Análisis
Rotación sectorial y una nueva mirada sobre Argentina

Tecnología corrige, industria y materiales ganan terreno: la guía de sectores para reacomodar la cartera

En el ciclo Mercado Sin Filtro, José Bano dialogó con Santiago López Alfaro, presidente de Dracma Investments, sobre la corrección en tecnología y materiales, la oportunidad en industria, oro y cobre, y por qué en Argentina el próximo motor ya no serían los bonos soberanos, sino bancos, construcción y obligaciones negociables de empresas de primera línea.
por Mundo Dinero 17-07-2026
Mercado Sin Filtro Mundo Dinero

Los sectores a mirar tras la corrección: industria, materiales, bancos y ONs

El mercado viene dando señales claras de rotación. Después de un período en el que la tecnología, la industria y los materiales lideraron buena parte de la suba, en las últimas semanas aparecieron correcciones fuertes en algunos de esos sectores y una recuperación en otros más defensivos, como salud y finanzas.

La pregunta no es solamente qué bajó o qué subió durante el último mes. La pregunta importante es qué hay detrás de esos movimientos y cómo armar una cartera sin quedar excesivamente concentrado en una sola idea, sobre todo en las grandes compañías tecnológicas de Estados Unidos.

La visión de fondo sigue siendo que el dólar tiene una tendencia estructural de pérdida de valor frente a los activos reales. No será un proceso desordenado como el que conocemos en Argentina, pero la lógica es parecida: déficits fiscales persistentes, emisión de deuda y una moneda que, con el paso del tiempo, compra menos cosas.

Estados Unidos: una corrección que abre oportunidades sectoriales

En el último tramo se vio una baja importante en materiales y tecnología, mientras que salud y bancos mostraron una mejor performance. Tecnología retrocedió cerca de 5,5% en el mes y materiales alrededor de 9,5%, mientras que el sector salud avanzó más de 6%. El sector financiero también tuvo un buen comportamiento, acompañado por balances sólidos de bancos y firmas como BlackRock.

Parte de este movimiento puede explicarse por una reevaluación del dólar y de las tasas, incluso en los bonos largos estadounidenses. Cuando el dólar se fortalece por un tiempo y las tasas se acomodan, algunos sectores que venían muy demandados suelen corregir.

Eso no implica que haya cambiado necesariamente la tendencia de largo plazo. El déficit fiscal total de Estados Unidos continúa siendo muy elevado, cerca de ocho puntos del producto, y no parece tener una solución sencilla. No hay una motosierra posible que corrija rápidamente ese desequilibrio.

Para entender el concepto, alcanza con mirar qué pasó durante varios años si se mide a la bolsa estadounidense contra el oro. En esa comparación, el mercado accionario prácticamente no avanzó. Esto muestra que la suba nominal de las acciones no siempre equivale a una ganancia real frente a activos que preservan valor.

La inteligencia artificial y las grandes tecnológicas estadounidenses también atraen capitales hacia Estados Unidos. Esa dinámica puede fortalecer al dólar en el corto plazo y generar el efecto contrario al esperado. Pero, mirando varios años hacia adelante, la tesis sigue siendo la misma: el dólar tenderá a perder poder de compra frente a cosas reales.

Industria y materiales: por qué la baja puede ser una oportunidad

Los ajustes en industria y materiales básicos pueden ser una oportunidad para quienes buscan diversificar una cartera de renta variable. En lugar de concentrarse en una empresa puntual, los ETF sectoriales permiten acceder a muchas de las compañías más importantes del mundo dentro de un mismo instrumento.

Dos alternativas para seguir son:

  • XLI, el ETF vinculado al sector industrial.
  • XLB, el ETF asociado al sector de materiales.

Estos instrumentos cuentan con CEDEARs, por lo que pueden operarse desde Argentina. Su principal fortaleza es la diversificación. Siempre puede pasar algo particular en una compañía, incluso en una empresa muy estudiada, pero un ETF distribuye ese riesgo entre múltiples activos.

Eso no elimina la volatilidad ni garantiza resultados, pero reduce la posibilidad de que un problema específico destruya una posición completa. Para una cartera que busca exposición global, puede ser una forma mucho más ordenada de incorporar industria y materiales.

Cómo complementar al S&P 500

El S&P 500 sigue siendo una herramienta central para muchos inversores, pero tiene un punto que conviene tener presente: su concentración en tecnología es muy alta. Las seis o siete grandes tecnológicas, como Apple, Google y Microsoft, llegaron a representar cerca del 40% del índice.

En los hechos, comprar el S&P 500 pasó a ser, en gran medida, comprar tecnología. Por eso puede tener sentido mantener una posición relevante en el índice y, al mismo tiempo, corregir esa composición sobreponderando sectores que uno considera atractivos.

Por ejemplo, energía tiene una participación relativamente baja dentro del S&P 500. Si un inversor tiene una visión positiva sobre ese sector, necesita comprarlo por separado, mediante instrumentos como el XLE. La misma lógica puede aplicarse a industria, materiales, salud u otros sectores que no pesan lo suficiente dentro del índice general.

Quien quiera profundizar el análisis puede revisar los componentes del XLI o del XLB, junto con la ponderación de cada empresa dentro del ETF. Es una buena manera de identificar compañías específicas y hacer un trabajo más fino antes de tomar decisiones.

Oro: una corrección dentro de una tendencia más amplia

El oro desconcierta a muchos inversores porque, aun en un contexto de debilitamiento estructural del dólar, sufrió una caída sostenida después de una suba muy fuerte. El punto es que el oro suele adelantarse a los grandes movimientos.

Venía de pasar de niveles cercanos a US$ 700 la onza, muchos años atrás, a casi US$ 5.000. Después de semejante recorrido, una corrección no debería sorprender. Más que un cambio definitivo de tendencia, puede interpretarse como un ajuste luego de un precio que se había vuelto exigente.

Una zona cercana a US$ 3.000 o US$ 3.500 podría volver a resultar interesante para una posición de largo plazo. El oro es un activo complejo, no paga intereses y puede pasar largos períodos sin moverse de manera atractiva. No es divertido. Pero invertir no tiene por qué ser divertido.

Quien hubiera comprado oro cerca de US$ 700 la onza hace muchos años probablemente habría parecido excesivamente conservador frente a quienes buscaban las acciones más populares del momento. Sin embargo, esa posición multiplicó su valor de manera muy significativa.

Para una cartera internacional, una exposición moderada al oro puede funcionar como una cobertura frente a la pérdida de valor de las monedas y a escenarios de estrés. La clave es entender que se trata de una inversión de paciencia, no de una apuesta de corto plazo.

Cobre: una forma de participar del mundo electrificado

El cobre también aparece como una alternativa atractiva dentro de materiales. Está muy ligado al proceso de electrificación global y puede ofrecer exposición a esa transformación sin depender exclusivamente de las grandes tecnológicas estadounidenses.

Una posibilidad es acceder a mineras de cobre mediante el ETF COPX, que también cuenta con CEDEAR. Otra forma de exponerse indirectamente al metal es seguir instrumentos vinculados a la bolsa chilena, aunque esa alternativa no tiene CEDEAR disponible.

La idea de fondo es diversificar la cartera entre distintos activos reales y sectores productivos. Oro, cobre, industria y materiales cumplen funciones distintas, pero comparten una relación con un mundo en el que el dólar, en términos reales, enfrenta presiones de largo plazo.

Latinoamérica, Brasil y tecnología con perfil regional

Latinoamérica también resulta interesante bajo esta visión. Brasil es un mercado muy vinculado a commodities y puede atravesar episodios de volatilidad, especialmente en un año electoral. Aun así, hay maneras de capturar parte de su potencial sin concentrarse solamente en materias primas.

Dos nombres que permiten jugar esa idea son Nubank y MercadoLibre.

  • Nubank ofrece exposición a Brasil a través de un banco digital y tecnológico.
  • MercadoLibre permite participar del desarrollo tecnológico y financiero de la región.

Estas compañías combinan mercados emergentes, digitalización, servicios financieros y crecimiento regional. No son una apuesta por la supertecnología estadounidense de primera línea, donde las valuaciones pueden ser más sensibles a cualquier sorpresa, pero sí una forma de participar de la transformación tecnológica en América Latina.

Argentina: el gran trade de bonos parece estar mayormente hecho

En Argentina, el gran recorrido de los bonos soberanos parece estar, en gran medida, terminado. Los precios ya no son los de 2022 o 2023, cuando había bonos con paridades cercanas al 30%. Con paridades por encima del 80% y rendimientos cercanos a 8% o 9% anual en dólares, la oportunidad ya no luce tan evidente como antes.

Puede haber margen para una compresión adicional de tasas, pero también se ingresa en un período electoral. El escenario base es que el oficialismo llegue a la reelección porque la economía podría estar mejor dentro de doce meses y porque la oposición se percibe fragmentada. Sin embargo, aun con un escenario político favorable, no necesariamente los bonos pasarán a rendir 6% de inmediato.

