6 Agosto de 2026
Mora bancaria en Argentina: alerta, tasas récord y el negocio detrás de la deuda
La mora dejó de ser un número técnico del sistema financiero argentino. Desde fines de 2025 y durante el primer semestre de 2026, se transformó en una alarma concreta para familias, empresas, bancos, fintech y billeteras virtuales.
El problema es simple de explicar y durísimo de atravesar: mucha gente tomó préstamos personales, financió consumo con tarjeta o recurrió a crédito digital. Después llegaron tasas cada vez más altas, ingresos que no acompañaron a la inflación y cuotas que se volvieron imposibles de sostener.
La gran pregunta es incómoda: cuando la mora explota y el costo financiero total puede alcanzar niveles extraordinarios, ¿hay solamente un problema o también hay un negocio?
Key Takeaways
- La mora del crédito privado superó 11% en mayo, frente a niveles normales cercanos a 1%.
- Las billeteras virtuales registraron mora de 30% a 35%, con casos superiores a 55%.
- Los planes de refinanciación ayudan a bajar la mora, pero pueden restringir el uso de tarjetas.
- La exclusión crediticia de millones de personas amenaza la recuperación del consumo y la economía.
De una demora de 30 días a un problema sistémico
La secuencia empezó a verse hacia el último trimestre de 2025. Primero aparecieron familias que no podían pagar una cuota de préstamo personal. Después, personas que no podían cancelar el total de la tarjeta de crédito. Más tarde, tampoco lograban cubrir el pago mínimo.
Las demoras fueron escalando: 30 días, 60 días, 90 días. Y cuando el atraso supera determinados límites, llega la mala calificación crediticia, el ingreso a los registros de deudores y una restricción cada vez mayor para volver a acceder a financiamiento.
Ahí la mora deja de ser una dificultad individual. Se convierte en un freno para el crédito, el consumo y la actividad económica. Porque sin crédito, sobre todo para los sectores que no son los grandes ganadores del modelo económico, no hay expansión posible.
El dato que muestra la magnitud del salto es el índice de irregularidad del crédito al sector privado informado por el Banco Central de la República Argentina. Según los números analizados, pasó de 6,4% en enero a 7,3% en abril y superó el 11% en mayo.
El salto a niveles de dos dígitos dimensiona el cambio frente a una mora históricamente mucho menor.
Para ponerlo en perspectiva, un nivel habitual de mora del sistema financiero argentino suele moverse entre 1% y 1,5%. Pasar de esa zona a dos dígitos implica un problema sistémico, aunque todavía no sea una crisis de solvencia bancaria.
Cómo se armó la doble pinza sobre las familias
El origen del problema está en una combinación explosiva. En 2024, el consumo creció de forma significativa con créditos personales y tarjetas. Ese financiamiento sostuvo buena parte del mercado interno.
La tendencia continuó durante los primeros meses de 2025, pero luego aparecieron tensiones financieras, incertidumbre política, subas de tasas y una economía familiar que perdió capacidad de compra.
La consecuencia fue una doble pinza:
- Los ingresos se estancaron o perdieron contra la inflación. Dependiendo del sector, el poder adquisitivo habría retrocedido entre 5% y 15% durante 2025.
- La deuda creció más rápido que los ingresos. No pagar el total de la tarjeta empezó a generar intereses cada vez más pesados.
Una familia que usó la tarjeta para financiar consumo corriente quedó atrapada. El saldo impago se convirtió primero en una mochila, después en una deuda grande y finalmente en un monto difícil o directamente imposible de pagar.
En los bancos tradicionales, las tasas de tarjetas pasaron de niveles cercanos al 85% a costos financieros totales de 100% o 120% en algunos casos. En las billeteras virtuales y plataformas de crédito digital, los costos financieros totales superaron 100%, 200%, 300% y, en situaciones puntuales, llegaron a 500%.
Ese nivel de costo tiene una consecuencia obvia: una cuota puede parecer manejable al momento de tomar el préstamo, pero la deuda se vuelve inviable si la persona se atrasa o necesita refinanciar.
Tarjetas, préstamos personales y la diferencia con créditos hipotecarios
La mora no golpea a todos los productos por igual. Las tarjetas de crédito y los préstamos personales concentran buena parte de la tensión porque suelen financiar gasto cotidiano y no tienen una garantía real detrás.
En cambio, los créditos hipotecarios y prendarios continuaron exhibiendo niveles bajos de incumplimiento. No es casualidad. Una casa y un auto ocupan otro lugar en la economía familiar. Cuando hay que priorizar pagos, la familia busca cuidar ese activo antes que una tarjeta o un préstamo de consumo.
Es una decisión racional, aunque deja un daño importante en el historial crediticio. La tarjeta puede ser el último recurso para sostener el consumo básico, pero también puede convertirse en el canal más caro de endeudamiento.
Billeteras virtuales: más inclusión, más riesgo y tasas más altas
Las billeteras virtuales llegaron como un nuevo actor fuerte del sistema financiero. Ampliaron el acceso al crédito para personas sin una relación sólida con la banca tradicional, muchas de ellas fuera del circuito bancario.
Eso tuvo una cara positiva: más personas pudieron obtener financiamiento. Pero el otro lado fue una cartera más expuesta, con clientes de mayor vulnerabilidad económica y menor acceso a ingresos formales comprobables.
Durante el primer semestre de 2026, la mora total en billeteras virtuales se ubicó entre 30% y 35%, con casos que superaron 55%. Son niveles muy por encima de los observados en la banca tradicional.
Las billeteras ampliaron el acceso al crédito, pero también concentraron una mora mucho más elevada.
La explicación pasa por el perfil de los tomadores. Se prestó a segmentos que no conseguían crédito bancario y que enfrentan una situación económica más frágil. Al haber mayor riesgo, las tasas suben. Y cuando las tasas suben demasiado, el riesgo también se retroalimenta.
En algunos créditos fintech, el costo financiero total se mueve entre 300% y 400%. En aplicaciones vinculadas a trabajadores de plataformas, puede llegar a 500%, 600% o incluso más.
El crédito para repartidores y conductores
Hay un caso especialmente delicado: los préstamos para arreglar un auto, una moto o una bicicleta de trabajo. Son créditos para personas que necesitan ese vehículo para generar ingresos.
Las aplicaciones conocen cuántas horas trabaja una persona, cuánto factura y cuál es su comportamiento dentro de la plataforma. Ese conocimiento puede funcionar como un scoring más preciso que el historial bancario tradicional.
Pero el problema persiste: si el crédito tiene una tasa altísima, el trabajador termina necesitando trabajar más para pagar una deuda que tomó justamente para poder seguir trabajando. Es un círculo difícil de romper.
Los jóvenes son los más expuestos
Por edad, el grupo con mayor incumplimiento es el de 18 a 29 años. Cerca de cuatro de cada diez préstamos otorgados a ese segmento presentan una mora importante, entendida como atrasos superiores a 60 días.
Es un problema serio porque se trata de la etapa en la que, en cualquier sistema financiero saludable, una persona debería empezar a construir historial: acceder a un crédito, emprender, comprar un vehículo o proyectar una vivienda.
En lugar de eso, muchos jóvenes están ingresando al sistema financiero con una carga de endeudamiento muy alta y con riesgo de quedar mal calificados durante años.
En el otro extremo, los mayores de 50 años muestran mejores niveles de cumplimiento tanto en bancos como en billeteras virtuales. No se trata solamente de responsabilidad. Es experiencia: haber atravesado crisis enseña que endeudarse en tiempos difíciles exige muchísimo cuidado.
¿Está en riesgo el sistema financiero argentino?
Por ahora, la respuesta es no. La mora es alta y preocupante, pero se considera manejable para bancos y billeteras virtuales. La diferencia con otras crisis argentinas es clave: el foco no está en la solvencia de las entidades, sino en el deterioro del poder adquisitivo de quienes usan el sistema.
El sistema puede absorber parte de la mora. El problema es otro: si millones de personas quedan registradas como deudoras irregulares, se achica el universo de quienes pueden volver a tomar crédito.
La estimación planteada es preocupante: entre 20% y 25% de la población podría quedar fuera de la posibilidad de acceder a financiamiento. Sin crédito, una economía no crece. Y sin una salida para esos deudores, el daño no se limita a una cuota impaga.
La refinanciación: la herramienta para bajar la mora
La salida que están usando los bancos son los planes de refinanciación. Cerca de 25% de los deudores ya habría ingresado a estos esquemas, y alrededor de dos millones de personas habrían refinanciado sus obligaciones.
La lógica es clara: cuando una persona empieza a pagar una o dos cuotas de la refinanciación, deja de ser considerada morosa en determinadas clasificaciones. Eso permite reducir el indicador de mora de forma gradual.
Pero refinanciar no siempre es sencillo. Hay una diferencia marcada entre bancos públicos y privados:
- Los bancos públicos tienden a promocionar más sus planes, ofrecen plazos amplios o tasas subsidiadas y, en algunos casos, permiten conservar la tarjeta con un límite más bajo.
- Los bancos privados también refinancian, pero muchas veces lo hacen caso por caso y sin difundirlo demasiado. Su temor es que una refinanciación muy atractiva incentive a dejar de pagar para acceder luego a una tasa menor.
El problema se ve con claridad en las tarjetas. Si pagar el mínimo implica una tasa de alrededor de 85%, pero refinanciar permite llegar a una tasa cercana a 35%, se genera un incentivo perverso: esperar a caer en mora para obtener mejores condiciones.
Por eso los bancos privados buscan contener el problema sin instalar la idea de que atrasarse puede ser un buen negocio para el deudor.
La discusión por la clasificación de los deudores
Otro tema de fondo es cómo se contabiliza la mora. Si una persona tiene deudas con dos bancos y se atrasa más de 90 días con uno, puede terminar clasificada como morosa ante el otro aunque allí esté pagando al día.
