Inversiones
Elecciones 2027 y cartera

Riesgo país arriba y dólar quieto: ¿hay que recalibrar la cartera antes de 2027?

En Del Colchón a la Inversión, Alan Ferraro analizó junto a Tomás Rodríguez, de BDI Consultora, y Tomás Pángaro qué está descontando el mercado argentino, qué mirar en el Merval y cómo pensar carteras moderadas y agresivas frente al riesgo electoral de 2027.
por Mundo Dinero 24-09-2026
Del colchón a la Inversión Mundo Dinero

¿Hay que recalibrar la cartera antes de las elecciones de 2027?

El ruido electoral argentino empezó a sentirse antes de lo habitual. El riesgo país sube, las acciones locales pierden terreno y, sin embargo, el dólar MEP se mantiene relativamente tranquilo. Esa combinación plantea una pregunta concreta: ¿conviene cambiar las inversiones ahora o sería adelantarse demasiado?

Mi respuesta corta es que no hay que tomar una decisión apurada por una elección cuyo resultado todavía desconocemos. Pero tampoco sirve ignorar el riesgo. Es un buen momento para revisar cuánto de la cartera depende de Argentina, qué plazo tenemos y cuánta volatilidad estamos dispuestos a soportar.

 

Puntos clave

  • El riesgo país puede subir mientras el dólar permanece estable por la entrada de divisas.
  • Una caída del Merval no garantiza un piso, aunque algunas acciones muestren valuaciones atractivas.
  • Las carteras agresivas requieren horizontes largos y capacidad real para soportar volatilidad.
  • Recalibrar consiste en ajustar la cartera al riesgo y al plazo propios, no en adivinar una elección.

Tabla de contenido

Riesgo país en alza y dólar estable: ¿qué está descontando el mercado?

En la semana analizada, el riesgo país pasó de 544 a 578 puntos básicos. La comparación regional vuelve más llamativo el movimiento: el indicador promedio latinoamericano se había mantenido cerca de los 170 a 180 puntos, mientras Argentina venía subiendo desde agosto.

Esto importa más allá de la cotización de los bonos. Cuando aumenta el riesgo país, se encarece el financiamiento en dólares. Si además suben las tasas de los bonos estadounidenses, la tasa a la que Argentina podría endeudarse en el exterior resulta todavía más alta. La oportunidad que algunos identificaban cuando el riesgo país rondaba los 400 puntos se fue alejando.

El dólar MEP, en cambio, permanecía cerca de los $1.540. No necesariamente hay una contradicción. El tipo de cambio responde mucho a los dólares que efectivamente entran y se liquidan en el mercado. En ese período hubo emisiones de deuda de empresas y provincias, además de mejores condiciones para exportaciones como soja, petróleo y gas. También existe la expectativa de inversiones de largo plazo en sectores donde Argentina tiene ventajas competitivas, aunque esos anuncios no se convierten en dólares disponibles de un día para el otro.

Hay otra pieza de la explicación: cuando el Banco Central compra dólares en el mercado de cambios, entrega pesos. Comprar menos reservas limita esa inyección de pesos, una decisión vinculada con el objetivo de contener la inflación y el tipo de cambio. Así se puede tener, por un tiempo, un dólar calmo y bonos que reflejan una mayor preocupación por el futuro.

El riesgo país y el dólar MEP no siempre se mueven al mismo ritmo.

¿Es demasiado pronto para operar pensando en 2027?

Las experiencias electorales argentinas nos acostumbraron a mirar encuestas, candidaturas y posibles escenarios con mucha anticipación. Pero falta más de un año para las elecciones generales de 2027 y ni siquiera estaban resueltas todas las definiciones sobre las primarias. Construir toda una estrategia sobre un resultado supuesto sería apresurado.

Al mismo tiempo, el mercado suele anticiparse. Parte de la caída de bonos y acciones locales puede interpretarse como una prima por el riesgo electoral que ya empezó a incorporarse a los precios. La pregunta útil, entonces, no es si podemos adivinar quién ganará. Es qué pasaría con nuestras inversiones si el escenario fuera distinto del que esperamos.

También conviene separar la macroeconomía de lo que ocurre en la calle. Un buen dato de inflación, el superávit o la expectativa de más reservas pueden convivir con salarios reales débiles y sectores como construcción, comercio y manufactura sin repuntar. Esa distancia importa para las empresas y también para el humor electoral: la gente vota con el bolsillo.

En una consulta realizada durante el programa, el 51% señaló a las elecciones argentinas de 2027 como su principal preocupación para invertir; el 31% eligió las tasas de Estados Unidos y el 18%, la suba del riesgo país. No es una proyección del mercado, pero muestra dónde está concentrada la inquietud.

El Merval: una caída no convierte automáticamente a todo en barato

Para comparar el Merval actual con otros períodos, hay que mirarlo en dólares y en términos reales. Comparar valores nominales en pesos, sin ajustar por inflación ni por tipo de cambio, puede llevar a conclusiones equivocadas.

En el análisis presentado, el índice se ubicaba alrededor de los 1.800 a 1.900 puntos en dólares, cerca de un 23% por debajo del máximo observado en enero de 2025. Había corregido, sí, pero eso no garantizaba que hubiera llegado a un piso. Una valuación menor que la del máximo no equivale, por sí sola, a una ganga.

Acá aparece una distinción importante: el índice puede no parecer especialmente barato en dólares mientras algunas empresas sí lucen baratas frente a sus ganancias esperadas. Son dos formas diferentes de mirar el mercado. Según la comparación expuesta, las acciones argentinas cotizaban en promedio a unas ocho veces sus ganancias esperadas, frente a un promedio histórico local cercano a 10,5 veces.

Entre los nombres que aparecían con valuaciones relativamente bajas estaban Galicia, Supervielle, Banco Macro, Pampa y Vista. Eso no elimina sus riesgos. Los bancos, por ejemplo, enfrentaban un crédito hipotecario débil y mayor mora; las empresas ligadas a la actividad local dependen de una recuperación que todavía no se veía con claridad.

Una valuación atractiva es el punto de partida del análisis, no una garantía de suba.

El volumen de operaciones agrega otra pista. La corrección reciente del Merval se describía como una baja con poco volumen, distinta de episodios de ventas mucho más intensas después de resultados electorales. Puede ser una señal menos alarmante, aunque tampoco asegura un rebote. Para exponerse a acciones argentinas hace falta aceptar que una noticia política puede mover los precios con fuerza.

Dos formas de construir una cartera moderada

Las carteras que siguen son ejemplos de posibilidades de inversión, no recomendaciones personalizadas. Lo interesante no es copiar una lista de activos, sino entender qué riesgo busca asumir cada combinación y durante cuánto tiempo.

Diversificar por sectores y geografías

La primera propuesta moderada está pensada para alguien con horizonte largo y tolerancia intermedia al riesgo. Aproximadamente un tercio se ubica fuera de Estados Unidos y dos tercios dentro. La idea es no depender de un solo mercado ni de una sola historia de crecimiento.

  • Alphabet, matriz de Google: aporta exposición a tecnología mediante negocios consolidados como publicidad, YouTube y Google Cloud. Sigue siendo una acción que puede moverse más que el mercado general.
  • Visa: suma un negocio financiero ligado a las redes de pagos, sin asumir directamente el riesgo crediticio de quienes reciben un préstamo.
  • VEA: es un ETF que permite incorporar mercados desarrollados fuera de Estados Unidos.
  • RTX: representa la pata industrial de la cartera, con interés en desarrollos de inteligencia artificial y robótica.
  • XLU: reúne empresas estadounidenses de servicios públicos. Su corrección desde máximos fue presentada como una posible oportunidad, no como señal de que ya dejó de caer.
  • Brasil: ofrece diversificación regional, aunque la propuesta era esperar las elecciones brasileñas antes de tomar posición.

Energía, Estados Unidos y una obligación negociable

La segunda cartera, definida como moderada pero también cercana a un perfil moderado agresivo, combina exposición al mercado estadounidense mediante SPY con apuestas energéticas y una obligación negociable de Transportadora de Gas del Sur, TGS. Su plazo mínimo planteado es de tres a cuatro años; no está diseñada para quien necesite el dinero pronto.

La tesis de TGS se apoya en un problema concreto: el transporte del gas producido en Vaca Muerta. La ampliación del gasoducto Perito Moreno busca aumentar esa capacidad y se esperaba que empezara a generar ingresos en 2027. Otro proyecto, orientado a separar líquidos del gas y exportarlos, tiene un horizonte de ganancias más lejano, alrededor de 2030.

Una pregunta clave es cuánto de esos proyectos ya está incluido en la cotización. El mercado intenta estimar hoy los ingresos futuros, pero también descuenta la posibilidad de demoras, cambios de reglas o dificultades de ejecución. Cuanto más lejano es el flujo de ganancias, más pesa la necesidad de estabilidad macroeconómica. La ON de TGS mencionada en la cartera vencía en 2035 y rendía alrededor del 7,2% en el momento del análisis; ese rendimiento puede cambiar con el precio del bono.

La otra apuesta energética era Constellation Energy. En vez de elegir únicamente una empresa que diseña tecnología de inteligencia artificial, esta tesis mira una necesidad de infraestructura: los centros de datos requieren electricidad de forma continua. La capacidad de generación ya instalada y los contratos de largo plazo con grandes compañías tecnológicas eran los argumentos centrales.

Dos carteras agresivas, dos maneras muy distintas de asumir riesgo

Que una cartera sea agresiva no significa que todas las apuestas agresivas sean iguales. Una propuesta busca reducir la dependencia del mercado argentino mediante empresas internacionales. La otra asume con convicción que Argentina puede mejorar a largo plazo. Ambas exigen tolerar caídas y evitar decisiones tomadas por pánico.

La cadena de inteligencia artificial y los mercados emergentes

La primera cartera agresiva es 100% de renta variable, con cerca de la mitad de la exposición fuera de Estados Unidos y un horizonte superior a cinco años. Su núcleo recorre distintas partes de la cadena de inteligencia artificial:

  • Nvidia diseña chips utilizados en esa expansión tecnológica.
  • TSMC, con sede en Taiwán, fabrica semiconductores diseñados por compañías como Nvidia.
  • Arista Networks aporta equipos de redes que conectan centros de datos.
  • Micron participa en el suministro de memorias necesarias para esos sistemas.

Invertir en distintas etapas de la cadena no hace que desaparezca el riesgo: todas dependen, en alguna medida, de que el gasto en infraestructura tecnológica sostenga las expectativas. Micron, en particular, se presentó como una posición más acotada dentro de la cartera por su mayor agresividad.

La propuesta añade dos apuestas latinoamericanas. Nubank representa la banca digital brasileña, con un costo de adquisición de clientes que se destacó frente al de bancos tradicionales; la sugerencia era tener presente la elección de Brasil antes de entrar. Vista Energy aporta exposición a Vaca Muerta y a la capacidad exportadora de hidrocarburos, aunque su operación en Argentina y su relación con el precio del petróleo siguen siendo riesgos que hay que mirar.

Una apuesta fuerte por el crecimiento argentino

La segunda cartera agresiva expresa una visión más optimista sobre Argentina. No pretende ser apta para cualquier perfil: concentra riesgo local porque busca capturar el potencial de unas pocas tesis que el inversor está dispuesto a sostener a largo plazo.

BYMA es una apuesta al crecimiento del mercado de capitales argentino. Su negocio incluye la infraestructura donde se registran y custodian activos, a través de Caja de Valores, y los ingresos asociados al volumen negociado. Si aumentan las emisiones, las salidas a bolsa y la participación de inversores, podría beneficiarse. A diferencia de un banco que presta dinero, esa tesis no depende del riesgo crediticio de una cartera de préstamos.

Edenor representa un riesgo de otra naturaleza. Las compañías reguladas dependen de tarifas y decisiones del poder ejecutivo. La tesis favorable supone reglas estables y una relación más sostenible entre tarifas, subsidios e ingresos de la empresa. Precisamente por esa dependencia política, una valuación baja puede venir acompañada de mucha incertidumbre.

Vistra vuelve a la necesidad de electricidad para los centros de datos. Combina generación nuclear con otras fuentes, como gas y renovables, y fue presentada como una alternativa más pequeña y agresiva que Constellation Energy. Para amortiguar parcialmente las oscilaciones de las acciones, la cartera incorpora una ON de Pampa Energía con vencimiento en 2037, cuyo rendimiento rondaba el 7,5% al momento de la conversación.

Una apuesta concentrada por Argentina exige más convicción y más tolerancia a la volatilidad.

Brasil puede dar oportunidades, pero no es un ensayo de Argentina

El mercado brasileño también llegaba a sus elecciones con expectativas sobre un posible cambio de gobierno. Eso puede influir en activos como el ETF EWZ o en una empresa brasileña como Nubank. Si los precios ya reflejan un resultado favorable para el mercado, un resultado distinto podría provocar una corrección.

Pero no conviene trasladar mecánicamente esa lectura a las elecciones argentinas de 2027. El argumento planteado es que Brasil cuenta con un marco institucional y monetario más estable, mientras que en Argentina los proyectos económicos en disputa pueden implicar cambios de rumbo mucho más marcados. El riesgo electoral depende tanto del resultado como de cuánto podrían cambiar las reglas después.

Crecer mientras baja la inflación: el desafío de fondo

Detrás de las cotizaciones hay una discusión económica decisiva. ¿Argentina necesita inflación para crecer? La respuesta planteada fue clara: no. A largo plazo, el crecimiento depende de la acumulación de capital físico, financiero y humano, de la inversión, de nuevas tecnologías y de empresas capaces de producir más bienes y servicios. Para que alguien invierta, necesita una expectativa razonable de que podrá sostener su proyecto en el tiempo.

En la explicación presentada, la expansión persistente de la cantidad de dinero ocupa un lugar central en la inflación sostenida de largo plazo. Eso no significa que cada aumento de un precio tenga la misma causa: una suba puntual del petróleo o de los alimentos puede alterar el índice de precios en el corto plazo sin explicar por sí sola una inflación persistente.

Tampoco significa que dejar de emitir haga desaparecer la inflación inmediatamente. Los precios y las expectativas se acomodan con rezagos. Bajar desde niveles muy altos puede ser más rápido que completar el último tramo hacia una inflación anual de un dígito. Por eso se insistió en la continuidad de la política económica y en reglas institucionales que den previsibilidad más allá de un gobierno.

Ahí se conecta todo lo anterior. Si la estabilidad permite invertir, producir y exportar más, mejora la perspectiva de las empresas. Si esa estabilidad depende de decisiones que el mercado considera frágiles, los activos incorporan una prima de riesgo aun cuando el dólar permanezca tranquilo.

Entonces, ¿cuándo tiene sentido recalibrar?

No hace falta liquidar toda una cartera porque apareció ruido electoral, ni comprar cualquier acción local solo porque cayó. Antes de mover una posición, vale la pena hacerse cuatro preguntas:

  1. ¿Cuál es mi horizonte? Una inversión pensada a cinco años no se evalúa igual que dinero que voy a necesitar en pocos meses.
  2. ¿Cuánto riesgo argentino ya tengo? Acciones, bonos, obligaciones negociables y hasta ciertos negocios internacionales pueden depender de la misma economía.
  3. ¿Qué tendría que pasar para invalidar mi tesis? No alcanza con esperar que una elección salga de determinada manera.
  4. ¿Puedo sostener la cartera durante una caída? La mejor idea sobre el papel sirve de poco si su volatilidad me obliga a vender en el peor momento.

Recalibrar es hacer que la cartera vuelva a coincidir con nuestro perfil de riesgo y nuestro plazo. Para algunos eso implicará reducir concentración local; para otros, mantener posiciones con convicción o aprovechar precios mejores de manera gradual. La elección de 2027 importa, por supuesto. Pero la decisión de inversión empieza por entender qué tenemos y por qué lo tenemos.

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Fuente: Del Colchón a la Inversión. Canal Mundo Dinero. Link: