La carga tributaria argentina creció de manera sostenida a lo largo de las últimas dos décadas. Para los alimentos, en el caso de aquellos que tributan la alícuota reducida de IVA del 10,5% (frutas y verduras, pan y carne, entre otros), el costo impositivo incluido en el precio al consumidor final es del 38,1%. Es decir que de cada $100 pesos que se gastan en estos alimentos, $38,1 se destinan al pago de impuestos.

Para los productos alimenticios que tributan la alícuota general del 21% (arroz, galletas, aceite, etc), el costo impositivo global contenido en el precio asciende a un 43,4%. En este caso, de cada $100 pesos que se gastan, $43,4 corresponden a impuestos.

Los tributos que más inciden en el precio son el IVA, la Seguridad Social y el impuesto provincial a los ingresos brutos, que en conjunto representan el 77% del total de la carga tributaria.

Por otra parte, el costo impositivo incluido en el precio al consumidor final de una bebida gaseosa se ubica en el 49,5%. Es decir que prácticamente la mitad del precio de este producto se explica por los impuestos y regímenes de seguridad social de cumplimiento obligatorio. Los datos surgen de un informe elaborado por la consultora IARAF.

“Dados los niveles de carga tributaria legal, surge un importante ingreso por evadir. En efecto, la subdeclaración del 10% de las ventas incrementa la utilidad en un 40%, y la del 20% la eleva al 80%. Así, se abre la posibilidad de vender a menor precio, lo que deriva en competencia desleal para los agentes económicos que operan en la formalidad, y consecuentemente su pérdida de participación en el mercado que compiten”, explicó Mariano Otálora en su programa Qué Hacemos con los Pesos de Canal 26.

Mirá el análisis completo sobre las diferencias de evadir y no hacerlo, en el programa: