Las acciones que están ganando con Trump: Intel, Tesla, IBM y una cartera internacional para un mercado más selectivo
Las acciones que están ganando con Trump: Intel, Tesla, IBM y una cartera internacional para un mercado más selectivo
Wall Street está en una etapa donde ya no alcanza con comprar "las de siempre" y esperar. Hay rotación, hay castigos violentos incluso después de balances que parecen buenos, y hay una palabra que cada vez pesa más en las decisiones de inversión: estrategia.
Estrategia geopolítica, estrategia industrial, estrategia tecnológica y, por supuesto, estrategia de cartera.
Eso explica por qué algunas compañías empiezan a recuperar protagonismo, por qué otras quedan atrapadas en una meseta, y por qué hoy tiene mucho más sentido mirar sectores, valuaciones y contexto que perseguir modas. Entre los nombres que más ruido hicieron en estos días aparecen Intel, Tesla e IBM, cada una por motivos distintos. Y detrás de esos movimientos hay algo más profundo: el mercado está premiando ciertos activos vinculados al sesgo industrial y productivo de Estados Unidos, mientras castiga modelos de negocio que podrían quedar más expuestos al avance de la inteligencia artificial o a múltiplos demasiado exigentes.
Intel volvió al centro de la escena
Intel fue durante bastante tiempo una de esas empresas que parecían haber quedado atrás. El castigo fue fuerte porque el mercado entendía que se había rezagado en la carrera por los chips vinculados a inteligencia artificial. Mientras otras compañías del sector se disparaban, Intel quedaba como la historia incómoda: una firma grande, estratégica, pero aparentemente fuera del foco correcto.
Sin embargo, el panorama cambió de forma importante en los últimos meses.
Primero, porque desde Washington empezó a consolidarse la idea de que Intel es una empresa estratégica para Estados Unidos. En un mundo donde la fabricación de semiconductores está extremadamente concentrada en Asia, y especialmente en Taiwán, la necesidad de desarrollar capacidad industrial doméstica dejó de ser una discusión teórica.
Ese punto es clave. Hoy el gran proveedor global de microprocesadores es TSMC, con fuerte presencia productiva en Taiwán, una zona que convive permanentemente con la tensión geopolítica con China. Para Estados Unidos, depender de esa geografía en un insumo tan sensible es un riesgo.
Por eso la política industrial empezó a pesar más. Y ahí Intel encontró una segunda vida.
En sus últimos resultados, además de mostrar números sólidos, la compañía anunció una alianza con Tesla para el desarrollo de chips, vinculados especialmente a su ecosistema futuro de movilidad autónoma y robotaxis. A eso se sumó otro dato interesante: Intel cree que parte de su inventario de chips más antiguos podría ser reconvertido y reutilizado comercialmente.
La analogía es simple: como una empresa que tenía stock de otra temporada y de repente descubre que esa mercadería vuelve a tener demanda. En una industria tan sensible a la expectativa, ese tipo de noticia pesa muchísimo.
El resultado fue inmediato: una fuerte suba en premarket, cercana al 28%.
Lo interesante del caso Intel es que combina tres factores que el mercado hoy valora mucho:
- Estaba castigada, por lo que no venía desde máximos exigentes.
- Tiene relevancia geopolítica, algo cada vez más importante.
- Empieza a recuperar narrativa de crecimiento, especialmente en alianza con actores como Tesla.
Además, no es un caso aislado. La lógica de "fabricado en Estados Unidos" empieza a impactar sobre varios activos sensibles para la administración Trump. Incluso compañías pequeñas ligadas al área satelital o de defensa han tenido que relocalizar producción para poder venderle al gobierno estadounidense. En ese marco, todo lo que tenga condimento estratégico está siendo mirado con otros ojos.
Tesla: una compañía en plena reconversión
Tesla sigue siendo una empresa fascinante, pero eso no significa que hoy sea una historia sencilla.
Su negocio original, el que la llevó a convertirse en referencia global de autos eléctricos, parece estar entrando en una meseta. Durante años, Tesla aprovechó una ventaja comparativa enorme: fue de los primeros en escalar producción, construir marca, desarrollar ecosistema y convertir el vehículo eléctrico en un objeto deseado.
El problema es que esa ventaja ya no está tan sola.
La competencia se intensificó mucho. En China, nombres como BYD y NIO avanzan con fuerza. En Estados Unidos también hay nuevos jugadores, como Rivian, que viene creciendo con productos muy competitivos en el segmento de pickups. Esa presión pega directamente sobre el core histórico de Tesla: autos.
Los números lo muestran. Los ingresos por segmento dejaron de exhibir el crecimiento explosivo de años anteriores, y la ganancia neta trimestral se achicó de forma significativa frente a los picos que alguna vez mostró la empresa. Parte de aquel salto extraordinario se explicó también por beneficios fiscales, algo que conviene tener presente para no leer mal la serie histórica.
Eso sí: mirar a Tesla solo como automotriz puede ser un error.
La tesis de inversión hoy pasa por otro lado. Tesla está transitando una reconversión parecida, salvando las distancias, a la que viven otras compañías cuando descubren que su negocio principal ya no será el motor central de crecimiento. La apuesta está en:
- Robotaxis
- Automatización
- Robótica humanoide
- Infraestructura tecnológica y chips
Ese cambio de etapa hace que el mercado se vuelva mucho más exigente. El inversor quiere ver si la reconversión realmente funciona. Y mientras eso no quede claro, suele haber volatilidad y castigo.
Tesla, además, anunció inversión relevante en SpaceX, reforzando la idea de que el grupo de Elon Musk piensa su ecosistema tecnológico de una manera mucho más amplia que la industria automotriz tradicional. También se mencionó el avance del proyecto vinculado al Cybercab y la expansión de las millas recorridas por el servicio autónomo, aunque todavía en volúmenes relativamente pequeños.
Por eso, la discusión con Tesla hoy no es si es una compañía interesante. Lo es. La pregunta real es otra: ¿cuánto de ese futuro ya está descontado en el precio?
Y ahí aparece el gran problema: sus ratios de valuación siguen siendo extremadamente exigentes. Si alguien entra en Tesla, tiene que hacerlo con lógica de largo plazo y entendiendo que lo que compra no es el presente del negocio, sino una promesa de transformación futura.
IBM cayó pese a presentar buenos resultados: qué está castigando el mercado
El caso de IBM fue uno de los más interesantes de la semana porque expone muy bien cómo está pensando hoy Wall Street.
La empresa presentó un trimestre que, leído de forma aislada, no fue malo. Al contrario:
- Ingresos creciendo cerca de 9,5% interanual
- Utilidad neta subiendo alrededor de 13%
- Resultados por encima de lo esperado
- Mejora en márgenes operativos
- Nuevo aumento de dividendo, acumulando 31 trimestres consecutivos
Con esos datos, cualquiera podría pensar que la acción tenía que reaccionar bien. Sin embargo, pasó exactamente lo contrario: cayó más de 8% y arrastró al sector de software.
¿Qué ocurrió?
Primero, el mercado esperaba una mejora en el guidance, es decir, en las perspectivas futuras. IBM no lo subió. Ni siquiera lo bajó. Simplemente no lo mejoró, y eso alcanzó para decepcionar.
Segundo, existe preocupación por algunas áreas de negocio particularmente expuestas al avance de la inteligencia artificial, sobre todo software y consultoría. Son segmentos donde el mercado empieza a preguntarse cuánto trabajo humano y cuánto desarrollo tradicional podrían ser reemplazados por herramientas cada vez más capaces.
Ese temor se reforzó con comentarios del sector sobre la posibilidad de que la IA modernice automáticamente sistemas viejos como COBOL, algo históricamente asociado a ciertos servicios donde IBM tenía una posición fuerte.
En otras palabras, no fue solo IBM. Fue también una lectura más amplia sobre el desafío que enfrenta el software tradicional en una nueva ola de inteligencia artificial.
Y eso importa porque podría marcar el inicio de una nueva ronda de castigo para parte del sector, después de una recuperación breve en abril tras una caída muy fuerte previa.
Por qué IBM sigue teniendo sentido en una cartera
Ahora bien, que el mercado castigue a IBM no significa necesariamente que la tesis haya muerto.
De hecho, una mirada más estratégica permite ver a IBM como una apuesta de mediano y largo plazo ligada a una tecnología de enorme potencial: la computación cuántica.
IBM viene invirtiendo fuerte en ese campo, y la computación cuántica podría generar un cambio de paradigma en múltiples industrias, desde finanzas hasta biomedicina. No estamos hablando de una mejora incremental, sino de una forma distinta de procesar problemas extremadamente complejos.
