Inversiones
Dólar, deuda global e inteligencia artificial

El dólar no tiene reemplazo, pero el sistema empieza a crujir: dónde aparecen oportunidades

En ¿Qué hacemos con los pesos?, José Bano analizó junto a José Siaba Serrate, Alejandro Bianchi y Andrés de Aquino Vicente, de ABC Bursátil, por qué el dólar sigue sin un sustituto real pese al deterioro fiscal de Estados Unidos, cómo la inteligencia artificial está cambiando la competencia por capital y qué oportunidades aparecen en Wall Street, mercados emergentes y Argentina.
por Mundo Dinero 08-09-2026
¿Qué hacemos con los pesos? Mundo Dinero

.El dólar no tiene reemplazo, pero el sistema empieza a crujir

Estados Unidos lleva años acumulando deuda, manteniendo déficit fiscal y bajando impuestos. En cualquier otro país, una combinación así ya habría forzado un ajuste bastante violento. Sin embargo, Estados Unidos conserva una ventaja extraordinaria: el sistema financiero internacional sigue orbitando alrededor del dólar.

Eso no significa que el problema no exista. Existe, es grave y en algún momento habrá que corregirlo. La cuestión es que, mientras no aparezca una alternativa con mercados profundos, instituciones creíbles y capacidad de absorber los flujos mundiales de capital, el sistema puede estirarse mucho más de lo que parece razonable.

La gran ventaja de Estados Unidos: no hay adónde escapar

El dólar no mantiene su predominio porque la política fiscal estadounidense sea impecable. Lo mantiene porque no tiene un sustituto real. Los grandes fondos, los bancos centrales y los mercados internacionales necesitan activos líquidos, profundos y confiables. Y el mercado de deuda en dólares continúa siendo, por lejos, el principal lugar donde estacionar capital a escala global.

Un inversor individual puede cambiar la composición de su cartera, comprar oro, acciones internacionales, Bitcoin u otras monedas. Pero un banco central o un gran inversor institucional no puede mover semejantes volúmenes sin preguntarse dónde coloca ese dinero. Esa falta de alternativa explica por qué Estados Unidos conserva una libertad que otros países no tienen.

Hubo momentos históricos en que convivieron dos monedas de reserva. La libra esterlina y el dólar compartieron ese papel durante un período prolongado. Pero hoy no hay un equivalente claro.

  • El euro tiene relevancia internacional, aunque le falta cohesión política, fiscal, militar e institucional para reemplazar al dólar.
  • China tiene escala económica, pero sus restricciones financieras, regulatorias e institucionales limitan la confianza global en su moneda.
  • Bitcoin sigue cotizándose y midiéndose contra el dólar, tiene una volatilidad enorme y no ofrece la elasticidad monetaria necesaria para sostener un sistema de pagos global.

Por eso el diagnóstico es incómodo: el problema fiscal norteamericano se puede sostener más tiempo del imaginado, no porque esté bien resuelto, sino porque el mundo sigue necesitando dólares.

Déficit, deuda y una política que no quiere ajustar

El punto central no es que el gasto público estadounidense sea excepcionalmente alto respecto de su historia. El problema está del lado de los ingresos: Estados Unidos recauda poco porque los impuestos se mantuvieron muy bajos.

Después de las grandes guerras, la respuesta tradicional había sido subir impuestos para recomponer las cuentas públicas. Con el COVID ocurrió algo distinto. Se financió un gasto de magnitud comparable a una guerra, pero no hubo una decisión política equivalente para elevar la recaudación después.

La última vez que Estados Unidos registró superávit fiscal fue alrededor del año 2000. Desde entonces, el déficit se volvió persistente. La pandemia amplificó el fenómeno, con déficits enormes durante 2020 y 2021, pero el desequilibrio no volvió a normalizarse aun con la economía creciendo.

En 2011, Standard & Poor's le quitó la calificación triple A a la deuda del Tesoro estadounidense en medio de una crisis por el techo de deuda. La agencia entendía que faltaba voluntad política para corregir el problema. Más de una década después, la deuda es mucho mayor y el sistema no colapsó. La razón vuelve a ser la misma: el dólar sigue siendo el centro de gravedad.

Japón ofrece otro antecedente. Pudo acumular una deuda muy elevada, pagar tasas bajísimas y absorber buena parte del endeudamiento a través de su banco central. No es una solución gratuita ni eterna, pero demuestra que los horizontes explosivos pueden demorarse mucho tiempo.

Cómo el Tesoro intenta contener las tasas largas

Una cosa es que el problema pueda persistir y otra muy distinta es que no tenga costos. La presión aparece en las tasas de interés, sobre todo en los tramos largos de la curva de bonos del Tesoro.

La estrategia comentada en la mesa fue clara: emitir más deuda de corto plazo, especialmente letras con vencimientos inferiores a un año, y acompañar ese sesgo con recompras de bonos antiguos. Esto ayuda a reducir la presión inmediata sobre las tasas largas, pero también concentra vencimientos en el corto plazo.

Ahí aparece el riesgo de rollover: cuando una porción cada vez mayor de la deuda vence rápido, el Tesoro debe refinanciarla continuamente. Si las condiciones de mercado se endurecen, la vulnerabilidad aumenta.

La lógica tiene sentido táctico. Si las tasas largas suben demasiado, el costo de financiamiento futuro se vuelve mucho más pesado. Pero patear emisiones hacia plazos cortos no elimina la deuda, solamente modifica cuándo hay que volver a colocarla.

La competencia por capital ya no es solo entre gobiernos

Hay otro cambio estructural. Las grandes tecnológicas, particularmente los hiperescaladores de inteligencia artificial, dejaron de tener caja sobrante y comenzaron a demandar financiamiento en grande.

La carrera de inversión en inteligencia artificial exige centros de datos, chips, redes, capacidad de cómputo y, sobre todo, energía. Empresas como Alphabet, Microsoft, Amazon y otras tecnológicas están emitiendo deuda en diferentes plazos y monedas para sostener el capex. Incluso se mencionó el caso de Alphabet colocando deuda a 100 años.

Antes, el Tesoro podía sacar duración del mercado inclinando sus emisiones hacia el corto plazo. Ahora, buena parte de esa duración vuelve a aparecer por el lado corporativo. Los hiperescaladores están ocupando lugar a lo largo de toda la curva.

El riesgo para los próximos años es que coincidan varias necesidades de financiamiento:

  • El Tesoro de Estados Unidos renovando grandes vencimientos.
  • Las tecnológicas financiando infraestructura de inteligencia artificial.
  • Europa, Japón y otras economías desarrolladas enfrentando sus propios compromisos de deuda.
  • Un contexto geopolítico que presiona el precio de la energía y eleva la incertidumbre inflacionaria.

La Reserva Federal y el activo que no se puede perder: credibilidad

La Reserva Federal ha demostrado una fortaleza enorme en el pasado. Pudo enfrentar la inflación que siguió a la pandemia, subir tasas desde casi cero y evitar una recesión importante. Esa proeza se explica, en buena medida, por la credibilidad acumulada.

Hubo un momento en que la inflación estadounidense marcaba 7% interanual y el bono a diez años rendía cerca de 1,5%. Más tarde, con inflación todavía mayor, el mercado siguió confiando en que la Fed actuaría. Esa confianza evita que las tasas largas se disparen de inmediato.

Pero si se instala la duda sobre la voluntad de controlar la inflación, la curva larga deja de funcionar como un aliado. El mercado exige mayor rendimiento para prestar a plazos extensos, y la presión fiscal se vuelve mucho más seria.

La política monetaria, además, queda condicionada por los ciclos electorales. El mercado puede descontar subas de tasas, pero una autoridad monetaria suele evitar movimientos bruscos cerca de una elección si teme que puedan afectar la actividad o las bolsas. La consecuencia es que la decisión económica nunca ocurre en el vacío.

Stablecoins, Bitcoin y el debate sobre un reemplazo del dólar

Las stablecoins pueden reforzar el predominio del dólar en lugar de debilitarlo. Si las entidades financieras emiten monedas digitales respaldadas por dólares o por letras cortas del Tesoro, crean un nuevo canal de demanda para la deuda estadounidense. Es deuda mejor empaquetada, distribuida en una infraestructura digital.

Bitcoin es otra conversación. Nació después de la crisis de 2008 como una reacción al sistema financiero y a las intervenciones de los bancos centrales. Pero todavía tiene límites importantes como sustituto del dólar.

  • Su precio sigue expresándose en dólares.
  • Su volatilidad puede ser extrema.
  • No funciona bien como moneda de cuenta para el consumo cotidiano.
  • Su oferta rígida dificulta ajustar la cantidad de dinero ante cambios en la demanda.

La mejor lectura no es que Bitcoin sea una cobertura perfecta contra la inflación. Puede caer fuerte aun en contextos inflacionarios. El argumento más razonable es otro: puede actuar como cobertura frente a períodos de expansión monetaria extrema o de rescates masivos de activos financieros.

El proyecto Libra de Facebook fue quizá la amenaza más seria para los bancos centrales. La idea original era crear una moneda respaldada por una canasta de activos y monedas líquidas. Con miles de millones de usuarios potenciales, podía habilitar cambios rápidos entre monedas y abrir una fuente de inestabilidad monetaria. El proyecto no prosperó, precisamente porque los reguladores entendieron el tamaño del riesgo.

Dólar débil, commodities fuertes y presión sobre la energía

Si el dólar se debilita, una de las primeras consecuencias suele aparecer en los commodities. El petróleo, los granos y otras materias primas tienden a reflejar esa pérdida de poder relativo de la moneda estadounidense, aunque cada mercado también tiene sus propios factores de oferta y demanda.

En el análisis se destacó el avance del petróleo, impulsado además por la guerra y la tensión geopolítica. También se señaló la suba de los commodities agropecuarios, especialmente relevante para Argentina: soja, maíz y trigo.

Hay dos motores que pueden sostener ese escenario:

  • La debilidad estructural del dólar.
  • Los riesgos de oferta, entre ellos la disponibilidad de fertilizantes y las tensiones en rutas comerciales estratégicas.

La energía merece atención aparte. El boom de inteligencia artificial no se trata solamente de software. Cada centro de datos necesita electricidad, infraestructura y capacidad de refrigeración. El cuello de botella del futuro puede no ser el chip, sino la energía necesaria para hacer correr esos chips.

Inteligencia artificial: boom, competencia y grandes inversiones

La inteligencia artificial explica buena parte de la fortaleza reciente de las grandes tecnológicas. Las ganancias corporativas siguen sorprendiendo y las compañías continúan invirtiendo a un ritmo formidable.

Eso también cambió la dinámica de las llamadas Magníficas 7. Antes, cada empresa dominaba su propio terreno con una posición muy clara. Ahora la inteligencia artificial las obliga a competir entre sí. Las firmas que antes acumulaban caja ahora la destinan a infraestructura, modelos, chips y data centers.

Hay dos lecturas posibles. La primera es optimista: están invirtiendo así porque ven una oportunidad histórica. La segunda es más exigente: quizá entienden que, si dejan de invertir, pueden perder relevancia. Probablemente haya algo de ambas.

Acciones vinculadas al ciclo de inteligencia artificial

La discusión de cartera priorizó compañías con fundamentos, potencial de crecimiento y exposición a los cuellos de botella de esta nueva etapa. No son recomendaciones universales, sino ideas para analizar según el perfil de riesgo de cada inversor.

  • Nvidia: continúa siendo una exposición directa a la demanda de infraestructura de IA.
  • Micron Technology: se destacó por múltiplos considerados atractivos y por su potencial si la inversión en IA se sostiene.
  • Google o Alphabet: fue priorizada frente a Microsoft por sus ratios y potencial relativo, además de su negocio de nube e inteligencia artificial.
  • Constellation Energy: aparece como una manera de participar en la necesidad creciente de energía para centros de datos, con contratos vinculados a grandes clientes tecnológicos.
  • IREN: representa la reconversión de infraestructura asociada a minería de Bitcoin hacia data centers e inteligencia artificial, con capacidad eléctrica precontratada.

La prudencia sigue siendo indispensable. Que haya un boom no significa que todos los activos estén baratos ni que el ciclo avance sin correcciones. La línea entre boom y burbuja se cruza cuando las valuaciones se separan de manera sostenida de los fundamentos.

Computación cuántica: una apuesta de largo plazo y alto riesgo

La computación cuántica es una de las grandes historias tecnológicas que todavía no están plenamente convalidadas en precios. Su promesa no consiste en reemplazar a las computadoras tradicionales para tareas cotidianas. No se trata de abrir un navegador o jugar un videojuego más rápido.

La ventaja potencial está en resolver problemas específicos de una complejidad extraordinaria, aquellos que a un sistema tradicional podrían demandarle años. A medida que la inteligencia artificial avance hacia modelos más autónomos, agentes que coordinan otros agentes y problemas cada vez más sofisticados, la demanda de cómputo puede crecer de manera exponencial.

La computación cuántica podría asistir a los chips de silicio en esos cálculos complejos. Entre las áreas mencionadas aparecen la investigación científica, la decodificación genética y el desarrollo de nuevos materiales.

La dificultad para invertir en este sector es evidente: todavía no está claro cuál será la tecnología ganadora. Grandes empresas como Google e IBM tienen divisiones dedicadas al tema, mientras compañías más específicas como IonQ y Rigetti siguen caminos tecnológicos diferentes.

Por eso, una alternativa para quien busque exposición sin elegir una sola empresa puede ser un ETF sectorial. La lógica no es apostar una porción enorme de la cartera, sino considerar una posición chica, de largo plazo y plenamente consciente de su volatilidad.

Acciones emergentes: China, América Latina, África y Medio Oriente

Un dólar más débil puede ser un viento de cola para los mercados emergentes. En la conversación se planteó que las acciones emergentes habían tenido un desempeño superior al de los índices estadounidenses en el período analizado. Eso abre la puerta a buscar empresas con escala y ventajas competitivas fuera de Estados Unidos.

Alibaba, Nubank, Jumia, IREN y NIO

  • Alibaba: combina comercio electrónico, nube e inversión en inteligencia artificial dentro de China. La tesis se apoya en su posición tecnológica y en el potencial de las compañías emergentes bajo un dólar débil.
  • Nubank: se planteó como una fintech con capacidad de ganar participación frente a la banca tradicional de Brasil y de expandirse en América Latina.
  • Jumia: fue presentada como una alternativa de comercio electrónico en África y Medio Oriente, con una red logística y conocimiento local que pueden constituir una ventaja competitiva. El punto crítico es alcanzar rentabilidad neta y evitar quedarse sin financiamiento antes de llegar al equilibrio.
  • IREN: aprovecha contratos de energía, experiencia en infraestructura y capacidad de data centers para participar en la demanda de inteligencia artificial.
  • NIO: se incorporó como una alternativa de mayor riesgo dentro de vehículos eléctricos chinos, luego de una corrección importante y con foco en sus capacidades tecnológicas.

El rasgo común de esta cartera es una beta elevada. Es decir, está pensada para un contexto en el que el mercado accionario mantenga fortaleza, pero puede sufrir más que el promedio si cambia el humor global. En una estrategia de este tipo, el efectivo también cumple una función: permite aprovechar eventuales correcciones sin tener que vender activos a precios castigados.

Argentina: el desafío es que la recuperación llegue a la actividad

En Argentina, el debate es más directo. El Gobierno puede mostrar señales de estabilización macroeconómica, recomposición de reservas, proyectos de inversión y una mejora de las exportaciones en varias provincias. Pero la actividad, la industria y la construcción siguen siendo el punto débil.

Los datos comentados marcaron caídas interanuales tanto en producción industrial como en construcción. El problema no es menor porque una economía con actividad débil complica el clima político y electoral.

Hay una tensión clara entre dos Argentinas. Por un lado, sectores dinámicos como energía, minería, litio y proyectos vinculados al RIGI. Por el otro, sectores más convencionales, urbanos e industriales que todavía no perciben el mismo impulso.

Las exportaciones de provincias como Catamarca, Neuquén, Santa Cruz, San Juan, Salta y Jujuy reflejan el dinamismo de actividades extractivas y energéticas. Sin embargo, esos proyectos requieren tiempo para derramar sobre el conjunto de la economía.

El RIGI ayuda, pero no alcanza por sí solo

Los grandes proyectos reciben incentivos, tratamiento especial y alivios tributarios porque necesitan previsibilidad para movilizar inversiones muy grandes. Pero el desafío pendiente está en las empresas medianas y convencionales que deben decidir si actualizan maquinaria, expanden capacidad o invierten millones de dólares para ganar competitividad.

Una empresa que viene perdiendo plata no hará fácilmente una inversión adicional si teme que las reglas puedan revertirse en poco tiempo. Para que la recuperación se vuelva más amplia, hace falta un horizonte más claro, financiamiento y confianza.

La construcción y el crédito hipotecario pueden tener un papel relevante. Las licitaciones de rutas, una eventual expansión del crédito y una reactivación gradual de obras privadas podrían impulsar sectores que tienen impacto más directo sobre el empleo y el consumo.

Bonos argentinos: ¿seguir alargando duration o bajar el riesgo?

La discusión sobre bonos hard dollar dejó dos posturas razonables. Una es conservadora: después de la fuerte compresión de riesgo país de los últimos años, el diferencial de tasa ya no parece suficiente para justificar una exposición elevada a riesgo soberano.

Desde esa óptica, los bonos cortos pueden tener poco upside adicional y existen alternativas corporativas u otros instrumentos en dólares con una relación riesgo rendimiento más equilibrada.

La postura más agresiva plantea que, si se espera continuidad política y no se anticipa un default aun bajo un eventual cambio de gobierno, puede tener sentido extender duration y capturar tasas en bonos más largos. El punto no pasa solamente por si Argentina paga o no paga, sino por la volatilidad electoral y por la capacidad de sostener el programa económico.

En ambos casos, el principio es el mismo: no hay un bono correcto para todo el mundo. Hay que mirar horizonte de inversión, tolerancia a pérdidas temporarias, necesidad de liquidez y tamaño de la posición.

Acciones argentinas: Vaca Muerta, fertilizantes, construcción y bancos

Para renta variable local, la mirada fue selectiva. El mercado argentino se movía dentro de un rango lateral y el contexto electoral obligaba a manejar la exposición con cuidado. No es momento de poner todo de cabeza, pero sí de identificar sectores con drivers concretos.

La tesis de Vaca Muerta

Las compañías vinculadas con Vaca Muerta aparecieron como el eje más fuerte. La lógica combina producción de hidrocarburos, transporte de gas, infraestructura y demanda de energía.

  • TGS: se destacó por su exposición al transporte de gas y por el tamaño de su red.
  • Pampa Energía: se valoró por su diversificación entre electricidad, petróleo, gas y proyectos vinculados a urea.
  • Vista: fue elegida como una alternativa más pura de shale y con menor exposición directa al Estado que YPF.

Adecoagro y Loma Negra

Adecoagro fue incluida por su exposición agroindustrial y por la incorporación de Profertil, relevante en el mercado local de urea. En un contexto de tensión sobre fertilizantes y commodities agrícolas, contar con esa capacidad puede ser un factor importante.

Loma Negra representa una tesis distinta: la eventual normalización macroeconómica, la obra vial, la construcción y un mayor desarrollo del crédito hipotecario. Si la actividad empieza a recuperarse de forma más amplia, la construcción puede volver a jugar un papel central.

Grupo Galicia y Mercado Libre

Grupo Galicia fue mencionado como una apuesta a un rebote del sistema financiero local luego de una corrección fuerte. La mora es el gran riesgo, pero la baja de precios puede abrir una oportunidad para quienes tengan una visión positiva sobre la continuidad de la normalización.

Mercado Libre completa la exposición regional al comercio electrónico y la tecnología. Aun con una desaceleración de su crecimiento, sigue siendo una empresa que expande el tamaño de su mercado e invierte fuerte para sostener esa expansión.

El cepo: una discusión abierta y profundamente política

El levantamiento del cepo es uno de los temas más sensibles. Una visión sostiene que el deterioro de la actividad puede empujar al Gobierno a priorizar una economía más dinámica frente a un esquema de tipo de cambio muy controlado. Desde ese lado, ya se habría avanzado mucho en la recomposición de reservas y podría haber margen para flexibilizar antes de las elecciones.

La posición opuesta es más cautelosa. Antes de retirar restricciones, convendría consolidar reservas, recuperar acceso al financiamiento externo y evitar sacar una curita antes de tiempo. El Fondo Monetario Internacional no necesariamente estaría exigiendo una salida inmediata.

La conclusión es simple: no hay que tomar esta hipótesis como información confirmada. El cepo puede levantarse antes o después de una elección, pero su salida depende de reservas, confianza, acceso a mercados, actividad y decisión política. Es una variable que puede cambiar precios de bonos, acciones y dólar muy rápidamente.

Una hoja de ruta para no perderse en el ruido

El contexto combina deuda global, tasas, guerra, commodities, inteligencia artificial, elecciones y riesgo argentino. Es fácil caer en titulares aislados. La manera más sana de ordenar una cartera es pensar primero en los riesgos que se quieren asumir.

  1. Definir horizonte: no es lo mismo invertir para meses que para cinco años.
  2. Distinguir tesis de precio: una gran empresa puede ser una mala compra si el precio no acompaña.
  3. Diversificar motores: combinar tecnología, energía, emergentes, renta fija y liquidez reduce la dependencia de una sola historia.
  4. Entender la duration: un bono largo puede subir mucho si baja el riesgo país, pero también puede sufrir más ante una mala noticia.
  5. No ignorar la liquidez: tener efectivo permite atravesar volatilidad y aprovechar oportunidades.
  6. Mirar fundamentos: antes de hablar de burbuja, hay que revisar ganancias, flujos de caja, deuda y capacidad real de ejecución.

El dólar sigue siendo el gran organizador del sistema, pero esa fortaleza no vuelve inocuo el deterioro fiscal de Estados Unidos. El sistema cruje porque la deuda crece, la demanda de capital se multiplica y la credibilidad monetaria se vuelve más valiosa que nunca.

En paralelo, la inteligencia artificial está redefiniendo la competencia entre empresas, la energía se transforma en un recurso estratégico y Argentina intenta convertir estabilidad macroeconómica en una recuperación que llegue a más sectores. Es un mercado lleno de oportunidades, pero exige selección, paciencia y una noción muy clara del riesgo que se está tomando.

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Fuente: ¿Qué hacemos con los pesos?. Canal Mundo Dinero. Link: