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Vaca Muerta y el desafío urbano de Añelo

La paradoja de Vaca Muerta: miles de millones en exportaciones y una ciudad postergada

Vaca Muerta aparece como uno de los grandes motores energéticos y exportadores de la Argentina, pero su boom convive con una contradicción difícil de ignorar: el crecimiento desordenado de Añelo, la falta de infraestructura y una ciudad que durante años no accedió ni siquiera a servicios básicos en línea con la magnitud del negocio. En Negocios son negocios, Carlos Burgueño entrevistó a Rolando Graña para poner el foco sobre esa tensión entre riqueza potencial y desarrollo urbano pendiente.
por Carlos Burgueño 27-04-2026
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La paradoja de Vaca Muerta: miles de millones en exportaciones y una ciudad postergada

No hay muchas dudas sobre esto: el futuro energético de la Argentina pasa por Vaca Muerta. En un plazo relativamente corto, ese yacimiento puede llevar al país a exportar decenas de miles de millones de dólares por año. Puede empatarle al campo. Puede cambiar la balanza energética. Puede, incluso, convertirse en uno de los grandes motores de crecimiento argentino.

Pero alrededor de esa gran promesa aparece una pregunta incómoda.

¿Cómo puede ser que la localidad más cercana a semejante riqueza haya crecido sin planificación, con déficit de infraestructura y, durante mucho tiempo, sin algo tan básico como gas de red?

Ese lugar es Añelo. Y su historia resume bastante bien una vieja costumbre nacional: descubrir una oportunidad extraordinaria, correr detrás del negocio y recién después preguntarse cómo se organiza la vida de la gente que sostiene ese negocio.

Añelo: de pueblo semirrural a puerta de entrada de Vaca Muerta

Añelo fue fundado en 1915. Durante casi un siglo fue un poblado pequeño de la provincia de Neuquén, vinculado a actividades tradicionales: agricultura de bajo riesgo, ganadería caprina y servicios rurales básicos. Su crecimiento fue lento. Su perfil, semirrural. Durante décadas estuvo lejos de cualquier centralidad económica nacional.

Todo eso cambió cuando apareció Vaca Muerta como gran proyecto estratégico.

El punto de quiebre llega a partir de 2011, cuando se confirma el enorme potencial hidrocarburífero del área. Desde ese momento, Añelo pasa a ser la puerta de entrada del shale gas y del shale oil argentino. Empiezan a desarrollarse yacimientos cerca de la localidad, desembarcan empresas, se acelera la inversión y la zona se convierte en un imán para trabajadores, contratistas, ejecutivos y proveedores.

Ahí aparece el primer gran problema: el crecimiento fue real, pero no fue ordenado.

La explosión demográfica que nadie preparó

Cuando el boom de Vaca Muerta empezó a tomar forma, Añelo todavía era una localidad muy chica. En poco tiempo, comenzó a recibir miles de personas. La población creció de manera vertiginosa y la ciudad no logró acompañar ese salto.

El resultado fue bastante argentino: una expansión acelerada, desprolija y con infraestructura muy por detrás de la demanda.

En pocos años aparecieron todos los síntomas clásicos de un crecimiento sin planificación:

  • Falta de viviendas
  • Precios inmobiliarios disparados
  • Servicios públicos saturados
  • Urbanización improvisada
  • Déficit en salud, educación y espacios de recreación

El metro cuadrado en Añelo llegó a valer como en Puerto Madero. Sí, en pleno corazón petrolero neuquino, en una ciudad todavía precaria en muchos aspectos, el precio de la vivienda explotó al nivel de una de las zonas más caras de Buenos Aires.

Eso no fue señal de desarrollo armónico. Fue señal de escasez extrema de oferta frente a una demanda desesperada.

Cómo se vivía en el boom: trailers, campamentos y contenedores

En la primera etapa del crecimiento, la falta de vivienda fue brutal. Hubo trabajadores durmiendo en trailers, campamentos, espacios improvisados y, más adelante, en contenedores adaptados como solución de emergencia.

