El billete de $ 100 parece derretirse en los bolsillos de los argentinos, se desvanece en unas pocas transacciones y da la sensación de que ya no alcanza para nada. No es una ilusión más de personas a las que no les rinde el dinero; es la realidad: el billete de mayor denominación de la Argentina es el de menor valor de la región medido en dólares, ya que vale sólo US$ 6,35 (según la cotización del blue), mucho menos que el de máxima circulación de Estados Unidos -el de US$ 100- y que el de 500 euros (US$ 560). También vale menos que el de 100 reales (US$ 26), el de 2000 pesos uruguayos (US$ 70) y que el de 20.000 pesos chilenos (US$ 29).

Ante este panorama no son pocos los que opinan que debería imprimirse ya un billete de mayor denominación, que podría ser de $ 500 y hasta de $ 1000. Esto tendría muchas ventajas, y también unas pocas desventajas que podrían contarse con los dedos de una mano.

Otro de los motivos por los que se aconseja emitir un billete más grande es porque el costo de producción relativo se achicaría. Hoy emitir un billete de cualquier denominación en el país cuesta $ 1 (es caro, en países vecinos costaría $ 0,65). Si se producen billetes de valor promedio menor a $ 100 es más caro que si se produjeran billetes por valor promedio de $ 500 (menos billetes y con más diferencia entre el valor facial y el costo).

Esto no es todo. Además, según Gismondi, se crea una dificultad para que el dinero cumpla su función como reserva de valor (para ahorrar en pesos físicos). Pero en la Argentina eso no aplica, porque lo que más atenta contra la posibilidad de que el peso sea reserva de valor es la inflación alta. Si no hubiera inflación, nuevamente por los volúmenes sería más fácil ahorrar en pesos con billetes grandes que con billetes chicos (para eso, en Europa tienen un billete de 500 euros). Pero con inflación, no habría ahorro en pesos en el colchón aunque tuviéramos billetes más grandes.

En la lista de desventajas de tener billetes de denominación muy alta aparece la dificultad para diferenciar precios por falta de cambio o porque cuesta mucho transportar las monedas, que son más pesadas (se rompen los bolsillos). Otro factor es el entorpecimiento de transacciones que se hacen tradicionalmente en efectivo (taxi, peaje o kiosco). Por último, habría mayor riesgo de falsificación con billetes grandes que con billetes de no mucho valor.

“Todo indica que nuestros billetes son pequeños y que se necesitan más grandes. La línea de siete billetes ya tendría que partir de los $ 10, pasar por los $ 20, $ 50, $ 100, $ 200, $ 500 y tener uno de $ 1000”, concluye Gismondi.

Rodrigo Álvarez, director de la consultora Analytica, pone en primer lugar a la cuestión operativa, para explicar que sería conveniente un billete mayor. “Con la inflación de los últimos años, la moneda perdió valor y esto obliga a cada vez más emisión de billetes. Hay que pensar que a un jubilado que cobra la mínima, en 2010 le pagaban con 8 billetes de 100, mientras ahora le tienen que dar 38”, dice el economista.

Fausto Spotorno, economista de la consultora Orlando Ferreres y Asociados, opina que la Argentina necesita billetes de mayor denominación por varias razones, principalmente porque la inflación carcomió el valor de los papeles actuales y la falta de papel moneda ha causado un enorme problema logístico, tanto para el Estado como para sus ciudadanos.

A la hora de enunciar las desventajas que tendría emitir un billete de $ 500 o $ 1000, Spotorno dice que realmente no ve muchas contras. “El único gran peligro que encuentro sería la de la emisión monetaria que representa. Sobre todo teniendo en cuenta que se emitiría a mayor velocidad”, analiza.

Entonces, si, como se vio, son tantos los beneficios de imprimir un billete mayor, ¿por qué el Gobierno no lo hace? Álvarez responde que bajo el argumento de estimular la bancarización se esconde el verdadero objetivo de seguir negando la realidad inflacionaria. “En los Estados Unidos o Europa la bancarización no es elevada porque los billetes tengan baja denominación. Todo lo contrario, tienen billetes de elevada denominación y poder de compra a pesar de que los medios de pago más utilizados son los electrónicos”, concluye el economista.

Ya debería estar el papel de $2000

En la comparación histórica, el poder de compra del billete de $ 100 (emitido en 1992) hoy sería de $ 1737 con la inflación real ($ 627, según la del Indec). Si la comparación se efectuara en dólares sería: $ 1575 con el paralelo y $ 945 con el oficial. Es decir, con datos del Indec y del dólar oficial, para recuperar el poder de compra que tenía en su inicio el billete de $ 100, hace falta uno de $ 500 (y completar con algo más); con datos más realistas, casi se necesitaría el de $ 2000.

Fuente: La Nacion