Los bonos encendieron la alarma: dónde conviene asumir riesgo entre Argentina, tecnología y tasas
Los bonos encendieron la alarma: tasas, tecnología y riesgo electoral argentino
Los bonos caen, las acciones conservan fundamentos sólidos y, dentro de Wall Street, la plata empieza a moverse hacia sectores que venían rezagados. ¿Es una señal para salir del mercado? No necesariamente. Sí es una buena razón para revisar dónde estamos tomando riesgo y cuánto estamos pagando por hacerlo.
Octubre arrancó con fuerza para las bolsas globales, pero después de un lunes positivo llegaron las correcciones. La renta fija mostró una dinámica mucho más complicada. Y apareció un movimiento interesante: mientras tecnología retrocedía, consumo defensivo y utilities ganaban terreno.
La clave no es elegir entre optimismo y miedo. Es separar tasas, valuaciones, crecimiento de ganancias y riesgo político. Son factores distintos, aunque todos terminan impactando en la misma cartera. Los datos y variaciones que siguen corresponden a la semana analizada, no a cotizaciones en tiempo real.
Claves del análisis
- Una pausa de la Reserva Federal no elimina la posibilidad de nuevas subas si persiste la inflación.
- Las valuaciones deben analizarse junto con el crecimiento esperado y los resultados que efectivamente presentan las empresas.
- Utilities combina una corrección previa, valuaciones atractivas y oportunidades vinculadas con la demanda energética de la inteligencia artificial.
- La brecha entre rendimientos de bonos argentinos refleja la compensación exigida por atravesar el riesgo electoral.
Reserva Federal: una pausa posible no significa que terminó la presión sobre las tasas
El informe de empleo estadounidense cambió las expectativas. La creación de puestos de trabajo no agrícolas quedó por debajo de lo esperado y redujo la probabilidad de una nueva suba de tasas en octubre.
Hasta la semana anterior, el mercado estaba prácticamente dividido: alrededor de 50% de probabilidad para cada escenario. Después del dato laboral, la posibilidad de una suba bajó a aproximadamente 17%, mientras que mantener la tasa sin cambios concentraba cerca de 82%.
Eso favorecía la idea de una pausa. Pero ojo: una pausa no equivale al final del ciclo de subas. Si la inflación no desacelera, la Reserva Federal puede volver a ajustar en diciembre o durante el año siguiente.
Además, estas probabilidades cambian muy rápido. Un dato de empleo, una lectura de inflación o una señal de actividad pueden modificar en pocos días lo que parecía casi seguro. Por eso, proyectar diciembre con la misma confianza que la próxima reunión resulta bastante más difícil, especialmente con elecciones de medio término en el medio.
Para seguir las decisiones y sus fundamentos, conviene consultar los comunicados oficiales del FOMC, además de las probabilidades que descuenta el mercado.
Las elecciones de medio término dejan una estadística llamativa para el S&P 500
Hay un antecedente que vale la pena tener presente. En la serie histórica presentada, que abarca las 19 elecciones de medio término estadounidenses entre 1950 y 2022, el S&P 500 terminó con rendimiento positivo en los doce meses posteriores a cada elección.
El promedio de esas subas fue de 16,6%. Lo más llamativo no es solamente el promedio: es que los 19 períodos de la muestra fueron positivos.
La muestra histórica reúne 19 períodos positivos después de las elecciones de medio término.
También aparece otro patrón: el tercer año del mandato presidencial estadounidense ha sido, estadísticamente, el de mejor desempeño bursátil. En el escenario planteado, ese período coincide con el año electoral argentino.
Ahora bien, no confundamos una estadística favorable con una garantía. La historia aporta contexto; no elimina la inflación, el riesgo de tasas ni la posibilidad de que las empresas decepcionen con sus resultados. Sirve para construir una hipótesis, no para invertir con los ojos cerrados.
¿Burbuja o crecimiento real? La respuesta empieza en los balances
Cuando un mercado está cerca de máximos históricos, enseguida aparece la palabra burbuja. Es entendible. Pero para evaluar esa idea hay que volver a lo básico: resultados, balances y perspectivas del negocio.
Un índice de miedo y codicia puede ayudar a interpretar el ánimo del mercado. No reemplaza el análisis de cuánto ganan las compañías, cómo evolucionan esas ganancias y qué precio estamos pagando por ellas.
La tesis optimista es fuerte: podríamos estar frente a un período muy favorable para las acciones globales, impulsado por una transformación tecnológica profunda. Pero esa mirada no supone una suba infinita ni un camino sin correcciones. Supone que los resultados futuros pueden sostener el crecimiento, con altibajos en el medio.
Qué aporta el ratio PEG
El PEG, o price/earnings to growth, relaciona el múltiplo precio sobre ganancias con el crecimiento esperado de esas ganancias. Su utilidad es incorporar una dimensión que el precio aislado no muestra: cuánto puede expandirse el negocio.
En el gráfico utilizado para este análisis, el PEG del S&P 500 se ubicaba en una zona que no se observaba desde 1995. Esa lectura respaldaba la idea de que el índice podía resultar atractivo en relación con su crecimiento esperado, aun estando cerca de máximos.
El PEG permite mirar la valuación junto con el crecimiento esperado de las ganancias.
Esto no contradice necesariamente que otros múltiplos se vean elevados. Un mercado puede estar caro frente a sus ganancias actuales y resultar más razonable si esas ganancias crecen mucho. La condición, claro, es que ese crecimiento se concrete.
Nada es caro solamente porque está en máximos, ni barato solamente porque está en mínimos. Lo que importa es el negocio y la expectativa que ya está incorporada en el precio.
Una temporada de balances con la vara muy alta
La próxima temporada de resultados comenzaba con los bancos, como suele ocurrir cada trimestre. Después llegaban las tecnológicas y el resto de los sectores, con buena parte de las presentaciones concentradas en las primeras semanas.
La expectativa discutida era de aproximadamente 30% de crecimiento interanual de ganancias para el S&P 500. Es una proyección muy exigente frente a la referencia histórica de alrededor de 7% u 8% mencionada en el análisis.
Ese número tiene dos caras. Por un lado, muestra la potencia de las empresas que están empujando los resultados. Por otro, deja poco margen para decepcionar.
El ejemplo es simple: una compañía puede aumentar sus ganancias 28%, un resultado enorme, y aun así sufrir una corrección si el mercado esperaba 30%. No alcanza con crecer mucho; también importa cuánto crecimiento ya estaba descontado.
A largo plazo, precios y fundamentos tienden a encontrarse. En el corto plazo, una expectativa exagerada puede generar ajustes incluso cuando el negocio sigue funcionando bien.
Tecnología explica buena parte del crecimiento, pero la inteligencia artificial es una cadena completa
El crecimiento de ganancias del índice está muy concentrado. En la medición presentada, las empresas tecnológicas aportaban 76% del crecimiento de las ganancias del S&P 500, con la inteligencia artificial como uno de los motores principales.
Ese porcentaje no representa el peso del sector dentro del índice ni su participación en todas las ganancias. Representa su aporte al crecimiento de esas ganancias, una diferencia importante.
El resto del mercado mostraba una evolución bastante más moderada. Por eso, mirar solamente el promedio del S&P 500 puede esconder dos realidades: compañías tecnológicas con una expansión extraordinaria y negocios de otros sectores con resultados más normales, incluso mediocres en algunos casos.
La concentración merece atención, pero tampoco tiene sentido pelearse con una tendencia solamente porque es fuerte. La pregunta útil es dónde se generan resultados concretos dentro de esa transformación.
Nvidia, Micron y Constellation Energy: tres lugares distintos dentro del mismo fenómeno
La inteligencia artificial no se limita a una aplicación o a una empresa. Incluye grandes plataformas que invierten, proveedores de capacidad de cómputo, memoria y energía. Dentro de esa cadena, tres nombres concentraban el interés:
- Nvidia: aun cerca de máximos históricos, la visión era favorable por su posición dentro de la industria. El máximo del precio, por sí solo, no era un argumento para descartarla.
- Micron Technology: aparecía como una compañía rezagada, con un comportamiento lateral y un ratio de valuación señalado como cercano a un tercio del de su industria. La tesis requería paciencia: detectar una diferencia de valuación no obliga al mercado a corregirla inmediatamente.
- Constellation Energy: ofrecía exposición al suministro eléctrico, uno de los posibles cuellos de botella de la expansión de la inteligencia artificial. En la semana analizada se destacaba un acuerdo con Google para abastecer energía durante veinte años, acompañado por una suba cercana al 10%.
La idea no es adivinar cuál será la próxima empresa ganadora ni comprar cualquier promesa vinculada con IA. Es identificar negocios que participan de inversiones reales y revisar si sus resultados justifican el precio.
El Capex que todavía falta ejecutar
El gasto de capital, o Capex, de los grandes proveedores de infraestructura y plataformas, conocidos como hyperscalers, es una pieza central de esta tesis.
La imagen del iceberg resume bien el planteo: lo ejecutado y visible sería solamente una parte de compromisos futuros mucho mayores. La cifra presentada para la porción menos visible era de 1,52 billones de dólares, entendiendo billón como un millón de millones.
La tesis de inversión distingue el gasto visible de los compromisos futuros de infraestructura.
Hay dos motivaciones detrás de ese esfuerzo. Las empresas invierten porque ven oportunidades de negocio, pero también porque no quieren quedar afuera si la industria valida todo su potencial.
Ese gasto se transmite al resto de la cadena: capacidad de cómputo, memoria y abastecimiento energético. Por eso, Micron o Constellation pueden formar parte de una tesis sobre inteligencia artificial sin ofrecer el mismo negocio que Nvidia.
De todos modos, comprometer inversión no equivale a garantizar rentabilidad. El Capex muestra la dimensión de la apuesta; los balances deberán mostrar cuánto valor termina generando.
La rotación hacia sectores defensivos: qué subió mientras tecnología corregía
La semana dejó un movimiento contrario al liderazgo habitual. Después del lunes positivo, tecnología comenzó a retroceder. Al mismo tiempo, consumo defensivo y utilities avanzaron. Energía también mostró fortaleza, aunque con sus propias dinámicas.
Una interpretación posible es la rotación: parte del dinero sale de sectores percibidos como exigentes en precio y busca otros más rezagados. Otra es la búsqueda de protección frente a la incertidumbre de tasas y al deterioro de la renta fija. Ambas pueden convivir.
Entre las subas semanales señaladas aparecían:
- Philip Morris: aproximadamente 7,15%.
- Altria Group: alrededor de 6,9%.
- Walmart: más de 6%.
- Procter & Gamble: cerca de 4,5%.
- Constellation Energy: alrededor de 10%.
- Vistra: aproximadamente 12,25%.
Y una aclaración importante: Vistra es la compañía estadounidense mencionada en este grupo, no Vista, la petrolera con operaciones en Argentina. Los nombres se parecen, pero los negocios son diferentes.
Utilities y XLU: una oportunidad que combina valuación y señales técnicas
Para entender si la rotación tiene sentido, no alcanza con ordenar qué acciones subieron más. Hay que revisar cuánto estamos pagando.
La tabla de World PERatio utilizada en el análisis compara el precio sobre ganancias de los sectores con referencias de los últimos cinco, diez y veinte años. Esa comparación permite distinguir una suba reciente de una valuación históricamente exigente.
En términos generales, muchos sectores aparecían caros frente a sus antecedentes. Real estate figuraba barato, pero no era una prioridad: las tasas más altas pueden complicar el financiamiento y el negocio hipotecario. Un múltiplo bajo no elimina ese problema.
Utilities ofrecía una combinación más interesante. Frente al promedio de los últimos cinco años, su valuación aparecía barata. Además, varias empresas empezaban a recibir impulso por la demanda energética asociada con la infraestructura tecnológica.
Qué mostraba el gráfico del XLU
El XLU, ETF utilizado para seguir el sector de utilities estadounidense, había caído aproximadamente 15% durante septiembre. Después de esa corrección aparecieron señales que justificaban prestar atención:
- Una caída importante previa: el sector venía de un ajuste fuerte, no de una suba ininterrumpida.
- RSI en zona de sobreventa: el indicador técnico mostraba una situación compatible con un posible rebote.
- Recuperación con volumen: el movimiento alcista posterior estuvo acompañado por mayor actividad negociada.
- Valuaciones más atractivas: la lectura fundamental aportaba un argumento adicional al gráfico.
La recuperación del XLU se analiza junto con el volumen y la señal de sobreventa.
También quedaba una distancia considerable para recuperar los precios de un mes antes. Eso daba una referencia para dimensionar el ajuste, aunque no aseguraba que el ETF fuera a recorrerla.
Lo interesante era la coincidencia entre valuación, recuperación técnica y actividad de algunas compañías. La sobreventa aislada no garantiza un piso; combinada con otros elementos, puede ayudar a construir una decisión mejor fundamentada.
Brasil ayudó al rebote del Merval, pero el volumen seguía siendo una limitación
En Argentina, el resultado electoral de Brasil fue interpretado como un factor que ayudó a ponerle un piso al mercado local. El Merval venía bajando con poco volumen y encontró un punto de rebote.
Medido en dólares al contado con liquidación, el índice seguía dentro de un canal que se venía observando desde las elecciones legislativas del año anterior. El descenso lo había llevado al piso de ese rango, cerca de una referencia de largo plazo de 200 períodos señalada en el análisis técnico.
Desde allí rebotaba, pero con una dificultad: faltaba volumen y no se identificaban grandes catalizadores capaces de impulsar una ruptura del techo del canal.
La hipótesis era que el mercado podía seguir oscilando dentro de ese rango hasta que el proceso electoral aportara mayor claridad. Un rebote desde soporte no es lo mismo que una nueva tendencia sostenida.
Bonos argentinos: la alarma está en el rendimiento y en la prima electoral
La comparación del GD35 con deuda de países de calificación crediticia similar mostraba una prima adicional para Argentina. Entre los comparables mencionados estaban Nigeria, Angola y Pakistán.
La lectura no pasa por si nos gusta o no ese grupo. Pasa por entender que la historia argentina como deudor y la incertidumbre política influyen en el rendimiento que exige el mercado.
Una línea que sube no siempre es una buena noticia
Acá conviene detenerse en algo básico: el gráfico comparaba rendimientos, no precios. Que la línea del GD35 estuviera por encima de las demás significaba que el mercado exigía una tasa mayor.
En esta comparación, una tasa más alta refleja mayor rendimiento exigido, no un precio más alto.
Para un bono con flujos definidos, precio y rendimiento se mueven en sentido contrario. Si su precio cae, aumenta el rendimiento implícito. Por eso, una tasa elevada puede parecer atractiva, pero también expresa el riesgo que el mercado está descontando.
No es una ganancia asegurada. Es una compensación exigida para aceptar incertidumbre.
Vencer antes o después de las elecciones cambia lo que pide el mercado
Otra señal surgía de comparar dos bonos locales con vencimientos en 2027 y 2028, de características similares y pagos mensuales. El primero vencía antes del evento electoral considerado; el segundo dejaba al inversor expuesto a pagos posteriores.
La brecha de rendimientos era considerable. El vencimiento posterior ofrecía una tasa mayor, interpretada como una prima para mantener exposición a obligaciones que debía afrontar el siguiente gobierno.
La menor distancia entre ambos se ubicaba alrededor del 20 de julio. Desde ese punto, la brecha había comenzado a ampliarse.
Cuanto más se separaban los rendimientos, mayor era la compensación que se pedía por atravesar las elecciones. Esa diferencia ayuda a detectar riesgo político incluso entre instrumentos del mismo emisor. No prueba que vaya a ocurrir un incumplimiento, pero sí muestra cautela.
Argentina o tecnología global: dónde tiene más sentido asumir riesgo
La decisión de cartera no consiste solamente en preguntar qué activo cayó más. Consiste en comparar qué puede ofrecer cada uno y qué riesgo exige soportar.
La postura planteada era reducir parte de la exposición a bonos argentinos en dólares y aumentar la participación en compañías tecnológicas globales. No porque existiera una certeza de falta de pago, sino porque la relación entre riesgo y beneficio de la deuda local no resultaba suficientemente convincente.
Incluso después de una caída de los bonos, la historia argentina, el calendario electoral y la presión de las tasas estadounidenses seguían sobre la mesa. Si había que asumir riesgo, la preferencia era hacerlo en negocios vinculados con una industria en expansión.
Eso no implicaba abandonar por completo Argentina. Dentro de la exposición local, energía aparecía como el sector prioritario, por su generación de caja y sus perspectivas.
Pero sin sobreexponerse. Para quien no disfruta la montaña rusa, tiene sentido ajustar la cartera antes de que aumente la volatilidad. Una encuesta favorable a la oposición o un cambio de expectativas podría generar nuevas correcciones y mejores puntos de entrada. El mercado local no se consideraba en niveles de remate.
La renta fija en pesos puede ser interesante sin ser la prioridad
Los instrumentos en pesos, incluidos los ajustados por CER o vinculados con tasas como TAMAR, también tenían atractivo. Se mencionaban bonos CER con rendimientos reales adicionales de 5%, 6% o 7%, y diferenciales mayores al extender el plazo.
Sin embargo, esa no era la prioridad de la estrategia. El razonamiento era que, después del atraso relativo del dólar, el tipo de cambio podía empezar a acompañar más de cerca a la inflación.
Desde esa perspectiva, se preferían instrumentos con cobertura frente al dólar y potencial de apreciación medido en esa moneda. No se trataba de negar las oportunidades en pesos, sino de elegir una exposición cambiaria más acorde con la hipótesis de cartera.
Qué seguir de cerca: licitaciones, inflación y las noticias sobre OpenAI
La agenda inmediata reunía varios factores capaces de mover precios:
- La licitación del Tesoro argentino: importante para evaluar las condiciones de financiamiento y la respuesta de los inversores.
- El IPC nacional: después de una referencia de 1,8% para CABA, la expectativa expresada era que la inflación nacional se mantuviera debajo de 2%.
- Las elecciones de medio término estadounidenses: relevantes para el contexto político y las expectativas del mercado.
- La temporada de balances: decisiva para comprobar cuánto del crecimiento esperado se convierte en resultados.
Una señal favorable desde los bonos del Tesoro estadounidense
En la licitación estadounidense de esa semana se destacaba la colocación de bonos a diez años a una tasa inferior a la referencia mencionada del mercado secundario.
La interpretación era positiva: podía ser una señal de que la presión alcista sobre los rendimientos no continuaría con la misma intensidad. Pero era un indicador entre muchos, no una prueba definitiva de que las tasas habían encontrado un techo.
OpenAI y el peligro de comparar períodos diferentes
Las noticias sobre OpenAI mostraron hasta qué punto una diferencia de enfoque puede mover al sector tecnológico. Una nota del Financial Times puso el foco en ingresos acumulados hasta septiembre frente a una meta anual y fue vinculada con las correcciones de la rueda.
Horas después, con el mercado cerrado, Bloomberg presentó una lectura más favorable: incorporaba las proyecciones del último trimestre y sostenía la posibilidad de alcanzar el objetivo anual, con una contribución importante del negocio corporativo.
La cuestión central era comparar períodos equivalentes. Un ingreso acumulado hasta septiembre no es lo mismo que una proyección para todo el año, y facturación tampoco es lo mismo que ganancia. Antes de sacar conclusiones, hay que revisar qué mide cada cifra y qué parte todavía depende de expectativas.
La lectura posterior coincidía con un premarket más positivo, especialmente en tecnología. Otra vez, el mercado cambiaba de ánimo rápidamente ante una nueva interpretación de los mismos negocios.
También había que considerar el feriado inmediato: en Argentina no habría actividad de mercado, mientras que en Estados Unidos el cierre correspondía al mercado de bonos y no al de acciones. Es un detalle operativo importante para no confundir calendarios.
La conclusión: no alcanza con buscar lo que cayó
Los bonos encendieron una alarma, pero eso no obliga a abandonar las acciones. Obliga a mirar mejor. La tecnología conserva una tesis de crecimiento potente, aunque debe validar expectativas exigentes. Utilities combina valuaciones más atractivas con señales de recuperación y demanda energética. Argentina ofrece oportunidades, pero también una prima electoral que ya aparece en los rendimientos.
La pregunta no es solamente si conviene tomar riesgo. Es dónde conviene tomarlo, cuánto estamos pagando y qué resultados necesitamos para justificar ese precio.
Si vas a invertir en tecnología, revisá las ganancias y no solamente la narrativa. Si vas a comprar un bono por su tasa, entendé qué incertidumbre está pagando. Y si vas a mantener exposición argentina durante un año electoral, asegurate de que el tamaño de esa posición sea compatible con la volatilidad que podés tolerar.
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Fuente: Mercado sin filtro. Canal Mundo Dinero. Link: