Buenos Aires vale 125 dólares, mientras que en Santiago de Chile 65 dólares. En conclusión, el nivel de vida de un porteño es más costoso que el de otros latinoamericanos.

Por Matías Antonuccio