En el sector financiero, por ejemplo, IBM anunció acuerdos con instituciones como HSBC para aplicar computación cuántica en predicción de precios. En biomedicina, su capacidad para analizar enormes volúmenes de datos a gran velocidad también puede ser transformadora.
Además, hay un aspecto geopolítico nada menor: si la computación cuántica se vuelve tan sensible como parece, no sería raro que Estados Unidos la trate cada vez más como un activo estratégico. Y en ese escenario, IBM podría terminar ocupando un rol mucho más relevante del que hoy le reconoce el mercado.
En paralelo, también vale la pena seguir otras compañías del segmento, aunque con mayor riesgo. Se mencionó el caso de IonQ, una de las primeras empresas de computación cuántica en cotizar en bolsa. Su historia ha sido muy volátil, pero recientemente logró un avance técnico importante al vincular dos computadoras cuánticas para que trabajen como una sola, buscando contener errores sin escalar los problemas de manera exponencial.
El punto de fondo es este: mientras todos miran inteligencia artificial, hay tecnologías adyacentes, como la computación cuántica, que pueden redefinir el tablero en los próximos años.
Cómo pensar una cartera internacional sin depender solo de las megatech
Uno de los tramos más interesantes del análisis fue la lógica de construcción de cartera.
La idea no es perseguir exclusivamente acciones explosivas, sino armar un equipo equilibrado. La comparación futbolera es muy buena: una cartera necesita defensores y delanteros.
Es decir:
- Activos defensivos, menos volátiles, que amortigüen caídas
- Activos ofensivos, con potencial de sorprender y generar rendimiento extra
Dentro de esa lógica, la estrategia actual está inclinada a una postura algo más defensiva, pero con algunas apuestas puntuales.
Los sectores más favorecidos hoy
La cartera incorpora varios nombres ligados a energía, commodities, banca, industria y defensa. La lectura detrás es clara: en un contexto global incierto, estos sectores pueden tener más respaldo que parte del universo tecnológico más caro.
Entre los ejes más destacados aparecen:
- Petroleras, por la persistencia de precios altos del crudo
- Empresas mineras, por la fortaleza de commodities como el hierro
- Bancos, como componente más estable de cartera
- Oro, a través de ETF, como cobertura defensiva
- Compañías industriales y aeroespaciales, especialmente si tienen vínculo con el Estado americano
Petróleo: por qué sigue siendo una pieza importante
La visión sobre energía es muy concreta. El precio del petróleo mantendría una prima significativa respecto del nivel previo al conflicto con Irán. El foco está puesto en un punto extremadamente sensible: el Estrecho de Ormuz.
No hace falta siquiera que se cierre por completo para generar tensión. Alcanzaría con que las primas de seguro de los barcos se disparen y vuelvan costoso o riesgoso el tránsito. Incluso con el paso abierto, si navegar por ahí se vuelve económicamente inviable, el impacto sobre la oferta efectiva puede ser relevante.
Ese escenario sostiene la tesis favorable para compañías ligadas a petróleo y gas.
Boeing: una apuesta industrial pro Estados Unidos
Entre las apuestas más interesantes aparece Boeing.
La empresa mostró señales positivas en fundamentos, con crecimiento en ventas y cerca de 150 aviones entregados en el último trimestre mencionado. Además, hay expectativa por el lanzamiento de un nuevo modelo que viene demorado hace tiempo y que podría darle aire adicional para competir frente a Airbus.
A eso se suma un elemento nada menor: sus contratos con el Estado estadounidense en defensa. En un entorno donde el sesgo político favorece lo industrial, lo nacional y lo estratégico, Boeing encaja bastante bien.
Brasil: bancos, petróleo y commodities
La cartera también mira a Brasil con buenos ojos. Entre los nombres mencionados aparecen:
- Vale, por su exposición a commodities
- Petrobras, como forma de capturar parte de la tesis petrolera
- Nubank, más orientada a mediano y largo plazo
- Bradesco, dentro del componente financiero
Es una manera de diversificar sin ir al ETF general del país, eligiendo casos puntuales en lugar de comprar "el paquete completo".
NIO: una apuesta de crecimiento con más riesgo
Dentro del costado más ofensivo aparece NIO, automotriz china. La razón central para sumarla fue que recientemente logró algo que el mercado esperaba hace tiempo: presentó beneficio neto positivo por primera vez.
Eso la convierte en una historia distinta. Sigue siendo una empresa chica, volátil y con más riesgo, pero con potencial si logra consolidar esta nueva etapa.
No es una posición para cualquiera, pero sí una muestra de cómo una cartera balanceada puede combinar activos más tranquilos con apuestas de mayor upside.
Resultados de la estrategia: ganar más no siempre significa asumir más riesgo
El enfoque de esta cartera internacional viene arrojando un rendimiento destacado en los últimos 12 meses: 47,6%, contra aproximadamente 30,4% del S&P 500 medido vía CEDEAR.
La diferencia es importante. Y lo más interesante es que no se logró estando sobreexpuesto a las siete magníficas, que fue la estrategia más popular durante gran parte del último ciclo. De hecho, la exposición a ese grupo fue baja, manteniendo básicamente a Amazon como gran tecnológica principal.
La enseñanza es potente: en ciertos contextos, preservar capital y caer menos en los momentos malos puede ser más valioso que intentar adivinar todas las subas explosivas.
El gran llamado de atención: el mercado no está barato
Este punto merece subrayado porque probablemente sea el más importante de todos.
Más allá de las oportunidades puntuales, el mercado estadounidense en general está entrando en niveles de valuación elevados. Y eso importa mucho.
Cuando se analiza la evolución histórica de ratios como price earnings y price earnings forward, aparece una relación bastante clara: cuanto más caro se entra, peor suelen ser los retornos esperados de los siguientes 12 meses.
La idea no es catastrofista. No se trata de salir corriendo ni de asumir que todo va a desplomarse. Pero sí de entender una realidad simple: nadie está regalando nada.
En términos históricos, entrar al S&P 500 con múltiplos muy altos reduce tanto el retorno esperado como la probabilidad de terminar ganando en el año siguiente. En niveles de price earnings forward por encima de 22 veces, el retorno promedio esperado luce muy bajo y la tasa de acierto histórica cae de forma significativa.
Eso obliga a ser más selectivo. Mucho más selectivo.
Hay oportunidades, sí. Pero ya no sirve comprar cualquier cosa. Hay que entender:
- qué negocio se está comprando
- qué parte del futuro ya está descontada en precio
- qué riesgos tiene el sector
- qué rol cumple ese activo dentro de la cartera
Eso también ayuda a interpretar mejor casos como IBM, Intel o Tesla. No alcanza con mirar si el balance vino "bien" o "mal". Hay que mirar cuánto esperaba el mercado, cuánta perfección exigía el precio previo y qué narrativa estratégica está ganando terreno.
También hay valor en Argentina, especialmente en bancos
Aunque el foco principal estuvo en Wall Street y CEDEARs, también hubo una mención importante al mercado local.
Dentro de Argentina, el sector que hoy despierta interés es el bancario. La tesis tiene que ver con varios factores, pero uno especialmente importante es la baja de encajes impulsada por el Gobierno.
Para los bancos, contar con más liquidez para prestar es combustible puro. Siguiendo la analogía energética, es algo así como el precio del petróleo para una petrolera: un insumo central para mejorar el negocio.
Claro que el escenario no está libre de desafíos. Todavía hay que atravesar cuestiones como la morosidad y la volatilidad política, que pueden golpear al sector. Pero aun así, el diagnóstico es que hay valor para quien pueda tolerar ese tránsito.
La mejor idea para este mercado: cartera equilibrada y cabeza fría
Si hubiera que resumir todo en una sola conclusión, sería esta: el contexto actual premia más la construcción inteligente de cartera que la apuesta ciega a una moda.
Hoy conviene pensar los portafolios como un sistema de contrapesos:
- acciones de crecimiento junto con acciones defensivas
- tecnología junto con energía, banca o salud
- apuestas geopolíticas junto con coberturas
- nombres de largo plazo junto con oportunidades tácticas
Por eso tiene sentido combinar activos más estables como Johnson & Johnson o compañías de perfil defensivo con otros más agresivos como IBM, Boeing o NIO. La cartera no debe depender de acertar todas. Debe estar diseñada para resistir, compensar y capturar valor.
Y, sobre todo, para no tomar decisiones emocionales en medio de un mercado que cambia de humor muy rápido.
Porque si algo dejó claro esta semana es que los movimientos más importantes no siempre pasan por las empresas más obvias. A veces el mercado empieza a mirar donde nadie estaba mirando. Y ahí suelen aparecer las mejores oportunidades.