“Fue una bella victoria”, se vanaglorió el presidente brasileño transitorio, Michel Temer. Se refería, así, a la votación de la madrugada de este miércoles en el Senado, que le aprobó un pedido del nuevo gobierno de ampliar el déficit fiscal de 2016 a 48.000 millones de dólares. El “sí” de los congresistas vino después de 16 horas de deliberaciones, a las 3.50 de la madrugada. Y para el jefe de Estado interino representó, sin duda, un primer triunfo que lo muestra como un hombre capaz de manejar el Parlamento. El test, en ese sentido, era importante para dar señales a los mercados, de la posibilidad en un futuro de conseguir las leyes necesarias “para realizar el ajuste”.

En el Palacio del Planalto, luego de entregar credenciales a nuevos embajadores extranjeros, Temer indicó que había seguido la sesión hasta pasadas las 4 de la mañana. Lo acompañaba, en ese momento, su canciller José Serra; un flamante colaborador del presidente en ejercicio que devino uno de los miembros del círculo íntimo. De este modo, la aprobación de la meta fiscal nueva duplica la que había propuesto Dilma al Congreso dos meses antes de sufrir el proceso de impeachment. La presidenta, alejada por 6 meses del Ejecutivo para defenderse en el juicio, requirió 27.400 millones de déficit para evitar que hubiera una parálisis administrativa. En menos de 60 días, ese valor casi se duplicó. Si esta meta no hubiera sido aprobada, el 31 de mayo la administración pública entraba en cesación de pagos.

El ex presidente del Banco Central Gustavo Franco, que se desempeñó en la institución durante el primer gobierno de Fernando Henrique Cardoso, juzgó que para compensar semejante rojo en las cuentas, será preciso hacer en el bienio 2017-2018 un ajuste de casi 90.000 millones de dólares para obtener un superávit primario de 2% del PBI.

“De ese tamaño es el esfuerzo que debe ser hecho”, advirtió en una reunión empresarial. Para la agencia de riesgo Moody´s, las reformas que propuso el equipo de Henrique Meirelles el lunes pasado son necesarias pero no suficientes “para reducir las tendencias negativas”. Y señaló que “la nueva meta (aprobada por los congresistas) revelan lo limitado de los instrumentos que dispone el gobierno en este momento”.

En un diálogo mantenido a través de las redes sociales, con internautas, la presidenta Rousseff criticó los cortes presupuestarios que afectan, especialmente, a la salud y la educación. “Es muy grave el impacto en el sector educativo. Si se hubiera seguido el criterio que pretenden imponer ahora, se hubieran perdido 150.000 millones de dólares en los últimos 10 años”. Señaló, también, que si se adopta el modelo de contención de gastos anunciado el lunes “será el mayor retroceso en la historia de la educación brasileña. En vez de orden y progreso, tendremos desorden y retroceso”.

Ninguno de los cuestionamientos, sin embargo, conmueven al gobierno provisorio. El Ministerio de Hacienda, a través de un comunicado, hizo saber su satisfacción por el aval que el Parlamento le dio al tratamiento del déficit. Sostuvo que la votación “indica que los legisladores están comprometidos con la superación de la crisis y la recuperación de la economía brasileña”.

La decisión, añadió el Ministerio, “es un paso importante para reducir las grandes incertezas que cercan la trayectoria de las cuentas públicas. De esta forma, contribuye para sostener las señales todavía incipientes de recuperación de la confianza”. Prevé, también, que “como una consecuencia natural del mejor ambiente, Brasil obtendrá el retorno de las inversiones y de la generación de empleo”.

A pesar de esta evaluación oficial, los mercados de cambio y bursátil reflejaron la falta de confianza en las perspectivas inmediatas del país. El dólar volvió a aumentar frente al real, que cerró a 3,60 (después de mantenerse en 3,52 reales la semana pasada).

Los recelos tienen que ver con el empeoramiento del ambiente político. Si bien vieron como signo positivo la decisión parlamentaria, lo que viene por delante a partir de las denuncias de corrupción que involucran a varios miembros de la actual cúpula gobernante deja a todos con aprensión. Ocurre que si las delaciones que se avecinan fueran “muy pesadas”, esto puede desbaratar la mayoría parlamentaria conseguida por Temer.

Fuente IEco