Economía
La nueva apuesta fiscal

El Gobierno busca dólares por otra puerta: los regímenes que pueden cambiar el tablero

El Gobierno busca atraer inversiones, formalizar fondos y aliviar la presión sobre las reservas a través de nuevos regímenes fiscales. En ¿Qué hacemos con los pesos?, José Bano analizó junto a Sebastián Mancuso, de Grupo GNP, qué implica el RIMI para pymes, qué podría cambiar con el Super RIGI y por qué Ganancias Simplificado todavía no termina de despegar.
por Mundo Dinero 28-05-2026
¿Qué hacemos con los pesos? Mundo Dinero

RIMI, Super RIGI y Ganancias Simplificado: qué cambia para pymes, grandes inversiones y contribuyentes en Argentina

En Argentina hoy todo termina, de una forma u otra, en la misma discusión: cómo conseguir más dólares, cómo aliviar la presión sobre las reservas y cómo hacer que la economía formal vuelva a moverse. Y en ese intento, el frente fiscal se volvió una herramienta central.

Ahí aparecen tres temas que vale la pena entender bien: el RIMI para pymes, el proyecto de Super RIGI para inversiones gigantescas, y el régimen de Ganancias Simplificado, que por ahora no está teniendo la adhesión que el Gobierno esperaba.

Son tres instrumentos distintos, con escalas completamente diferentes, pero conectados por una misma lógica: atraer inversión, reducir fricciones tributarias y, en el mejor de los casos, hacer que entren más dólares al sistema.

La lógica de fondo: el Gobierno busca dólares también por la vía tributaria

Hablar de reservas en Argentina ya casi no es un tema exclusivo de economistas. Todo el mundo tiene alguna noción de reservas netas, reservas brutas, dólares que entran, dólares que faltan. Y desde lo tributario también se está jugando ese partido.

El Ministerio de Economía viene impulsando distintos mecanismos para intentar que aparezcan dólares por varias vías al mismo tiempo. No solo con medidas macro, sino también con cambios en regímenes fiscales y promocionales.

En ese marco, hay tres apuestas claras:

  • RIMI, orientado al universo pyme.
  • Super RIGI, pensado para proyectos de más de mil millones de dólares.
  • Ganancias Simplificado, que intenta facilitar la declaración y, además, incentivar el ingreso de fondos al sistema formal.

El problema es que no todo está funcionando con la misma fuerza. El RIMI genera interés. El Super RIGI todavía está en discusión. Y Ganancias Simplificado, aunque tiene ventajas reales, todavía no termina de despegar.

RIMI: una ayuda concreta para la pyme que necesita invertir y competir

Dentro del panorama actual, el RIMI aparece como una medida positiva, especialmente para la pyme industrial argentina, que viene golpeada por varios frentes al mismo tiempo.

Por un lado, la actividad en muchos sectores sigue fría. Por otro, el aluvión de importaciones y una presión tributaria que sigue siendo alta hacen que muchas empresas todavía no logren recuperar competitividad. En ese contexto, cualquier herramienta que permita invertir más rápido y bajar carga fiscal en el corto plazo ayuda.

Y eso es justamente lo que busca este régimen.

Qué beneficio trae el RIMI

El principal atractivo del RIMI es que permite deducir inversiones tecnológicas y en bienes de capital en un plazo muy corto. En concreto, habilita a deducir en dos años inversiones que, de otro modo, podrían tardar mucho más en impactar fiscalmente.

Para una pyme, eso puede hacer una diferencia importante. No resuelve todo, claramente. No es una panacea. Pero sí puede ayudar a:

  • Reducir el impuesto a las ganancias.
  • Mejorar márgenes.
  • Ganar aire financiero.
  • Bajar precios para competir mejor con importaciones.
  • Tomar decisiones de inversión que antes se postergaban.

Además, el régimen incluye devolución anticipada de IVA, que para muchas empresas puede ser tan valiosa como la deducción en Ganancias.

Qué tipo de empresas pueden entrar

El régimen está pensado para empresas que entren dentro de la categorización pyme. Eso incluye:

  • Microempresas
  • Pequeñas empresas
  • Medianas tramo 1
  • Medianas tramo 2

Los montos mínimos de inversión cambian según el tamaño de la empresa. El piso arranca en:

  • USD 150.000 para microempresas
  • USD 600.000 para pequeñas empresas
  • USD 3,5 millones para medianas
  • USD 9 millones para las categorías superiores dentro del esquema

Esos montos son mínimos. Es decir, se puede invertir desde esos valores hacia arriba.

Qué inversiones califican

Uno de los puntos interesantes del RIMI es que no queda limitado a una sola clase de activo. Se pueden incluir distintos tipos de inversión, siempre dentro de los parámetros del régimen.

Por ejemplo:

  • Bienes muebles
  • Bienes de capital
  • Obras
  • Ampliaciones de planta
  • Construcción de galpones

Incluso hay una flexibilidad importante para obras ya iniciadas. Si antes de la entrada en vigencia del régimen la obra tenía un avance de menos del 30%, esa inversión también puede incluirse dentro del programa promocional.

Cómo se presenta

La reglamentación dejó bastante claro que la presentación se realiza a través de la página de AFIP. El inicio del trámite, en principio, es relativamente simple. Después, naturalmente, tiene que existir una aprobación del fisco.

Eso no elimina el análisis técnico ni la necesidad de revisar bien el proyecto, pero sí baja bastante la barrera operativa de entrada.

El beneficio adicional del IVA

Si por la compra vinculada a la inversión la empresa acumula crédito fiscal de IVA durante más de tres meses, puede solicitar su devolución.

En un contexto donde el capital de trabajo importa muchísimo, esto no es menor. Una pyme que invierte fuerte puede quedar financieramente exigida si el IVA se le inmoviliza. La devolución anticipada ayuda a descomprimir eso.

Cuál es la ventana de tiempo

Acá hay un detalle importante: el régimen tiene una vigencia de dos años desde la reglamentación reciente. O sea, no es algo para mirar dentro de mucho tiempo. Quien tenga una inversión en carpeta debería evaluarlo ahora.

Muchas pymes ya lo están analizando, y una de las razones es que se pueden sumar varias inversiones dentro del esquema. Eso abre la puerta a armar un proyecto más integral, en lugar de pensar cada compra de forma aislada.

Por qué el RIMI puede ser útil aunque no resuelva todo

El contexto de la pyme argentina sigue siendo difícil. Consumo bajo, costos altos, competencia importada, financiamiento caro o escaso. Entonces, ningún régimen por sí solo va a cambiar la película completa.

Pero sí puede mover decisiones concretas.

Si una empresa puede amortizar más rápido una inversión, recuperar antes el IVA y bajar su carga efectiva en Ganancias, eso le mejora el número del proyecto. Y en una economía como la argentina, muchas veces un proyecto no se hace o se hace por diferencias muy finas.

Por eso el RIMI va en una dirección razonable: no soluciona el problema estructural, pero sí da herramientas para que algunas empresas inviertan y ganen competitividad.

Super RIGI: otra escala, otra discusión

Si el RIMI juega en la economía pyme, el Super RIGI ya está en otra dimensión por completo.

Acá no se habla de cientos de miles ni de algunos millones de dólares. Se habla de inversiones superiores a los USD 1.000 millones. Y además con una exigencia concreta: al menos el 20% de esa inversión debería hacerse efectivo dentro de los primeros dos años.

Estamos hablando de sectores que hoy no están desarrollados de manera relevante en Argentina y que el Gobierno quiere empujar con un régimen mucho más agresivo en términos fiscales.

Qué sectores busca impulsar

Entre las actividades mencionadas aparecen industrias que suenan a futuro, pero que justamente por eso requieren marcos muy competitivos para instalarse:

  • Autos eléctricos
  • Construcción de reactores nucleares
  • Data centers para inteligencia artificial

No son sectores tradicionales de la economía argentina. Y ese es, justamente, uno de los argumentos a favor del régimen: si no se ofrece un esquema realmente competitivo, probablemente esas inversiones directamente vayan a otro país.

Los beneficios fiscales que propone

El proyecto de Super RIGI, que todavía está en discusión en el Congreso, plantea beneficios muy superiores a los del régimen general. Entre ellos:

  • Tasa de impuesto del 15%, en lugar del 35% general.
  • Contribuciones patronales del 10% para empleados afectados a estas industrias.
  • Estabilidad fiscal por 30 años.
  • Aplicación de jurisdicción extranjera, una lógica ya conocida en esquemas vinculados a minería y petróleo.

Obviamente, esto genera debate. Porque cualquier empresa que viene operando hace años en Argentina, pagando alícuotas mucho más altas y soportando una carga tributaria pesada, puede mirar estas condiciones y decir: "a mí nunca me dieron algo así".

Ese cuestionamiento existe y es entendible.

Entonces, ¿por qué podría tener sentido?

La justificación central es que se trata de actividad incremental. Es decir, proyectos y sectores que hoy, en buena medida, no existen en el país. No se trata de premiar algo que ya estaba funcionando, sino de intentar atraer industrias que de otro modo tal vez no se desarrollarían nunca acá.

Y además hay otro punto importante: la cadena de valor.

Un data center, una industria vinculada a autos eléctricos o un proyecto tecnológico de gran escala no opera aislado. Necesita proveedores, servicios, logística, mantenimiento, partes, desarrollo local. Ahí es donde puede aparecer un efecto derrame sobre pymes argentinas.

Entonces, aunque el régimen tenga beneficios muy inferiores al esfuerzo fiscal que hizo durante años la empresa local promedio, la apuesta es que esa nueva actividad genere trabajo, proveedores y movimiento económico adicional.

En otras palabras: lo que ya existe, ya existe. La discusión es si conviene resignar algo de carga fiscal para crear algo que hoy no está.

RIMI y Super RIGI no son lo mismo, y conviene no mezclarlos

Es fácil meter todo en la misma bolsa porque ambos son regímenes promocionales, pero en realidad están pensados para universos totalmente distintos.

RIMI ya está reglamentado. Hoy mismo una pyme puede analizar su proyecto y avanzar con la presentación.

Super RIGI, en cambio, todavía está en discusión legislativa. Es una expectativa relevante para grandes grupos e inversiones multinacionales, pero todavía no es una herramienta operativa como el RIMI.

Por eso, para una empresa mediana o pequeña con planes concretos de inversión, la pregunta útil no es qué puede pasar con el Super RIGI, sino si llega a tiempo para aprovechar el RIMI dentro de la ventana de dos años.

Ganancias Simplificado: una buena idea que todavía no termina de convencer

El tercer tema es el régimen de Ganancias Simplificado. Y acá la situación es más ambigua.

Desde el punto de vista técnico, tiene ventajas claras. Pero desde el punto de vista práctico y de conducta del contribuyente, todavía no está logrando el impacto que el Gobierno esperaba.

Tanto es así que se dispuso una prórroga para las presentaciones y se abrió una discusión con tributaristas para intentar darle una vuelta de tuerca al esquema.

La prórroga: nuevo vencimiento

Las declaraciones juradas que vencían aproximadamente a mediados de junio fueron postergadas al 27 de julio.

Eso tiene, por lo menos, dos efectos:

  • Le da aire al contribuyente y al profesional para trabajar mejor la liquidación.
  • Le da al Gobierno más tiempo para tratar de impulsar el régimen y mejorar su aceptación.

Además, para quien tiene un portfolio complejo o una carga tributaria significativa, esa extensión también implica una pequeña ventaja financiera: se puede administrar mejor el pago y ganar algo de tiempo.

Qué ventaja tiene este régimen

La principal fortaleza de Ganancias Simplificado es que, si está bien utilizado, genera una especie de blindaje fiscal.

La mecánica, simplificada, funciona así:

  • Se liquida el flujo de ingresos del año.
  • Se discrimina entre ganancias gravadas, exentas y no alcanzadas.
  • Sobre lo gravado se paga el impuesto correspondiente.
  • Si en el futuro el fisco no detecta una diferencia significativa, la declaración queda protegida.

¿Qué se considera una diferencia significativa? Una diferencia de alrededor del 15% del impuesto.

Si eso no ocurre, la declaración jurada queda "tapada" hacia atrás. En la práctica, se genera una especie de tapón fiscal que limita la revisión de períodos anteriores.

Además, evita parte de la complejidad histórica del impuesto, porque ya no obliga a reconstruir con el mismo nivel de detalle cuestiones como:

  • Patrimonio al inicio
  • Patrimonio al cierre
  • Consumo

Desde el punto de vista del contribuyente, eso es atractivo.

Entonces, ¿por qué no está entrando tanta gente?

Porque el problema no está tanto en el beneficio teórico del régimen, sino en el uso que el Gobierno esperaba darle.

La idea de fondo era que este esquema funcionara, en parte, como una especie de blanqueo informal continuo. Es decir, que personas con dólares o pesos fuera del circuito formal se animaran a depositarlos en cuentas bancarias y volcar esos fondos al sistema.

Y ahí aparece la traba.

La norma permite, en principio, incorporar fondos preexistentes al período base 2025. El problema es demostrarlo de manera sólida.

Si una persona tiene dólares guardados desde hace años, pero no tiene forma clara de probar su origen temporal, aparece el temor de que el fisco diga: "esto en realidad es ingreso del año 2025". Y si lo considera ingreso de ese año, lo va a querer gravar.

Por eso hay reticencia. No porque el beneficio no exista, sino porque la trazabilidad de esos fondos es el punto crítico.

El problema operativo: la conciliación con lo que muestra ARCA

Hay además una complejidad práctica que no ayuda: el sistema muestra una especie de flujo proforma de ingresos y gastos que el contribuyente debe revisar.

En teoría eso simplifica. En la práctica, no siempre.

¿Por qué? Porque el fisco puede cometer errores. Por ejemplo:

  • Tomar como no deducible un gasto que sí lo era.
  • Tomar como deducible un gasto que no correspondía.
  • Clasificar mal ciertos ingresos.

Entonces el trabajo ya no es solamente declarar la realidad económica propia. También hay que conciliar lo que dice ARCA con lo que efectivamente ocurrió.

Eso agrega una tarea adicional que antes no existía en estos términos: interpretar, corregir, contrastar y luego presentar la información ajustada a la realidad.

Qué está frenando el ingreso de dólares al sistema

Si uno quisiera resumir el problema en una sola palabra, sería esa: trazabilidad.

Quien ya tiene su portfolio totalmente formalizado y declarado probablemente puede aprovechar el régimen con bastante más tranquilidad.

El desafío aparece para quien quiere ingresar al sistema fondos no declarados previamente, los famosos dólares del colchón. En esos casos, la clave es poder demostrar de forma fehaciente que esos fondos son anteriores al año base 2025.

Si eso puede probarse, podría existir margen para volcarlos con prudencia al sistema. Si no puede probarse, el riesgo fiscal crece.

Por eso la evaluación tiene que ser caso por caso. No es un trámite automático, ni una recomendación general para cualquiera. Es una decisión que requiere análisis técnico, documentación y bastante criterio.

Por qué la prórroga probablemente busca algo más que dar aire

La extensión de vencimientos no parece responder solo a una cuestión operativa. También da la impresión de que busca generar un tiempo adicional para mejorar la aceptación del régimen y convencer tanto a contadores como a contribuyentes de que puede usarse con seguridad.

En otras palabras, no es solo una prórroga para presentar más tarde. También es una ventana política y técnica para intentar que el esquema funcione mejor de lo que viene funcionando.

Habrá que ver si en este mes y medio aparecen ajustes normativos o aclaraciones que hagan más atractivo el sistema para quienes hoy están dudando.

Qué debería mirar cada perfil de contribuyente

Si sos pyme

  • Revisá si estás dentro de la categorización correspondiente.
  • Analizá si tenés inversiones en bienes de capital, tecnología u obra que puedan entrar.
  • Prestá atención al plazo de dos años del RIMI.
  • Evaluá el impacto de la deducción acelerada y de la devolución de IVA sobre caja y rentabilidad.

Si estás vinculado a proyectos de gran escala

  • Seguí de cerca la evolución legislativa del Super RIGI.
  • Prestá atención a los sectores priorizados, especialmente tecnología, energía avanzada y electromovilidad.
  • Considerá que el atractivo del proyecto está muy atado a la estabilidad fiscal y a la alícuota reducida.

Si estás evaluando Ganancias Simplificado

  • Revisá si el blindaje fiscal te resulta conveniente.
  • Controlá con mucho cuidado la conciliación entre tus datos reales y los datos informados por el sistema.
  • Si querés ingresar fondos al sistema, priorizá la documentación y la trazabilidad.
  • No tomes decisiones automáticas si hay dinero no declarado previamente sin analizar el caso en detalle.

Conclusión

Hoy conviven tres discusiones tributarias muy distintas, pero conectadas.

El RIMI puede ser una herramienta útil para pymes que necesitan invertir, modernizarse y bajar presión fiscal en el corto plazo. Ya está vigente y tiene una ventana concreta para actuar.

El Super RIGI apunta a otra liga: inversiones de más de mil millones de dólares en sectores nuevos para Argentina, con beneficios fiscales muy agresivos y una apuesta fuerte al desarrollo de actividad incremental.

Y el Ganancias Simplificado, aunque ofrece ventajas reales como el tapón fiscal y una lógica declarativa más simple, todavía enfrenta un obstáculo central: la desconfianza y la dificultad para justificar la trazabilidad de fondos que se quieren formalizar.

En el medio, el mensaje es bastante claro. El Gobierno necesita que entren dólares, que se invierta más y que una parte mayor de la economía se formalice. La cuestión es si los incentivos actuales alcanzan para que eso ocurra.

Para algunos contribuyentes, la respuesta puede ser sí. Para otros, todavía no. La diferencia, como casi siempre en materia tributaria, está en los detalles.