Hace un año atrás, el Presidente anunció que se había comunicado con la directora gerente del FMI, Christine Lagarde, para comenzar negociaciones de una línea de asistencia financiera con el organismo multilateral de crédito.

Casi un mes después se conocieron los detalles del primer acuerdo stand by por un total de 50.000 millones de dólares (entre 2018 y 2019) y la llegada de los primeros 15.000 millones de dólares en pocos días. Pero el dólar no encontró ninguna calma y continuó un año de gran volatilidad.

En el Acuerdo II, se anunció que se sumarán USD 7.100 millones entre 2020 y 2021. A cambio, se acelerará el camino al equilibrio fiscal, con el Gobierno comprometiéndose a un déficit primario cero respecto del PBI.

En 2019, el desborde del dólar llevó, por tercera vez, a acordar sustanciales modificaciones en el acuerdo. Desde el mes pasado, se volvió a un esquema más flexible que borró todo lo anterior.

La zona de no intervención dejó de existir y se autorizó al Banco Central a vender dólares. Unas semanas antes, se había fijado en $51,45 el techo de la banda hasta fin de año.

Para analizar el nivel de cumplimiento del acuerdo, es importante recordar que los objetivos principales son los siguientes:

-Estabilizar el mercado de cambios

-Desacelerar la inflación

-Alcanzar equilibrio fiscal primario

De acuerdo al análisis del economista y director del Banco Ciudad, Gastón Rossi, “si uno mira estrictamente los balances macroeconómicos es cierto que hubo una reducción en los déficit externos, pero el problema es que cuando una economía no crece es muy difícil corregir los problemas fiscales. Asimismo los datos del nivel de actividad siguen mostrando caídas significativas. En este escenario, es cierto que intervenir en el mercado no es garantía de nada pero en un año electoral el no tener capacidad de intervención, sería aún más complejo”.

Repecto de los objetivos del acuerdo con el FMI, Pablo Wende remarcó que “para alcanzar el déficit primario cero hubo que aumentar el nivel de inflación, sino de ninguna manera se alcanzaba el equilibrio presupuestario. Cuando la inflación empiece a bajar habrá un gran desfinanciamiento, ya que no subirá la recaudación por motivos inflacionarios”.

Para Ariel Coremberg, economista e investigador del Conicet, “tenemos una economía totalmente frágil a lo que pasa en el mundo. Cualquier cosa impacta sobre el dólar. Hoy enfrentamos un proceso de frustración de la riqueza de los argentinos, sobre todo para la clase media y la clase dirigente. Hoy es la mitad de lo que teníamos en 2011. Tenemos que preguntarnos de qué vamos a vivir si no tenemos más el precio de la soja de ese momento. Ni hicimos el proceso correspondiente para tener ahorros para afrontar esta crisis”, remarcó.

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