La alianza que cambió todo: Estados Unidos y Vaca Muerta
La alianza que cambió todo: Estados Unidos y Vaca Muerta
El ecosistema extranjero más completo de Vaca Muerta es estadounidense. Y hay un detalle que conviene recordar: esa relación no nació con el gobierno de Javier Milei y su alineamiento con Washington. Comenzó mucho antes, cuando Chevron se asoció con YPF durante la presidencia de Cristina Fernández de Kirchner, después de la recuperación del control estatal de la petrolera argentina.
Desde aquel acuerdo de 2013, la presencia norteamericana se extendió mucho más allá de los pozos. Hoy abarca producción, servicios petroleros, tecnología, capacitación, transporte, infraestructura exportadora y financiamiento. La clave no es solamente cuánto petróleo extraen sus empresas, sino en cuántas etapas del negocio participan.
Porque Vaca Muerta es una gran oportunidad para la Argentina, pero también para quienes aportan capital, equipos y experiencia. No hay que buscar altruismo donde hay inversiones: negocios son negocios.
Claves de la alianza
- El acuerdo entre YPF y Chevron de 2013 impulsó el desarrollo industrial del shale argentino.
- La presencia estadounidense abarca producción, transporte, servicios, infraestructura exportadora y financiamiento.
- VMOS busca ampliar la capacidad de transportar y exportar el petróleo de Vaca Muerta.
- Estados Unidos puede participar en Argentina LNG mediante crédito y equipos, sin integrar su núcleo accionario.
Chevron e YPF: el punto de partida del shale argentino
Para entender esta alianza hay que empezar por Chevron. La invitación que impulsó Miguel Galuccio al frente de YPF terminó en una asociación que marcó el inicio del desarrollo masivo de los hidrocarburos no convencionales argentinos.
El caso central es Loma Campana, donde Chevron tiene el 50% junto con YPF, que opera el área. La compañía estadounidense informa allí una producción cercana a los 100.000 barriles de petróleo equivalente por día. La unidad importa: no se trata exclusivamente de barriles de crudo, sino de una medida que permite expresar conjuntamente petróleo y gas.
El acuerdo de 2013 no fue una inversión aislada. Abrió una etapa industrial y una relación que atravesó gobiernos de distinto signo político. Chevron llegó durante el kirchnerismo y profundizó sus inversiones con Milei. Esa continuidad ayuda a entender la lógica del negocio mejor que cualquier simplificación partidaria.
Las nuevas áreas y el horizonte de inversión
La presencia de Chevron tampoco termina en Loma Campana. Su expansión incluye otros proyectos de Neuquén:
- Narambuena: posee el 85% del proyecto asociado con YPF, con una concesión no convencional por 35 años otorgada en 2025.
- Loma del Molle Norte: avanzó para adquirir el 90% y la operación del área, asociada con Gas y Petróleo del Neuquén, conocida como GyP.
Las concesiones de largo plazo, presentes también en la documentación provincial firmada en 2022, muestran que estas decisiones no se toman para una sola temporada. El desarrollo del shale necesita continuidad, capital y tiempo para recuperar las inversiones.
El aporte que no se mide solamente en dólares
Chevron trajo financiamiento, pero también algo decisivo: la experiencia acumulada en el shale estadounidense. La empresa sostiene que la transferencia de prácticas desarrolladas en la cuenca del Permian permitió acelerar la curva de aprendizaje en la Argentina.
Ese aprendizaje no quedó encerrado dentro de una compañía. Alcanzó a YPF, a otras petroleras argentinas, a operadores extranjeros y a empresas de servicios que se incorporaron al desarrollo de Vaca Muerta.
El capital permitió empezar; el conocimiento operativo ayudó a convertir esa inversión en una actividad industrial de mayor escala. Por eso Chevron ocupa un lugar que va más allá de su participación accionaria en determinados bloques.
Vaca Muerta Oil Sur: producir más exige poder exportar
Hay un límite evidente para cualquier expansión petrolera: de poco sirve aumentar la producción si después no se puede transportar y vender ese petróleo. Allí aparece otra dimensión de la participación estadounidense.
Chevron participa en Oldelval, en el oleoducto Trasandino y se incorporó como accionista de Vaca Muerta Oil Sur, o VMOS, también conocido como Vaca Muerta Sur. Es una de las obras centrales para ampliar la salida exportadora del crudo argentino.
El proyecto contempla unos 437 kilómetros entre Allen y Punta Colorada, en Río Negro, con una terminal marítima, almacenamiento y monoboyas capaces de cargar grandes buques petroleros.
La salida exportadora necesita oleoductos, almacenamiento y una terminal marítima, no solamente nuevos pozos.
Sus principales magnitudes permiten dimensionar el salto:
- Capacidad inicial prevista: alrededor de 550.000 barriles diarios.
- Posibilidad de ampliación: aproximadamente 700.000 barriles diarios.
- Inversión estimada: unos US$3.000 millones.
En el proyecto confluyen Chevron, YPF, Vista, la compañía encabezada por Galuccio, Pampa Energía, Pan American Energy, Pluspetrol, Shell, Tecpetrol y GyP.
Galuccio vuelve a aparecer en una instancia clave: primero en la incorporación de Chevron al desarrollo del shale y después, desde Vista, en la infraestructura para llevar ese petróleo al mercado internacional. La conexión es clara. El negocio no termina al extraer el recurso: hay que completar su recorrido hasta la exportación.
ExxonMobil: su historia no equivale a su presencia actual
ExxonMobil tiene una trayectoria en la industria petrolera argentina más larga que Chevron. Sin embargo, para evaluar el peso actual de Estados Unidos en Vaca Muerta hay que distinguir los antecedentes de las inversiones que siguen efectivamente en manos norteamericanas.
La compañía decidió desprenderse de sus activos no convencionales argentinos. La mayor parte de esas inversiones pasó a Pluspetrol, mientras que YPF adquirió Mobil Argentina, titular del 54,45% de Sierra Chata. La participación restante estaba en manos de Pampa Energía.
Por lo tanto, no corresponde seguir sumando esos activos como si todavía representaran una presencia productiva de ExxonMobil. Fue un actor importante en la historia del desarrollo, pero su posición quedó reducida a una presencia residual.
¿Puede volver a interesarse en nuevas inversiones? La posibilidad existe, sobre todo por la magnitud de lo que queda por desarrollar. Pero una eventual expansión futura no debe confundirse con una inversión ya concretada.
Halliburton: la fractura hidráulica en el centro del negocio
La presencia estadounidense resulta todavía más amplia cuando dejamos de contar únicamente petroleras y miramos a sus proveedores. Halliburton es uno de los casos fundamentales.
Su decisión de concentrarse en Vaca Muerta también tuvo una dimensión política. Frente a la advertencia del gobierno argentino de excluir del desarrollo continental a quienes colaboraran con Sea Lion, el proyecto petrolero en las islas Malvinas cuestionado por la Argentina, la compañía anunció que abandonaba la posibilidad de participar allí.
La lectura económica es directa: Halliburton privilegió la oportunidad comercial de Vaca Muerta. No hace falta buscar una explicación sentimental. Eligió dónde veía un negocio más atractivo.
El vínculo con YPF incluye un contrato plurianual y multimillonario para servicios integrados de terminación de pozos no convencionales. Es una actividad estratégica porque la fractura hidráulica constituye una etapa industrial central del shale.
Halliburton presta servicios tanto a YPF como a otras petroleras de capital argentino y extranjero. Esa posición le permite participar del crecimiento de distintos operadores, sin depender exclusivamente de la propiedad de un área.
Zeus y la llegada de la fractura eléctrica
Otro paso relevante es la incorporación prevista del sistema de fractura eléctrica Zeus. Su llegada a la Argentina fue presentada como el primer despliegue de esa tecnología fuera de Estados Unidos.
La apuesta apunta a modernizar la operación y mejorar su desempeño ambiental. Más allá de la novedad tecnológica, hay una señal comercial: Vaca Muerta aparece como destino prioritario para equipos que hasta entonces se utilizaban en el mercado estadounidense.
Eso también forma parte del ecosistema. No se trata solamente de traer dólares, sino de introducir capacidades que permitan sostener una actividad cada vez más exigente.
Baker Hughes: del gas en el pozo al GNL exportable
Baker Hughes muestra otro cambio importante. Las empresas estadounidenses ya no buscan contratos vinculados únicamente con la extracción: también participan de la infraestructura que permite transformar el gas en un producto exportable.
La compañía obtuvo en 2026 un contrato para suministrar tres unidades de compresión centrífuga, su equipamiento de accionamiento y servicios asociados. Está previsto instalarlas cerca de Allen, en Río Negro.
Su función será comprimir el gas de Vaca Muerta que viajará hacia el golfo San Matías para abastecer los buques de licuefacción de Southern Energy. Es decir, constituyen una pieza del recorrido entre la producción y la exportación de gas natural licuado, o GNL.
La compresión es uno de los eslabones necesarios para conectar el gas de Vaca Muerta con la infraestructura exportadora.
La tecnología seleccionada fue presentada como una primera aplicación en Sudamérica. La importancia no reside solamente en la compra de maquinaria: incorpora a un proveedor norteamericano a una etapa indispensable para completar el ciclo exportador del gas.
SLB: servicios, tecnología y trabajadores especializados
SLB, la antigua Schlumberger, integra este entramado desde los servicios, la tecnología y la capacitación. Es una empresa de estructura global, con participación de fondos estadounidenses en su composición accionaria, por lo que conviene no confundirla con una compañía exclusivamente norteamericana.
Su presencia en Vaca Muerta incluye un acuerdo con YPF, firmado en marzo de 2026, para incorporarse al Instituto Vaca Muerta y contribuir a la formación de trabajadores especializados en operaciones no convencionales.
Este punto suele recibir menos atención que un oleoducto o un gran contrato, pero responde a la misma lógica industrial: sin personal capacitado, los equipos y las inversiones no alcanzan.
La formación tampoco está desconectada del interés comercial. Las empresas necesitan trabajadores preparados para operar las tecnologías que ofrecen y sostener el crecimiento de sus servicios. Capacitación y negocio van de la mano.
Argentina LNG: Estados Unidos puede participar sin ser accionista
El proyecto Argentina LNG permite entender por qué sería un error medir la presencia extranjera solamente por las acciones de las petroleras.
En la estructura proyectada para 2026, el reparto accionario contempla:
- YPF: 36%.
- Eni, de Italia: 32%.
- XRG: 32%.
XRG es el brazo de inversiones energéticas internacionales de ADNOC, la compañía de Abu Dabi, en Emiratos Árabes Unidos. No aparece, por lo tanto, una petrolera estadounidense entre los principales accionistas previstos.
Sin embargo, eso no deja a Estados Unidos afuera. Su participación puede tomar otra forma: financiamiento y provisión de equipos, dos componentes fundamentales para que un proyecto de esta escala pueda avanzar.
Entre los bloques destinados a abastecerlo figuran Meseta Buena, Esperanza I y II, Aguada Villanueva Norte y Las Tacanas I y II. La inversión global estimada ronda los US$51.000 millones, orientados a desarrollar la cadena necesaria para exportar gas de Vaca Muerta.
La lógica consiste en producir el gas, someterlo a licuefacción y acceder a mercados internacionales. Para eso no alcanza con disponer del recurso bajo tierra: hacen falta instalaciones, transporte, equipamiento y capital.
El financiamiento y la licitación de tubos
En el marco de los acuerdos entre la Argentina y Estados Unidos se plantea un financiamiento de entre US$6.000 millones y US$7.000 millones. Conviene mantener la distinción: una cifra anunciada o negociada no equivale por sí sola a dinero ya desembolsado.
Otro negocio relevante es la licitación de tubos para Argentina LNG, cercana a los US$2.000 millones. Está destinada a dos grandes gasoductos de 48 pulgadas y un poliducto de 24 pulgadas.
El eventual apoyo del Export-Import Bank de Estados Unidos, conocido como EXIM, podría resultar decisivo. Este tipo de financiamiento suele estar vinculado con la adquisición de bienes y servicios estadounidenses para proyectos en otros países.
Allí aparece el doble interés comercial: financiar una obra argentina y, al mismo tiempo, abrir oportunidades para proveedores de Estados Unidos. El crédito no es un elemento separado del negocio industrial; puede ser la herramienta que facilite la venta de los equipos.
Las cinco capas de la presencia estadounidense en Vaca Muerta
El panorama se entiende mejor cuando se ordena por funciones y no solamente por nombres de empresas. La participación norteamericana puede leerse en cinco capas:
- Producción directa: Chevron y sus asociaciones para desarrollar áreas de petróleo y gas.
- Transporte de petróleo: participaciones vinculadas con Oldelval, el oleoducto Trasandino y VMOS.
- Servicios petroleros: Halliburton y SLB, con tecnología, terminación de pozos y capacitación.
- Infraestructura exportadora: Baker Hughes y los equipos necesarios para conectar la producción de gas con el GNL.
- Financiamiento: el potencial respaldo de EXIM y otros aportes de capital para grandes proyectos.
Esta es la diferencia entre tener inversiones dispersas y contar con un ecosistema: las empresas y el financiamiento aparecen a lo largo de toda la cadena, desde el inicio de la producción hasta la salida al mercado internacional.
La estimación de desarrollo planteada para Vaca Muerta se ubica alrededor del 15% al 20%, con una porción mayoritaria todavía pendiente. Es una referencia aproximada al avance del desarrollo, no una medida de reservas recuperables, pero sirve para dimensionar el horizonte de nuevas inversiones.
La Argentina es la gran protagonista porque el recurso está en su territorio y el desarrollo representa una oportunidad para el país. Entre los socios extranjeros, Estados Unidos se destaca por la amplitud de su participación.
La alianza no empezó con Milei ni se explica solamente por la afinidad entre gobiernos. Su punto de partida industrial fue el acuerdo de YPF y Chevron de 2013. Después llegaron más áreas, servicios, tecnología, oleoductos y la búsqueda de financiamiento para exportar gas.
Ese es el cuadro completo: una relación construida durante años alrededor de una oportunidad económica de enorme escala. Las compañías vienen a ganar dinero. El desafío argentino es convertir esa búsqueda de rentabilidad en producción, infraestructura y exportaciones. Porque negocios son negocios, y en Vaca Muerta, más que nunca.
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Fuente: Negocios son Negocios. Canal Mundo Dinero. Link: