¿Cómo surgió CHUNGO?

La heladería nació en el año 1973. La fundó mi padre, un emprendedor de Italia, en el barrio de Saavedra.  Con ayuda de su familia compró el fondo de comercio, heredó el nombre CHUNGO  y así arrancó. Es una linda historia familiar que con una base sólida enfocada en la calidad del producto y del servicio se fue consolidando en el tiempo. El primer local tenía unos 70 metros y elaboraban ahí mismo.

¿Cuál fue el segundo paso de la empresa?

El local sufrió algunas modificaciones entre el año 73 y el 90. Se compró una casa contigua y se amplió. En el 89, con 18 años, ingreso al emprendimiento como hijo mayor (somos 3 varones). Fue una decisión familiar y personal. Ahí empezamos a abrir sucursales. Al principio yo manejaba un local y mi padre manejaba la casa central donde se producía el helado. Así fue un par de años hasta que abrimos el tercer local y de ahí en adelante vino el crecimiento.

El hito en la familia y la empresa fue la decisión de construir una fábrica. Una planta de elaboración que se inauguró en 1996. En ese momento comenzó la expansión de la marca hacia otras unidades de negocio.

¿Por qué tomaron la decisión de expandirse?

Mi padre fue el que tomó la decisión y fue consensuado en la familia. Él dijo que si queríamos seguir creciendo teníamos que construir una fábrica porque con el local no podíamos producir más. Dos de los tres hermanos estábamos ya trabajando en la empresa y decidimos avanzar.

¿Pusieron en juego la estabilidad financiera de la familia?

Al principio no, después como toda obra terminó saliendo 4 veces más y hubo un momento complejo donde tuvimos que tomar un crédito. Fue el primer momento duro que pasamos que pasamos de todos los que vinieron luego con las crisis del país.

¿En qué momento tomaron la decisión de franquiciar?

En el 96 con la inauguración de la fábrica, nos habíamos quedado sin capital propio y ya no teníamos capacidad financiera para abrir locales entonces ahí surgió la idea de franquiciar. En ese momento no era tan común en Argentina aunque había varias marcas que franquiciaban. Decidimos comenzar a hacer los manuales y los contratos y una vez que terminamos el proceso que duró casi un año, decidimos empezar a franquiciar. La primera la otorgamos en el año 1999 en un momento de crisis del país y por un lapso de 4/5 años  decidimos frenar el proceso. En el 2003 quisimos reformar un poco la imagen y el concepto de negocio y a partir de esa nueva Experiencia Chungo, como la llamamos, empezamos a franquiciar nuevamente. Ahí fue que obtuvimos el gran crecimiento que hoy alcanza los 30 puntos de venta.

Nuestro fin es que el franquiciado gane plata. Nos esmeramos y nos preocupamos con nuestro equipo de trabajo como si fuera un local propio.

¿Cuál fue el cambio que realizaron?

Principalmente decidimos hacer un negocio más integral, más inclusivo y que no contenga sólo helado. Incorporamos café y pastelería. Queríamos diferenciarnos y ofrecer una experiencia de consumo o de compra distinta a lo que era una heladería tradicional hasta ese momento en Argentina y así fue como hicimos un trabajo con una agencia de marketing, con un equipo de arquitectos y también nosotros con la incorporación de productos. Incluso hasta decidimos cambiar el logo que fue algo bastante importante.

¿Hubo peleas familiares?

Engañamos un poco a mi papá porque él no quería que la cafetería, por ejemplo, ocupe más del 30 por ciento de la heladería. La primera experiencia la hicimos en la casa central y cuando entrabas al local en ese momento y hoy en día lo primero que ves con las mesas, pero él estaba contento porque le iba muy bien.

¿Por qué hicieron ese cambio?

Principalmente porque el mundo cambia, el consumidor cambia y creo que hay que estar atento a eso. Incluso hoy hay que estar atento al movimiento. Los modelos de negocio también fueron mutando.

¿Qué llevó a CHUNGO a ser considerada una marca de referencia en helado premium?

Siempre tuvimos como una obsesión. Lo que nos inculcó mi padre fue querer hacer las cosas bien y cada vez mejor y nunca defraudar al cliente. Principalmente con el producto. Somos obsesivos con la calidad y con el sistema productivo que tenemos. Seguimos produciendo como hace 45 años con una manera discontinua con packs de 120 litros sin producción industrial ni inyectar aire. Eso si bien tiene un costo mayor y es una mano de obra intensiva no lo pensamos abandonar. Ese es el gran reconocimiento de nuestros clientes. Nos siguen diciendo que hacemos el helado como al principio.

¿Cuál es el modelo de franquiciado de CHUNGO?

Claramente es una persona que tiene que estar activa. Buscamos franquiciados que estén atrás del mostrador. Nosotros nos ocupamos del marketing, del producto, de las innovaciones, pero el franquiciado se tiene que ocupar de lo más importante que es atender bien al cliente. Que esté contento y vuelva. Por más que tengamos un producto excelente, si el servicio no es bueno, el cliente no vuelve.

Estamos muy encima de los franquiciados. Tenemos un equipo de capacitación, un equipo de asesores y mistery shopper.

¿Cuáles son los valores de la franquicia?

El modelo tradicional donde se ofrece toda la Experiencia Chungo ronda una inversión de entre 100 y 120 mil dólares dependiendo del estado y características del local.

También estamos desarrollando otros modelos de negocio más pequeños enfocados al delivery donde la inversión es menor.

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