Brasil borró toda la suba: ¿oportunidad o crisis para las acciones?
Brasil borró toda la suba: ¿oportunidad o crisis para las acciones?
El mercado se había preparado para un resultado electoral en Brasil y recibió otro. La victoria de Lula desarmó las apuestas por un triunfo de Bolsonaro y provocó una liquidación muy fuerte en acciones, bancos y fintechs. La pregunta ahora no es solamente cuánto cayeron los precios, sino cuánto cambió realmente el valor de las empresas.
Conviene separar tres cosas: el golpe de una sorpresa política, los fundamentos de la economía brasileña y el contexto internacional. Porque mientras Brasil enfrenta su propio ajuste de expectativas, Wall Street también atraviesa una rotación: sale dinero de algunas apuestas de inteligencia artificial y entra en sectores más defensivos.
Para Argentina, la combinación no es cómoda. El contagio llega a Mercado Libre, a los bancos y a un mercado que ya venía condicionado por la falta de recuperación de la actividad y el deterioro de los bonos.
Puntos clave
- El desplome brasileño reflejó el desarme de apuestas electorales, con mayor castigo a bancos y fintechs.
- Las reservas y las valuaciones ofrecen respaldo, pero la deuda y la carga de intereses exigen atención.
- La inteligencia artificial mantiene demanda, mientras el financiamiento discrimina cada vez más entre empresas.
- Argentina recibe el contagio brasileño con actividad estancada, bonos débiles y necesidades importantes de financiamiento.
Brasil: una sorpresa electoral que encontró al mercado mal posicionado
La magnitud de la caída refleja, ante todo, una posición de mercado que quedó del lado equivocado. Las acciones habían incorporado una victoria de Bolsonaro. Cuando ese escenario no se concretó, hubo que desarmar operaciones rápidamente.
Las referencias del premercado y de la apertura analizada muestran el tamaño del golpe. Son cotizaciones de ese momento, no precios de cierre:
- EWZ: llegó a mostrar una caída cercana al 27%.
- Petrobras: retrocedía alrededor del 25%, pese a un contexto internacional favorable para el petróleo.
- XP: registraba una baja próxima al 46%.
- Itaú y Bradesco: sufrían retrocesos del orden del 28% en promedio.
- PagSeguro e Inter: mostraban pérdidas del 30% o superiores.
No todas las empresas quedaron expuestas de la misma manera. Las que más habían subido por la expectativa electoral fueron, en muchos casos, las que más cayeron. Bancos, brokers y fintechs concentraron buena parte del ajuste.
Además, Brasil no es solamente Petrobras y Vale. Aunque las grandes compañías de materias primas pesan mucho, también hay negocios ligados al crédito, al consumo y al mercado doméstico. Ahí el cambio de expectativas pega de lleno.
Exportadoras y negocios domésticos: dos sensibilidades distintas
El real es una variable central para entender esa diferencia. En el escenario discutido se manejaba la posibilidad de una depreciación superior al 10%, aunque todavía había que observar cuánto de esa expectativa se materializaba.
Una moneda local más débil puede amortiguar parte del golpe para exportadoras como Vale o Gerdau, que tienen ingresos vinculados al exterior. Para las empresas más dependientes de la demanda interna, el panorama es distinto: la incertidumbre política y cambiaria puede afectar tanto las valuaciones como las perspectivas de actividad.
Comprar Brasil no equivale a comprar una única historia. La composición de cada empresa importa tanto como el movimiento general del índice.
¿La caída del EWZ abre una oportunidad?
El ETF iShares MSCI Brazil, conocido como EWZ, es una referencia útil para seguir las acciones brasileñas. En el análisis, había cerrado el viernes cerca de 42 dólares y pasó a operar alrededor de 31 tras la sorpresa electoral.
Ese movimiento amenazaba con borrar una suba acumulada superior al 20% en el año. Pero antes de concluir que toda la tesis de inversión quedó destruida, hay que mirar los niveles y las valuaciones.
Los niveles que conviene seguir
- 31 dólares: aparecía como un primer soporte relevante. Era importante comprobar si podía sostenerse al cierre.
- 29 dólares: constituía una zona técnica más importante, asociada a las medias móviles señaladas en el análisis. Una ruptura debilitaba seriamente la lectura alcista previa.
- 35 dólares: funcionaba como referencia de una eventual normalización hacia niveles anteriores a la apuesta más marcada por Bolsonaro.
Estos niveles no son garantías. Sirven para ordenar escenarios y evitar que una caída extraordinaria se convierta, por sí sola, en argumento de compra.
Valuaciones bajas, pero con riesgos concretos
Antes del desplome, el mercado brasileño cotizaba cerca de 10 veces las ganancias esperadas para los siguientes doce meses. Una caída de precios, si las estimaciones de beneficios no cambian, reduce todavía más ese múltiplo.
También se mencionaban expectativas de crecimiento de ganancias del 30% y del 11% para los períodos proyectados, junto con rendimientos por dividendos que podían ubicarse en torno al 7% u 8%.
La lectura favorable es clara: había una tendencia alcista apoyada en resultados y valuaciones incluso antes de que la elección dominara las operaciones. Desde esa perspectiva, una parte del castigo podía resultar exagerada.
La otra cara es igual de importante. Una bolsa barata puede seguir abaratándose si empeoran las ganancias, la política fiscal o el costo de financiamiento. Por eso, el precio tiene que analizarse junto con la capacidad del país para sostener sus equilibrios.
Reservas, deuda y Congreso: los contrapesos del escenario brasileño
La reacción de las acciones fue mucho más violenta que la de la deuda. Los bonos soberanos mostraban bajas cercanas al 1%, con algunos corporativos también débiles en magnitudes similares.
Hay una explicación: Brasil contaba con aproximadamente 365.000 millones de dólares en reservas y una exposición relativamente baja a deuda denominada en dólares. El resultado electoral no implicaba, por sí mismo, poner en duda la capacidad de pago soberana.
Eso no significa que el frente fiscal sea cómodo. La deuda se ubicaba alrededor del 84% del PIB y mantenía una trayectoria ascendente. El déficit primario, cercano al 0,6% del PIB, parecía manejable en comparación con el desequilibrio financiero, que rondaba el 8% al incorporar la carga de intereses.
Por qué la tasa Selic sigue siendo el gran catalizador
La carga de intereses ayuda a entender por qué la baja de la tasa Selic del Banco Central de Brasil es tan importante. Una reducción de tasas puede aliviar el costo financiero del sector público y favorecer la actividad.
La tesis constructiva sobre Brasil descansaba en esa combinación: inflación en descenso, margen para reducir tasas reales y una recuperación económica que ayudara a mejorar las cuentas fiscales.
El problema es que el crecimiento seguía siendo modesto. Las estimaciones comentadas se movían alrededor del 2%, con un rango de entre 1,5% y 2% para el año siguiente. No es una expansión que permita despreocuparse de la deuda.
Un Congreso de centroderecha limita los cambios
Lula tendría que gobernar con un Congreso más inclinado hacia la centroderecha. En el Senado, la suma de las fuerzas de derecha mencionadas alcanzaba cerca del 64%, frente a aproximadamente el 18,5% de la izquierda.
En Diputados, sobre un total de 513 bancas y una mayoría absoluta de 257, el Partido Liberal contaba con 121 representantes, frente a 70 del partido de Lula.
Hay dos maneras de interpretar esa composición. Una es verla como una fuente de fragmentación y dificultades para gobernar. La otra es considerarla un contrapeso que reduce la posibilidad de cambios económicos más radicales.
Ambas pueden convivir. El Congreso puede limitar decisiones que preocupan al mercado y, al mismo tiempo, complicar la aprobación de medidas necesarias. A eso se suma que Brasil conserva un mercado interno enorme y flujos de inversión extranjera directa que forman parte de su sostén económico.
Inteligencia artificial: la demanda sigue, el financiamiento se complica
Mientras Brasil absorbía el shock electoral, la tecnología estadounidense atravesaba su propio ajuste. En la semana comentada, las tecnológicas habían perdido alrededor del 3% y el Nasdaq 100 cerca del 4,4%, mientras el Dow Jones y el Russell 2000 mostraban mayor resistencia relativa.
El foco estaba en el costo de construir la infraestructura de inteligencia artificial. Meta anticipaba mayores gastos, Tesla había reducido su previsión de inversiones y las compañías de infraestructura de nube, conocidas como neoclouds, enfrentaban una presión creciente sobre su financiamiento.
El alquiler de GPU no mostraba una demanda agotada
Un dato importante iba en dirección contraria a la idea de un negocio que se queda sin clientes: el precio de alquiler de las GPU de Nvidia.
Los modelos H200 y B200 mostraban una demanda intensa. Incluso equipos de generaciones anteriores conservaban aumentos acumulados en el año, pese a correcciones recientes en sus precios.
La lectura era que seguían existiendo cuellos de botella y una demanda relevante de capacidad de procesamiento. Eso no elimina el riesgo de pagar demasiado por una acción, pero sí obliga a distinguir entre dos problemas diferentes: la demanda por inteligencia artificial y la rentabilidad de financiar su infraestructura.
El mercado empieza a discriminar quién puede pagar la cuenta
Al mismo tiempo, subía el costo de los credit default swaps, instrumentos utilizados para cubrir el riesgo de incumplimiento de deuda. Esa señal mostraba mayor preocupación por la solvencia de algunas empresas, entre ellas participantes del negocio de infraestructura como CoreWeave.
El flujo de caja libre también se convirtió en un punto sensible. Amazon, Alphabet, Meta, Microsoft y Oracle estaban destinando enormes recursos a ampliar capacidad. La preocupación era cuánto efectivo quedaba después de esas inversiones y cuánto endeudamiento hacía falta para sostenerlas.
Los comentarios sobre una posible consolidación del sector agregaban presión: no todas las compañías que hoy construyen capacidad necesariamente van a sobrevivir.
La conclusión no es que la inteligencia artificial termine mañana. El negocio puede seguir creciendo mientras algunas empresas quedan fuera por exceso de deuda. Lo que empieza a escasear es el financiamiento dispuesto a asumir cualquier riesgo.
Por eso cobra más importancia seleccionar compañías con ingresos diversificados, menor apalancamiento y capacidad para financiar sus inversiones. Dentro de tecnología, software y ciberseguridad mostraban mayor firmeza relativa que algunas empresas de semiconductores, centros de datos y neoclouds.
La gran rotación de Wall Street
Una caída de las tecnológicas no necesariamente implica una caída equivalente de todo el mercado. Puede haber una rotación hacia sectores que habían quedado rezagados.
La baja de los rendimientos de los bonos del Tesoro estadounidense favorecía ese movimiento. La tasa a diez años había retrocedido desde la zona del 5,33% hacia el 5%, y en el momento comentado se ubicaba por debajo de ese nivel.
Entre los sectores beneficiados aparecían:
- Salud: un sector asociado al valor, donde un menor costo financiero también puede favorecer adquisiciones.
- Inmobiliario: castigado previamente por las tasas hipotecarias elevadas.
- Utilities: compañías de servicios públicos que encontraban alivio en la baja de los rendimientos largos.
La comparación entre el S&P 500 tradicional y su versión de igual ponderación ayudaba a identificar el movimiento. Mientras el índice ponderado por capitalización acumulaba cerca del 12% en el año, la versión que asigna el mismo peso a cada compañía avanzaba alrededor del 14%.
Es una diferencia importante: las grandes tecnológicas pesan mucho más en el índice tradicional. Si pierden impulso, pero el resto de las empresas sigue firme, el mercado puede absorber parte del ajuste mediante una rotación en lugar de una corrección generalizada.
Wall Street y la economía cotidiana no cuentan la misma historia
Otra divergencia merece atención: las acciones habían subido con fuerza, mientras la confianza de los consumidores medida por la Universidad de Michigan se debilitaba.
El petróleo, la pérdida de poder adquisitivo y la dificultad para acceder a una vivienda ayudan a entender esa distancia. En las referencias comentadas, una casa promedio costaba alrededor de 416.000 dólares, con mercados donde los valores eran mucho más elevados.
También aparecía una brecha entre la capitalización bursátil respecto del PIB, cercana al 200% en el gráfico analizado, y la evolución de la productividad.
El mercado parecía anticipar que la inteligencia artificial podía generar un salto de productividad durante la próxima década. Pero anticipar ese beneficio no equivale a haberlo obtenido.
La distancia puede cerrarse de tres maneras: con una mejora de la productividad, con una caída de las valuaciones o con una combinación de ambas. Esa es una discusión de mediano plazo que no conviene perder entre los movimientos diarios.
Petróleo, bancos centrales y balances: qué puede mover al mercado
El petróleo seguía siendo una fuente de presión. El Brent había llegado a la zona de 117 dólares por barril, una referencia elevada comparable con niveles de 2022.
Las gestiones diplomáticas para desactivar el conflicto vinculado con Irán, con participación de países como Arabia Saudita, Turquía y Qatar, contribuían a una baja cercana al 2,5% en la mañana analizada. Era una señal favorable, pero todavía no una solución de fondo.
La agenda económica reunía varios eventos relevantes:
- Reserva Federal, Banco Central Europeo y Banco de Japón: se esperaba una pausa en las reuniones señaladas.
- Inflación PCE de Estados Unidos: clave para evaluar la persistencia de las presiones sobre los precios.
- Primera estimación del PIB estadounidense del tercer trimestre: una referencia para medir la desaceleración de la actividad.
- Resultados corporativos: una semana especialmente cargada para revisar ganancias, inversiones y perspectivas.
Las expectativas de tasas se habían moderado respecto de la semana anterior. El mercado empezaba a prestar más atención al riesgo de desaceleración económica, aunque el petróleo mantenía abierto el frente inflacionario.
Entre los balances destacados figuraban Alphabet, Microsoft y Amazon; Visa y Mastercard; Eli Lilly, AbbVie, Merck y Gilead; ExxonMobil y Chevron; además de Intel, Samsung, SK Hynix, SanDisk, Coca-Cola, Caterpillar, GE Vernova, Verizon, Boeing y T-Mobile.
No alcanzaba con mirar si las ganancias superaban las estimaciones. En tecnología, especialmente, había que revisar cuánto se invertía, cómo se financiaba y qué flujo de caja quedaba disponible.
Argentina: el contagio brasileño llega a un mercado frágil
El impacto sobre Argentina tenía dos canales: el financiero, por la corrección de activos regionales, y el económico, por la exposición de empresas locales al mercado brasileño.
Mercado Libre era el caso más visible. En el premercado analizado caía cerca del 15%. Más del 40% de sus ingresos provenían de Brasil y la compañía había desarrollado una infraestructura logística importante en ese país.
La exposición que impulsa el crecimiento cuando Brasil mejora también transmite el golpe cuando cambian las expectativas. Los bancos argentinos sufrían el contagio, luego de una semana relativamente positiva, y el Merval llegaba con debilidad previa.
Actividad estancada, pero superávit comercial y fiscal
Los datos locales ofrecían un balance mixto:
- Actividad: el EMAE de agosto creció apenas 0,1% respecto del mes anterior, por debajo de la recuperación esperada después de un julio débil.
- Comercio exterior: septiembre dejó un superávit de 2.976 millones de dólares, con exportaciones superiores a 10.000 millones.
- Resultado fiscal: se mantuvieron los superávits primario y financiero.
- Tipo de cambio: el dólar oficial subió alrededor del 0,7% y el contado con liquidación cerca del 1,5% durante la semana mencionada.
El frente comercial y fiscal aportaba respaldo. El problema era que la actividad no mostraba la recuperación necesaria para cambiar el ánimo del mercado.
También correspondía seguir el índice de confianza en el Gobierno de la Universidad Torcuato Di Tella. Había una salvedad: por el período de relevamiento, la publicación próxima no incorporaría todavía el impacto de la elección brasileña.
En el plano corporativo, comenzaba la temporada de balances argentinos, con mayor concentración de presentaciones en las semanas siguientes. Los dividendos de Cresud e IRSA aparecían entre las novedades, aunque el contexto regional dominaba la atención.
Bonos argentinos: el financiamiento sigue siendo el punto débil
El riesgo país se mantenía por encima de los 700 puntos básicos y la curva soberana volvía a mostrar cierta inversión en su tramo corto.
Los bonos con vencimiento en 2029 rendían por encima del 12%, en algunos casos cerca del 12,5%. En términos generales, casi toda la curva seguía con rendimientos de dos dígitos, lejos de un escenario cómodo para refinanciar vencimientos.
La exigencia era considerable: se mencionaban necesidades de financiamiento por unos 24.000 millones de dólares. El Gobierno aspiraba a captar alrededor de 5.000 millones en el mercado doméstico mediante bonos bajo legislación argentina, mientras el resto de las obligaciones mantenía el foco en organismos multilaterales y acreedores privados.
Con una actividad que no termina de reaccionar, ganaba espacio la discusión sobre una eventual flexibilización de la política económica para apuntalar el consumo o el poder adquisitivo. No se trataba de un ajuste adicional, sino de evaluar algún alivio. Era una posibilidad en debate, no una medida confirmada.
¿Oportunidad o crisis? La respuesta exige seleccionar
En Brasil, el desplome combinaba una sorpresa electoral con el desarme de posiciones demasiado concentradas en un resultado. Las reservas, la baja exposición a deuda en dólares, las valuaciones y el contrapeso del Congreso ofrecían argumentos para no confundir una caída bursátil con una crisis de solvencia.
Pero la deuda creciente, la carga de intereses y el crecimiento moderado seguían ahí. La evolución de la Selic, el real y las ganancias empresariales iba a definir cuánto sustento tenía una recuperación.
En Wall Street ocurría algo parecido: una demanda fuerte de inteligencia artificial no garantizaba que todas las compañías pudieran financiar su expansión. Y en Argentina, los buenos resultados comerciales y fiscales todavía convivían con actividad estancada y financiamiento caro.
La caída puede abrir oportunidades, pero no vuelve atractiva a cualquier empresa. En este escenario, conviene mirar menos el porcentaje del desplome y más el balance, la deuda, el flujo de caja y la capacidad de atravesar un período de incertidumbre.
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Fuente: Mercado sin filtro. Canal Mundo Dinero. Link: