Viernes 07 de Agosto 2026
El carry trade ya no es un juego simple

El carry trade entra en una etapa más fina: cómo invertir con tasas, dólar y riesgo electoral

En Del Colchón a la Inversión, Mariano Gorodisch conversó con Ramiro Goncalves y Valentina Nasello sobre por qué el carry trade ya no es el juego simple de poner pesos y esperar: cómo definir el objetivo antes de elegir un activo, por qué invertir de a poco es la regla más importante, y cómo diversificar entre obligaciones negociables, bonos en pesos y renta variable sin perseguir la tasa más alta.

Mundo Dinero por Mundo Dinero

6 Agosto de 2026
Del colchón a la inversión
El carry trade entra en una etapa más fina: cómo invertir con tasas, dólar y riesgo electoral

El carry trade entra en una etapa más fina: cómo invertir con tasas, dólar y riesgo electoral

El carry trade sigue teniendo oportunidades, sí. Pero ya no es el juego simple de poner pesos, esperar una tasa alta y mirar cómo el dólar se queda quieto. En un contexto de intervenciones sobre el tipo de cambio, tasas que pueden moverse, cepo para empresas y un año electoral por delante, la clave pasa por entender qué busca cada inversor y cuánto riesgo está dispuesto a asumir.

Porque no es lo mismo administrar liquidez para pagar gastos en pocos meses que invertir los ahorros de toda una vida. Tampoco es igual buscar cobertura contra inflación, cobertura cambiaria o renta en dólares a largo plazo. El activo correcto depende de esa respuesta.

El escenario: controlar el dólar para que la inflación siga bajando

La estrategia económica tiene un objetivo muy claro: evitar que la inflación vuelva a arrancar con un 2 adelante. Para eso, controlar el dólar es central.

El Gobierno viene utilizando distintas herramientas para evitar saltos cambiarios: intervenciones del Tesoro, operaciones en dólar futuro, instrumentos dólar linked y movimientos sobre las tasas. La idea es frenar una suba brusca del dólar mayorista que después se traslade a precios.

Además, a comienzos de mes suele haber una necesidad estacional de pesos. Muchas empresas necesitan liquidez para pagar salarios, lo que puede achicar la brecha entre el dólar financiero, el blue y el mayorista. A eso se le suma la restricción cruzada entre el mercado oficial y los financieros, que lleva a varias compañías a operar directamente en los mercados financieros.

El punto es que esta tranquilidad cambiaria no elimina el riesgo. Lo administra. Por eso, para quien invierte, mirar solamente la tasa puede ser una trampa.

Carry trade: sí, pero como una posición chica y pensada

El carry trade consiste, en términos simples, en colocarse en instrumentos en pesos buscando que el rendimiento de la tasa supere la devaluación. Funciona bien cuando el tipo de cambio se mantiene estable o sube menos que la tasa obtenida.

La pregunta importante no es si el carry trade "anda" o "no anda". La pregunta es: ¿qué devaluación estás suponiendo?

Una referencia prudente es trabajar con una expectativa de devaluación mínima cercana al 2% mensual y armar un mix de instrumentos. En vez de hacer carry puro, se puede combinar exposición a:

  • Instrumentos de tasa fija, para capturar rendimiento en pesos.
  • Bonos ajustados por inflación, para no quedar detrás del índice de precios.
  • Activos dólar linked o duales, para sumar cobertura si acelera el tipo de cambio.

Usarlo exclusivamente como carry trade debería ser una parte menor de la cartera. La idea planteada fue no exceder, en un perfil prudente, aproximadamente el 5% del portafolio. No porque el instrumento sea malo, sino porque el riesgo cambiario puede aparecer rápido cuando todos creen que el dólar se va a quedar planchado para siempre.

El mercado suele repetir el mismo comportamiento: después de una suba fuerte de un activo, aparece la desesperación por comprarlo. Pasó con acciones que ya habían multiplicado su precio y también pasa cuando el dólar se recalienta. El inversor termina entrando tarde, en máximos, motivado por lo que ya ocurrió y no por lo que puede pasar desde ese momento.

Antes de elegir un activo, definí para qué necesitás la plata

Hoy los instrumentos en pesos requieren más precisión. Durante algunos períodos, prácticamente cualquier colocación en pesos parecía funcionar. Ahora hay que ordenar la estrategia desde el objetivo.

Liquidez y cash management

Quien necesita pesos para gastos próximos, pagos empresariales o compromisos de corto plazo puede tener una parte de la cartera en instrumentos líquidos. Tener algo en pesos también evita tener que vender dólares de apuro y perder en el spread entre compra y venta.

En este caso, el objetivo no es hacer una apuesta grande. Es administrar el flujo de fondos y conservar disponibilidad.

Ahorros de mediano y largo plazo

Para quien está armando patrimonio y quiere bajar el riesgo argentino, la dolarización gana relevancia. En un año electoral, la volatilidad puede aumentar y la parte en pesos debería ser más chica si el horizonte es largo.

Pero dolarizar no significa dejar todos los billetes inmóviles en una caja de seguridad o debajo del colchón. El dólar también pierde poder adquisitivo con el tiempo. Guardar USD 10.000 durante años implica no solo resignar rendimiento, sino en muchos casos pagar además el costo de una caja de seguridad.

Los dólares quietos pueden tener sentido para un objetivo cercano, como vacaciones, una cuota de una propiedad o una obligación puntual. Para horizontes de cinco, diez o más años, el desafío es encontrar instrumentos que permitan mantenerlos trabajando.

La regla más importante: invertir de a poco

Para alguien que nunca invirtió, meter todo el capital de una sola vez en el mercado no suele ser buena idea. No es solamente una cuestión técnica. Es una cuestión emocional.

Una persona que ahorró durante décadas comprando dólares necesita acostumbrarse de a poco a ver movimientos, cotizaciones y variaciones de cartera. Empezar con un 5% o 10% puede ser suficiente para conocer cómo reacciona uno cuando un activo sube o baja.

Entrar agresivamente, perder rápido y concluir que "el mercado es una timba" es una forma muy común de abandonar antes de aprender. Pero ganar demasiado rápido también puede ser peligroso: genera exceso de confianza, lleva a apalancarse, a endeudarse o a asumir riesgos que no se entienden.

En los mercados alcistas todos se sienten Warren Buffett. El problema aparece cuando el mercado deja de subir.

Una cartera no se arma por moda: se arma por perfil

La pregunta de fondo es muy simple: ¿cómo vas a dormir tranquilo?

Hay inversores que prefieren resignar tasa en pesos y mantener la mayor parte de sus activos dolarizados. Otros toleran más volatilidad y buscan renta variable, bonos más largos o instrumentos ajustables. Ninguno está equivocado si la cartera responde a su perfil, ingresos, gastos, objetivos y horizonte.

Para construir una cartera hay que mirar, como mínimo:

  • Edad, ingresos, gastos y capacidad de ahorro mensual.
  • Objetivo del dinero y plazo estimado para usarlo.
  • Necesidad de liquidez.
  • Tolerancia real a las bajas de mercado.
  • Porcentaje que cada activo representa dentro del total.

El perfil no es algo fijo. Una persona puede creer que es agresiva hasta que una acción baja 2% y le genera pánico. Otra puede considerarse conservadora y, después de unos meses en renta fija, decidir que puede sumar una exposición pequeña a acciones o CEDEARs.

Por eso es sano arrancar conservador e ir ajustando. Como referencia, para probar renta variable en alguien nuevo, una asignación de hasta 10% permite aprender sin poner en riesgo toda la estrategia.

Renta fija en dólares: ONs, provincias y análisis de riesgo

Para una cartera conservadora dolarizada, las obligaciones negociables pueden ser una alternativa interesante. Pero hay una condición innegociable: no comprar solamente por la tasa.

Una ON que rinde 12% o 14% no necesariamente es mejor que una que rinde 6% o 7%. La tasa más alta puede estar reflejando un riesgo más alto de crédito, de liquidez o de pago.

Placa azul titulada Cartera Renta Fija con una lista de obligaciones negociables

En renta fija, la diversificación por emisor y sector pesa más que perseguir la tasa más alta.

Diversificar por emisor y sector

Si una persona tiene USD 10.000 para obligaciones negociables, no debería concentrar todo en dos o tres bonos del mismo rubro. Tener tres ONs petroleras no es verdadera diversificación. Si ese sector se complica, las tres posiciones pueden caer al mismo tiempo.

Como ejemplos de sectores distintos se mencionaron obligaciones negociables de IRSA, Telecom e YPF, con rendimientos alrededor del 7%. La lógica no es salir a comprar sin análisis, sino mostrar que se puede distribuir riesgo entre real estate, telecomunicaciones y energía.

Con mayor capital, la diversificación puede ampliarse a seis, siete, ocho o más emisiones, siempre que se puedan monitorear. La experiencia de restructuraciones y defaults demuestra que una concentración excesiva puede dañar mucho una cartera.

Qué revisar antes de comprar una ON

  • Calificación crediticia: ayuda a evaluar la calidad relativa del emisor, aunque no elimina el riesgo.
  • Flujo de caja: la empresa debe generar recursos para pagar intereses y capital.
  • Liquidez: no todos los bonos tienen el mismo volumen para salir antes del vencimiento.
  • Prospecto de emisión: hay que leer condiciones, garantías, fechas y riesgos.
  • Mínimos de compra: algunas emisiones exigen montos nominales elevados.
  • Comisiones y precio límite: la operación debe ejecutarse a la tasa y precio buscados.

Una empresa puede tener un proyecto razonable para pagar deuda y aun así sufrir si depende demasiado de acreedores externos. Si ese financiamiento se cae, el plan puede dejar de funcionar. Por eso no alcanza con una buena historia: hay que verificar liquidez y capacidad efectiva de pago.

Bonos provinciales y bonos soberanos

Para quienes buscan renta fija fuera de los soberanos, los bonos provinciales pueden sumar alternativas. Se mencionaron emisiones de Córdoba, Neuquén y Santa Fe como opciones para analizar por calidad relativa, con rendimientos en la zona del 7,5% al 8% según precio y mercado.

También hay que entender la contrapartida: los bonos sub-soberanos suelen ser menos líquidos. Si se compran, conviene hacerlo con la idea de cobrar el flujo y, posiblemente, mantenerlos hasta vencimiento, no pensando que será sencillo desarmar la posición en cualquier momento.

En soberanos, los bonos más cortos con pagos frecuentes pueden ser útiles para quien busca flujo similar al de un plazo fijo. Pero no son automáticamente adecuados para todos. El riesgo soberano sigue siendo riesgo soberano, y haber tenido una buena ganancia previa puede ser una razón válida para bajar exposición y mirar desde afuera.

Alternativas en pesos: Lecaps, Boncer y cobertura

Para el inversor que viene del plazo fijo y busca una transición con más liquidez, pueden aparecer instrumentos en pesos de corto plazo. Entre las alternativas discutidas estuvieron Lecaps y bonos CER, incluyendo emisiones con vencimientos anteriores a las elecciones.

Una Lecap de plazo corto puede ofrecer tasa nominal competitiva, mientras que un Boncer suma una tasa real más inflación. El atractivo no es solo el rendimiento potencial, sino que pueden negociarse antes del vencimiento, a diferencia de un plazo fijo tradicional. Eso sí: hay que mirar precio, volatilidad, comisiones y duración.

La caución también requiere cuidado. Su tasa puede ser atractiva, pero es volátil y las comisiones importan. No hay que mirar solamente la tasa publicada, sino el rendimiento final neto y el horizonte real de la colocación.

Los plazos fijos UVA, por su parte, pierden atractivo relativo si la inflación baja y los plazos fijos tradicionales ofrecen tasas similares con menor inmovilización. La herramienta elegida tiene que responder al contexto, no a lo que funcionó meses atrás.

Renta variable: Argentina con cautela, exterior con horizonte largo

La visión presentada fue clara: para renta variable, el foco principal está afuera. El mercado argentino tuvo una suba muy fuerte y, con elecciones por delante, comprar activos locales cerca de máximos exige más prudencia.

Eso no significa que no haya buenas empresas argentinas. En energía, por ejemplo, pueden aparecer nombres atractivos por valuación. Pero el problema no es solamente la calidad de la compañía: es el riesgo país, el riesgo electoral y la posibilidad de que una noticia negativa golpee con fuerza.

Para un inversor más agresivo, la exposición argentina puede existir, pero de forma gradual y con precios de entrada estudiados. No se trata de comprar porque algo subió mucho. Se trata de esperar una oportunidad con una relación riesgo-retorno razonable.

Placa azul titulada Cartera Renta Variable con una lista de CEDEARs y porcentajes

La renta variable se pensó como una cartera de negocios y no como una carrera para perseguir precios.

Comprar negocios, no precios

Una cartera de acciones de largo plazo no se evalúa por lo que hizo esta semana. Si una empresa fue elegida por sus fundamentos y el negocio sigue siendo atractivo, una baja diaria de 1% no debería obligar a vender.

Dentro de los nombres comentados aparecieron compañías estadounidenses y brasileñas como Pfizer, Mercado Libre, Microsoft, Nubank, McDonald's, Uber, Visa y Nike. La idea común no fue adivinar el próximo movimiento semanal, sino buscar empresas con fundamentos, valuaciones razonables o negocios que puedan sostenerse en el tiempo.

Por ejemplo, Visa fue analizada desde su modelo de negocio: cobra comisiones por transacciones, no tiene un nivel de endeudamiento que la deje particularmente expuesta y puede beneficiarse de la digitalización de los pagos. Pero incluso una empresa sólida puede sufrir si una inflación persistente enfría el consumo.

En un escenario de paz y menor presión sobre petróleo, ciertas empresas de tecnología, inteligencia artificial y semiconductores podrían beneficiarse de una mejora en logística y producción. Aun así, después de subas fuertes post balance, el análisis técnico y el precio de entrada siguen importando.

El petróleo, la inflación de Estados Unidos y las tasas globales

La evolución del petróleo no impacta solamente sobre las empresas energéticas. También puede trasladarse a la inflación de Estados Unidos, las decisiones de la Reserva Federal y el consumo.

Si el petróleo se mantiene alto durante mucho tiempo, la inflación puede persistir. Con inflación más alta, los salarios reales pueden perder frente a los precios, el consumo puede enfriarse y la economía entrar en una dinámica más débil. Eso cambia las expectativas sobre recortes de tasas y afecta valuaciones de acciones y bonos.

Por eso, al invertir afuera no alcanza con elegir una buena empresa. Hay que mirar el escenario macroeconómico que puede influir sobre su demanda, sus costos y las tasas de descuento del mercado.

Blanquear, invertir o comprar una propiedad: la cuenta tiene que cerrar

Para quien tiene dinero fuera del sistema, la recomendación es sentarse con un contador y hacer números finos. No hay una respuesta universal.

Hay que comparar el costo de regularizar los fondos, los impuestos involucrados y el rendimiento que se podría obtener al incorporar ese capital a una cartera. La plata inmóvil pierde valor, y una caja de seguridad también tiene costo.

La comparación con una propiedad es válida. Comprar un departamento y alquilarlo puede ser una alternativa conocida, pero implica mucha liquidez concentrada, costos de entrada y salida más altos, y menor flexibilidad.

El mercado de capitales permite fraccionar la exposición. Si interesa el real estate, se puede buscar una compañía vinculada al sector sin concentrar todo el patrimonio en un único inmueble. Las dos alternativas existen. Lo importante es compararlas con números, plazos y necesidades reales.

El error más caro: querer hacer magia con poco capital

La cartera no crece solamente por encontrar "la oportunidad". Crece, sobre todo, por el ahorro constante y el interés compuesto.

Alguien que ahorra USD 200 o USD 500 todos los meses y mantiene una estrategia razonable durante décadas puede construir un patrimonio importante sin hacer locuras. El problema aparece cuando se busca convertir poco dinero en una fortuna rápida.

Ahí llegan el apalancamiento, los instrumentos que no se entienden, las tasas de dos dígitos sin análisis y, en el peor caso, las estafas piramidales.

El camino más sano es bastante menos espectacular:

  1. Ahorrar todos los meses.
  2. Invertir con una estrategia coherente.
  3. Diversificar entre activos, emisores y geografías.
  4. Evitar operaciones impulsivas.
  5. Dejar trabajar al interés compuesto.

En mercados financieros, muchas veces lo más inteligente es no hacer nada. Sobreoperar puede deteriorar una buena cartera por comisiones, errores emocionales y compras o ventas mal ejecutadas.

Dividendos: una estrategia válida, pero no para ilusionarse con capital chico

Se puede armar una cartera que cobre dividendos en distintos momentos del año e incluso buscar cierta frecuencia mensual. Pero con capitales pequeños, el flujo puede ser tan bajo que genere frustración.

Con USD 1.000, cobrar unos pocos dólares de dividendos no transforma la situación financiera. En etapas iniciales, la renta variable suele tener más sentido como una apuesta al crecimiento del valor de la empresa, siempre dentro de un horizonte largo y con diversificación.

Una estrategia de dividendos toma más relevancia cuando el capital permite que esos cobros se conviertan en una renta significativa. Además, hay que contemplar el efecto impositivo, que puede pesar mucho según el instrumento y la jurisdicción.

Dos libros para mejorar la mentalidad inversora

Una buena cartera también se construye con criterio. Dos recomendaciones para trabajar esa parte mental:

  • Un paso por delante de Wall Street, de Peter Lynch: una mirada práctica para observar los productos y empresas que consumimos todos los días antes de invertir.
  • ¿Quién se ha llevado mi queso?, de Spencer Johnson: una lectura breve sobre adaptación al cambio, útil tanto para el mercado financiero como para la vida laboral.

La conclusión: menos euforia, más estrategia

El carry trade todavía puede formar parte de una cartera, pero entró en una etapa más fina. No alcanza con mirar la tasa. Hay que pensar devaluación, inflación, liquidez, riesgo electoral, duración y tamaño de posición.

La lógica es la misma para ONs, bonos, CEDEARs, acciones locales o dólares guardados: no poner todo en una sola idea, no perseguir lo que ya subió y no invertir en algo que no te deja dormir.

No hay apuro. El mercado siempre vuelve a dar oportunidades. Lo importante es llegar a ellas con liquidez, criterio y una cartera que esté armada para tu realidad, no para la emoción del momento.

Preguntas frecuentes sobre carry trade e inversiones

¿Qué es el carry trade?

Es una estrategia que busca obtener rendimiento en pesos esperando que la tasa supere la devaluación del tipo de cambio durante el período de inversión.

¿Conviene tener toda la cartera en dólares?

No necesariamente. Los dólares pueden ser importantes para reducir riesgo cambiario, pero dejar todo inmóvil durante años también implica perder poder adquisitivo. La proporción depende del horizonte, objetivo y perfil de riesgo.

¿Cómo diversificar una cartera de obligaciones negociables?

Conviene distribuir entre varios emisores y sectores, revisar la calidad crediticia, el flujo de caja, el prospecto y la liquidez de cada emisión. Concentrar todo en un solo rubro aumenta el riesgo.

¿Por qué no conviene perseguir una tasa muy alta?

Una tasa elevada suele compensar un riesgo mayor. Antes de invertir hay que entender la situación financiera del emisor, sus vencimientos, la liquidez del bono y la posibilidad de incumplimiento.

Fuente: Mercado sin filtro. Canal Mundo Dinero. Link: