El radical Ernesto Sanz, virtual ministro sin cartera, confiesa haber escuchado a Mauricio Macri admitir en una reunión de la mesa chica del Gobierno que los ajustes de tarifas son “un trago amargo que hay que pasar” en la previa de la campaña electoral. Ayer, otro dirigente de la fuerza aliada, Mario Negri, puso el dedo en la misma llaga en plena reunión de Gabinete.

“¿Hasta cuando van a seguir los aumentos?”, consultó el jefe del interbloque de diputados de Cambiemos. El ministro de Energía, Juan José Aranguren, acababa de explicar los detalles del inminente anuncio sobre el fuerte ajuste en las boletas de la luz y el legislador cordobés intentaba descubrir si antes de confirmar la medida, en la cima del Gobierno se habían analizado sus consecuencias en el ánimo de la sociedad.

“Los último aumentos van a ser en abril”, respondió Arangurey asintieron los miembros del tridente que maneja la estrategia económica: Marcos Peña, jefe de Gabinete, y sus vices Mario Quintana y Gustavo Lopetegui. Testigos de la escena le confiaron a Clarín que todos los presentes entendieron que se estaba hablando de los últimos ajustes antes de las elecciones legislativas de agosto (las primarias) y octubre (las generales).

Después se pasó revista fugazmente a los ajustes de tarifas previstos para los próximos dos meses: agua, gas transporte y peajes (ver página 5).

En los principales despachos de la casa de Gobierno se analizaron más tarde las ecuaciones posibles entre la necesidad de seguir incrementando ingresos e inversiones en el área servicios y los costos políticos que de ello se desprende. “Vamos a monitorear el impacto social y decidir en consecuencia”, reconocieron ante una consulta de este diario. En la mayor reserva, en esos espacios no descartan del todo que deban aplicarse retoques en algunos servicios durante los meses de campaña.

La preocupación por el efecto electoral de las noticias menos simpáticas de la economía -tarifas, inflación, despidos- fue abordada de pasada en la cena que compartieron el lunes las primeras líneas de la UCR y el PRO en Olivos, con Macri de anfitrión (ver página 8). Pero resultó el eje del aperitivo con el que se entretuvo la comitiva radical en la previa, en la que fueron anoticiados de los números finos de la economía por los hombres que la manejan: los ministros de Hacienda, Nicolás Dujovne, y de Finanzas, Luis Caputo, además de Quintana y Lopetegui.

Con Sanz sentado a su lado, como gesto de aval de quien en su momento lo contrató como asesor de su frustrada campaña presidencial, Dujovne fue el que más datos aportó en la hora y media de charla. Apoyado en planillas apiladas en carpetas que luego entregó a cada uno de los visitantes, el ministro dio a conocer una serie de indicios positivos sobre la marcha de los números.

Habló de la posibilidad de garantizar un techo de 18% de inflación en 2017, apenas por arriba de la franja del 12 al 17% proyectados en la Ley de Presupuesto. “El 18 ya es la inflación anualizada del segundo semestre”, comentó Dujovne, refiriéndose a los datos del INDEC del año pasado. También sostuvo que el déficit fiscal de 2016 ancló en el 4,2%, contra el 4,6 previsto, aunque con la ayuda del blanqueo. También destacó como “positivos” los resultados del cuarto trimestre, con casi un 1% de crecimiento, con picos en inversión (obra pública y construcción), consumo y autos (subrayó como buena noticia que Brasil detuvo su caída).

Con todo, alertó sobre la necesidad de “moderar las expectativas”. Palabrita clave en la estr ategia electoral del oficialismo: “expectativas” es lo que intentan promover sus referentes políticos, a la espera de señales más contundentes en el rubro económico-social.

-Cuándo va a llegar a la gente la sensación de mejora económica-, le preguntaron.

-Entre mayo y junio-, afirmó. Justo en junio cierran las listas.

Fuente | IEco