Hablar de economía en un año electoral hace transpirar. Y más después de pasar un mediodía de enero por Sarmiento y San Martín. Los televisores de la city se acordaban más de los 34 de térmica que del dólar a $16. Así llegó el Económico hasta esa esquina el miércoles pasado para conversar con Miguel Bein. Empapado. Y se retiró prácticamente igual tras escuchar las perspectivas económicas de 2017. Se viene un año con una agenda política y económica caliente.

“Prefiero hablar de lo que pasará este año y, a lo sumo, 2018”, empezó este economista que el año pasado asesoró a Daniel Scioli en la campaña. “Proyectar nuestra economía a más de dos años no resulta claro porque tampoco se conoce el ciclo de la política monetaria en EE.UU. que brinda la pauta de si el país seguirá o no teniendo crédito”.

–¿Y cómo ve la tasa en EE. UU.?

Seguirá razonablemente baja y la Argentina tendrá acceso al crédito. El país consigue ofertas importantes por sus bonos porque obtener 5 o 6 puntos de rendimiento en países con buenas perspectivas es prácticamente imposible en el mundo hoy. En Chile, por ejemplo, la tasa a 10 años es 3,2. En Argentina, más del doble. El que invierte en el país dice “me quedo más tranquilo con una Argentina que rinde 7% frente al 10% de un par de años atrás”. Ve que otras economías pagan menos, que el Gobierno no incumple el pago de los bonos ni propiciará el default de la deuda y busca atraer inversiones.

–¿La economía Trump es un cuco?

El plan de reconstruir una infraestructura de 30 años para dar una respuesta a los votantes del centro del país puede llevarse a cabo sin necesidad de subir el costo del dinero. Vamos a pagar tasas un poco más caras, seguramente, pero cuando dedicaste toda tu vida a desarrollar emprendimientos inmobiliarios, la tasa es tu enemiga. El presidente de EE.UU. de ninguna manera puede ser una persona que tenga simpatía por las altas tasas.

–Se conocieron nuevas proyecciones de crecimiento del FMI para el mundo y mañana se publicarán las de Argentina. El país, en promedio, crece menos que el resto. ¿Qué margen hay para mostrar un desempeño mejor?

El mundo define mucho nuestra economía y, para la región, el condicionante ha sido siempre la restricción externa. La Argentina, cuando tiene superprecios de exportación, genera enorme oferta de dólares y expande su consumo de la mano de una producción industrial basada en insumos importados. Pero esto se terminó en 2011, cuando las materias primas alcanzaron su pico.

–¿Pueden las exportaciones industriales repuntar?

Para los que dicen que el país necesita desarrollo industrial les digo “perfecto, andá y hacélo”. Pero una cosa es lo que vos querés ser como país y otra es lo que tenés como base. Si las exportaciones industriales de China caen desde hace dos años, ¿qué podemos esperar para las nuestras? Argentina no puede venderle un auto a nadie que no sea por convenio bilateral. El país no puede llegar a un país europeo y decir “vengo a vender mis autos” porque no dan los costos. Y aunque dieran, tampoco hay mercado. Las exportaciones industriales argentinas no tienen ninguna chance de despegar fuertemente. La cuenta corriente muestra un rojo de 2,5% del PBI.

–¿Y entonces qué margen tiene el Gobierno para hacer crecer la economía por encima del promedio?

Provocar el despegue del sector que más divisas genera: el agro y la industria vinculada aportan 65% de los dólares. El Gobierno mejoró el tipo de cambio, quitó las retenciones y veremos exportaciones de fruta más altas en el Alto Valle, por ejemplo. Además quitó la pata de encima a la ganadería que había perdido casi 10 millones de cabezas, mejoró la ecuación para producir trigo, girasol y maíz. Habrá aumentos fuertes en trigo y maíz.

–-Hay sectores del Gobierno que pugnan para que las paritarias cierren este año en la zona de 18%. ¿Qué chance de éxito le asigna?

A mi humilde modo de entender la economía de este país, esa creencia denota una grave falla de diagnóstico si el Gobierno quiere que la economía crezca con fuerza.

-¿Por qué?

Porque si querés inducir que la suba de salarios cierre en la zona de 18%, el consumo seguramente no se recuperará. Y si el Gobierno tiene éxito en cumplir esa pauta, lo más probable es que la economía crezca 2%. Los salarios no solo no recuperarían la pérdida de poder adquisitivo que tuvieron en 2016. Tampoco le ganarían a la inflación de este año.

Pero el Gobierno dice que la inflación estará en esa zona: 17%.

No es lo que muestran los datos de inflación núcleo (N.E.: la inflación núcleo mide el ritmo al que aumentan los precios del 70% de los bienes de la canasta total del IPC. No incluye precios de bienes regulados o comportamientos estacionales). El dato de diciembre da 1,7% y el de enero estará probablemente por arriba de esa cifra o ahí. El BCRA ve datos mixtos y todo indica que estará en 1,8-1,9%. Está claro que estamos en un proceso de desaceleración de la inflación desde el 39,9% de 2016. Pero las expectativas hablan más de 21% que 17%. Cuando se agrega 3,5 puntos por el impacto por los aumentos de tarifas de febrero y abril, más todos los ajustes que vendrán, todo eso se traducirá en inflación.

–Son subas de precios regulados.

Es inflación. El Gobierno no dijo que la meta es de inflación núcleo. Dijo que tiene una meta de inflación. Y no veo que se vaya a cumplir.

–¿Sigue pensando que la economía puede crecer 5% este año?

Sí. Pero insisto: para que ocurra, los salarios tienen que ganarle por 4 puntos a la inflación. Mi proyección de crecimiento de 5% del PBI fallará si el consumo no crece 3%. Y esto ocurrirá si el Gobierno induce una suba muy baja del salario en términos nominales y no hay mejora del salario real. Y nuestro escenario base es que los salarios se pacten a 27% con una inflación de 23%. Esa inflación de 23% incluye tres puntos de tarifas. El consumo es el 85% del PBI y el privado es el 72% del PBI. Sin un crecimiento significativo del consumo no hay forma de hacer crecer 4% a esta economía sobre la base de la inversión, al menos no en el corto plazo.

–¿La inversión no impulsa el crecimiento?

En el largo plazo, el único ingrediente que asegura el crecimiento sostenible es la inversión. Pero hoy representa 19% del PBI y se necesitaría que crezca 5 veces lo que lo hace el consumo para empujar la economía a buen ritmo. Tratar de hacer crecer la actividad en el corto plazo con la inversión es como querer pescar un tiburón con un equipo de pesca para trucha. Vas a agarrar el tiburón, se te va a doblar la caña y el tiburón te va a saludar desde la otra orilla.

–En el Gobierno se ilusionan con tasas de inflación de 1% mensual para el segundo semestre. ¿Es factible ver esos niveles antes de las elecciones?

No lo sabemos. Si hay dólares suficientes como para planchar el tipo de cambio, puede darse. El dólar es uno de los precios que juega en la inflación para una economía como la nuestra y no es un precio más. Todos los años que hay elecciones los gobiernos tratan de frenar el tipo de cambio y las tarifas porque cuando ellos se disparan no hay política monetaria que los pueda parar. No hay política monetaria antiinflacionaria exitosa cuando el tipo de cambio se mueve 40% y las tarifas 80%. La bala de plata que le queda al Gobierno para mantener la inflación debajo de 1,5% por mes, dado el cronograma de aumentos de tarifas, es que el tipo de cambio no se mueva más de 1% por mes. Creo que pasará hasta el mes de octubre.

Riesgo país, Scioli, Macri y un error de diagnóstico

“En Argentina, hacer política económica es más difícil que en otros países porque el ahorro de largo plazo no se hace en la moneda nacional. Llevará años recuperar eso”, reconoce Miguel Bein, economista, y que entiende lo que pasan muchos conocidos suyos, por ejemplo, el ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne. Bein pasó por los equipos económicos de los gobiernos de Raúl Alfonsín y Fernando de la Rúa.

–¿El riesgo país de la Argentina aún es alto?

Sí. Argentina es el país con más riesgo de la región, sus bonos a cinco años rinden 3,9 puntos más que los del Tesoro de EE.UU. Brasil, el segundo más riesgoso, por ejemplo paga 2,5 puntos más. México, 1,75 puntos; Colombia, 1,5 puntos, y Chile apenas 0,85 puntos más.

–¿Qué opina de la organización de la conducción económica de este Gobierno?

Es una decisión del presidente.

–¿Pero cree que funcionará?

No lo sabemos todavía.

–¿Cuándo fue la última vez que habló con Daniel Scioli?

En Navidad.

–¿Y con Macri?

Aún no hablé este año.

–Durante la campaña, el año pasado, hubo un debate técnico sobre las consecuencias inflacionarias de la depreciación del peso. Usted y otros decían que la suba del dólar se trasladaría a los precios de la economía. Del lado de enfrente, se sostenía que ese pasaje ya se había producido y hoy defienden diciendo que fue alrededor del 20%. ¿Usted cómo lo ve?

Cuando se levantó el cepo, los precios de la industria de la construcción privada no estaban alineados con un dólar de $15. Y la construcción se desploma cuando se sale del cepo porque los precios de venta, en pesos, se mantuvieron a $15 pero los costos de la construcción que estaban con un dólar más barato aumentaron. Se perdió el 75% de la rentabilidad de cualquier proyecto de construcción residencial y eso paralizó por completo la construcción. Si se toman los precios de los alimentos más populares se ve qué pasó. La leche valía $10, ahora vale $18; los fideos $10, ahora $16; y la botellita de aceite de 900 centímetros cúbicos valía $9,50 y ahora $24. Los precios de los productos que se venden en la Argentina pero que se pueden exportar tienen el precio en dólares. Al tener una inflación que resultó el doble de la que imaginaban, la caída del salario real resultó el doble de la prevista. Fue el análisis del impacto de la devaluación en los precios lo que definió la recesión en 2016.

-¿Cómo ve el sector externo de la economía?

La cuenta corriente de la balanza de pagos de la Argentina muestra un déficit de 2,5% del PBI. Casi no hay superávit comercial en un año de recesión cuando tradicionalmente en los años de caída el país registraba un superávit comercial de unos US$10.000 millones. El PBI cayó 2,6% en 2016 y aún así hay déficit.