Gonzalo Otalora, entrevistó a Damián Perri en Franquicias que inspiran. Él estaba a punto de expandir su comercio con franquicias y la casualidad o el destino quiso que el franquiciado (el que iba a invertir en la marca) se arrepienta a último momento. A la distancia, fue una salvación. Descubrí por qué.

Sandwicheria Miriam, es un comercio emblemático de Lanus cuya especialidad son los sandwich de miga. Damián Perri, es el hijo de Miriam, la fundadora de la empresa.

Damián Perri: Lo abrió ella, que empezó trabajando en una panadería del barrio, de la otra cuadra de la casa de mis abuelos, ahí se formó, tomó el amor por la panadería general, a ella siempre le llamaron más la atención lo sándwich; eran sándwiches más normal que los nuestros. Como buena gallega le puso su toque de mucho a todo, no importa que sé que hay que ponerle mucho y fue un éxito en el 91 abrió.

¿Ella pasó de empleada de una panadería a dueña de su empresa?

Damián: En el medio tuvo un tiempo corto, que no me acuerdo exacto si llegó al año, que fue un despacho de pan, o sea que otro te produce el pan y vos solo lo vendes, pan y facturas, del otro lado de Lanús. Ya en el 91, abrió solamente sándwich de miga.

¿Cómo fue la evolución de la empresa hasta llegar a pensar que pueden franquiciar su negocio?

Damián: La realidad es que el negocio siempre fue un éxito, siempre, desde que abrió. Se lo propusieron muchísimas veces a mi mamá, pero en estos 27 años muchísimas veces armar otro negocio: yo pongo la plata, lo armamos. Ella por miedo, por “no, no, no” siempre le tuvo mucho miedo al descontrol en la calidad de lo que iba a ser, o sea su miedo principal era que no hagan los sándwiches como ella, porque “no y no voy a estar yo y no puede ser y cómo lo vamos a controlar”.

¿Quién la convenció de dar el primer paso?

Damián: Fue un poco de todo. Yo vengo insistiendo hace muchísimos años, yo estaba equivocado en un montón de cosas, ella también estaba equivocada en un montón de cosas, hoy nos encontramos los dos en el medio. Estábamos los dos una punta de “sí, sí, sí, sí” y otro de “no, no, no, no”. Nos encontramos en el medio de sí se puede pero lo tenemos que hacer despacio. Por eso la realidad que tenemos hoy, el segundo local de caballito, iba a ser nuestra primera franquicia de una persona amiga de ella. El día de firmar el contrato se arrepintió.

 ¿y qué pasó?

Damián: Conseguimos un excelente local, en excelente ubicación, excelente precio, dueño directo, o sea todo esto no se da muchas veces. Para una empresa chica son cosas muy importantes, por ahí para una empresa muy grande no le cambia tanto, para nosotros era importantísimo: me encantó la ubicación porque con mi idea de franquiciar está relativamente en el centro de lo que es capital Federal, caballito está bastante céntrico. “Ya está, lo abro yo”. “No pero yo no quiero más problemas”, me decía mi mamá. Se decidió en una hora que era mío. Pasamos la obra, a pedir plata porque era una inversión que no teníamos pensado hacer, no tenemos el capital, salí a buscar gente.

 ¿Cómo el día después de abrir?

Damián: Los primeros 15 días fue todo “yo tenía razón”. Después entramos en una pequeña caída, como que la gente del barrio nos conoció. Encima nuestro producto depende mucho del clima, y nos tocaron 22 días consecutivos de lluvia.

Tuviste como un conflicto de organización.

Damián: Sí, claro. En parte el conflicto de organización viene por un tema económico también, lo que teníamos que organizar también era económico. El local de Lanús, funciona hace 18 años de la misma forma, entonces cómo está todo aceitado, cada uno sabe su tarea, la cumplen, cada una sabe qué tiene que hacer. Ahora cuando traes toda gente nueva, vos le decís: “vos tenés que poner el vaso ahí” y al otro día vaso no está ahí, porque es gente nueva no hay gente que hace 10 años que hace lo mismo. Hoy nos encontramos en este proceso, en el en el tema de estandarizar todo, de que cada uno sepa qué tiene que hacer, cuál es su rol.

¿Hoy abrirías otra franquicia?

Damián: Hoy no.Todavía no tengo probado el modelo para multiplicarlo, o sea yo quiero esperar que pase un año de mi nuevo local, con gente nueva, con todo nuevo: un año funciona bárbaro, ¿hay que corregir? sí, corrijamos esto. ¿Qué funcionó bien? esto, listo lo dejamos. Pero hoy te digo que no. Y la asociación lo que me ayudó mucho es a contactarme con gente, que lo hizo como lo iba a ser yo, y que es el día de hoy después de 5 o 10 años están pagando las consecuencias de haberle dado una franquicia, sin estar ellos preparados. Porque la realidad que el que viene, obvio que si viene a poner plata viene con ganas de generar más y de trabajar. Pero en el medio pueden pasar un montón de cosas que si el franquiciante no está listo, es un mensaje confuso y no saben bien para dónde tienen que ir. Hoy están pagando las consecuencias de no haberse expandido de forma prolija.

Si no tienen los elementos necesarios tienen que ir a la asociación

Damián: La asociación para nosotros fue genial. Básicamente lo que haces es acortarte el camino. Yo hubiese necesitado 10 años de errores para darme cuenta de decir: “en este momento yo no estaba listo”, pero ya está, los errores los cometí y perdí 10 años. Gracias a la con la gente que me encontré, que hablé, por ahí me ahorré toda esa mala sangre.