Los bancos cuestionan esa regla porque los obliga a inmovilizar recursos mediante previsiones sobre clientes que, desde su perspectiva, cumplen correctamente con ellos. Es capital que no pueden usar para otorgar nuevos préstamos.
La postura del Banco Central es distinta: si una persona no está pagando una obligación, sigue siendo un deudor con riesgo, incluso si cumple en otra entidad. Ahí está el dilema entre una clasificación más fina por banco y una mirada integral sobre la capacidad de pago de cada persona.
También pesan los encajes, es decir, los fondos que las entidades deben mantener inmovilizados. Mientras queden niveles elevados de encajes y aumenten las previsiones por mora, el crédito seguirá siendo más caro y más limitado.
La tarjeta como herramienta de supervivencia
Refinanciar puede implicar perder la tarjeta de crédito, especialmente en algunos bancos privados. Y para muchas familias, ese es un costo que no están dispuestas a asumir.
La tarjeta no se conserva para viajar o hacer compras extraordinarias. Muchas veces se conserva porque sostiene consumo básico. Cortarla es dejar a la persona sin una herramienta para llegar a fin de mes.
Por eso algunos deudores prefieren mantener una deuda cara antes que aceptar una refinanciación que les quite la tarjeta. Es una decisión que muestra hasta qué punto el crédito de consumo dejó de ser una herramienta financiera y pasó a ser un mecanismo de supervivencia.
El caso extremo: electrodomésticos y consumo financiado
Las cadenas de electrodomésticos también sufren este escenario. Buena parte de sus ventas dependía del financiamiento, pero la mora en sus tarjetas o líneas de crédito vinculadas llegó a niveles cercanos al 45%.
Con esa tasa de incumplimiento y costos financieros por encima de 300%, el negocio se frena. Se vende menos porque se otorga menos crédito, y se otorga menos crédito porque aumenta la probabilidad de no cobro.
El objetivo oficial es que el crédito vuelva a funcionar como motor de crecimiento, como sucedió en 2024. Pero para que eso ocurra hace falta resolver primero el problema de la mora acumulada.
¿Hay negocio detrás de la mora?
La mora no es un negocio para una familia ni para un particular. Es un problema financiero, emocional y económico. Puede dejar registros negativos, restringir el acceso al crédito y obligar a pagar tasas que parecen diseñadas para no poder salir nunca.
Para los bancos y plataformas, la cuenta es más ambigua. Las tasas altas pueden compensar parte del riesgo. Pero si demasiada gente no paga, tampoco es un negocio sostenible. Un sistema financiero necesita cobrar sus créditos para seguir prestando.
El punto es que bajar la mora mientras se mantienen tasas muy elevadas puede seguir siendo rentable. Por eso hay que discutir si el sistema está resolviendo el problema o simplemente administrándolo.
El desafío no es menor: refinanciar sin expulsar a la gente del sistema, bajar las tasas sin incentivar el incumplimiento y recuperar el crédito sin volver a crear una nueva burbuja de deuda de consumo.
La salida: evitar que la mora se convierta en exclusión permanente
La mora todavía tiene solución, siempre que no se agrave. Pero esa solución requiere que mejoren los ingresos reales de las familias, que las tasas dejen de ser una carga impagable y que bancos, fintech, Banco Central y Gobierno encuentren mecanismos para reinsertar a quienes quedaron atrapados.
Si una persona permanece años castigada por una mala clasificación crediticia, el costo no lo paga solamente esa persona. Lo paga toda la economía, porque se pierde consumo, inversión, vivienda, emprendimientos y capacidad de crecimiento.
Los negocios son negocios, claro. Pero una economía que sólo ofrece crédito caro a quienes menos pueden pagarlo termina fabricando deudores, no clientes.
Preguntas frecuentes sobre la mora bancaria
¿Qué significa estar en mora bancaria?
Estar en mora significa no cumplir el pago de una cuota, préstamo, tarjeta o deuda dentro del plazo acordado. A medida que el atraso se extiende, la situación puede afectar la calificación crediticia.
¿Por qué aumentó la mora en tarjetas de crédito y préstamos personales?
El aumento combina ingresos que perdieron poder adquisitivo, mayor uso del crédito para consumo corriente y tasas de interés que hicieron crecer rápidamente los saldos impagos.
¿Por qué las billeteras virtuales tienen más mora que los bancos?
Las billeteras virtuales prestan a segmentos con menor bancarización y mayor vulnerabilidad económica. Ese mayor riesgo suele trasladarse a tasas más altas y a mayores niveles de incumplimiento.
¿La refinanciación elimina automáticamente la mora?
No necesariamente de forma inmediata. El cumplimiento de las cuotas de refinanciación permite que la situación se regularice gradualmente, aunque la clasificación depende de las reglas vigentes y de todas las deudas que tenga la persona.
Fuente: NEGOCIOS SON NEGOCIOS. Canal Mundo Dinero. Link:
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