Inversiones
El desafío de juntar dólares antes de la elección

Argentina tiene que juntar dólares: la guía completa para armar cartera en año electoral

En el programa ¿Qué hacemos con los pesos?, José Bano dialogó con Pablo Goldín, Sebastián Waisgold y Nicolás Sibecas, de Inversiones Andinas, sobre por qué Argentina necesita seguir acumulando reservas de cara a los vencimientos con el FMI en 2027, la rotación global desde tecnología hacia salud y consumo defensivo, y cómo armar una cartera local y global diversificada para atravesar un año electoral.
por Mundo Dinero 29-07-2026
¿Qué hacemos con los pesos? Mundo Dinero

Argentina tiene que juntar dólares: qué ve el mercado y cómo armar una cartera en este contexto

El mensaje de fondo es bastante simple: Argentina tiene que seguir comprando dólares. No porque quede lindo en una planilla, sino porque el año próximo concentra vencimientos pesados, empieza a devolverle plata neta al FMI y, encima, llega un proceso electoral. El Gobierno parece haber tomado nota y está intentando adelantarse. La pregunta es si ese colchón de dólares, deuda refinanciada y reservas alcanza para transitar un año que promete ser más sensible.

Al mismo tiempo, el mercado global está mostrando una rotación muy clara: tecnología y semiconductores fueron castigados, mientras salud, consumo defensivo y software recuperaron protagonismo. Entonces, no es solamente una discusión sobre el dólar, los bonos o el Merval. También es una discusión sobre cómo no quedar demasiado concentrado en una sola historia.

El mensaje del FMI: compren dólares, porque el FMI quiere cobrar

La visita de Kristalina Georgieva dejó felicitaciones, pero también una señal bastante concreta: hay que acumular reservas. El Fondo Monetario no deja de mirar el programa, la inflación o la actividad, pero su prioridad final es que le paguen.

El acuerdo vigente plantea que los pagos fuertes empiezan a sentirse con más claridad el año próximo. Entre capital e intereses, los vencimientos con el organismo rondarían los US$8.000 millones. Los desembolsos previstos compensarían apenas una parte, por lo que el pago neto desde las reservas podría acercarse a los US$6.000 millones.

No es un número chico. Menos todavía si coincide con un año electoral, con demanda privada de dólares y con un mercado cambiario que siempre puede ponerse más sensible.

Cuando se le consultó a Georgieva por la posibilidad de un financiamiento adicional o un nuevo acuerdo, la respuesta fue fría: por ahora no parecería necesario. Eso puede leerse de dos maneras. Puede significar que el Fondo cree que Argentina podrá cumplir con el esquema actual. O puede significar que no hay voluntad de anticipar ninguna ayuda hasta que realmente haga falta negociar.

En la práctica, un nuevo acuerdo nunca se anuncia con mucha anticipación. Dependerá de cómo evolucione el programa financiero, del contexto político local, de Estados Unidos y de la capacidad de Argentina para acumular reservas y sostener el acceso al financiamiento.

El programa financiero: este año parece cerrado, el desafío es el próximo

El Gobierno viene tratando de prefinanciar los vencimientos. Es un reflejo lógico: mejor tener el pájaro en mano antes de que llegue un año más complicado.

Para el período en curso, los vencimientos totales rondaban los US$21.000 millones, con aproximadamente US$12.000 millones de capital y US$9.000 millones de intereses. La estrategia combinó varias fuentes:

  • Compra de dólares del Banco Central para afrontar intereses.
  • Colocaciones de bonos en el mercado local.
  • Desembolsos de organismos multilaterales.
  • Financiamiento bancario y operaciones de crédito.
  • Refinanciación de capital mediante emisiones con vencimientos posteriores.

El resultado esperado es que este tramo quede prácticamente cubierto e incluso genere algún excedente. Ese sobrante puede usarse para dos cosas: prefinanciar vencimientos futuros o fortalecer reservas. Probablemente termine siendo una mezcla de ambas.

El programa financiero busca anticipar los vencimientos más pesados y llegar con mayor margen al año electoral.

El problema está más adelante. Luego de reprogramar cerca de US$6.000 millones hacia 2028, los vencimientos proyectados para el año siguiente quedarían cerca de US$29.000 millones: alrededor de US$20.000 millones de capital y US$9.000 millones de intereses.

La lógica debería ser clara:

  • Comprar dólares para pagar los intereses.
  • Refinanciar la mayor parte posible del capital.
  • Usar el excedente de este año para tener un colchón.
  • Evitar cargar vencimientos muy grandes en los meses cercanos a la elección.

Dentro de esos compromisos aparece el FMI, con pagos de capital e intereses relevantes. Si Argentina no quiere utilizar tantas reservas, necesitará renegociar condiciones o conseguir un nuevo acuerdo. No es refinanciar por inercia. Es negociar nuevamente.

El plan parece alcanzable, no es una planilla absurda que no cierra por ningún lado. Pero tiene muchos supuestos detrás: cuántos dólares podrá comprar el Banco Central, qué hará la demanda privada, cómo responderá el mercado de deuda local, qué pasará con las emisiones corporativas y cómo será el clima político internacional.

Por qué las ON y las provincias importan tanto para el dólar

Muchas veces se mira el vencimiento futuro de las obligaciones negociables de las empresas o de la deuda provincial. Eso importa, sí. Pero en el corto plazo hay una cuestión incluso más relevante: que sigan emitiendo.

Cuando las empresas y las provincias colocan deuda en dólares, una parte de esos fondos termina entrando al mercado cambiario. Esa oferta adicional ayuda a que haya más dólares disponibles, facilita las compras del Banco Central y reduce la presión sobre el tipo de cambio.

En los últimos meses, las emisiones de ON y deuda provincial se mantuvieron relativamente parejas, en el orden de US$1.500 millones a US$2.000 millones mensuales. No es habitual ver tantos meses seguidos con un flujo así de sostenido.

Eso deja una señal positiva: en los meses siguientes podría haber cerca de US$1.000 millones mensuales adicionales de oferta de dólares originados en ON y crédito bancario en moneda dura. Sumado a exportaciones que vienen funcionando bien, ayuda a sostener un mercado cambiario más fluido.

Por eso, al mirar el dólar no alcanza con mirar liquidación agroexportadora. También hay que seguir:

  • Emisiones de obligaciones negociables.
  • Crédito bancario en dólares.
  • Colocaciones de provincias.
  • Flujos corporativos que ingresan y se liquidan.
  • Demanda privada de dólares para atesoramiento, viajes o cobertura.

El dólar puede moverse sin que sea una crisis

Hubo ruido por comentarios sobre un dólar más alto, cerca del techo de la banda cambiaria. Pero la idea de fondo era más razonable que la polémica: en un mercado donde el precio se determina, al menos en parte, por oferta y demanda, el tipo de cambio puede subir o bajar.

No es un mercado completamente libre. El Banco Central interviene de manera indirecta y existen restricciones para distintos participantes. Pero para estándares argentinos se parece bastante más a un mercado de oferta y demanda que a otros esquemas del pasado.

Un deslizamiento ordenado del dólar nominal no debería sorprender. Lo importante es evitar un salto desordenado que alimente inflación, expectativas y dolarización.

La ventana relevante está antes de que la elección domine toda la conversación. Si hay decisiones de política económica que pueden ayudar a acumular reservas, ordenar vencimientos o mejorar la actividad, conviene hacerlas antes de que el calendario electoral contamine todo.

La gran preocupación local: una economía partida en dos

El problema no es solamente cuánto crece la economía. Es cómo crece y a quién le llega.

Hoy se ve una economía bastante fragmentada. Aproximadamente 20% de la actividad estaría creciendo cerca de 10% anual, impulsada por agro, energía, minería y bancos. El otro 80%, mucho más vinculado al mercado interno, industria, construcción, comercio y consumo, crece poco, se estanca o directamente no termina de arrancar.

La recuperación muestra ganadores fuertes en sectores dolarizados y una actividad doméstica que todavía no encuentra impulso.

Ese es el llamado riesgo resultados. Al principio del ciclo, la discusión era el riesgo de volver al pasado. Ahora empieza a pesar otra pregunta: si el esquema macro queda más o menos estable, con inflación tolerable pero sin una recuperación más amplia, ¿alcanza?

No es lo mismo enfrentar una elección con inflación baja y actividad volando que hacerlo con una economía en la que Vaca Muerta, el agro y la minería andan bien, mientras el comercio, la construcción y buena parte de la industria siguen peleándola.

Qué diferencia a esta recuperación de otras

En otras recuperaciones argentinas, como las de los años noventa o los primeros años posteriores a 2003, el crecimiento fue más generalizado. La industria y la construcción reaccionaban con fuerza, el consumo acompañaba y la expansión llegaba a más sectores.

Ahora la recuperación es más lenta y menos pareja. Los sectores exportadores y dolarizados funcionan, pero no alcanzan por sí solos para mover toda la rueda del mercado interno.

El diagnóstico no es que falten dólares. De hecho, hay una oferta importante de divisas. La cuestión es que faltan pesos circulando y crédito privado activo en los sectores que operan principalmente en moneda local.

Remonetizar o sostener la cautela: el dilema del Banco Central

El Banco Central compra dólares y emite pesos para hacerlo. Pero luego absorbe gran parte de esos pesos. También el Tesoro viene renovando e incluso sobrecolocando deuda en moneda local, lo que retira liquidez del sistema.

El resultado es que la cantidad de dinero disponible en términos reales sigue siendo baja. La economía tiene menos pesos dando vueltas que los necesarios para que el crédito, el consumo y la actividad doméstica recuperen fuerza.

El crédito privado, además, se frenó. Hubo un momento en el que los bancos preferían prestarle a empresas o familias antes que renovar deuda del Tesoro. Cuando ese crédito empezó a trabarse, los bancos volvieron a ofrecerle más fondos al Estado. Eso le permite al Gobierno renovar cómodamente, pero revela que el financiamiento privado no está despegando.

La discusión es si el Banco Central debería permitir una remonetización gradual. Es decir, comprar dólares, emitir pesos y dejar una parte mayor de esa liquidez circulando en la economía. No para tirar 40% de la base monetaria de golpe, sino para probar de manera gradual.

La apuesta más expansiva tendría beneficios potenciales:

  • Más crédito y consumo.
  • Mayor circulación de pesos.
  • Recuperación de sectores vinculados al mercado interno.
  • Mejor clima económico antes de la elección.

Pero también tiene riesgos evidentes:

  • Que la inflación deje de bajar.
  • Que aumente la presión sobre el dólar.
  • Que la demanda de cobertura vuelva a acelerarse.
  • Que un error de timing se mezcle con la campaña electoral.

La estrategia actual parece priorizar inflación y calma cambiaria. Puede ser válida en el largo plazo, pero tiene un costo: si la actividad no reacciona antes del verano, el Gobierno llegará a la etapa electoral con una pata floja.

Mercados globales: la tecnología afloja y aparece una rotación

En Estados Unidos se vio una rotación importante. En pocos días, tecnología cayó cerca de 5%, comunicaciones también retrocedió y sectores como salud y consumo defensivo mostraron subas fuertes.

La comparación entre el SPY y el RSP fue bastante elocuente. Ambos siguen al S&P 500, pero no lo hacen de la misma forma:

  • SPY: pondera cada empresa por capitalización bursátil. Las grandes tecnológicas tienen mucho peso.
  • RSP: pondera por partes iguales a las 500 empresas del índice. Reduce la dependencia de las gigantes tecnológicas.

En una semana en la que las tecnológicas fueron castigadas, el SPY cayó mientras el RSP subió. Esa diferencia muestra que el mercado no necesariamente está abandonando las acciones estadounidenses. Está dejando de estar tan concentrado en las mismas compañías de siempre.

Salud y consumo defensivo mostraron fortaleza mientras tecnología y consumo cíclico retrocedieron.

Semiconductores, inteligencia artificial y la duda central: ¿se recupera tanto capex?

El ETF de semiconductores SMH cayó fuerte en una semana. Nvidia también sufrió, y el castigo no fue casual. El mercado empezó a preguntarse si toda la inversión gigante en inteligencia artificial podrá recuperarse con ingresos futuros.

Una noticia que generó ruido fue el anuncio de una mega inversión para desarrollar centros de datos junto con OpenAI. El problema no es solamente el monto. Es la sensación de circularidad: una empresa tecnológica invierte en otra, esa otra compra infraestructura de una tercera y el ecosistema se retroalimenta entre los mismos grandes jugadores.

La pregunta incómoda es si el retorno económico de esas inversiones será suficiente. Las compañías presentan buenos balances, ingresos récord y ganancias altas. Pero el mercado ya no mira solamente el resultado del trimestre. Está mirando cuánto capital se está hundiendo en inteligencia artificial y si ese capital podrá generar caja de manera sostenida.

Google mostró bien ese dilema: una operación sólida, pero un flujo de caja libre negativo luego de varios balances positivos. El mercado castigó la incertidumbre sobre el retorno futuro de la inversión.

China agrega competencia al tablero

China también empezó a pesar en la discusión. Hubo avances en modelos de inteligencia artificial de menor costo y novedades relacionadas con litografía ultravioleta, una tecnología clave para fabricar chips avanzados.

Si China logra competir mejor en equipos, chips, memorias y modelos de IA, las empresas norteamericanas dejarían de tener un mercado global tan cómodo. El riesgo no es que desaparezcan. El riesgo es que tengan que compartir más cuota de mercado y enfrenten mayor presión sobre precios, márgenes y retornos.

En memorias RAM, por ejemplo, el lanzamiento bursátil de ChangXin Memory Technologies despertó preocupación. La empresa ya tendría una participación relevante en ese mercado y busca competir con nombres como Samsung, SK Hynix y Micron. El ETF vinculado a memoria RAM cayó fuerte en el último mes, y varias compañías del sector fueron particularmente castigadas.

Esto ayuda a explicar por qué software tuvo rebotes mientras hardware y semiconductores sufrieron más. El mercado ve que la infraestructura de IA exige inversiones gigantescas, mientras que una empresa de software puede aparecer, escalar y competir mucho más rápido.

¿Tecnología está cara o está en una etapa disruptiva?

La valuación siempre mira algo del pasado. Mira balances, múltiplos, flujo de caja y resultados conocidos. El problema es que la inteligencia artificial puede ser profundamente disruptiva. Una compañía de software puede surgir en meses, apoyarse en infraestructura ya existente y construir una propuesta que altere el mapa competitivo.

Eso vuelve más difícil identificar quiénes serán los ganadores definitivos. No alcanza con decir que las grandes tecnológicas ganan mucho hoy. Hay que evaluar si podrán sostener su liderazgo mientras invierten fortunas y aparecen competidores nuevos.

Por eso la estrategia razonable no es salir corriendo de toda tecnología ni comprar cualquier cosa por la etiqueta IA. Es diversificar:

  • Mantener exposición a compañías líderes con negocios consolidados.
  • Evitar entrar en la previa de balances si no hay posición previa.
  • Mirar oportunidades en software castigado.
  • Sumar consumo defensivo, salud y dividendos.
  • Reducir la concentración en semiconductores y grandes tecnológicas.

Una cartera global más equilibrada: software, consumo, salud y dividendos

La idea no es armar una cartera con cinco papeles y creer que está resuelto todo. Pero sí se pueden identificar los motores que se buscaron combinar: crecimiento, defensa, flujo de dividendos y exposición a distintas geografías.

Una cartera más equilibrada combina crecimiento digital con consumo y salud para reducir la dependencia de la inteligencia artificial.

Netflix

Netflix ya no depende solamente de las suscripciones. Está ampliando publicidad, eventos en vivo, contenido deportivo y videojuegos. Esa diversificación permite sumar nuevas fuentes de ingresos sobre una base de usuarios ya consolidada.

Oracle y Salesforce

Oracle aparece como una pieza clave de la infraestructura de datos. Si la inteligencia artificial sigue creciendo, la demanda por gestión, almacenamiento y procesamiento de información debería seguir siendo relevante.

Salesforce, por su parte, fue muy castigada junto con otras compañías de software. Pero sigue siendo líder en gestión de clientes, incorpora IA, posee activos como Slack y Tableau, y podría beneficiarse si el mercado vuelve a reconocer valor en software de calidad.

PepsiCo y Coca-Cola

El consumo defensivo recuperó protagonismo. Coca-Cola presentó buenos números y fue premiada por el mercado. PepsiCo aparece como una alternativa que venía más atrasada, con una tasa de dividendo superior a 4% anual y una recuperación esperada en volúmenes.

Son compañías pensadas para perfiles que buscan menor volatilidad relativa, ingresos por dividendos y cierta protección ante inflación estadounidense.

Pfizer y Eli Lilly

Salud fue uno de los sectores con mejor comportamiento en la rotación reciente. Pfizer ofrece un dividendo elevado, con ingresos de medicamentos no vinculados al COVID creciendo a buen ritmo. Para quien busca flujo y un perfil más defensivo, puede ser una alternativa interesante.

Eli Lilly representa otra cara del sector, más vinculada a tratamientos de diabetes y obesidad. Combina salud con una temática de crecimiento estructural.

Mercado Libre y la diversificación regional

Una cartera latinoamericana no debería quedar completamente dominada por las siete magníficas de Estados Unidos. Mercado Libre, Nubank o XP permiten incorporar fintech y consumo digital regional.

Mercado Libre venía castigada por la caída de márgenes y por cuestiones contables vinculadas a incobrables. Sin embargo, técnicamente mostraba recuperación desde los mínimos y se acercaba a una zona relevante antes de resultados. La clave está en no enamorarse del activo: hay que mirar balance, margen, crédito y evolución del negocio financiero.

La licitación local: letras, duales y bonos dolarizados

En el mercado local, el foco estaba puesto en una licitación con vencimientos relevantes. El Tesoro contaba además con depósitos en el Banco Central que cubrían casi la totalidad de lo que vencía, un dato importante para medir la presión financiera de corto plazo.

El menú incluyó instrumentos cortos y opciones para estirar plazos. Entre ellos aparecieron:

  • Lecaps de corto plazo.
  • Bonos duales CER y TAMAR a 2028.
  • Un dual que paga lo mejor entre dólar linked y TAMAR.
  • Instrumentos dólar linked.
  • El AO29, un bono en dólares con pagos periódicos.

Los bonos duales buscan combinar cobertura cambiaria o de tasa para extender vencimientos con mayor flexibilidad.

Por qué llaman la atención los bonos duales

Un bono dual ofrece el mejor rendimiento entre dos variables. En este caso, puede pagar la mejor opción entre el ajuste por dólar oficial y la tasa TAMAR. Si el dólar oficial se mueve más que la tasa, gana la pata dólar linked. Si la tasa queda arriba, gana la pata vinculada a TAMAR.

Es una herramienta atractiva para quien no quiere quedar completamente descubierto ante un movimiento cambiario, pero tampoco quiere resignar rendimiento si las tasas se mantienen altas.

La TAMAR representa una tasa mayorista de referencia. En la práctica, muchas personas reciben en sus bancos una tasa de plazo fijo inferior a la TAMAR. Por eso, comparar un instrumento que paga TAMAR más un spread contra un plazo fijo minorista puede mostrar una diferencia importante.

AO29 y Lecaps

El AO29 aparece como una alternativa para quien busca renta en dólares, con cupón mensual y rendimientos cercanos a 8% anual. También ofrece una mecánica útil para quienes operan dólar oficial o empresas con acceso al mercado cambiario formal, ya que permite participar sin necesariamente perder ese acceso.

Las Lecaps cortas, por otro lado, volvieron a mostrar tasas reales positivas frente a las expectativas de inflación. Para perfiles que no quieren irse tan largos y buscan rendimientos superiores a una cuenta remunerada o a un fondo money market, pueden ser una alternativa a evaluar.

La idea general fue ser más cauteloso con la parte larga de la curva. Los bonos largos tuvieron una recuperación espectacular y, con rendimientos ya más comprimidos, el margen potencial no luce igual que meses atrás.

Una cartera argentina cautelosa: renta fija, bancos, energía y mercado local

En renta variable argentina, la mirada fue más prudente. Hay una visión constructiva de largo plazo sobre el país, pero en el corto y mediano plazo siguen presentes los riesgos políticos, cambiarios y electorales.

Una cartera local equilibrada combinó aproximadamente:

  • 25% en renta fija dolarizada: AO29.
  • 10% en Banco BBVA Argentina: exposición bancaria con menor ponderación que otras alternativas.
  • 15% en Central Puerto: energía, aunque con volatilidad y posibilidad de nuevas caídas.
  • 20% en Pampa Energía: perfil relativamente más moderado dentro del sector energético.
  • 20% en BYMA: exposición al crecimiento y desarrollo del mercado de capitales local.

La propuesta local mezcla renta fija en dólares con bancos, energía e infraestructura de mercado.

Por qué mirar BYMA

BYMA cobra una especie de peaje sobre las transacciones del mercado. Si suben o bajan acciones, bonos, Cedears o ETFs, el mercado sigue necesitando infraestructura para operar.

Es cierto que una caída de volumen afecta sus ingresos. Pero también es cierto que BYMA viene ampliando oferta, incorporando instrumentos y facilitando que una cartera diversificada pueda armarse desde el mercado local.

Los Cedears, especialmente, cambiaron mucho el mapa. Antes, para lograr diversificación internacional había que abrir una cuenta afuera. Hoy se puede armar una cartera global desde Argentina con una oferta cada vez más amplia.

El desafío pendiente es la liquidez. Hacen falta más market makers y productos que permitan operar sectores completos. Un ETF local del Merval, del sistema financiero, de energía o de utilities podría facilitar la rotación sectorial y sumar volumen.

La conclusión: reservas, actividad y diversificación

Argentina tiene por delante un desafío financiero importante, pero no imposible. El programa luce más como una hoja de ruta que como una certeza absoluta. La acumulación de dólares, la continuidad de emisiones corporativas, el manejo de la deuda en pesos y la capacidad de estirar vencimientos serán fundamentales.

El gran interrogante local es otro: si la actividad interna no reacciona, el esquema macro puede llegar al año electoral con inflación más baja y reservas más altas, pero con una recuperación demasiado concentrada en pocos sectores.

En el mercado global, la lección es parecida. No hay que descartar tecnología ni inteligencia artificial, pero tampoco quedarse preso de una única narrativa. La rotación hacia salud, consumo defensivo y software muestra que hay vida fuera de los semiconductores.

El mapa para seguir de cerca queda bastante claro:

  • Compras de reservas del Banco Central.
  • Vencimientos y posibles negociaciones con el FMI.
  • Flujo de ON, deuda provincial y crédito en dólares.
  • Evolución de la demanda privada de dólares.
  • Liquidez, crédito y remonetización de la economía local.
  • Balances de las grandes tecnológicas y retorno del capex en IA.
  • Rotación entre tecnología, software, salud y consumo defensivo.
  • Duración y cobertura de las posiciones de renta fija local.

En un contexto así, conviene evitar las certezas absolutas. El mercado puede dar oportunidades, pero pide selectividad, diversificación y mucha atención a los flujos de dólares que finalmente son los que, en Argentina, terminan ordenando buena parte de la discusión.

La charla en ¿Qué hacemos con los pesos? dejó una idea de fondo: en un escenario atravesado por reservas, vencimientos, tasas y volatilidad, no alcanza con elegir el instrumento que promete el mayor rendimiento. También hay que entender qué riesgo se asume, cuándo se recupera el capital y cómo combinar distintos activos para no depender de una sola apuesta.

Para quienes quieran profundizar en esa lógica, la Escuela Argentina de Finanzas Personales (EAFP) dicta el curso Inversiones para Vivir de Rentas, el 4 y 5 de agosto. El programa, a cargo de Rubén Ramallo, recorre bonos, obligaciones negociables, letras y otros instrumentos clave para construir una cartera de renta fija sólida, diversificada y orientada a generar ingresos.

Más información e inscripción: https://eafp.com.ar/p/bonos-invertir-en-renta-fija/

Fuente: ¿Qué hacemos con los pesos?. Canal Mundo Dinero. Link: