Qué hacemos con los pesos en Expo EFI: dólar, inflación e inversiones en un mercado volátil
Qué hacemos con los pesos: macro argentina, inflación, dólar e inversiones en un mercado lleno de volatilidad
Estamos en el tercer año de gobierno y, a diferencia de lo que pasó con los últimos tres gobiernos, no se ve una crisis macro inminente de esas que te cambian toda la conversación en dos semanas. No se ve un salto descontrolado del dólar, no se ve una aceleración brutal de la inflación, no se ve un escenario de estallido inmediato.
Pero al mismo tiempo, tampoco estamos frente a un gobierno que, a esta altura del partido, ya pueda exhibir resultados contundentes en inflación, consumo, actividad y mejora generalizada de la economía real.
Ese punto es clave para entender dónde estamos parados hoy. No hay crisis a la vista, pero tampoco hay una sensación de despegue. Y desde ese lugar hay que pensar tanto la macro como las inversiones.
Una rareza argentina: sin crisis fuerte, pero también sin resultados contundentes
Si uno mira la historia reciente, el tercer año de gobierno en Argentina suele ser un año incómodo.
- Cristina Fernández, en 2014, tuvo devaluación, suba de inflación y caída de actividad.
- Mauricio Macri, en 2018, sufrió la corrida cambiaria, acuerdo con el FMI, más inflación y recesión.
- Alberto Fernández, en 2022, llegó a convivir con inflación de tres dígitos y brecha cambiaria desbordada.
Esta vez, ese libreto no aparece con claridad. Pero tampoco estamos en una situación como la de Menem en 1993 o la de Néstor Kirchner en sus primeros años, cuando la economía crecía fuerte y la baja inflación ayudaba a consolidar un clima de mejora muy visible.
Por eso el momento es tan particular. No hay caos, pero tampoco hay euforia.
Los dos "seguros" de la macro argentina
Hay dos variables que hoy funcionan como ancla y que explican por qué no parece haber una crisis a la vuelta de la esquina.
1. Orden fiscal
La primera es el frente fiscal. Las cuentas públicas están bastante más prolijas que en otros momentos de la historia argentina reciente. Y eso, en un país que tantas veces chocó por desorden fiscal, no es un dato menor.
Ahora bien, tampoco conviene enamorarse del dato sin mirar los desafíos.
Hay dos problemas a seguir muy de cerca:
- La mitad del gasto público está indexado. Jubilaciones y buena parte de los planes sociales ajustan por inflación con frecuencia mensual o casi mensual.
- Una gran parte de la recaudación depende de la actividad. IVA, impuesto al cheque, impuestos internos y otros tributos reaccionan al nivel de consumo y movimiento económico.
Entonces, si la inflación no termina de bajar y la actividad no repunta del todo, sostener ese equilibrio fiscal requiere mucha disciplina. El seguro está, pero hay que seguir pagándolo todos los meses.
2. Superávit comercial muy fuerte
El segundo seguro es el frente externo. Argentina está teniendo un superávit comercial enorme. La cuenta entre exportaciones e importaciones deja un saldo muy favorable, cercano a los 25.000 millones de dólares.
Eso da aire. Mucho aire.
Con un superávit comercial de ese tamaño y un frente fiscal ordenado, para entrar en una crisis cambiaria grande habría que combinar errores propios muy fuertes con mala suerte externa.
Pero, de nuevo, también acá hay matices.
La buena y la mala del superávit comercial
La buena noticia es evidente: las exportaciones están muy bien. Argentina coquetea con los 100.000 millones de dólares exportados en el año. El agro sigue siendo decisivo y ahora se suman con mucha más fuerza la energía y la minería.
La mala noticia es que parte de ese superávit también se explica porque las importaciones están bajas. Y cuando una economía importa poco, muchas veces no es por eficiencia, sino porque todavía no se mueve demasiado.
Menos importaciones significan menos demanda de dólares, sí. Pero también suelen reflejar menor inversión, menor actividad y menor consumo.
O sea: sobran dólares, pero no por una economía explotando de dinamismo.
El otro dato que hay que mirar: los argentinos compran muchos dólares
Hay un fenómeno adicional que también ayuda a entender por qué, a pesar del superávit, el mercado cambiario requiere atención.
El Banco Central compra dólares, pero la gente también. Y compra mucho.
Entre ahorro y turismo, la demanda privada ronda los 2.000 a 2.500 millones de dólares por mes. Anualizado, eso equivale a prácticamente todo el superávit comercial.
Entonces, ¿por qué el dólar no explota? Porque hoy la oferta alcanza. A las exportaciones se suma cierto ingreso de capitales y esa combinación permite abastecer al Banco Central, a empresas y a personas al mismo tiempo.
Pero eso no garantiza que vaya a durar para siempre. Si se mantiene una demanda alta de dólares y, al mismo tiempo, la actividad repunta y vuelve a requerir más importaciones, el tipo de cambio podría moverse al alza. No necesariamente como crisis, pero sí como ajuste.
Inflación: ni 3% descontrolado ni 1% estabilizado
La inflación argentina viene mostrando un comportamiento muy claro: está clavada hace bastante tiempo en una zona del 2% al 2,5% mensual, con pequeños desvíos.
Un mes da 2,8%. Otro 2,1%. Otro 2,4%. Pero el piso de 2% no se perfora con facilidad.
Eso ya no parece un accidente ni un dato puntual. Es una resistencia concreta de la economía argentina.
Y acá aparece una de las grandes preguntas del momento: si hoy hay más orden fiscal, menos emisión monetaria y un marco más prolijo, ¿por qué cuesta tanto bajar de ese escalón?
Una forma de interpretarlo es esta: quizá en otros años ese 25% o 30% anual era un piso que después se disparaba. Y hoy puede ser un techo más estable. Pero aun así sigue siendo una inflación alta, y sobre todo difícil de romper a la baja.
La expectativa más razonable hoy no parece ser ni un 3% mensual sostenido ni una rápida convergencia al 1%. Lo más probable es seguir viendo varios meses en esa zona intermedia, con un año cerrando otra vez cerca del 30%.
Actividad y consumo: una Argentina partida en tres
Si uno quiere resumir cómo está la economía real, hay una imagen muy útil: Argentina está fragmentada.
- 20% de la economía anda bien
- 40% anda más o menos
- 40% anda mal
Los que están bien
Acá aparecen el agro, la energía, la minería y el sector financiero. Son los sectores más vinculados al comercio exterior, al dólar y a actividades con mejor dinámica.
Incluso dentro del agro hay matices. La cosecha acompaña, pero los precios y la rentabilidad no necesariamente sobran. Con retenciones y tipo de cambio ajustado, no todos sienten que estén ganando una fortuna.
Los que están más o menos
Muchos servicios, parte del entramado urbano y buena parte de la economía que sigue funcionando, pero sin brillo, quedan en esta zona gris. No están en crisis terminal, pero tampoco despegan.
Los que están mal
Industria, construcción, comercio y actividades muy dependientes del mercado interno todavía muestran debilidad. En muchos casos, siguen por debajo del nivel de producción de 2023.
Y esto importa no solo por el dato económico, sino por el dato social y político. Son sectores muy urbanos, muy visibles y con fuerte presencia en grandes centros poblados.
Por eso, aunque el promedio de la economía no luzca dramático, la sensación en la calle puede ser muy distinta según dónde se mire.
La decisión que se viene: bajar inflación o reactivar consumo
En los próximos meses el Gobierno y el Banco Central probablemente enfrenten una decisión importante.
La pregunta es simple, aunque la respuesta no lo sea: ¿se sigue priorizando con dureza la baja de inflación o se empieza a mirar más de cerca el nivel de actividad y consumo?
La clave va a pasar por la cantidad de pesos en circulación, el crédito y la liquidez del sistema.
Sectores como comercio, construcción e industria dependen mucho de:
- que haya más plata en la calle,
- que el crédito se reactive,
- que los bancos vuelvan a prestar con más fuerza.
En cambio, agro, minería y energía tienen otra estructura. Facturan en dólares, exportan, acceden a otro tipo de financiamiento y no dependen tanto del movimiento de pesos en el mercado interno.
Ese contraste es central para entender por qué algunas actividades vuelan y otras siguen planchadas.
El desafío, claro, es que si se inyectan más pesos para mover la actividad, la inflación no se los coma enseguida. Porque si el dinero extra se licúa rápido, el efecto real dura poco y la mejora no se consolida.
Qué sectores hoy parecen más sólidos para invertir en Argentina
Desde el lado de las inversiones, la primera conclusión es casi obvia: si la economía está partida por sectores, no alcanza con mirar el promedio. Hay que mirar el detalle.
Y en Argentina ese detalle importa mucho, porque el índice Merval tiene una composición muy concentrada.
Energía, petróleo y minería
Los sectores más ligados al comercio exterior y al dólar siguen apareciendo como los más predecibles. No necesariamente los de mayor retorno inmediato, pero sí los que hoy tienen fundamentos más estables.
Ahí aparecen nombres como:
- YPF
- Pampa Energía
- Vista
- Central Puerto
- Transportadoras de gas
La lógica detrás de estas compañías es clara: son empresas con exposición a sectores donde hoy está el valor estructural de Argentina.
El caso de los bancos: oportunidad o trampa de valor
El sector financiero merece un capítulo aparte. Viene de años de desempeño muy dispar. Hubo un período en el que fue el gran ganador del mercado y otro en el que quedó muy golpeado.
Hoy genera dudas.
Por un lado, los precios pueden parecer atractivos después de las correcciones. Por otro, el negocio bancario enfrenta problemas concretos:
- menor rentabilidad,
- suba de la mora,
- un contexto donde consumo y crédito todavía no terminan de recomponerse.
Eso obliga a ser muy cuidadosos. Puede haber valor, sí. Pero no parece el sector más obvio para quien busca tranquilidad en el corto plazo.
Por qué el Merval no acompaña tanto como cabría esperar
Acá aparece una de las preguntas más interesantes del momento: si Argentina tiene superávit fiscal, superávit comercial, Banco Central comprando dólares y sectores exportadores muy dinámicos, ¿por qué la bolsa local no rinde mucho mejor?
Parte de la respuesta está en que el mercado ya tuvo su momento de gloria y ahora está más exigente. Parte está en la apreciación del peso, que le quita atractivo a algunos negocios. Parte está en que el consumo no convalida todavía una narrativa de crecimiento muy fuerte.
Y parte también está en la política: el mercado siempre empieza a anticipar escenarios electorales mucho antes de la elección.
Argentina quedó bastante desacoplada de otros emergentes que tuvieron un año mucho mejor. Eso no significa que esté carísima. Pero sí significa que la historia ya no es tan lineal como hace un tiempo.
El contexto internacional: una semana clave y un mercado muy sensible
Mientras Argentina trata de acomodar su propia macro, el mundo también está cargado de tensión.
Entre datos macro, balances, inteligencia artificial, conflicto geopolítico y política monetaria de Estados Unidos, el escenario internacional está lejos de ser tranquilo.
La Reserva Federal y el mensaje de Powell
Uno de los focos principales está en la Reserva Federal. Más allá de que no se esperen cambios grandes en la tasa de interés en lo inmediato, el mercado sigue con enorme atención cada señal de Jerome Powell.
Porque en mercados exigentes, a veces importa tanto la decisión como el tono. Una frase sobre inflación, crecimiento o perspectivas de tasas puede mover mucho más que el dato formal.
Los balances de las megacaps
Otro eje central pasa por los balances de las grandes tecnológicas. Microsoft, Google, Meta, Amazon y Apple tienen un peso gigantesco sobre el mercado estadounidense.
Solo algunas de estas compañías explican cerca de una cuarta parte del S&P 500. Entonces, cuando presentan resultados, no se mueve una acción. Se mueve el índice.
Y en esta temporada de balances, la gran pregunta vuelve a ser la misma: ¿la inversión masiva en inteligencia artificial está generando retorno real o todavía es solo gasto?
Inteligencia artificial: mucho entusiasmo, pero el mercado ya no compra cualquier promesa
La inteligencia artificial sigue siendo uno de los grandes temas del mercado global. Pero ya cambió la etapa.
Antes alcanzaba con anunciar inversiones multimillonarias y el mercado aplaudía. Ahora no. Ahora quiere ver repago.
Google y el riesgo de canibalizar su negocio más rentable
En Google la discusión pasa por el buscador. Si la inteligencia artificial cambia la forma en que las personas buscan información, eso puede afectar el negocio más rentable de la compañía.
La gran duda es si la IA potencia a Google o le complica su modelo principal.
Microsoft y Amazon: el negocio de la infraestructura
En Microsoft y Amazon, el foco está en la nube y en la infraestructura. Azure y AWS son jugadores centrales del almacenamiento y procesamiento necesario para que la IA funcione a escala.
Acá el mercado mira si esas unidades siguen creciendo al ritmo que justifican las valuaciones. Y con expectativas tan altas, incluso un crecimiento extraordinario puede no alcanzar.
Ese es el nivel de exigencia actual: crecer 39% cuando esperaban 40% puede convertirse en una decepción bursátil.
Meta, la que mejor monetizó la IA
Dentro del grupo grande, Meta mostró algo que el mercado valora mucho: capacidad concreta de monetizar inteligencia artificial.
No necesariamente porque haya creado el producto más glamoroso, sino porque usó la IA para hacer algo muy directo y rentable: lograr que las personas pasen más tiempo en sus plataformas y mejorar la monetización por usuario.
Ahí el mercado ve una historia más tangible.
Volatilidad sí, incertidumbre no: la diferencia que todo inversor tiene que entender
Uno de los mensajes más valiosos de toda esta discusión es que hay que amigarse con la volatilidad.
La volatilidad no es el enemigo. De hecho, muchas veces genera oportunidad. Lo que incomoda de verdad es la incertidumbre.
Y hoy conviven las dos cosas.
Hay volatilidad porque los precios se mueven mucho. Y hay incertidumbre porque cuesta proyectar inflación, tasas, crecimiento, guerras, capex tecnológico y resultados empresariales con demasiada precisión.
Por eso, más que enamorarse de un índice o de una narrativa, hoy el trabajo fino pasa por:
- mirar sectores,
- entender valuaciones,
- leer balances,
- escuchar los guidance,
- saber qué expectativa está ya metida en el precio.
Los índices engañan: lo que importa es la cocina de los sectores
Este es otro punto central. Los índices, muchas veces, esconden más de lo que muestran.
Puede caer la bolsa global y subir energía. Puede subir el S&P 500 y haber la mitad de los sectores en rojo. Puede subir el Merval y que eso dependa casi exclusivamente de energía y bancos.
Por eso no alcanza con decir "subió el mercado" o "bajó el mercado". Hay que descomponer.
Dentro de la bolsa de Estados Unidos, por ejemplo, hay sectores perdedores y ganadores conviviendo al mismo tiempo. Y dentro de tecnología, lo mismo: no todo sube ni todo baja junto.
Hay tramos donde lideran semiconductores. Otros donde despegan memorias. Otros donde el software queda rezagado. Otros donde el petróleo toma protagonismo por un conflicto geopolítico.
La lectura sectorial hoy vale oro.
Sectores globales que están ganando tracción
Semiconductores, almacenamiento y memorias
Uno de los grandes polos de interés sigue estando en la infraestructura de la inteligencia artificial. No tanto en la aplicación final, sino en todo lo que hace posible esa revolución:
- microprocesadores,
- almacenamiento,
- discos,
- nube,
- memorias.
Las memorias, puntualmente, aparecen como un cuello de botella con tensión de oferta que podría sostenerse bastante tiempo. Ahí hay compañías que vienen mostrando una tracción muy fuerte, junto con ETFs temáticos vinculados al segmento.
Economía espacial
Otro tema que empieza a ganar lugar es la economía espacial. La expectativa por SpaceX, su potencial salida al mercado y todo el ecosistema alrededor vuelve a poner en foco un grupo de empresas asociadas a satélites, lanzamientos, infraestructura y defensa.
Es un segmento con mucho riesgo, mucha historia de volatilidad y también enorme interés estructural por parte del gobierno de Estados Unidos.
La guerra, el petróleo y el cambio de libreto para 2026
El año había arrancado con otra expectativa. Se pensaba en una Reserva Federal más dispuesta a bajar tasas, sectores sensibles al crédito recuperando terreno y una economía estadounidense menos presionada.
Después cambió el contexto geopolítico, subió el petróleo y el escenario se complicó.
Eso alteró completamente las expectativas de tasas. Lo que antes parecía una baja relativamente probable ahora luce mucho menos claro.
Y cuando cambian las tasas esperadas, cambian las valuaciones, cambian los sectores líderes y cambia la composición ideal de cartera.
Qué hacer entonces con la cartera
La respuesta corta es: diversificar, ser selectivo y no actuar por reflejo.
La respuesta larga requiere algunos puntos muy concretos.
1. No comprar solo lo que más bajó
Una acción que cayó 70% no es automáticamente una oportunidad. A veces es una advertencia.
Lo importante no es perseguir derrumbes, sino encontrar compañías con fundamentos para recuperar valor.
2. Mirar balances antes que slogans
En tiempos de resultados, el análisis fundamental pesa más que nunca. Los gráficos ayudan, pero no reemplazan balances, márgenes, crecimiento, deuda, capex y guidance.
Los fundamentos son los que terminan definiendo si una historia se sostiene o no.
3. Entender la volatilidad que cada uno puede tolerar
No todas las personas toleran igual una baja de 5%, 10% o 15% en cartera. Y eso hay que aceptarlo.
No sirve armar una cartera teóricamente brillante si después no se puede sostener emocionalmente.
4. En Estados Unidos, evitar la improvisación
Con balances pesados, tasas inciertas y expectativas muy altas, entrar sin plan puede ser carísimo. Quien no tenga ganas de atravesar volatilidad extrema, tal vez prefiera esperar que pasen algunos eventos de mercado antes de tomar posición.
5. En Argentina, ser muy fino con la selección
La macro hoy no sugiere un desastre inminente, pero tampoco habilita comprar cualquier cosa. La selección sectorial sigue siendo la clave.
La energía aparece como el refugio de valor más claro dentro del equity argentino. Los bancos requieren más paciencia y más tolerancia al riesgo. Y los sectores pegados al mercado interno todavía necesitan señales de recuperación más consistentes.
Conclusión: no parece un año de crisis, pero sí un año para pensar mejor
El panorama argentino hoy se resume bastante bien así:
- No se ve una crisis macro fuerte a la vista, porque hay orden fiscal y abundancia relativa de dólares.
- La inflación no termina de bajar del escalón del 2% mensual, y eso impide hablar de estabilización plena.
- La actividad está partida, con sectores exportadores dinámicos y una economía urbana todavía golpeada.
- El Gobierno va a tener que decidir cuánto prioriza inflación y cuánto prioriza reactivación.
- En inversiones, la lectura por sectores vale mucho más que la foto del índice.
Y del lado internacional, el mensaje también es claro: no alcanza con decir "tecnología sí" o "mercado americano sí". Hay que entender qué se espera de cada empresa, cuánto ya está descontado en el precio y si las grandes apuestas, especialmente en inteligencia artificial, están mostrando retorno real.
Hoy el mercado no premia relatos. Premia ejecución.
Por eso, más que buscar una gran respuesta única a la pregunta de qué hacemos con los pesos, quizás lo más honesto sea esto: mirar la macro sin dramatismo, mirar los sectores con lupa y armar carteras que puedan sobrevivir no solo al mercado, sino también a nuestra propia ansiedad.