A principios de año el Ministro de Hacienda y Finanzas Alfonso Prat-Gay anunciaba en su ya legendaria conferencia de prensa que sus expectativas de inflación para el 2016 eran del 25 por ciento anual. Hoy a casi cinco meses de aquel anuncio y no habiendo llegado aún a la mitad del año ya estamos rozando aquella cifra. Cuestionable o no, es parte del juego de las expectativas donde se intenta contener determinadas presiones inflacionarias prometiendo un futuro mejor.

Algo similar está ocurriendo con el famoso y prometedor segundo semestre. El equipo económico se ha dedicado a brindar durante los primeros meses de gestión varias malas noticias: ajuste de tarifas de servicios públicos, ajuste en las tarifas de transporte, un 31 por ciento acumulado de aumento en los combustibles y niveles de inflación que no logran romper la barrera del 4 por ciento mensual. Parece ser que el gobierno nuevamente se encuentra jugando con las expectativas, justificando el presente con un prometedor futuro.

Como se incumplirán las expectativas de inflación para el 2016, seguramente se incumplirán también las promesas de un éxito tan rotundo para el segundo semestre. Ambas metas serán concretadas por el Gobierno, pero no en los plazos que se han autoimpuesto, o al menos que han comunicado a la sociedad a través del correr de los meses.

Para el segundo semestre se espera una baja pronunciada de los índices de inflación que rondarán por debajo del 2 por ciento mensual. La economía dejará su senda de retroceso y la caída del consumo interno verá su piso. También se estabilizará el nivel de empleo empujado por la reactivación de la obra pública. Todas cuestiones que claramente son alentadoras pero no prometedoras, o al menos no para el comienzo de nuestra próxima segunda parte del año.

El gobierno de Mauricio Macri ha optado por consumir su saldo de buen humor social durante los primeros meses (incluso con decisiones extremadamente antipopulares como lo fue la suba no gradual en las tarifas de servicios públicos) dejando lo mejor para lo que vendrá o en tal caso intentado normalizar cuestiones básicas de la economía no solo en materia de precios relativos completamente distorsionados, sino también en materia de cepo cambiario, normalización de la deuda pública y el consiguiente acuerdo con los Holdouts, en pos de allanar el camino para generar nuevamente crecimiento en la economía, a través de la inversión externa e interna.

El equipo económico sabe perfectamente que ante una caída del salario real, el ajuste en los precios relativos y su consecuente caída en el consumo la única manera de lograr la reactivación económica es con crédito externo e inversiones, que impulsen el empleo y reactiven el consumo interno, uno de los grandes motores del crecimiento económico, ayudado en parte por la incipiente inversión del estado en obra pública paralizada desde hace varios meses y responsable en gran parte de la caída en los índices de empleo.

Si el gobierno sigue en la senda de la normalización de la economía y sigue dando muestras fuertes de que seguirá transitando el camino que ha elegido en pos de hacer de Argentina un país con posibilidades para quienes inviertan, brindando seguridad jurídica y previsibilidad económica, las expectativas con las que viene jugando el gobierno solo se verán dilatadas y no verdaderamente incumplidas. De no ser así, otra será la historia y lo único que verdaderamente lograremos será volver a niveles astronómicos de endeudamiento en busca de palear el déficit fiscal creando un horizonte próximo que ya hemos vivido en el pasado, cargado de desempleo y recesión. Y que la economía muestre para el año 2017 síntomas serios de reactivación gracias a las medidas económicas de normalización que se están aplicando, será en tal caso la verdadera apuesta del gobierno para los tiempos que vienen que marcará un rotundo éxito o un ingrato fracaso, y allí poco habrán importado todas las erráticas metas con las que viene jugando el equipo económico