Esos contenedores, llevados en muchos casos por las propias petroleras, terminaron funcionando como una suerte de vivienda transitoria. Incluso se mencionaba que algunos gerentes de empresas pasaban semanas allí, porque simplemente no había otra cosa disponible.

Después apareció un nuevo formato: hoteles corporativos y complejos modulares levantados por las propias compañías. Más adelante empezaron a construirse departamentos impulsados por inversores privados.

Pero el patrón seguía siendo el mismo:

  • la demanda corría más rápido que la oferta
  • los precios seguían altísimos
  • la ciudad seguía sin resolverse como ciudad

Con el tiempo la situación mejoró algo. Hubo más construcciones. Aparecieron viviendas de material. Se corrigieron algunas carencias. Pero el problema estructural nunca desapareció del todo: Añelo creció como campamento productivo antes que como comunidad planificada.

La contradicción más increíble: el gas salía de Vaca Muerta, pero no llegaba a Añelo

Acá aparece la escena más absurda de todas.

Vaca Muerta es uno de los grandes centros gasíferos del mundo. Desde ahí, la Argentina proyecta exportar gas a Europa, América Latina, Asia y otros mercados. Es una plataforma energética de escala global.

Sin embargo, durante mucho tiempo, Añelo no tuvo gas natural de red.

Es decir: el lugar donde viven muchos de los trabajadores vinculados al desarrollo del gas argentino no contaba con el servicio básico del recurso que ayudaban a producir.

La situación era todavía más insólita porque el gas había llegado antes a otros destinos que a la localidad neuquina pegada al yacimiento. Recién muy recientemente comenzó a generalizarse la llegada del gas de red a Añelo.

Es difícil encontrar una imagen más perfecta de la contradicción argentina.

Montados sobre una inmensa garrafa de gas, no tenían gas de red.

Esa frase resume todo. El problema no era la falta de recurso. El problema era la falta de planificación, de coordinación y de prioridades.

Lo que encontró Rolando Graña en Añelo y Neuquén

Cuando el periodista Rolando Graña recorrió la zona en los primeros años del boom, se encontró con una postal muy fuerte. No solo faltaba gas de red en muchos barrios de Añelo, sino que además había una infraestructura vial muy pobre.

Las rutas eran malas, angostas, sin banquinas. Había caminos de tierra o ripio por donde circulaban camiones ligados a una de las operaciones energéticas más grandes del país. Buena parte de esas deficiencias fue corrigiéndose con el tiempo, pero el diagnóstico de fondo era el mismo: el desarrollo productivo corría mucho más rápido que el desarrollo urbano.

Graña también puso el foco en Neuquén capital, donde se concentró buena parte del verdadero boom habitacional y hotelero. Ahí estaban los grandes hoteles, los barrios cerrados donde vivían ejecutivos y gerentes, y también las villas de emergencia y asentamientos precarios donde terminaban muchas familias y trabajadores sin acceso al mercado formal de vivienda.

Es decir, la renta petrolera generó polos muy distintos al mismo tiempo:

  • sectores premium para cuadros jerárquicos y servicios corporativos
  • precariedad habitacional para buena parte de quienes llegaban a buscar trabajo

Y en el medio, una enorme pregunta sobre quién debía ordenar ese crecimiento.

El clientelismo de la garrafa y la pobreza en el corazón energético

Uno de los aspectos más duros de esta historia es que el boom de Vaca Muerta convivió, durante años, con escenas de pobreza estructural difíciles de justificar.

En un clima frío, donde la calefacción es esencial, la falta de gas de red convertía a la garrafa en un bien crítico. Y allí aparecía otro fenómeno muy argentino: el clientelismo alrededor del acceso a un recurso básico.

Se relataban situaciones donde la entrega de garrafas quedaba mediada por punteros, listados y favoritismos políticos. En otras palabras, en una de las regiones más prometedoras del mapa energético nacional, había familias dependiendo de la discrecionalidad para poder calefaccionarse.

Eso no habla solo de pobreza. Habla de algo más profundo: la incapacidad de transformar riqueza natural en ciudadanía plena.

Una ciudad sin arraigo real

Otro rasgo importante de Añelo fue su dificultad para consolidarse como ciudad de arraigo.

Muchos trabajadores iban por turnos. Se quedaban unos días y volvían a Neuquén. Los ejecutivos, en general, no hacían vida estable en Añelo. Vivían en la periferia de Neuquén capital, muchas veces en barrios cerrados, y viajaban. Otros se alojaban en hoteles o módulos temporarios.

Eso produjo un fenómeno particular: Añelo crecía, pero no siempre como comunidad familiar consolidada. Más bien funcionaba, en buena medida, como ciudad de paso, de rotación laboral, de ocupación transitoria.

Y cuando una ciudad nace así, es más difícil que aparezcan de manera espontánea:

  • centros urbanos definidos
  • vida barrial consolidada
  • infraestructura cultural y deportiva
  • servicios pensados para una población permanente

En esa lógica, lo que más brillaba no era necesariamente un centro cívico o un paseo urbano bien diseñado. Muchas veces lo que sobresalía eran los servicios asociados al consumo rápido de una población masculina, laboral y flotante.

El costado oscuro del boom: casino, drogas, prostitución y violencia

Donde hay mucho dinero circulando, gran concentración de trabajadores varones solos, turnos intensos, fines de semana muertos y poca contención urbana, suele aparecer un ecosistema paralelo.

En torno al boom petrolero de Neuquén y Añelo se habló de un aumento de actividades vinculadas al casino, la prostitución, el consumo de cocaína y la inseguridad asociada al narcotráfico.

No es un dato menor. No se trata solo de un problema policial. También es una consecuencia de la falta de proyecto urbano y social. Cuando una ciudad crece sin planificación, el mercado llena algunos vacíos, pero otros los llenan los circuitos informales o directamente ilegales.

El boom económico, si no se traduce en instituciones, servicios, vivienda y arraigo, puede producir riqueza y al mismo tiempo desorden, desigualdad y marginalidad.

¿Dónde estuvo el Estado?

La gran discusión de fondo es esta: si Vaca Muerta es un proyecto de 30 años o más, ¿quién pensó la ciudad que debía sostenerlo?

La crítica central apunta a la falta de un rol ordenador del Estado. No necesariamente un Estado que haga todo, pero sí un Estado que coordine, planifique y obligue a pensar a largo plazo.

Porque una localidad que pasa de pequeño pueblo a nodo estratégico de la energía argentina necesita, como mínimo:

  • suelo urbano
  • loteos formales
  • calles
  • agua, luz, gas y cloacas
  • escuelas
  • hospitales
  • espacios deportivos
  • transporte
  • zonificación seria

Sin eso, el crecimiento se parte en dos: o barrios cerrados para quienes pueden pagar, o asentamientos y soluciones precarias para quienes no.

Ese punto fue planteado con claridad por Graña al hablar de un concepto técnico que suele estar ausente en la discusión pública: la generación de suelo urbano.

El problema de fondo: en Argentina casi nadie genera suelo urbano

La explicación es menos glamorosa que hablar de shale gas, pero probablemente mucho más importante para la vida diaria.

Las provincias, que tienen un rol clave en esta materia, deberían promover suelo urbano: cambiar zonificaciones cuando haga falta, parcelar, abrir calles, diseñar barrios, asegurar infraestructura mínima y permitir que la gente compre un lote con papeles en regla para construir.

Eso, según la mirada planteada en el debate, en Argentina casi no sucede.

Entonces la secuencia se repite una y otra vez:

  1. llega el crecimiento económico
  2. llega población nueva
  3. no hay tierra urbana formal disponible
  4. suben brutalmente los precios
  5. se expanden barrios cerrados por un lado
  6. se multiplican tomas y precariedad por el otro
  7. el Estado aparece tarde, cuando el problema ya explotó

Primero se arma el desorden. Después se intenta "urbanizar". Pero para entonces ya se perdió tiempo, calidad y capacidad de ordenar bien la ciudad.

¿Y las petroleras qué hicieron?

Las petroleras y las empresas de servicios son, naturalmente, actores centrales de esta historia. Ganaron escala, desplegaron operaciones, contrataron gente y ayudaron a convertir a Vaca Muerta en una realidad.

Pero la pregunta es si su aporte a la construcción urbana fue equivalente a la magnitud del negocio.

La respuesta que surge del análisis es más bien limitada. Las empresas resolvieron parte de sus necesidades inmediatas con:

  • complejos modulares
  • hoteles corporativos
  • alojamientos temporarios
  • soluciones logísticas para el personal

Lo que no apareció, al menos con fuerza, fue un modelo más integral de desarrollo urbano asociado al empleo, como sí existió históricamente en algunos casos industriales argentinos donde las compañías ayudaban a crear barrios para trabajadores.

En Añelo predominó la lógica de resolver la operación, no la de construir ciudad.

La mala administración de una provincia rica

Otro de los puntos más duros del diagnóstico tiene que ver con Neuquén como provincia. Durante años, pese a las regalías del gas y el petróleo, se discutió por qué una jurisdicción con semejante potencial seguía mostrando desequilibrios, deuda y un aparato estatal sobredimensionado.

La crítica no era solo económica. Era también política: cómo puede una provincia montada sobre recursos tan valiosos no traducir mejor esa renta en infraestructura y calidad de vida.

El cambio político con la llegada de Rolando Figueroa abrió interrogantes sobre si esa dinámica puede corregirse. Pero la cuestión de fondo sigue ahí. Los recursos por sí solos no garantizan desarrollo. Si la gestión es mala, si el gasto se asigna mal y si nadie planifica a largo plazo, hasta un "emirato" puede convivir con carencias básicas.

Qué habría que hacer para que Añelo deje de ser una promesa a medio construir

La salida no parece misteriosa. Lo difícil es ejecutarla.

La propuesta que surge del análisis es bastante concreta: cambiar la manera de gobernar. Dejar de administrar solo un presupuesto mensual y empezar a coordinar actores para producir soluciones estructurales.

Eso implica sentar en una misma mesa a:

  • el Estado municipal y provincial
  • urbanistas
  • dueños de tierra
  • constructores
  • empresas
  • financiamiento disponible
  • familias con necesidad de vivienda

A partir de ahí, el camino lógico sería:

  1. definir un plan urbano para 20 o 30 años
  2. generar suelo urbano formal
  3. financiar infraestructura básica por lote
  4. habilitar esquemas de acceso a la vivienda
  5. acompañar el desarrollo con servicios públicos reales
  6. pensar en arraigo, no solo en alojamiento transitorio

No se trata de inventar nada exótico. Se trata de hacer lo básico, pero hacerlo antes del desastre y no después.

Añelo como síntoma argentino

La historia de Añelo no es un caso aislado. Es, en muchos sentidos, un espejo del país.

Argentina tiene recursos extraordinarios, pero demasiadas veces falla en el paso decisivo: convertir riqueza en desarrollo organizado.

Vaca Muerta puede generar exportaciones, dólares, empleo y una mejora macroeconómica decisiva. Todo eso es cierto. Pero si alrededor de ese boom siguen creciendo ciudades sin centro, sin servicios suficientes, sin vivienda accesible y sin una visión de largo plazo, entonces el país habrá aprovechado solo una parte de la oportunidad.

La otra parte, la más importante para la vida concreta de la gente, quedará otra vez pendiente.

La verdadera oportunidad de Vaca Muerta

Vaca Muerta no debería ser solo un gran negocio energético. Debería ser también una oportunidad para demostrar que Argentina puede hacer algo que históricamente le cuesta mucho: planificar en serio.

Añelo podría convertirse en un ejemplo. Una ciudad moderna, bien diseñada, con vivienda accesible, infraestructura, servicios, escuelas, hospitales y vida urbana estable. Una ciudad pensada para las próximas décadas, no improvisada para la próxima urgencia.

Porque el gas, el petróleo y los dólares son fundamentales. Pero si el desarrollo no deja ciudades habitables, entonces la riqueza pasa, factura, exporta y sigue de largo.

Y ahí está la paradoja de Vaca Muerta: una de las mayores promesas económicas del país conviviendo, al mismo tiempo, con una ciudad que todavía pelea por lo más básico.

Ese es el verdadero desafío. No solo extraer riqueza. Transformarla en país.