Hay más dólares que nunca, pero igual inquieta: qué hacer con los pesos, bonos y tecnológicas
Hay más dólares que nunca, pero igual inquieta: qué hacer con los pesos, los bonos y las tecnológicas
Argentina está atravesando una rareza poco habitual. Durante años, casi siempre el problema fue el mismo: faltaban dólares y sobraban pesos. Hoy, al menos por ahora, la foto parece invertida. Entra una cantidad enorme de dólares por exportaciones, energía, deuda corporativa y financiamiento privado. Y al mismo tiempo, los pesos vienen escasos en términos reales.
Eso no significa que todo esté resuelto. Al contrario. Justamente porque el cuadro cambió, la pregunta más importante no es solo qué pasa hoy, sino si esta situación se sostiene. Y de esa respuesta dependen muchas decisiones de inversión: qué hacer con la curva CER, con los bonos Tamar, con la deuda hard dollar, con el dólar financiero y hasta con las acciones tecnológicas de Estados Unidos.
La rareza argentina del momento: sobran dólares y faltan pesos
La tesis central es simple. Este año la oferta de dólares luce muy robusta.
- Las exportaciones podrían ubicarse cerca de los 100.000 millones de dólares.
- Las importaciones vienen bastante más abajo, alrededor de los 70 y pico mil millones.
- Eso deja un superávit comercial potencial muy grande.
- A eso se suma el ingreso neto de capitales privados de empresas, entre ONs, préstamos en dólares e inversiones.
Si uno redondea, puede pensar en una oferta total de divisas del orden de los 50.000 millones de dólares entre saldo comercial e ingresos financieros privados. Para Argentina, eso es muchísimo.
Ahora bien, del otro lado hay demanda. Y ahí aparece la inquietud. La gente sigue comprando muchos dólares. Muchísimos. Incluso en meses donde el tipo de cambio estuvo tranquilo y todavía lejos de las elecciones. Esa demanda estructural no desapareció.
Entonces la pregunta no es si hoy entran dólares. Eso está pasando. La pregunta es si alcanza cuando se combina con tres cosas:
- la compra de dólares de personas,
- una eventual recuperación de importaciones,
- la incertidumbre propia de un año electoral.
Por qué la demanda de dólares sigue tan alta
Hay una explicación cultural, claro, pero no alcanza. También hay motivos económicos concretos.
Uno es que parte del mercado percibe al dólar como relativamente barato en términos reales. Otro es que todavía no termina de consolidarse la confianza plena en que el programa económico ya está completamente cerrado y blindado. Y un tercero, mucho más profundo, es la bimonetariedad argentina. Esa costumbre no se va de un día para el otro.
De hecho, aun en un contexto más ordenado que otros, la compra de dólares para atesoramiento y turismo sigue siendo muy importante. Y eso obliga a mirar con mucho cuidado lo que pase en 2027, sobre todo si se intensifica la incertidumbre política.
Hay, sin embargo, una diferencia positiva respecto de otras etapas. Parte de esos dólares no se van debajo del colchón. Quedan dentro del sistema bancario. Eso permite que, aunque de manera acotada, esos depósitos puedan reciclarse en crédito en dólares para empresas con ingresos dolarizados. No es la solución definitiva, pero sí un círculo más sano que el de otros años.
El desafío de 2027: no alcanza con que este año cierre bien
El 2026 luce bastante encaminado desde el frente financiero. Con las compras de dólares del Banco Central, el financiamiento de organismos, algo de deuda colocada y otras herramientas, el año parece manejable.
El problema es el año siguiente. Ahí ya no se trata solo de pagar lo que vence, sino de transmitir certidumbre. El mercado necesita señales de que el programa financiero de 2027 también se va cerrando con tiempo.
En un país donde la demanda de dólares es estructural, llegar a un año electoral con demasiadas incógnitas abiertas nunca es gratis. Por eso gana peso la idea de prefinanciar lo antes posible y despejar dudas antes de que el clima político se ponga más denso.
Qué hacer con los pesos: CER, Lecap, Tamar y Dollar Linked
En renta fija local, la discusión hoy pasa menos por elegir una única bala de plata y más por entender dónde conviene estar según plazo y escenario.
El tramo corto: menos diferencia entre CER y Lecap
A comienzos de año, los bonos CER resultaban muy atractivos para cubrirse de una inflación que se aceleraba. Pero con la desaceleración reciente y datos mejores a los esperados, esa ventaja se achicó.
Hoy, la inflación implícita que iguala la conveniencia entre estar en tasa fija o en CER luce bastante más razonable que hace un tiempo. En el tramo corto, entonces, la sensación es de mayor indiferencia entre Lecap y CER.
Ya no se ve ese descalce tan fuerte donde el mercado subestimaba la inflación futura y dejaba demasiado barata la cobertura CER. En este momento, el arbitraje luce más equilibrado.
El tramo medio: empieza a gustar más Tamar
Donde aparece más interés relativo es en los bonos a tasa variable, especialmente Tamar, en horizontes algo más largos. La idea detrás de esta preferencia es que el mercado puede estar más cerca de un piso de tasas que de un techo.
Si las tasas reales ya no tienen mucho margen para seguir bajando y el escenario hacia 2027 suma ruido electoral, el tramo medio de la curva variable empieza a verse atractivo frente a otras alternativas en pesos.
En otras palabras:
- en el corto plazo, CER y Lecap se parecen más;
- en el tramo medio, Tamar empieza a ganar puntos.
¿Y los Dollar Linked?
Sirven como parte del menú, pero hay un detalle importante: varios vencimientos relevantes quedan ya muy metidos en el próximo gobierno. Eso hace que el análisis no sea solo financiero, sino también político.
Para atravesar el proceso electoral, muchos prefieren mirar directamente la curva hard dollar antes que quedarse únicamente en pesos indexados al tipo de cambio oficial.
Deuda en hard dollar: por qué el tramo medio luce menos eficiente
Dentro de los bonos soberanos en dólares, el tramo medio de la curva, especialmente los 2029 y 2030, aparece como la zona menos atractiva. El argumento es bastante claro: no se captura del todo una eventual compresión adicional del riesgo país, pero tampoco se evita la volatilidad propia de un año electoral.
Frente a eso, gana fuerza una estrategia tipo barbell, o barra:
- una parte en el tramo bien corto, como Bopreal u otros instrumentos de duration muy baja;
- otra parte en el tramo largo, como bonos 2035 o 2041 bajo ley extranjera.
La lógica es simple. El tramo corto baja mucho la volatilidad. El tramo largo deja abierta la posibilidad de capturar compresión de spreads si el riesgo país sigue cayendo. El tramo medio, en cambio, queda un poco atrapado entre ambos mundos.
Con la compresión reciente del riesgo país, esa barra se volvió todavía más sesgada hacia lo corto. No necesariamente por mayor retorno esperado, sino por una mejor relación entre rendimiento y volatilidad.
Pago de bonos en dólares: por qué podría haber más oferta que demanda
Con los pagos próximos de bonos soberanos, uno podría imaginar presión sobre el dólar financiero. Pero no necesariamente ese será el efecto dominante.
Hay otra lectura posible: que aparezca una sobreoferta de dólares dentro del mercado local, porque hay mucha liquidez en moneda dura y cada vez menos instrumentos cortos con rendimientos atractivos donde colocarla.
Ese fenómeno ya se ve en varios activos:
- Bopreal rindiendo cada vez menos.
- ONs comprimidas.
- Pocos instrumentos cortos disponibles para absorber esa liquidez.
En ese contexto, no sería raro que el canje entre MEP y contado con liquidación siga deprimido por un tiempo, justamente porque hay muchos dólares que se quedan dentro del sistema local buscando dónde estacionarse.
El dólar global y los commodities: sin escenario demasiado optimista
En el plano internacional, el dólar global no luce encaminado a una etapa de debilidad extrema. Puede moverse, sí, dependiendo de inflación, empleo y decisiones de la Reserva Federal, pero no parece el inicio de una era de dólar flojo como para imaginar un boom extraordinario de commodities.
La conclusión práctica es bastante conservadora: para pensar Argentina, conviene trabajar con precios internacionales parecidos a los actuales, no con una mejora milagrosa. Si después el escenario ayuda más, mejor. Pero no construir una tesis local sobre la base de que la soja o el resto de las materias primas van a volar.
El otro gran problema: faltan pesos
La otra mitad de la historia es igual de importante. Si hoy sobran dólares, también faltan pesos.
Cuando se mira la monetización de la economía en términos reales, la cantidad de pesos circulando y depositados está baja frente a la historia. Muy baja. El Banco Central viene actuando con mucha cautela. Compra dólares, sí, pero al mismo tiempo absorbe pesos por otras vías. O sea, emite de día y esteriliza de noche.
El resultado es una economía que todavía funciona con poca liquidez en moneda local. Y eso tiene consecuencias muy concretas:
- la inflación no termina de perforar con claridad ciertos niveles;
- el consumo no logra despegar con fuerza;
- la recuperación de actividad queda acotada a pocos sectores.
Campo, energía y minería pueden crecer más fácilmente porque viven en dólares. Pero industria, construcción y comercio dependen mucho más de una remonetización en pesos.
Por qué el resultado económico importa tanto para 2027
No hay programa económico duradero en Argentina sin dos resultados concretos: baja de inflación y recuperación de actividad. Una de las dos sola no suele alcanzar.
Se puede ganar una elección con inflación baja y crecimiento débil solo en circunstancias muy excepcionales. También se puede ganar con inflación alta y mucha expansión, como pasó en otros momentos de la historia. Pero crecer poco y mantener una inflación todavía elevada no es un combo especialmente potente desde el punto de vista político.
Por eso la discusión monetaria no es un tema técnico aislado. Es central para entender el rumbo económico y financiero. Si en los próximos meses el Banco Central ve espacio para largar algo más de pesos sin desanclar expectativas, podría aparecer un intento de reactivación más visible.
La herramienta existe. La Argentina históricamente se reactivó muchas veces con procesos de remonetización luego de una caída fuerte. La pregunta es cuándo y en qué magnitud aparecería ese movimiento.
Wall Street: por qué no todo está caro aunque parezca
Pasando al mercado internacional, hay una discusión interesante que suele aparecer todo el tiempo: si las acciones de Estados Unidos, y en particular las tecnológicas, están en una burbuja.
La respuesta acá exige un poco más de matiz.
Si uno compara grandes períodos, la suba del S&P 500 en los años previos al estallido puntocom estuvo mucho menos respaldada por ganancias corporativas que la suba observada en las últimas dos décadas. Hoy hay expansión de múltiplos, sí, pero también un crecimiento real y muy fuerte de beneficios.
Eso no significa que no haya excesos. Significa que no conviene meter todo en la misma bolsa.
Qué sectores del S&P 500 lucen más exigentes
Cuando se desagregan los sectores, aparecen sorpresas. Algunos segmentos tradicionalmente defensivos, como consumo básico o utilities, muestran valuaciones muy exigentes respecto de sus propios promedios históricos.
Eso obliga a ser más selectivo. No alcanza con decir "me refugio en defensivos". Hay que mirar qué se está pagando por ese refugio.
Consumo básico: caro y con poco crecimiento
Acá aparece una crítica bastante fuerte. Muchas compañías del sector ofrecen ingresos previsibles y baja volatilidad relativa, pero muy poca capacidad de sorprender con crecimiento. Si además cotizan con múltiplos altos, la ecuación se vuelve incómoda.
En esa lógica, pagar valuaciones elevadas por negocios maduros como algunos nombres clásicos del consumo defensivo parece poco atractivo frente a otras alternativas con mayor potencial.
Utilities: cuidado, pero con una historia distinta
Utilities también luce cara si se mira solo el pasado. Pero hay un matiz importante: la demanda de energía asociada al desarrollo de data centers e inteligencia artificial puede cambiar bastante el panorama.
Entonces, aunque las valuaciones estén por encima del promedio, el mercado está anticipando una estructura de demanda nueva. No es el mismo negocio regulado y aburrido de hace diez años.
Salud: defensa con innovación
Dentro de los sectores más defensivos, salud aparece mejor parado. ¿Por qué? Porque combina estabilidad con la posibilidad de capturar innovación y cambios estructurales, como el envejecimiento poblacional y nuevos tratamientos.
No es simplemente esconderse. Es buscar defensa con opcionalidad de crecimiento.
Si querés bajar riesgo, no siempre alcanza con sectores defensivos
Otro punto interesante es que intentar bajar la volatilidad de una cartera accionaria solo rotando desde tecnología hacia consumo básico o salud no siempre funciona como uno espera.