Los grandes fondos todavía tienen barreras para entrar con fuerza al riesgo argentino. Por eso, en lugar de tener una posición muy grande en bonos soberanos, parece más interesante buscar sectores que puedan capturar el próximo ciclo de la economía local.

Dos de los sectores más atractivos bajo esa lectura son bancos y construcción.

Bancos argentinos: el ciclo de crédito como próximo motor

El sistema bancario argentino atravesó meses muy malos, con aumento de la mora y resultados que generaron preocupación. Pero ese proceso era esperable dentro de una economía que cambió de régimen.

Durante años, el modelo se apoyó en déficit fiscal, emisión de pesos, cepo cambiario y tasas reales negativas. En ese contexto, tomar crédito era extremadamente barato. La inflación superaba las tasas que cobraban los bancos y, cada vez que había una devaluación, resultaba más fácil pagar cuotas que habían quedado retrasadas respecto de los ingresos.

Además, muchas personas y empresas accedían a préstamos que, en una economía normalizada, probablemente no habrían recibido. Algunos inversores sofisticados incluso tomaban crédito en pesos para dolarizarse y mantener esos dólares como cobertura.

Con tasas reales positivas y una economía que exige productividad para repagar las deudas, la mora tenía que subir. También sufrieron muchas pymes cuyo negocio estaba más ligado a regulaciones, subsidios, protección comercial o crédito barato que a una productividad genuina.

El ajuste golpeó por dos vías:

  • Deudores que ahora deben producir más para pagar cuotas con tasas reales positivas.
  • Empresas cuyo modelo de negocio directamente dejó de ser viable sin subsidios, protección o financiamiento barato.

Fue un cambio muy brusco, casi como una explosión nuclear para algunos balances. A eso se sumó la volatilidad política y electoral, que afectó las variables financieras y profundizó el mal momento del sector.

Sin embargo, los datos de mora comenzaron a estabilizarse y algunos bancos ya observan señales de mejora. Buena parte de las pérdidas potenciales fue reconocida en los balances y las coberturas son relevantes. Hacia adelante, una menor inflación debería permitir una normalización gradual del crédito y de los resultados.

Qué mirar dentro del sector bancario

Los bancos que concentran la mayor atención son Galicia, Macro, BBVA y Supervielle. También cotizan Banco Patagonia e Hipotecario, aunque con menor volumen y fuera del panel líder.

Las valuaciones del sistema lucen atractivas. Los bancos argentinos suelen moverse entre una vez y dos veces y media su valor libro, y varias entidades se encuentran cerca de la zona media o por debajo de dos veces valor libro. En algunos casos, se está comprando una entidad cerca del patrimonio que tiene en su balance.

Además, una mejora en los bonos argentinos también fortalece los balances bancarios, ya que las entidades tienen una participación importante de títulos públicos en pesos. Si se normaliza el crédito, mejora la calidad de cartera y se sostiene la estabilidad macroeconómica, el sector podría capturar una parte relevante de la próxima etapa del ciclo argentino.

Las compañías argentinas listadas, especialmente las grandes, tienen otro punto a favor: en general están bien manejadas y mantienen criterios conservadores. Pese a décadas de enorme volatilidad política y económica, es poco frecuente encontrar defaults empresariales relevantes entre las principales firmas cotizantes.

Construcción: el sector más atrasado, pero con potencial de recuperación

La construcción probablemente sea el sector que tarde más en despegar. El diagnóstico es claro: no hay una reactivación fuerte de la obra pública, el crédito hipotecario avanza lentamente y existe un stock importante de inmuebles luego de años de construcción intensa.

Pero justamente por eso puede ser un sector para mirar con paciencia. La construcción fue una gran receptora de pesos durante la etapa del cepo. Con exceso de moneda local y restricciones para dolarizarse, mucha gente buscaba refugio en ladrillos, desarrollos inmobiliarios, materiales de construcción, hierro y corralones.

El desarrollador ofrecía metros cuadrados valuados en dólares y recibía pesos de personas que querían escapar de una moneda que perdía valor. Ese esquema hizo que la actividad volara, aun cuando no necesariamente respondía a un mercado inmobiliario plenamente normal.

Al empezar a normalizarse la economía, la construcción vuelve a ser un negocio como cualquier otro. Ya no tiene la misma turbina del cepo, perdió impulso por el freno de la obra pública y todavía no recuperó una fuente de crédito masiva.

La vuelta de esa rueda será lenta, pero puede llegar por tres caminos.

