Barack Obama pisó suelo alemán por quinta vez, ayer, para promover la mayor zona de libre comercio del mundo: un área con 800 millones de potenciales consumidores que quedarían bajo la órbita de la polémica Asociación de Libre Comercio e Inversiones (TTIP) entre Estados Unidos y la Unión Europea.

En Hannover, ciudad del norte de Alemania donde inauguró la mayor feria industrial del mundo, Obama habló de “una enorme oportunidad de fortalecer el espacio transatlántico” y de impulsar el crecimiento y la creación de empleo. “No creo que se vaya a ratificar de aquí a fin de año”, reconoció el mandatario, quien no obstante se mostró confiado en que las negociaciones iniciadas en 2013 estén cerradas antes de que termine su mandato, dentro de ocho meses. “Las diferencias son cada vez menores”, subrayó Obama.

El TTIP “es bueno para la economía alemana y es bueno para la economía de Europa”, subrayó por su parte la canciller alemana Angela Merkel durante una conferencia de prensa conjunta. “El mundo entero se va a orientar en las normas que acuerden Europa y Estados Unidos”, señaló Merkel, tras destacar que “me alegra que el presidente Obama apoye las conversaciones, pero nosotros también tenemos que hacer nuestra parte”.

Pese a la buena sintonía que mantiene con Merkel, Obama ya no goza de la popularidad de su primera visita a Alemania, en 2008. El sábado, unas 40 mil personas (80 mil según los organizadores) protestaron en Hannover bajo la consigna “paremos el TTIP” y “por un comercio mundial justo”. Según un estudio de la fundación Bertelsmann, solo el 17% de los alemanes considera que el TTIP es positivo, contra un 33% que lo ve negativo. Otras encuestas confirman que la mayor parte de los detractores del tratado se encuentra justamente en Alemania, una de las principales economías exportadoras. Estados Unidos es el principal comprador de productos “made in Germany” y los analistas coinciden en que la economía germana es una de las ganadoras de la globalización. Pero no lo ven así la mayoría de sus ciudadanos, que desde hace décadas sufren las consecuencias de “la mayor concentración de la riqueza”, la caída constante del salario real y “la disminución del bienestar de la clase media y baja”, advirtió el economista Henrik Müller, profesor de la Universidad de Dortmund, en el semanario Der Spiegel.

Mientras los defensores del TTIP consideran ventajosas la reducción de tarifas y la armonización de las normas, buena parte de los europeos teme que se bajen los estándares en distintas áreas, empeoren las condiciones laborales, haya menos derechos para el consumidor y menor protección de la salud y del medio ambiente. La ingeniería genética en alimentos para ganado, los pollos lavados en cloruro o la mayor cantidad de antibióticos en animales, por ejemplo, son algunas de las prácticas comunes en Estados Unidos, pero tabú entre los consumidores europeos.

“No estamos en contra de un acuerdo justo entre Europa y Estados Unidos, sino en contra de dar derechos especiales a las corporaciones”, señaló Jürgen Trittin, ex ministro alemán de Medio Ambiente, de Los Verdes. La frase alude también al sistema previsto de protección de las inversiones, que otorgaría a las multinacionales el privilegio de tribunales especiales, los únicos con jurisdicción para auditar disputas en el TTIP. Muchas ONGs consideran que esto abriría la puerta a millonarias demandas de indemnizaciones por parte de empresas que pudieran ver en determinadas políticas públicas un perjuicio a sus intereses.

Otro punto que levanta ampolla es el carácter secreto de las negociaciones. Varios diputados de la bancada verde presentaron una demanda en el tribunal europeo exigiendo que se les permita mayor acceso a los documentos de las negociaciones a ellos y a sus asesores. Hasta ahora, Bruselas solo permitió que los legisladores lean los textos técnicos del tratado a solas, en inglés, sin colaboradores y sin sacar fotos ni fotocopias, en una sala de lectura sin señal de telefonía ni de internet ubicada en el ministerio de Economía de Berlín, y por no más de dos horas.

El lunes, la discusión sobre el TTIP será tratada al más alto nivel en el palacio de Herrenhausen en Hannover, donde junto a Merkel y Obama estarán el premier británico David Cameron, el presidente francés François Hollande y el primer ministro italiano, Matteo Renzi. Pero también se tocarán temas como el intercambio de información en la lucha contra el terrorismo. El mismo día, mientras en Nueva York abre una nueva ronda de negociaciones del TTIP, Obama da un discurso muy esperado en la feria industrial de Hannover. El conflicto en Siria, la afluencia de refugiados a Europa, el papel de la OTAN y la situación en Ucrania serán algunos de los temas que podría tocar el presidente norteamericano, quien tras una cena con empresarios alemanes y estadounidenses regresa a Washington el lunes por la noche

Fuente IEco