por Mundo Dinero
El 2027 ya se metió en los precios: ¿se complica el plan económico?
Argentina está en una de esas etapas en las que pasa de todo al mismo tiempo. Hay balances importantes en Wall Street, empresas tecnológicas y petroleras mostrando números, un mercado global que no termina de acomodarse, y al mismo tiempo una economía local que sigue dejando una mezcla extraña: sobran dólares, faltan pesos, la inflación baja pero no tanto, y la actividad no termina de despegar de manera pareja.
En ese contexto, el gran tema ya no es solamente 2025. El mercado empezó a mirar 2027. Y cuando eso pasa, cambia la forma de valuar bonos, acciones, riesgo país y hasta la discusión cambiaria. La gran pregunta es si el plan económico puede sostenerse sin sobresaltos mientras conviven cuatro tensiones: deuda, dólar, inflación y crecimiento.
Las dos prioridades del equipo económico
Hoy hay dos obsesiones bien claras en la política económica.
1. Financiar la deuda sin depender del mercado internacional
La primera prioridad es conseguir los dólares necesarios para atravesar este año y llegar al próximo con aire. El objetivo es financiar los pagos de deuda externa y, de ser posible, prefinanciar parte de 2027, que viene bastante más pesado.
Lo llamativo es que ese financiamiento ya no está pensado principalmente desde una vuelta plena al mercado global. El esquema actual se apoya en un "cuadrilátero" bastante concreto:
- Compras de dólares del Banco Central, tanto para el Tesoro como para sí mismo.
- Colocaciones de bonos en dólares, como las emisiones 2027 y 2028.
- Ripos con bancos internacionales, incluso con algún tipo de garantía para abaratar tasa.
- Desembolsos de organismos, como FMI, Banco Mundial y BID.
Con esa combinación, y si no pasa nada raro, la sensación es que 2026 puede cerrarse razonablemente bien. Incluso podría quedar algún margen para llegar mejor parado al año siguiente.
2. Mantener tranquilo el mercado cambiario
La segunda prioridad es evitar cualquier ruido en el dólar. No se trata solamente del tipo de cambio oficial o financiero, sino de todo el clima cambiario. Que no haya sobresaltos, que no haya tensión en el mercado, que no se rompa la dinámica de oferta y demanda de divisas.
En otras palabras: que no haya lío con la deuda y que no haya lío con el dólar. Esas son las dos piezas que hoy el Gobierno cuida con más atención.
La aspiración más difícil: bajar la inflación y reactivar al mismo tiempo
Después aparece el gran desafío político y económico: lograr que la inflación siga bajando sin enfriar más la actividad. Ese es el verdadero trade-off del momento.
La inflación se volvió más difícil de perforar. Quedó trabada en una zona del 2,5% mensual, con meses algo arriba, meses algo abajo, pero sin una desaceleración contundente. Y al mismo tiempo, la economía no muestra una recuperación homogénea.
Hay sectores que están bien. El campo, la energía y la minería empujan. Pero hay otra mitad de la economía que sigue floja, especialmente:
- comercio,
- industria,
- construcción.
Ese contraste es clave para entender por qué la sensación económica es tan ambigua. Hay variables macro que mejoraron mucho, pero no toda la economía lo siente igual.
El equilibrio fiscal sigue siendo bandera, pero ahora está más exigido
Durante buena parte de 2024 y comienzos de 2025, el equilibrio fiscal parecía un dato consolidado. Una especie de activo seguro del programa. Pero este año empezó a verse que sostenerlo no es tan automático.
No porque el Gobierno haya cambiado de idea. Todo lo contrario. El equilibrio fiscal sigue siendo una bandera política, ideológica y económica. El problema es que la propia realidad empieza a desafiarlo.
La recaudación cae en términos reales
Uno de los datos más sensibles es el de recaudación. Hubo una caída real cercana al 3,8% interanual, con IVA y Ganancias, que son el corazón de lo coparticipable, también retrocediendo.
Parte de eso se explica por alivio impositivo y baja de algunos tributos. Pero no alcanza con esa explicación. También habla de una actividad económica que no termina de tomar fuerza.
Y acá aparece una verdad bastante simple: ningún país puede sostener indefinidamente un superávit fiscal alto si la economía crece poco y recauda mal.
Más de la mitad del gasto está indexado mensualmente
Al mismo tiempo, una porción enorme del gasto público se actualiza mes a mes por inflación. Ahí entran, sobre todo:
- jubilaciones,
- AUH,
- tarjeta alimentar,
- otros programas sociales relevantes.
Eso significa que si la inflación no baja, el gasto sigue corriendo. Y como ya no hay licuación por rezago de actualización, el margen fiscal es menor.
La combinación es incómoda: recaudación por debajo de la inflación y gasto indexado por encima de la inflación.
Subsidios y provincias también presionan
Además, el aumento del precio del gas importado por el conflicto geopolítico obligó a frenar por un mes la baja de subsidios en gas. No es un cambio estructural, pero suma tensión.
Y las provincias, que ya vienen ajustadas por la caída de transferencias discrecionales, también sienten el golpe si la recaudación se enfría. La mitad de lo recaudado va a ellas, así que una recaudación más floja les pega de lleno.
¿Está dibujado el superávit?
Apareció una discusión lógica: si hay pagos a proveedores demorados y devoluciones impositivas que se están postergando, ¿cuánto del superávit es genuino y cuánto es timing contable?
La respuesta razonable es que no cambió la historia fiscal de la Argentina por eso. Siempre existe algún grado de administración de pagos. Lo que sí muestran esos movimientos es que la caja hoy está más delicada que antes. No es una tragedia, pero sí una señal para seguir de cerca.
Riesgo país, bonos y la sombra de 2027
El mercado argentino convive con una rareza histórica que se volvió casi normal: el riesgo soberano está por encima del riesgo corporativo y, en algunos casos, incluso por encima del riesgo provincial.
Eso no es lo habitual en el mundo. Pero en Argentina sí. Y refleja la memoria del mercado: defaults, cambios bruscos de régimen, restricciones, controles, reestructuraciones.
Por eso el riesgo país encuentra resistencia para seguir bajando. Aun con mejoras macro claras, el mercado ya está mirando el año electoral. Y cuando empieza a mirar política, el pricing cambia.
El razonamiento es bastante directo:
- si el programa económico muestra resultados más contundentes, el oficialismo llega más fuerte;
- si no hay resultados vigorosos, el mercado empieza a preguntarse qué puede pasar en 2027;
- y si 2027 se vuelve incierto, el riesgo país deja de comprimirse con facilidad.
Ese es uno de los motivos por los que el mercado local puede parecer "bien valuado" a estos niveles, pero no necesariamente barato como para desatar una suba explosiva.
¿Hace falta volver al mercado internacional?
Desde la óptica de varios administradores, una colocación de deuda soberana en el exterior sería una señal muy potente.
No porque hoy no haya financiamiento local o de organismos, sino porque volver al mercado internacional tendría tres efectos:
- validaría una mejora en la percepción de riesgo,
- ayudaría a bajar el costo de capital,
- podría comprimir todavía más el riesgo país.
Hay apetito por Argentina. Se ve en emisiones provinciales, en deuda corporativa, en refinanciaciones exitosas. Pero todavía falta la señal soberana. Y además persisten algunas manchas en el "currículum" argentino: restricciones de capitales, libertades incompletas para empresas y una normalización financiera que todavía no terminó.
La paradoja del momento: sobran dólares y faltan pesos
Acá aparece una de las ideas más interesantes del escenario actual. Argentina está viviendo algo poco habitual para su historia reciente: sobran dólares y faltan pesos.
Eso cambia muchas cosas.
Hay superávit comercial fuerte, colocaciones de deuda, organismos prestando, exportaciones altas. O sea, la oferta de dólares existe. Pero al mismo tiempo, la cantidad de pesos reales en la economía y el crédito real siguen bajos.
Por eso cuesta reactivar. Porque aunque la macro cambiaria esté ordenada, si no hay suficiente liquidez real en pesos, no despegan el consumo ni los sectores más vinculados al mercado interno.
Los números del frente cambiario
El cuadro cambiario luce sólido si se lo mira de manera agregada.
Superávit comercial muy alto
La estimación de superávit comercial ronda los 25.000 millones de dólares. Es muchísimo. Funciona como un verdadero seguro anticrisis.
Las exportaciones están cerca de los 100.000 millones de dólares, impulsadas por:
- el agro, con una campaña muy buena incluso sin precios internacionales extraordinarios,
- energía y minería, que ya empiezan a tener un peso mucho más relevante.
La mala noticia detrás de la buena es que las importaciones están flojas. Y en una economía como la argentina, que cuando crece suele demandar más importaciones, eso también indica que la recuperación todavía no es robusta.
Ingreso de capitales privados
A eso se suma el ingreso de dólares por parte de empresas, bancos y provincias. Entre colocaciones, préstamos y emisiones, se acumularon varios miles de millones de dólares que alimentan la oferta de divisas.
Una parte se usa para refinanciar deuda vieja, pero otra parte termina vendiéndose en el mercado y engrosando la oferta cambiaria.
La gente se lleva buena parte del excedente
Ahora bien, ¿adónde van esos dólares?
En buena medida, a las personas. Entre atesoramiento y turismo, la demanda privada sigue en torno de 2.000 a 2.500 millones de dólares por mes.
Si uno anualiza ese número, prácticamente se lleva entero el superávit comercial.
Es una foto muy argentina: por un lado sobran dólares en el sistema, por otro lado la demanda minorista sigue firme porque culturalmente el dólar sigue siendo refugio, incluso aunque haya sido una mala inversión en términos reales durante los últimos años.
El dólar como refugio: culturalmente sí, financieramente no siempre
Acá conviene frenar un segundo. En Argentina el dólar siempre sube nominalmente. Eso es cierto. Pero otra cosa muy distinta es si sube en poder adquisitivo real.
Y ahí la historia cambia bastante.
En términos reales, el dólar fluctúa mucho. Hubo momentos en que cubrirse en dólares fue una gran decisión. Pero en otros, no. De hecho, quien se dolarizó a fines de 2023 o principios de 2024 perdió fuerte poder de compra en pesos.
Eso no significa que el dólar nunca sirva. Significa que hay que dejar de tratarlo como solución automática y empezar a verlo como lo que es: un activo más dentro de una cartera.
El problema es que contra esa lógica financiera compite la memoria argentina. Cuando el tipo de cambio real luce bajo, muchos inversores se preguntan si no está preparando el próximo salto. Esa tensión explica por qué sigue habiendo compras mensuales relevantes aun cuando el carry en pesos vino rindiendo mejor.
El Banco Central, la liquidez y la economía que no arranca
Hay una relación muy clara entre la cantidad de pesos reales en la economía y el desempeño de los sectores más ligados al mercado interno.
La liquidez real viene cayendo hace meses. Y eso ayuda a entender por qué comercio, industria y construcción siguen fríos.
La pregunta central para los próximos meses es si el Banco Central va a permitir que esa liquidez se recomponga.
Porque una cosa es comprar dólares y otra muy distinta es dejar esos pesos circulando. En el camino puede pasar de todo:
- el Tesoro puede absorberlos,
- el Banco Central puede esterilizarlos,
- la inflación puede comérselos si la emisión no alcanza.
Por eso, aunque el Banco Central haya comprado una gran cantidad de dólares, la liquidez real no repuntó con fuerza.
Y ahí se juega buena parte del dilema 2026-2027: si no se recompone la cantidad de pesos reales, va a ser difícil que haya una reactivación más amplia. Pero si se la recompone demasiado rápido, el riesgo es reanimar la inflación o tensionar el dólar.
¿Por qué las tasas bajan si faltan pesos?
Es una buena pregunta. En teoría, menos pesos debería implicar tasas más altas. Pero está pasando algo más.
La demanda de crédito en pesos se enfrió. Hay menos apetito de empresas y personas por tomar préstamos a tasas elevadas. Y además empezó a aparecer más mora y más dificultad para repagar.
Eso lleva a que el sistema financiero también valide tasas más bajas, en parte para reactivar algo de la rueda y en parte para facilitar refinanciaciones.
En cambio, el crédito en dólares sí muestra mucha más dinámica. Son dos mercados diferentes, con lógicas distintas. Uno está trabado; el otro, mucho más activo.
Cómo se están posicionando los fondos
Desde la mirada de administración profesional, la clave sigue siendo la misma: ganar poder adquisitivo, no solo rendimiento nominal.
Y para eso, en Argentina suele hacer falta asumir algo de riesgo. No necesariamente un riesgo extremo, pero sí salir del pensamiento de "solo dólar" o "solo tasa fija".
La curva CER sigue siendo relevante
Dentro del universo en pesos, los instrumentos ajustados por inflación siguen siendo una alternativa importante. Especialmente desde tramos de un año en adelante, donde ya aparecen rendimientos reales positivos.
La curva CER viene mostrando buenos resultados en lo que va del año. Y a la vez, el mercado implícitamente descuenta una inflación a 12 meses en niveles razonables, alrededor de 27% a 28%.
Eso no elimina el debate sobre duración. Hay quienes prefieren la parte corta por prudencia y quienes se estiran algo más para capturar tasa real. Pero el punto es que, dentro del menú en pesos, sigue siendo un bloque central.
Carteras diversificadas según perfil
Cuando se observa el rendimiento de estrategias conservadoras, moderadas y dinámicas en los últimos años, aparece una conclusión fuerte: para ganarle a la inflación en forma consistente, suele hacer falta incorporar renta variable.
Las carteras puramente de renta fija lograron seguir bastante de cerca la inflación. Pero las que mezclaron bonos con acciones lograron mejorar el resultado real.
Eso vale especialmente para el inversor argentino, que suele ser reticente a las acciones. Muchas veces compra cuando las noticias ya son excelentes y los precios ya subieron. Y evita comprar cuando el mercado está castigado, que suele ser justamente donde aparecen los mejores puntos de entrada.
Una cartera activa: menos acciones locales que antes
En una estrategia más flexible y activa, el posicionamiento actual muestra algunas señales concretas:
- alrededor de un 30% en acciones argentinas,
- una porción de acciones extranjeras con foco en Brasil,
- casi un 24% en títulos públicos hard dollar,
- algo de letras y algo de instrumentos CER.
Respecto de meses anteriores, hubo algo menos de acciones locales y algo más de bonos en dólares. El razonamiento es claro: el mercado argentino luce razonablemente valuado para el riesgo país actual, pero no tan barato como para estar totalmente agresivo.
Ideas puntuales en el mercado local
Cuando se mira Argentina con una lógica más oportunista y de selección puntual de activos, aparecen algunas apuestas concretas.
Acciones argentinas
Entre los nombres que generan interés aparecieron:
- Galicia, por una corrección que algunos consideran exagerada.
- Holcim, como apuesta a una eventual reactivación de construcción.
- Metrogas, en una zona de precio que empezó a parecer atractiva.
La idea de fondo no es que el mercado esté eufórico. Más bien lo contrario: la sensación es de mercado lateral, con oportunidades tácticas en la parte baja de ese rango.
Ahora bien, hay una advertencia importante: los volúmenes están bastante reducidos. Y eso significa que no todo papel es fácilmente operable para cualquier tamaño de cartera.
Bonos soberanos largos
Si la apuesta es a una compresión adicional del riesgo país, entonces los bonos largos siguen siendo la herramienta más directa. Cuanta más duration, más sensibilidad a una baja de tasas o de spreads.
La lógica es simple: si a Argentina le va mejor, los largos son los que más pueden capturar esa mejora. Claro que también son los que más sufren si la historia se complica.
Wall Street: máximos, valuaciones altas y un optimismo muy exigente
El mercado estadounidense dejó otro tema central. El S&P 500 volvió a máximos, pero detrás de eso hay una discusión muy interesante: ¿las valuaciones están justificadas o el mercado está proyectando demasiado?
Mirar solo el forward price/earnings puede ser engañoso. Porque ese ratio no toma ganancias pasadas sino ganancias esperadas a 12 meses. Y ahí está el problema: si las estimaciones son demasiado optimistas, el múltiplo parece más razonable de lo que realmente es.
El mercado descuenta más ventas y mejores márgenes
Las proyecciones implícitas suponen dos cosas al mismo tiempo:
- que las ventas van a crecer más que el PBI nominal, de manera bastante persistente;
- que los márgenes operativos van a mejorar fuerte, no solo en tecnología sino en casi todos los sectores.
Y ahí aparece el gran supuesto de época: la inteligencia artificial va a disparar un salto de productividad tan potente que todas las empresas podrán vender más y ganar mucho mejor sobre esas ventas.
Ese relato puede terminar siendo cierto. Pero lo importante es entender que eso ya está bastante metido en los precios.
La IA como nuevo gran argumento de mercado
En la práctica, hoy Wall Street está diciendo algo muy ambicioso: viene un mundo productivamente distinto.
No solo para Nvidia, Microsoft, Meta o Amazon. También para sectores industriales, consumo, salud, materiales y servicios. Es decir, la mejora esperada de márgenes no está concentrada en un nicho, sino distribuida por toda la economía.
Esa amplitud del optimismo es lo que vuelve relevante la discusión. Porque cuando el mercado descuenta tanto, no hace falta una catástrofe para corregir. A veces alcanza con que la realidad sea apenas menos espectacular de lo imaginado.
Cómo pensar oportunidades en acciones globales sin perseguir lo obvio
Frente a un mercado estadounidense tan concentrado en tecnología, una forma de buscar valor es mirar sectores o compañías golpeadas que puedan beneficiarse por cambios más amplios en consumo o actividad.
Ahí aparecieron algunas ideas menos tradicionales:
- Nike y Under Armour, dentro del segmento indumentaria deportiva.
- Disney, pensando en un ciclo de mayor actividad en parques y entretenimiento.
- algunas historias ligadas a Brasil, como Braskem, CSN o incluso Embraer.
La lógica detrás de estas apuestas no es adivinar el próximo gran nombre tecnológico. Es detectar empresas que parecen demasiado castigadas y preguntarse algo más básico: ¿esta compañía puede seguir existiendo y normalizarse dentro de algunos años?
Si la respuesta es sí, entonces el precio actual puede abrir una oportunidad. Si la respuesta es no, ni siquiera una valuación baja alcanza.
Un sesgo clásico del inversor: comprar cuando ya es tarde
Hay un error que se repite mucho. El inversor minorista compra mirando hacia atrás. Ve lo que subió, escucha las buenas noticias, y entra cuando probablemente gran parte de la historia ya está descontada.
Los inversores profesionales suelen hacer lo contrario. Buscan sectores atrasados, castigados, incómodos. Lugares donde el estómago dice "mejor no" pero la valuación empieza a ser atractiva.
Esa diferencia de comportamiento explica buena parte de los resultados a largo plazo.
Entonces, ¿se complica el plan económico?
No en el sentido de una crisis inminente. Pero sí en un sentido más fino y más importante: el plan dejó de jugar solo contra el pasado y empezó a jugar contra sus propias expectativas.
Hasta acá, el programa económico logró avances relevantes:
- equilibrio fiscal,
- orden cambiario,
- mejora de reservas por distintas vías,
- inflación muy por debajo del punto de partida.
Ahora el desafío es otro. Sostener todo eso mientras:
- la recaudación se enfría,
- la actividad no despega en todos los sectores,
- el dólar luce bajo para parte del mercado,
- y 2027 empieza a filtrarse en la valuación de los activos.
Por eso la discusión dejó de ser simplemente "si el programa funciona o no". La discusión hoy es si funciona lo suficiente, lo suficientemente rápido y con la suficiente consistencia como para atravesar la política sin romperse.
Ese es el partido real que empieza a jugarse ahora.
Qué hacer con los pesos en este contexto
No hay una única respuesta, pero sí algunas conclusiones bastante claras.
- El dólar no debe pensarse como reflejo automático. Puede servir, pero no siempre protege poder adquisitivo.
- La renta fija CER sigue teniendo un rol central para quien busca cobertura real en pesos.
- La renta variable es necesaria para quien quiere aspirar a ganarle a la inflación en serio a largo plazo.
- Los bonos largos argentinos son una apuesta explícita a la compresión de riesgo país, con todo lo bueno y malo que eso implica.
- La selectividad importa más que nunca, tanto en Argentina como afuera.
Y sobre todo, hay que evitar el error más argentino de todos: invertir con la cabeza en el último titular.
Porque el mercado ya no está mirando solo este mes ni el próximo dato de inflación. El mercado está empezando a mirar 2027. Y cuando eso ocurre, cada precio cuenta una historia bastante más larga de lo que parece.
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