1. Obra pública y concesiones

Las licitaciones de rutas y otros proyectos pueden empezar a generar actividad. El proceso no parece que vaya a acelerarse con fuerza de inmediato, y probablemente quede condicionado por el calendario político, pero puede aportar un primer impulso.

2. Crédito hipotecario

El crédito necesita que las variables financieras terminen de normalizarse. Una alternativa que se discute es que los bancos otorguen hipotecas, agrupen esas carteras y las vendan a un inversor grande, como el Fondo de Garantía de Sustentabilidad. De esa forma, las entidades podrían liberar balance y seguir originando nuevos préstamos.

Ese mecanismo ya tuvo antecedentes y podría colaborar en la reconstrucción gradual del mercado hipotecario. No sería una solución instantánea, pero sí una herramienta para volver a poner en marcha el circuito.

3. Un nuevo modelo para los desarrolladores

Los desarrolladores inmobiliarios también tendrán que cambiar su lógica. Antes, el comprador financiaba gran parte de la obra porque quería deshacerse de los pesos. Ahora ese comprador será más parecido a un inversor tradicional.

Va a comparar el rendimiento de un bono corporativo, una obligación negociable o un título público con el retorno esperado de un desarrollo inmobiliario. Si una ON de YPF rinde cerca de 7% anual en dólares o un bono soberano rinde alrededor de 8,5%, el proyecto inmobiliario tendrá que ofrecer una rentabilidad competitiva.

La construcción ya no contará con financiamiento casi gratuito proveniente de la huida del peso. Tendrá que atraer capital con un retorno claro. Ese cambio lleva tiempo, pero es parte necesaria de una economía más normalizada.

Dentro del sector, Loma Negra aparece como una compañía a seguir. La empresa, que cambió recientemente de dueño, tiene un apalancamiento operativo importante. Si está operando cerca del 50% de su capacidad, puede aumentar mucho su producción sin requerir un salto proporcional de costos. Eso le otorga sensibilidad ante una eventual recuperación de la actividad.

Petróleo: un sector sólido, aunque con parte del recorrido realizado

El sector petrolero continúa siendo una pieza importante del mercado argentino. La expectativa es que el precio del petróleo se mantenga en niveles razonables y que las empresas vinculadas al sector sigan mostrando fortaleza.

De todos modos, parte del trade ya está hecho. Por eso, la preferencia no es construir una cartera concentrada solamente en energía, sino combinar exposición a petroleras y empresas de primera línea con bancos, construcción y activos internacionales.

Tasas, licitaciones y tranquilidad relativa en el mercado local

Las últimas licitaciones mostraron demanda por instrumentos en dólares y en pesos. La colocación de títulos vinculados al esquema financiero del Gobierno tuvo buena recepción, con ofertas que superaron ampliamente el monto adjudicado.

También hubo un rollover elevado de vencimientos en pesos. A primera vista, una absorción importante de liquidez podría generar dudas sobre las tasas o la actividad, pero no parece haber una señal de alarma detrás de ese movimiento.

En una economía que comienza a normalizarse, estos eventos deberían dejar de ser grandes noticias. Puede haber organismos públicos con liquidez disponible, flujos estacionales vinculados a la liquidación de cosecha o decisiones tácticas para administrar vencimientos futuros.

La curva de tasas luce relativamente lógica. Un bono en pesos a un año rinde cerca de 25%, mientras que la inflación esperada para los próximos doce meses se ubica aproximadamente entre 19% y 22%. Los bonos CER también reflejan tasas reales en una zona razonable, sin arbitrajes evidentes.

La inflación probablemente tarde en bajar más, pero podría mantenerse en un rango mensual de alrededor de 1,5% a 2,1%. Eso es consistente con rendimientos nominales anuales cercanos a los que muestra hoy el mercado.

El contexto macro también ofrece algunos elementos de calma:

  • Superávit fiscal.
  • Superávit comercial.
  • Un dólar contenido.
  • Liquidación relevante del sector agroexportador.

Para los próximos meses, el escenario más probable es de tranquilidad relativa. Más adelante, el calendario electoral volverá a pesar sobre las decisiones, pero hoy no aparece un desequilibrio evidente que obligue a anticipar un cambio brusco de escenario.

ONs de empresas de primera línea: la pieza central de una cartera conservadora

Que los bonos soberanos argentinos ya no resulten tan atractivos no significa dejar de lado por completo la renta fija. La alternativa preferida son las obligaciones negociables de empresas argentinas de primera línea, especialmente del sector energético.

Entre los nombres a seguir aparecen YPF, Genneia, Vista, TGS, Pampa y Tecpetrol. Las ONs más largas de estas compañías, con vencimientos hacia 2031 o 2033, pueden rendir aproximadamente entre 6,5% y 7,5% anual en dólares.

La idea es que una parte importante de una cartera, incluso entre 60% y 70% para un perfil conservador, pueda estar compuesta por estas obligaciones negociables. Luego, una porción menor puede destinarse a los activos con más riesgo y mayor potencial, como bancos, construcción o posiciones internacionales.

En muchos casos, las ONs corporativas de estas empresas presentan mejor perfil crediticio que un bono soberano argentino. Frente a la elección entre un bono del Estado que rinde cerca de 8% y una ON de una empresa fuerte como Vista que rinde alrededor de 7%, puede tener más sentido priorizar el crédito corporativo.

Por qué el rendimiento neto importa tanto

Para un inversor argentino, una ON que paga cerca de 7% anual puede ser una tasa muy atractiva. En el mundo, una empresa con un rendimiento similar podría despertar dudas, pero el análisis cambia cuando se revisan los balances de compañías como YPF, Vista o TGS.

Además, hay una cuestión impositiva relevante. Dependiendo de la situación fiscal del inversor, los intereses de estas ONs pueden tener un tratamiento muy favorable. Frente a un bono estadounidense que rinde alrededor de 4% bruto y puede quedar mucho más bajo luego de impuestos, una renta cercana a 7% anual puede resultar especialmente competitiva.

Para quien busca conservar capital, cobrar renta en dólares y mantener riesgo acotado dentro de Argentina, una cartera de ONs largas de empresas sólidas puede ser una solución muy razonable.

ONs bajo ley de Nueva York y cobro en dólar cable

Las ONs emitidas bajo ley de Nueva York por las principales empresas argentinas suelen pagar en dólar cable. Esto permite que quien tenga una cuenta en el exterior reciba los fondos afuera o, si lo prefiere, los convierta a dólar local.

Es importante tener en cuenta que el canje entre dólar cable y dólar MEP no es gratuito. El dólar en el exterior puede valer aproximadamente entre 2,5% y 3% más que el dólar local. Ese diferencial también debe considerarse al evaluar el rendimiento final.

La combinación de renta cercana a 7% anual, liquidez, posibilidad de venta en cualquier momento y crédito de empresas bien administradas vuelve a estas ONs particularmente atractivas para perfiles conservadores.

Una cartera más selectiva para la etapa que viene

La estrategia no pasa por perseguir lo que ya subió ni por poner todo en un único activo. El mercado global sigue ofreciendo oportunidades en industria, materiales, cobre, oro y algunos nombres de Latinoamérica. Argentina, por su parte, puede entrar en una fase donde bancos y construcción tengan más potencial que los bonos soberanos.

Una estructura posible es combinar:

  • Una base relevante de ONs largas de empresas argentinas de primera línea.
  • Una posición más acotada en bancos argentinos para capturar un eventual ciclo de crédito.
  • Exposición selectiva al sector de construcción, entendiendo que su recuperación será gradual.
  • Activos globales diversificados mediante CEDEARs de ETF sectoriales.
  • Una porción de oro, cobre o materiales para acompañar la pérdida de valor del dólar frente a activos reales.
  • Alternativas regionales como Nubank y MercadoLibre para participar del crecimiento latinoamericano.

La clave es no quedar atrapado solamente en tecnología ni asumir que los bonos argentinos conservan el mismo potencial que tenían cuando cotizaban a paridades muy bajas. Esta etapa exige una cartera más equilibrada, más selectiva y construida con paciencia.

La charla en Mercado Sin Filtro dejó una idea clara: en esta nueva etapa, una cartera conservadora ya no se arma solo con bonos soberanos argentinos. Las obligaciones negociables de empresas de primera línea como YPF, Vista o TGS ofrecen hoy un perfil crediticio sólido, renta en dólares y, en muchos casos, mejor relación riesgo-beneficio que la deuda del Estado.

Para quien quiera profundizar en esa lógica, la Escuela Argentina de Finanzas Personales (EAFP) dicta el curso Inversiones para Vivir de Rentas  el 4 y 5 de agosto. El programa recorre bonos, obligaciones negociables, letras y otros instrumentos clave para armar una cartera de renta fija sólida y diversificada. Más información e inscripción, https://eafp.com.ar/p/bonos-invertir-en-renta-fija

Fuente: Mercado sin filtro. Canal Mundo Dinero. Link: