La senadora Warren, la aspirante con más apoyos a la candidatura de su partido en las elecciones de 2020, propone un impuesto a los “ultra-ricos” que exime de tributar los primeros 50 millones de dólares en activos, pero grava un 2 % anual las fortunas por encima de esa cifra y un 6 % las de más de 1.000 millones, según desveló recientemente.

Esta semana, el cofundador de Microsoft Bill Gates, asiduo del “top 3” de los más ricos del mundo y hoy centrado en la filantropía, se pronunció con cierta sorna sobre esa medida pese a haber abogado en el pasado por una mayor imposición fiscal a los multimillonarios, una cambio de actitud que se ha visto entre algunas figuras de la élite.

“He pagado unos 10.000 millones de dólares, más que nadie, en impuestos. Si tengo que pagar 20.000 millones, está bien. Pero si dices que pague 100.000 millones, tendré que calcular qué me queda”, dijo “bromeando” en una conferencia del New York Times, donde instó a no “amenazar” el “sistema de incentivos” que supone ser rico.

Según la calculadora fiscal que ofrece Warren en su página de campaña, si a su fortuna de 107.000 millones de dólares se le aplica el gravamen para los “ultra-ricos”, su aporte al Estado son 6.379 millones, lejos de la totalidad que comentaba, aunque la reforma fiscal que propone abarca otras subidas para los más prósperos.

La senadora pone el ejemplo de este cálculo para Gates y también para Michael Bloomberg, un empresario y filántropo que ha amasado 52.000 millones de dólares y que podría convertirse en su rival, ya que considera presentarse a las primarias demócratas con las miras puestas en la Presidencia del país, para alivio del “0,1 %” de la sociedad.

De acuerdo al medio Recode, fue Jeff Bezos, el fundador de Amazon y hombre más rico del planeta, quien animó a Bloomberg a plantearse la candidatura y desde que trascendieron sus intenciones ya se ha granjeado el apoyo de otros multimillonarios, como el gestor de fondos Leon Cooperman.

Cooperman protagonizó una sonada entrevista en CNBC en la que se puso al borde de las lágrimas por su preocupación por Warren, con la que mantiene un tenso rifirrafe y quien a su vez le acusó de tener inversiones en una firma de préstamos a estudiantes, un problema que la senadora quiere atajar.

Warren hostiga a los grandes empresarios incluso “en casa”: este jueves compró espacio publicitario en ese canal económico y emitió anuncios donde exponía que Cooperman fue imputado por tráfico de información privilegiada, además de mostrar el nerviosismo de otros por su política fiscal.

El aludido, que pagó casi 5 millones de dólares tras un acuerdo con las autoridades, reaccionó reiterando que un impuesto a los “ultra-ricos” llevaría a “actos no naturales, sería casi imposible de controlar y es probablemente inconstitucional”.

Otro de los mencionados era Lloyd Blankfein, ex consejero delegado de Goldman Sachs, que arremetió contra la “demonización” de los millonarios, igual que Jamie Dimon, máximo directivo de JPMorgan Chase, que en el pasado se ha mostrado a favor de pagar unos impuestos más altos, pero recientemente ha criticado que Warren usa “palabras muy duras”.

La inquietud por el ascenso de la senadora en las encuestas -en algunas ya supera al exvicepresidente Joe Biden- se extiende a Wall Street, donde los inversores calculan el impacto que puede tener su potencial gobierno en contraposición al de Trump, visto en general como un acicate para los mercados.

La firma de análisis Jefferies explicó que Warren “podría ser la candidata demócrata, y eso asusta” sobre todo al sector sanitario por la propuesta del “Medicare for all”, un modelo público que contempla la supresión de las aseguradoras privadas y que se beneficiaría de la mayor recaudación fiscal.

Para el analista Jared Holz, la “potencial entrada” de Bloomberg en la carrera presidencial es importante para ese sector, “que ha absorbido la negatividad de Warren”, pero admite que Wall Street está actuando “como si las elecciones fueran este mes”.

Fuente | EFE