En correcciones recientes del mercado, varios de esos sectores también cayeron con fuerza. O sea, el famoso beta bajo no siempre protegió tanto.
Por eso aparece otra alternativa más sofisticada: estrategias de retorno absoluto o fondos con posiciones compradas y vendidas al mismo tiempo, buscando beta cercano a cero. No son vehículos para cualquiera y suelen requerir cuenta fuera del país, pero conceptualmente cumplen un rol distinto al de los sectores defensivos tradicionales.
Tecnológicas: mejor abrir la caja y mirar por subsector
Hablar de "tecnología" como un bloque uniforme ya no alcanza. El sector es enorme y muy heterogéneo. Hay ganadores clarísimos, otros bastante más flojos y subsegmentos donde la valuación tiene sentido junto con el crecimiento, mientras que en otros no tanto.
Semiconductores: el corazón del ciclo
Este es el subsector más favorecido por la ola de inteligencia artificial. El crecimiento de ganancias fue explosivo y, en algunos casos, tan fuerte que incluso con suba de precios los múltiplos se fueron descomprimiendo.
Las preferencias más claras acá pasan por:
- Nvidia
- TSMC
- Micron
El punto clave es que la demanda viene empujada por el gasto de capital de los hyperscalers. Mientras Microsoft, Amazon, Google, Oracle y compañía sigan invirtiendo fuerte en infraestructura de IA, esta parte de la cadena sigue siendo la gran ganadora.
En cambio, hay más cautela con nombres como AMD e Intel, donde las valuaciones o la dinámica competitiva generan más dudas.
Hardware: más defensivo, más maduro
Dentro de tecnología, hardware es probablemente la zona más parecida a una blue chip. Menor crecimiento, menos épica y un perfil bastante más estable.
Ahí aparece Apple como caso típico. El mercado sigue valorando mucho su caja, su calidad de negocio y su resiliencia en momentos de mayor incertidumbre.
Cloud y plataformas: donde siguen apareciendo oportunidades
Este es uno de los segmentos más atractivos del universo tecnológico. Acá entran varios de los gigantes que mejor combinan escala, crecimiento y capacidad de monetizar la inteligencia artificial.
- Microsoft
- Alphabet
- Amazon
- Meta
En Microsoft, la historia sigue siendo muy sólida. Tiene crecimiento persistente, liderazgo en la nueva ola tecnológica y una valuación que no luce exagerada frente a su propia historia.
Alphabet también mejora en la lectura actual. Además de cloud, hay que sumar el peso enorme de YouTube y la transformación del buscador, donde la integración de respuestas generadas por IA cambió por completo la experiencia de uso. Menos gente va a la segunda página. Menos gente scrollea. Google se está rehaciendo mientras sigue monetizando.
Amazon y Meta también aparecen como apuestas fuertes, especialmente si uno busca crecimiento de calidad a largo plazo. Meta, además, tiene detrás el respaldo conceptual de varios grandes inversores que vienen mirando con muy buenos ojos su capacidad de ejecución.
Software: barato por algo
Software fue uno de los subsectores más castigados. Y si uno mira solo múltiplos, parece atractivo. El problema es que no todo lo barato es oportunidad.
En varios casos, el mercado está descontando una amenaza real: la posibilidad de que modelos de inteligencia artificial erosionen parte del negocio tradicional.
Por eso acá la selección tiene que ser mucho más fina. No alcanza con comprar el ETF del sector y esperar. Hay nombres que pueden adaptarse y otros que corren serio riesgo de quedar desplazados.
Las grandes apuestas de calidad: Microsoft, Mastercard, Visa, Amazon y Meta
Si la idea es construir una canasta de compañías de crecimiento de calidad, hay varios nombres que resaltan.
Microsoft
Es uno de esos casos donde la empresa siguió generando ganancias con una consistencia impresionante, mientras invierte en la próxima gran ola tecnológica. Si además la valuación relativa está por debajo de lo que fue normal en los últimos años, la combinación cierra todavía mejor.
Mastercard y Visa
Acá la tesis es más simple. Son dos jugadores dominantes en pagos globales, con estructuras de negocio de enorme calidad. Quizás no tengan el brillo narrativo de la inteligencia artificial, pero ofrecen crecimiento sostenido, márgenes altos y barreras de entrada muy difíciles de replicar.
Amazon y Meta
Las dos combinan escala, crecimiento y capacidad de monetizar mejor el nuevo contexto digital. Son negocios que ya probaron mucho y todavía tienen espacio para seguir expandiéndose en nuevas líneas.
Las apuestas más agresivas: Nu, Mercado Libre y ServiceNow
Si uno quiere subir un escalón más en agresividad, aparecen nombres de mayor crecimiento potencial.
Nu Holdings
La tesis acá es muy potente. La fintech viene mostrando eficiencia operativa, crecimiento de usuarios y expansión regional a una velocidad impresionante. Brasil y México ya validaron gran parte del modelo. Y la posibilidad de avanzar sobre Estados Unidos le agrega una opción de crecimiento enorme.
La lectura es que no se trata solo de una empresa de moda, sino de una plataforma financiera con una ventaja estructural frente a los bancos tradicionales en costo de adquisición de clientes y escalabilidad.
Mercado Libre
Aunque en el corto plazo pueda resignar algo de margen, la idea es que sigue capturando mercado y consolidando una posición dominante en América Latina. Si el objetivo es quedarse con una porción cada vez mayor del ecosistema regional, esa inversión tiene sentido.
Es una historia más agresiva, sí, pero también una de las más consistentes de la región.
ServiceNow
Acá el ángulo es muy interesante. La tesis no es que las empresas vayan a ir directamente a usar un modelo de IA puro y listo. Entre ese modelo y la compañía final existe una capa de software empresarial que ordena, integra y traduce esa tecnología al mundo corporativo.
ServiceNow puede ser uno de los grandes ganadores de esa capa intermedia. Si eso se confirma, una valuación castigada podría transformarse en oportunidad.
El gran motor detrás de todo: el Capex en inteligencia artificial
Hay un dato que atraviesa gran parte de la discusión sobre tecnología: el gasto de capital de las grandes plataformas se disparó. Y no de forma marginal, sino exponencial.
Ese Capex es el que alimenta:
- la demanda de semiconductores,
- la expansión de data centers,
- la necesidad de energía,
- la cadena completa asociada a infraestructura de IA.
Mientras ese motor siga prendido, cuesta discutirle la tendencia a muchos de los ganadores del sector. La clave está en separar quién realmente captura valor de quién simplemente se sube a la narrativa.
Por eso también hay mucha cautela con áreas más especulativas, como algunas ligadas al espacio, donde las valuaciones pueden haber corrido demasiado por delante de cualquier flujo razonable.
Entonces, ¿qué hacer hoy?
Si hubiera que resumir la foto de mercado en pocas líneas, quedaría algo así:
- En pesos, el tramo corto muestra paridad más razonable entre CER y Lecap, mientras que Tamar empieza a gustar más en el tramo medio.
- En dólares argentinos, luce mejor una estrategia barbell entre tramo corto y tramo largo que quedarse atrapado en la parte media de la curva.
- En economía local, la abundancia actual de dólares no elimina la duda sobre 2027, porque la demanda privada de divisas sigue muy viva.
- En actividad, el gran cuello de botella es la escasez de pesos reales y la cautela monetaria.
- En Wall Street, no todo está caro ni todo es burbuja. Hay que mirar por sectores, por subsectores y por calidad de ganancias.
- En tecnología, la mejor lectura sigue estando en semiconductores, cloud y plataformas, con mucha más selectividad en software.
La pregunta de fondo sigue siendo la misma
La economía argentina está mostrando una postal que durante mucho tiempo parecía imposible: dólares entrando por todos lados. Pero el mercado no vive solo de la foto de hoy. Vive de la confianza en que esa foto se puede sostener.
Y ahí está la inquietud real.
Porque si el año próximo la gente sigue comprando dólares al mismo ritmo, si las importaciones repuntan, si el financiamiento no se termina de asegurar y si además la economía en pesos no reacciona, el equilibrio actual puede volverse bastante más frágil de lo que parece.
Por eso, más que enamorarse de un relato único, conviene quedarse con una idea simple: este es un mercado para seleccionar bien, diversificar mejor y no confundir una rareza coyuntural con una solución definitiva.
Fuente: ¿Qué hacemos con los pesos?. Canal Mundo Dinero. Link: