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De emblema industrial al borde del cierre, y ahora una segunda oportunidad

El gigante metalúrgico busca renacer: ¿puede IMPSA recuperar su lugar?

En Negocios son Negocios, Carlos Burgueño dialogó con el periodista Marcelo Arce sobre la nueva etapa de IMPSA, la primera gran privatización del gobierno de Javier Milei: una empresa vendida en 27 millones de dólares con un pasivo de 576 millones, que ahora busca renacer con contratos en energía hidroeléctrica, grúas portuarias y componentes nucleares, combinando su centro tecnológico en Mendoza con una plataforma comercial en Estados Unidos.
por Mundo Dinero 23-09-2026
Negocios son Negocios Mundo Dinero

El gigante metalúrgico busca renacer: ¿puede IMPSA recuperar su lugar?

IMPSA fue mucho más que una fábrica. Industrias Metalúrgicas Pescarmona se convirtió en un emblema de la capacidad argentina para diseñar y producir grandes equipos de ingeniería. Después llegaron los problemas financieros, los proyectos que no se cobraron y una deuda que puso en riesgo su continuidad.

Hoy la empresa tiene nuevos dueños, conserva su centro tecnológico en Mendoza y busca contratos en energía hidroeléctrica, infraestructura portuaria y el sector nuclear. La oportunidad existe. La pregunta, como siempre en los negocios, es si podrá transformarla en trabajo sostenido y en una solución para sus pasivos.

De emblema industrial a empresa sostenida por el Estado

La caída de IMPSA no se explica por una sola decisión. A una situación financiera cada vez más difícil se sumaron proyectos internacionales problemáticos. El caso más significativo fue Venezuela: la empresa participó en obras hidroeléctricas por las que, según lo expuesto por Marcelo Arce, ese país dejó pagos pendientes. También hubo dificultades en Brasil.

En 2021, ante el peligro de que la compañía desapareciera, el Estado nacional y la provincia de Mendoza aportaron capital y tomaron el control mayoritario. El objetivo inmediato era mantenerla operativa y ganar tiempo para encontrarle una salida. Arce describe aquella etapa como una subsistencia a niveles mínimos: la empresa seguía abierta y conservaba a sus trabajadores, pero estaba lejos de la escala que había alcanzado.

Antes de la privatización, las acciones estaban distribuidas así:

  • Estado nacional, a través de FONDEP: 63,7 %.
  • Provincia de Mendoza: 21,2 %.
  • Familia Pescarmona: 5,3 %.
  • Acreedores y bonistas: 9,8 %.

Entre la Nación y Mendoza reunían el 84,9 % del capital. Los aportes públicos habían sido una capitalización para sostener la operación, no una nueva deuda de IMPSA con esos gobiernos. Pero mantener viva a una empresa no alcanza para devolverle un negocio viable.

La participación conjunta de la Nación y Mendoza explica por qué la venta de sus acciones marcó un cambio de control.

La privatización: 27 millones de dólares y una deuda mucho mayor

En octubre de 2024, el gobierno nacional y el de Mendoza convocaron a una licitación nacional e internacional para vender sus acciones. Se adquirieron once pliegos, pero se presentó una sola oferta: la del Industrial Acquisition Fund, un consorcio cuyo principal socio es la estadounidense ARC Energy. La operación llevó a IMPSA a manos privadas en 2025 y fue presentada como la primera privatización de una gran empresa durante el gobierno de Javier Milei.

El precio informado fue de 27 millones de dólares. Para una compañía que en otra época llegó a tener una valoración cercana a los 1.000 millones, la cifra llama la atención. Sin embargo, no se puede mirar el precio sin mirar la deuda: los nuevos dueños asumieron un pasivo que se situó en 576 millones de dólares.

Ahí empieza el verdadero desafío. Comprar las acciones es una parte de la operación; conseguir contratos, financiar la producción y ordenar semejante volumen de obligaciones es otra muy distinta. Negocios son negocios, pero las deudas también se pagan.

Una estrategia con Mendoza como base y Estados Unidos como mercado

La nueva IMPSA busca combinar su capacidad de ingeniería en Mendoza con una estructura comercial y productiva en Estados Unidos. La compañía mantiene su centro tecnológico en la provincia, cuenta con presencia en Buenos Aires y Miami, y dispone de una planta en Houston.

Esa planta puede ser una ventaja concreta. Para competir por grandes proyectos estadounidenses no es lo mismo presentarse únicamente como exportador que contar con capacidad productiva dentro de ese mercado. La apuesta se parece, salvando las diferencias de escala, a la de otras industrias argentinas que producen en el país y también tienen instalaciones en Estados Unidos.

El acercamiento económico entre ambos países forma parte de la oportunidad que IMPSA intenta aprovechar. Pero una relación bilateral favorable no reemplaza lo esencial: contratos firmados, ejecutados y cobrados. Arce señala que la empresa, con unos 600 a 700 empleados, todavía necesita una cartera de trabajos importante y una base financiera sólida para recuperar su antigua dimensión.

La recuperación comercial depende de poner a trabajar una capacidad industrial que IMPSA todavía conserva.

Los tres negocios que podrían impulsar a IMPSA

Ingeniería hidroeléctrica para América del Norte

La energía hidroeléctrica es el terreno histórico de IMPSA, pero el nuevo modelo pretende ir más allá de fabricar una turbina en Mendoza y enviarla al exterior. La idea es integrar su ingeniería y producción a proyectos energéticos de mayor alcance en América del Norte.

En mayo de 2026, IMPSA firmó un acuerdo estratégico con National Electric Coil, conocida como NEC, para desarrollar comercialmente el negocio hidroeléctrico en Estados Unidos, Canadá, México y Centroamérica. NEC se especializa en bobinados y componentes para generadores eléctricos. La alianza busca unir esa presencia comercial y tecnológica con la experiencia de IMPSA en equipos e ingeniería hidroeléctrica.

Es una puerta de entrada, no una garantía de resultados. Los negocios derivados de la asociación todavía deben definirse y crecer.

Grúas portuarias para una cadena de suministro alternativa

La segunda apuesta son las grandes grúas para puertos. En este mercado, la competencia industrial también tiene una dimensión geopolítica: la presencia de proveedores chinos en proyectos latinoamericanos despertó interés en desarrollar otras fuentes de suministro para la región.

IMPSA ya cuenta con experiencia y tecnología vinculadas a la fabricación de grúas portuarias. Su oportunidad sería participar como proveedor en una cadena comercial articulada con Estados Unidos y ofrecer maquinaria para puertos de América Latina. Por ahora se trata de una línea de negocios que la compañía busca desarrollar, no de contratos que puedan darse por asegurados.

Componentes para la industria nuclear

La tercera posibilidad es más exigente desde el punto de vista técnico. IMPSA busca obtener una certificación vinculada con la Sección III del código de la ASME, necesaria para fabricar determinados componentes destinados a instalaciones nucleares.

La certificación es un paso por cumplir. Si logra obtenerla y consigue proyectos, la empresa podría aspirar a convertirse en proveedora de grandes desarrollos nucleares norteamericanos. Su capital estadounidense y su presencia industrial en ese país forman parte de la estrategia, pero no sustituyen los requisitos técnicos ni comerciales.

Venezuela: ¿puede el proyecto que aceleró la caída ayudar al regreso?

La historia de IMPSA con Venezuela tiene una ironía difícil de ignorar. Los proyectos hidroeléctricos y los pagos pendientes de ese país estuvieron entre los factores de su crisis. Ahora, los nuevos responsables de la compañía intentan recuperar al menos parte de lo adeudado y retomar actividad allí.

Arce señala que IMPSA consiguió reactivar trabajos relacionados con las centrales de Tocoma y Macagua. Si esos compromisos avanzan y se traducen en ingresos efectivos, uno de los capítulos más problemáticos de su historia podría contribuir a darle trabajo en esta nueva etapa.

Hay que distinguir dos cuestiones: lo que Venezuela le debe a IMPSA y lo que IMPSA les debe a sus propios acreedores. Recuperar fondos de Venezuela podría darle aire financiero, pero no resolvería automáticamente todo su pasivo. La expectativa de los nuevos dueños es que las relaciones entre los gobiernos involucrados ayuden a gestionar ese cobro; el resultado sigue abierto.

El mercado argentino también puede darle trabajo

Mirar a Estados Unidos no significa abandonar las oportunidades locales. Nucleoeléctrica recomendó adjudicar a IMPSA una modificación de la grúa puente del edificio UFA de Atucha II, una operación estimada en torno a los 2 millones de dólares. Una recomendación de adjudicación no equivale todavía a presentar el trabajo como terminado, pero sí muestra una posibilidad de volver a participar en infraestructura nacional.

En Mendoza aparece otra oportunidad: el complejo hidroeléctrico Los Nihuiles, en San Rafael. Según Arce, una crecida ocurrida en 2025 dañó dos de sus cuatro turbinas. IMPSA busca los contratos para repararlas, en el marco de un proceso de concesión cuya adjudicación se esperaba para comienzos de 2027.

Para una empresa nacida y desarrollada en Mendoza, estos trabajos tienen un valor industrial y simbólico. Pueden generar producción en la provincia y demostrar que la capacidad técnica sigue allí, aunque la propiedad haya cambiado.

La oportunidad es real; la recuperación todavía debe demostrarse

La llegada de nuevos dueños abrió una etapa que no se veía posible cuando IMPSA estuvo al borde del cierre. Hay acuerdos comerciales, proyectos en estudio y una estructura que conecta Mendoza con Miami y Houston. También hay una deuda pesada, dificultades para acceder al crédito y necesidad de contratos de una escala mucho mayor.

Por eso conviene separar volver a estar activa de haber recuperado la rentabilidad. Aunque se abrieron nuevas posibilidades de negocio, Arce advierte que los resultados financieros del primer semestre informados recientemente volvieron a ser negativos. El interés por sus capacidades industriales es una buena noticia; la salud financiera aún no está resuelta.

Tampoco se observa, según Arce, un cambio profundo en la cultura de trabajo por el origen estadounidense del nuevo capital. Sí persiste algo muy fuerte en Mendoza: el vínculo con una compañía que durante décadas fue una referencia industrial de la provincia y del país. La familia Pescarmona ya no controla IMPSA y continúa vinculada a otros negocios mendocinos, entre ellos la bodega Lagarde.

IMPSA nunca dejó Mendoza, y su centro tecnológico permanece allí. Si consigue convertir sus oportunidades en contratos sostenidos, ordenar sus cuentas y consolidar su presencia internacional, podría escribir un capítulo incluso más ambicioso que el anterior. Ojalá lo consiga. Una empresa con esa historia merece la oportunidad, pero será el trabajo concreto el que decida si este renacimiento se sostiene.

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Fuente: NEGOCIOS SON NEGOCIOS. Canal Mundo Dinero. Link: