Análisis
Si la actividad no responde, el costo llega a las urnas

La actividad define las elecciones: tasas, bonos y el desafío argentino

En Mercado Sin Filtro, Paula Bujía y Gustavo Neffa analizan por qué las bolsas rebotan aun con los rendimientos de los bonos estadounidenses en niveles tan altos, los riesgos concretos detrás de la inversión en infraestructura de inteligencia artificial, y cómo la debilidad de la actividad económica en Argentina puede trasladarse a los activos locales y a las expectativas electorales.
por Mundo Dinero 28-09-2026
Mercado sin Filtro Mundo Dinero

La actividad define las elecciones: tasas, bonos y el desafío argentino

Las bolsas pueden celebrar una buena semana, pero hay una pregunta que todavía no tiene respuesta: ¿cuánto tiempo pueden sostenerse las acciones con rendimientos de los bonos estadounidenses tan altos? El Nasdaq 100 recuperó más de 3% y el S&P 500 avanzó 1,2%, impulsados en buena medida por las grandes tecnológicas. El Dow Jones, en cambio, apenas terminó en positivo.

Detrás de ese contraste están el petróleo, las tasas de interés y una inversión en inteligencia artificial que no deja de crecer. Para Argentina se suma otro factor decisivo: si la actividad económica no mejora, el costo puede sentirse tanto en los activos financieros como en las expectativas electorales.

 

Puntos clave

  • Las tasas largas estadounidenses presionan a los bonos y vuelven más exigentes las valuaciones bursátiles.
  • La infraestructura de inteligencia artificial exige evaluar deuda, energía y capacidad de generar ingresos.
  • En Argentina, la debilidad de la actividad puede trasladarse al riesgo electoral y a los activos.
  • Los bonos internacionales ofrecen nuevas referencias para comparar las obligaciones negociables argentinas.

Tabla de contenido

Wall Street rebota, pero los Treasuries siguen marcando el ritmo

La baja inicial del petróleo dio aire a los mercados. También ayudaron una tregua comercial temporal entre Estados Unidos y China y las conversaciones entre Estados Unidos e Irán. Ninguno de esos alivios parece definitivo: la tregua reduce por un tiempo el riesgo de una escalada arancelaria, mientras que las noticias sobre Irán pueden cambiar rápidamente la dirección del crudo.

Cuando el petróleo volvió a subir cerca de 4% tras nuevas declaraciones de Donald Trump sobre el acuerdo con Irán, reapareció la presión bajista sobre las bolsas. Energía, servicios públicos y financieras ya venían mostrando un desempeño menos favorable que el de las grandes tecnológicas.

El otro dato que no podemos perder de vista es la tasa. El rendimiento del Treasury a diez años llegó a tocar 5,23%, mientras que el bono a treinta años superó 5,5%. Son niveles que encarecen el crédito hipotecario y ponen el foco sobre el déficit fiscal, las necesidades de financiamiento de Estados Unidos y la demanda de su deuda.

¿Por qué suben los rendimientos si la inflación esperada está estable?

No todo movimiento de las tasas largas responde a mayores expectativas de inflación. En las cifras que analizamos, esas expectativas permanecían relativamente ancladas. La presión parecía venir también de la abundante oferta de Treasuries y de una demanda que no siempre acompaña: una licitación de bonos a cinco años resultó floja, con escasa participación extranjera.

Hay, además, una competencia creciente por el capital. Las inversiones destinadas a centros de datos e infraestructura de inteligencia artificial requieren financiamiento considerable. Si los inversores exigen un premio mayor para mantener deuda de largo plazo, la curva puede seguir bajo presión incluso sin un salto equivalente de la inflación esperada.

Esto ayuda a explicar un año difícil para la renta fija. Los bonos estadounidenses con grado de inversión, más sensibles a los cambios de tasas por su mayor duración, acumulaban caídas promedio cercanas al 4%. Los instrumentos de alto rendimiento resistían mejor en parte por sus plazos más cortos. Lo importante es que los diferenciales de riesgo crediticio no se habían ampliado de manera significativa: el castigo parecía concentrado en la sensibilidad a las tasas largas, no en un deterioro generalizado de la capacidad de pago.

Hay un matiz importante. Si las tasas suben porque la economía crece con fuerza, las ganancias empresariales y los ingresos de los deudores pueden acompañar. Eso suele ser menos perjudicial para acciones y crédito que una suba causada principalmente por inflación. Aun así, resulta llamativo que el S&P 500 se mantenga cerca de sus máximos con rendimientos de los Treasuries en estos niveles.

Inteligencia artificial: inversión extraordinaria y riesgos concretos

La magnitud del entusiasmo por la inteligencia artificial se ve en las valuaciones hipotéticas que circulan para compañías como SpaceX, Anthropic y OpenAI. En conjunto, esas estimaciones alcanzarían unos 5,2 billones de dólares, una escala que invita a preguntarse de dónde saldrá el capital necesario para financiar la próxima etapa de expansión.

La inversión prevista en centros de datos e infraestructura de inteligencia artificial también destaca frente a grandes ciclos históricos, como los ferrocarriles, las telecomunicaciones, las autopistas o la electrificación. Pero cuanto más grande es el proyecto, más importa distinguir entre demanda futura, capacidad de ejecución y costo de financiamiento.

Oracle ofrece un ejemplo. Sus acciones cayeron cerca de 10% en una semana marcada por dudas sobre un gran centro de datos y su acceso a energía. La empresa también ha emitido deuda a tasas elevadas para financiar infraestructura. CoreWeave, por su parte, enfrenta interrogantes vinculados con su endeudamiento y con el hecho de que todavía registra pérdidas.

Esto no significa que todas las grandes tecnológicas tengan el mismo perfil de riesgo. Sí significa que la infraestructura de IA no se paga sola. Habrá que seguir el endeudamiento visible, los compromisos que puedan quedar fuera de balance y la capacidad de cada empresa para transformar esas inversiones en ingresos. Las proyecciones comentadas apuntaban a una moderación futura de las emisiones de deuda del sector, aunque siguen siendo eso: proyecciones.

¿Acciones o bonos? Una comparación que vuelve a importar

Una forma de ordenar la discusión es comparar el retorno relativo de las acciones del S&P 500 con el de los Treasuries. Históricamente, esa relación ha oscilado: cuando se aleja mucho de sus niveles habituales, vale la pena revisar si el equilibrio entre riesgo y rendimiento cambió.

El indicador analizado se acercaba a extremos observados en otras ocasiones y sugería prestar más atención a la renta fija. No es una señal automática para vender acciones y comprar bonos. Nadie sabe con precisión dónde se detendrán las tasas, la inflación o el petróleo. Pero con rendimientos elevados, los títulos vuelven a competir por un lugar en la cartera.

Las estimaciones de Goldman Sachs ilustraban el contraste entre oportunidades y supuestos. Su escenario a doce meses contemplaba una suba del 14% para el S&P 500 y del 27% para las acciones de Asia Pacífico, junto con una caída del Brent hacia 78 dólares y del rendimiento del Treasury a diez años hacia 4,5%. Es una visión optimista que depende, entre otras cosas, de que el petróleo y las tasas efectivamente aflojen.

Los datos y balances a seguir

El índice de precios de los gastos de consumo personal, conocido como PCE, es una de las referencias de inflación más importantes para la Reserva Federal. Junto con los datos de ingresos y gasto personal y el reporte de empleo, puede cambiar rápidamente las expectativas sobre tasas.

En el calendario analizado, se esperaba que la inflación interanual permaneciera en 3,7% y la medida subyacente en 3,4%, sin una mejora clara. Para el empleo, la previsión rondaba los 85.000 puestos, por debajo de los 127.000 del dato previo corregido. También estaban en agenda los resultados de Micron Technology y Nike. En el caso de Nike, la atención se centraba en si una recuperación de márgenes podía compensar la falta de crecimiento de ventas.

Brasil: una elección que también importa para Argentina

El escenario electoral brasileño se presentaba abierto y con expectativas de segunda vuelta. Las probabilidades seguidas por el mercado habían cambiado durante el mes, contribuyendo al rebote de la bolsa local, aunque las encuestas ofrecían una contienda mucho menos definida. Conviene no confundir los precios de un mercado de predicciones con un resultado electoral.

Más allá de quién gane, hay dos variables económicas centrales: la trayectoria de la tasa Selic y la del real. Una reducción de tasas podría favorecer a las acciones y a la actividad brasileña. Para Argentina, lo que ocurra con su principal socio comercial afecta las perspectivas de exportación y competitividad; por eso importan tanto el crecimiento de Brasil como los movimientos de su moneda.

Argentina: la foto de actividad no es la película

El dato de actividad económica fue la piedra en el zapato del escenario local. El último registro analizado mostró una caída de 1,4% interanual y de 2,9% frente al mes anterior. Hubo una recuperación entre meses débiles, pero no alcanzó para establecer una tendencia firme. Una consultora anticipaba una mejora para agosto, dato que hacía falta contrastar con las cifras siguientes.

El nivel de actividad aún estaba por encima del observado al inicio de la gestión de Javier Milei. Esa es la foto. La película, en cambio, preocupa: si la economía vuelve a contraerse y acumula dos trimestres consecutivos de caída, se hablaría de una recesión técnica. Y una actividad débil puede modificar expectativas electorales antes de que llegue la votación.

Ese riesgo pesaba sobre acciones y bonos argentinos. El Merval medido en dólares contado con liquidación mostraba una tendencia bajista, con especial debilidad en bancos y servicios públicos. Las petroleras encontraban algo de sostén en el repunte del crudo, pero no alcanzaban por sí solas para cambiar el tono del mercado.

Un eventual ETF argentino desarrollado por Galicia y BYMA podría facilitar el acceso de nuevos inversores. Sin embargo, todavía importaban detalles como su composición y rebalanceo. Si el desempeño de bancos y petroleras sigue siendo tan distinto, seleccionar sectores puede resultar más relevante que comprar el índice completo.

Buenas señales macroeconómicas que no alcanzan

Argentina mostraba algunos datos favorables: un superávit comercial cercano a 2.200 millones de dólares y una baja de las expectativas de inflación relevadas. Además, distintos bancos y administradores de fondos habían expresado opiniones positivas sobre la deuda argentina. La Argentina Week en París buscaba sumar interés inversor y posibles anuncios.

El mercado, sin embargo, no había respondido con entusiasmo. Los bonos registraron caídas semanales de entre 2% y 5%, dentro de un retroceso más amplio desde julio. No todo puede atribuirse al aumento de los rendimientos estadounidenses. La debilidad de la actividad y el riesgo político local también cuentan.

¿Qué puede hacer la política económica? Hubo medidas puntuales para impulsar el crédito hipotecario, la construcción y los préstamos en dólares, pero parecían insuficientes. Sin recurrir a una expansión fiscal, la estabilidad de las tasas locales cobra más importancia: tasas que dejen de subir podrían ayudar a contener la morosidad, sostener el crédito bancario y mejorar la actividad. Las licitaciones de deuda en pesos, en particular su elección de plazos y tasas, son parte de ese equilibrio.

Financiarse en dólares cuesta más, incluso para buenos créditos

El encarecimiento del financiamiento ya aparecía en nuevas emisiones. Vista Energy amplió su bono con vencimiento en 2031 y obtuvo 400 millones de dólares adicionales a un rendimiento cercano a 7,95%. La provincia de San Juan emitió 600 millones de dólares a 9,875%, después de enfrentar una demanda que exigía una tasa mayor a la inicialmente esperada.

Son señales para seguir de cerca, especialmente para provincias y empresas que deban refinanciar vencimientos en los próximos años. Para un emisor con ingresos en pesos, tomar deuda en dólares durante un período de incertidumbre electoral puede volverse particularmente costoso.

También cambió la comparación para quien invierte en obligaciones negociables argentinas. Algunas empresas locales conservan perfiles crediticios sólidos y bajo endeudamiento, pero ya es posible encontrar bonos de emisores internacionales con rendimientos de 6% o 7%. Las restricciones para mover capital fuera de Argentina pueden sostener la demanda local de ON; eso no implica que sus valuaciones sigan siendo atractivas frente a alternativas externas.

La conclusión no es que haya que abandonar las acciones, los bonos o Argentina. Es que el rendimiento, por sí solo, no cuenta toda la historia. Con tasas globales altas, inversiones tecnológicas enormes y una actividad local que necesita recuperar impulso, conviene mirar al mismo tiempo la calidad del crédito, el plazo, la liquidez y el riesgo político.

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Fuente: Mercado sin filtro. Canal Mundo Dinero. Link: