Bonos golpeados, tasas al 30% y Bitcoin volando: el nuevo mapa para invertir
Todo cambió en 15 días: dónde hay valor entre bonos, tasas, Bitcoin y salud
En apenas dos semanas cambió el mapa completo. Los rendimientos que parecían razonables dejaron de serlo, los bonos argentinos en dólares sufrieron bajas fuertes, las tasas en pesos saltaron y Estados Unidos volvió a poner una vara muy alta para cualquier activo de riesgo.
La clave no es correr detrás de cada movimiento. Es entender qué cambió, qué riesgo estás tomando y dónde todavía hay una relación interesante entre rendimiento, duración y volatilidad.
Key Takeaways
- Los bonos argentinos largos sufrieron por tasas globales más altas y mayor aversión al riesgo emergente.
- AL28 ofrece una alternativa de menor volatilidad frente a bonos largos con rendimientos similares.
- Las tasas en pesos reabrieron oportunidades en LECAP, bonos CER y duales con cobertura inflacionaria.
- Bitcoin y salud ganan interés por regulación cripto, institucionalización y avances biotecnológicos.
Tabla de Contenido
- Bonos argentinos: subió el riesgo país y bajaron los precios
- ¿Bonos largos o bonos cortos en dólares?
- Las tasas en pesos volvieron a ser protagonistas
- Estados Unidos paga más de 5% y le cambia el precio a todo
- Bitcoin, el Clarity Act y la institucionalización cripto
- ¿Tiene sentido entrar a Bitcoin después de la suba?
- Sector salud y biotecnología: una fortaleza que merece atención
- El mapa de valor después de 15 días de cambios
Bonos argentinos: subió el riesgo país y bajaron los precios
El riesgo país argentino pasó de la zona de 400 puntos a más de 530 puntos básicos en poco más de un mes. Con ese movimiento, los bonos hard dollar más largos tuvieron caídas aproximadas de 8% a 9% en pocas semanas. En una cartera, eso se siente.
La primera lectura sería buscar un problema estrictamente local, pero no aparece un detonante interno tan claro que justifique por sí solo semejante corrección. Las cuentas fiscales continuaban mostrando superávit fiscal y financiero, las compras de divisas del Banco Central seguían, aunque a menor ritmo, y varios indicadores de actividad mostraban una mejora desde niveles bajos.
Por ejemplo, se observó una variación interanual positiva de 2,7% en la actividad, con 12 de 15 sectores en terreno positivo. Industria también mostró recuperación interanual. Los sectores que no acompañaron fueron administración pública, servicios públicos y enseñanza.
Eso no elimina los riesgos argentinos, por supuesto. El calendario electoral va a seguir generando ruido y Argentina continúa con un riesgo país superior al de varios vecinos de América Latina. Pero el principal driver de esta corrección parece haber venido de afuera.
La tasa libre de riesgo dejó de ser tan libre de competencia
Cuando un Treasury norteamericano a 30 años empieza a rendir por encima de 5%, se vuelve mucho más difícil justificar rendimientos bajos en bonos emergentes. Si el bono del Tesoro de Estados Unidos paga alrededor de 5%, a un bono argentino no se le puede pedir alegremente que rinda 6% o 7% como si nada.
Además, el índice de bonos emergentes también venía corrigiendo. Eso refuerza la idea de que no fue solamente un problema argentino, aunque a nosotros cualquier desarme nos pegue más fuerte. Cuando los fondos reducen exposición a emergentes, muchas veces venden primero aquello con más ganancia acumulada y mayor volatilidad.
Con un riesgo país cerca de 400 puntos, muchos inversores ya tenían ganancias importantes en bonos argentinos. Tomar ganancias en ese contexto era razonable. El problema es que, cuando se acelera la salida, los bonos largos suelen sufrir bastante más.
¿Bonos largos o bonos cortos en dólares?
La discusión no pasa solo por elegir un bono que rinda más. Pasa por decidir cuánto movimiento negativo estás dispuesto a tolerar mientras esperás que la tesis se cumpla.
Cuando Argentina parece Suiza, los bonos rinden 5% o 6% y todo luce espectacular, conviene bajar el riesgo. En ese escenario, una estrategia puede ser salir parcialmente o concentrarse en bonos más cortos, como el AL27, el AL28 o instrumentos como BOPREAL.
En el escenario actual, el AL28 aparece como una alternativa interesante por su rendimiento cercano a 9,5% en dólares y su vencimiento en octubre de 2028. Frente a bonos más largos con rendimientos apenas superiores, ofrece menos sensibilidad a una nueva suba del riesgo país y un flujo de pagos más frecuente.
La comparación es bastante directa: bonos globales largos como GD35, GD38 o GD41 podían rendir niveles similares al AL28, pero con dos o tres veces más volatilidad. Si la tasa es parecida, bajar duración puede ser una forma de dormir bastante más tranquilo.
Qué hacer si ya estás posicionado en bonos largos
No es lo mismo evaluar una compra nueva que decidir qué hacer con un bono que ya está en cartera. Si alguien tiene GD35 o GD41, vender todo después de una baja también puede significar vender en un mal momento. Pero reducir una parte de la exposición puede tener sentido.
La idea sería preservar liquidez. Si el riesgo país volviera a 700 puntos, los bonos largos probablemente seguirían sufriendo y la cartera quedaría sin margen para aprovechar precios mucho más atractivos. Una reducción parcial de duración, pasando parte de la posición a AL28, puede equilibrar rendimiento y riesgo.
Ahora, si bonos largos como AE38 llegaran a rendir 12% o 13% de TIR sin que el escenario interno se haya deteriorado de manera desmedida, ahí sí podría empezar a aparecer un punto de entrada más atractivo. No porque no tengan riesgo, sino porque la tasa empezaría a pagar mejor ese riesgo.
Las tasas en pesos volvieron a ser protagonistas
El mercado de pesos también se movió fuerte. La tasa interbancaria pasó de niveles cercanos a 20% o 22% a superar 28% de TNA. En dos jornadas, el salto fue muy marcado: primero unos 80 puntos básicos y luego otros 250 puntos básicos.
El salto de las tasas interbancarias cambió rápidamente el atractivo relativo de los instrumentos en pesos.
Las LECAP también ajustaron. Donde antes había rendimientos cercanos a 20% de TNA, empezaron a verse tasas de 26%, 28% e incluso 30%, según el plazo. Este movimiento no es menor porque modifica de inmediato la ecuación para quien invierte y gasta en pesos.
Las LECAP mostraron rendimientos más altos a lo largo de distintos plazos de la curva.
Parte de la presión sobre el mercado de dinero podría vincularse al punto de fijación del tipo de cambio para el pago de bonos dollar linked. Mantener el dólar lo más contenido posible en esa fecha reduce la cantidad de pesos que debe pagarse. Una vez superado ese evento, podría haber menos presión sobre las tasas.
Pero mientras esa tensión esté, las tasas actuales abren una oportunidad que hacía tiempo no se veía tan clara.
LECAP, CER y duales: tres formas de pensar el riesgo en pesos
Con inflación descendiendo, una tasa fija de 27%, 28% o 29% de TNA vuelve a ser interesante para perfiles de corto plazo. Claro que la tasa fija tiene un límite: si aparece un ruido que lleve al dólar o a la inflación para arriba, no ofrece cobertura automática.
Por eso, para quien está dispuesto a ir a seis u ocho meses, los bonos CER también pueden resultar atractivos. Su lógica es simple: ajustan por inflación, de modo que permiten conservar protección real si la nominalidad vuelve a acelerarse.
La curva CER mostraba rendimientos que vale la pena mirar:
- Bonos con vencimiento desde diciembre rendían aproximadamente CER más 5%.
- Vencimientos desde mayo de 2027 permitían buscar tasas cercanas a CER más 7%.
- El TZX28, con vencimiento en junio de 2028, se acercaba a CER más 9%.
Una tasa de inflación más 9% no significa lo mismo con inflación de 100% que con inflación de 25% o 30%. Cuando la inflación baja, ese componente real se vuelve mucho más relevante.
También aparecen los bonos duales, especialmente los que combinan CER y TAMAR. En algunos casos se observaban spreads de TAMAR más 10% u 11%. Para ponerlo en contexto, TAMAR es una referencia relevante para plazos fijos mayoristas. Conseguir TAMAR ya puede ser bueno. Tener TAMAR más 10 puntos es otra discusión.
Además, la estructura dual aporta una cobertura adicional. Si la TAMAR bajara fuerte, el componente vinculado a inflación puede ayudar. No elimina los riesgos, pero evita quedar totalmente atado a una tasa fija tomada en un momento puntual.
El cierre para Argentina
Hoy, las tasas en pesos parecen atractivas, siempre reconociendo el riesgo de un salto cambiario. Ese riesgo está instalado en la conversación del mercado, pero todavía no aparece como un escenario inminente e inevitable.
En bonos en dólares, la preferencia está en bajar sensibilidad sin resignar demasiado rendimiento. Ahí el AL28 aparece como una alternativa especialmente atractiva frente a bonos largos con TIR similares.
Estados Unidos paga más de 5% y le cambia el precio a todo
La punta del ovillo global está en las tasas norteamericanas. El Treasury a 30 años superó 5,3% en el mercado secundario y las licitaciones se realizaron cerca de 5,22%, niveles que no se veían desde hacía 25 años.
Esto importa porque la tasa de Estados Unidos funciona como base para valuar buena parte del mercado global. Si esa base sube, los activos de riesgo deben ofrecer más rendimiento para seguir siendo competitivos. Y, en muchos casos, además se amplían los spreads.
Hay varios factores detrás de ese movimiento:
- La presión sobre el petróleo derivada de conflictos geopolíticos, con impacto potencial sobre la inflación.
- La posibilidad de tasas altas durante más tiempo y, eventualmente, nuevas subas de la Reserva Federal.
- Un déficit fiscal estadounidense cercano a 6% del PIB.
- La enorme emisión de deuda de Estados Unidos, Japón y países europeos.
- La competencia por capital de las grandes tecnológicas, que emiten deuda para financiar infraestructura.
La plata no alcanza para todo. Cuando gobiernos y empresas grandes compiten por financiamiento al mismo tiempo, el precio del dinero sube.
Lo llamativo es que la renta variable todavía no absorbió todo ese ruido. Los índices se mantienen cerca de máximos, impulsados principalmente por tecnológicas y por un contexto de liquidez, recompras de acciones y emisión. Eso no da tranquilidad, porque hay bastante ruido acumulado que todavía no se reflejó plenamente en el precio de las acciones.
En una semana con correcciones en muchos sectores, energía avanzó impulsada por el petróleo y real estate quedó apenas positivo. El sector que mostró una suba más genuina fue salud.
Bitcoin, el Clarity Act y la institucionalización cripto
Bitcoin salió de una larga zona de lateralización alrededor de US$62.000 a US$64.000 y metió una suba cercana a 18% en apenas tres días, superando los US$76.000. El movimiento no fue solamente técnico. Detrás aparece una discusión regulatoria que puede cambiar bastante el ecosistema.
El foco está en el Clarity Act, un proyecto que busca ordenar qué son los criptoactivos, bajo qué marco pueden operar y qué instituciones pueden participar. El punto central es definir si una cripto debe tratarse como valor negociable o como commodity.
Si fuera un valor negociable, el regulador principal sería la SEC. Si se la considera un commodity, la regulación quedaría más vinculada a la CFTC, la agencia que regula futuros de oro, soja y otros commodities.
La expectativa era que el marco se inclinara hacia tratar ciertos criptoactivos como commodities. Para el ecosistema, eso sería un esquema relativamente más flexible. Pero lo más importante no es solo si la regulación es más o menos exigente: es que haya reglas claras.
La claridad regulatoria también es una forma de adopción
Un banco, un fondo o una institución grande puede tener interés en cripto, pero si no sabe qué puede hacer, bajo qué condiciones y con qué responsabilidad, muchas veces elige directamente mantenerse afuera. No porque no le vea potencial, sino porque no quiere asumir un riesgo regulatorio imposible de medir.
El Clarity Act apunta precisamente a reducir esa inacción. Define mejor qué puede hacer cada participante, abre la puerta a una mayor participación institucional y puede facilitar el desarrollo de ETF y otros vehículos de inversión.
El mercado lo tomó bien porque la institucionalización implica nuevos compradores potenciales. Hace algunos años, la tenencia de cripto estaba dominada por individuos. Hoy las instituciones, bancos y fondos tienen un peso mucho mayor.
Eso es positivo para adopción y precio, pero tiene una tensión filosófica evidente. Bitcoin nació como una alternativa ajena a gobiernos, bancos centrales y grandes intermediarios. Cuanto más regulado e institucionalizado está, más lejos queda de esa idea original.
El proyecto no habilita un dólar digital estatal
Hay una interpretación frecuente que conviene aclarar: el Clarity Act no busca habilitar una moneda digital emitida por la Reserva Federal. En sentido contrario, incorpora una postura contra una CBDC, una moneda digital de banco central, especialmente por cuestiones de vigilancia financiera.
Lo que sí puede habilitar es un marco para stablecoins privadas respaldadas por dólares o bonos del Tesoro. Stablecoins como USDC podrían tener reglas más claras para operar.
Para Estados Unidos, eso también tiene una lectura estratégica: si el universo cripto transacciona mayoritariamente sobre stablecoins respaldadas en dólares, el dólar extiende su influencia. El señoreaje sigue importando y la competencia con modelos como el yuan digital chino también está sobre la mesa.
Paradójicamente, el mayor impacto de esta discusión podría no estar en Bitcoin, aunque haya sido el activo que más reaccionó, sino en el mundo de las stablecoins.
¿Tiene sentido entrar a Bitcoin después de la suba?
La respuesta corta es que no necesariamente se perdió el tren, pero tampoco parece razonable comprar todo de una sola vez después de una suba de 18% en tres días.
Una hipótesis optimista proyectaba a Bitcoin por encima de US$180.000 hacia 2028 o 2029. Es una estimación, no una certeza. Pero si esa tesis se cumpliera, haber comprado a US$64.000 o US$77.000 no cambiaría tanto el resultado de largo plazo.
El problema es el FOMO. La idea de que, porque se fue a US$77.000, ahora va derecho a US$180.000 y hay que entrar con todo, incluso apalancado. Bitcoin no sube en línea recta. Una noticia negativa, como un rechazo regulatorio, puede provocar correcciones abruptas.
La estrategia más razonable es escalonar compras. Entrar de a poco, aprovechar retrocesos y no comprometer de golpe todo el capital destinado a cripto. Tras un rally fuerte, además, los indicadores técnicos pueden mostrar sobrecompra y el volumen puede empezar a enfriarse. Eso suele dejar abierta la posibilidad de comprar más barato.
La cuestión no es adivinar el máximo o el mínimo. Es saber que se trata de un activo muy volátil y armar una posición acorde al riesgo que uno puede tolerar.
Sector salud y biotecnología: una fortaleza que merece atención
En medio de la volatilidad global, salud fue uno de los pocos sectores que mostró fortaleza genuina. Aunque se encontraba cerca de máximos históricos, había subido menos que otros sectores y venía con fundamentos muy sólidos.
Durante la temporada de balances, el sector registró aproximadamente 98% de sorpresas positivas. Los márgenes también venían creciendo y las expectativas apuntaban a una expansión de márgenes para el año siguiente superior a la del sector tecnológico.
Además, varias dudas regulatorias que habían afectado al sector se fueron despejando. Se observó también una participación de hedge funds en salud en máximos de cinco años, una señal de que el dinero institucional volvió a mirar el segmento.
Para acceder al sector amplio se mencionó el CEDEAR XLB, mientras que para biotecnología se destacó IBB. Más allá del vehículo, la idea es diferenciar salud general de biotecnología, que puede tener un potencial mayor pero también movimientos mucho más agresivos.
El caso Moderna y el potencial del ARN mensajero
Una de las noticias más impactantes de la semana fue el salto de Moderna, que llegó a subir cerca de 175% en una jornada antes de corregir parcialmente al día siguiente.
El motivo fue el avance de fase tres, la instancia previa a una aprobación definitiva, en un tratamiento basado en ARN para un tipo específico de melanoma. La tecnología no funciona como una droga convencional que ataca directamente las células cancerosas. El objetivo es entrenar al propio sistema inmunológico para reconocer y combatir ese tipo de cáncer.
El avance es relevante no solo para un caso puntual. La misma plataforma puede abrir caminos para investigar otros tipos de cáncer y acelera una tendencia mayor: el uso de herramientas avanzadas e inteligencia artificial en el desarrollo de medicamentos.
La biotecnología no es un sector para entrar sin medir tiempos. Muchas acciones ya tuvieron subas fuertes y pueden corregir. Pero cada ajuste moderado puede ser una oportunidad para aumentar una posición de forma gradual, siempre entendiendo la volatilidad propia del segmento.
El mapa de valor después de 15 días de cambios
El mercado cambió, pero no desaparecieron las oportunidades. Simplemente hay que ser más selectivo.
- Bonos argentinos en dólares: priorizar menor duración cuando la tasa de los bonos largos es parecida, con AL28 como referencia atractiva.
- Pesos: tasas de LECAP, CER y duales volvieron a justificar una mirada seria, sin ignorar el riesgo cambiario.
- Mercado global: las tasas altas de Estados Unidos exigen más cautela con activos de riesgo y emergentes.
- Bitcoin: la tesis de adopción puede fortalecerse, pero la forma de entrar importa tanto como la idea.
- Salud y biotecnología: fundamentos sólidos, crecimiento de márgenes y avances científicos mantienen al sector en el radar.
No hace falta hacer todo al mismo tiempo. En un mercado con tasas más altas y volatilidad creciente, la paciencia, la liquidez y las compras escalonadas vuelven a tener mucho valor.
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Fuente: Mercado sin filtro. Canal Mundo Dinero. Link: