Aunque su sede es Washington, Martín Lousteau se maneja como el dueño de casa en el consulado argentino en esta ciudad. Manda a pedir dos sillones para que nadie se quede parado en el salón de la planta baja. Muestra una alegría mesurada en la mañana en que la Argentina salió del default, plantea que los inversores saben que reordenar la economía implica tomar medidas que van en contra de la producción y la estabilidad de los precios, y reconoce -en un diálogo con periodistas- que el Gobierno ahora debe hacer los deberes para que el interés por el país se transforme en inversión real que permita mejorar esas variables.

-Desde el principio notamos mucho interés, no sólo en la comunidad de negocios, sino también en el gobierno de Estados Unidos. Al cambio en las condiciones de la economía local con respecto al pasado se le suma el estado de la región, en especial América del Sur, que refuerza el interés por la Argentina. Por el desorden macroeconómico, el país estuvo por debajo de su potencial. Mientras otros recibieron mucho flujo de capital, la Argentina, no. Y al resto de la región llegó capital, que ahora se va.

-Había una parte que era terminar de hacerlo. Más allá de lo que se negoció desde el Ministerio de Hacienda y la velocidad, el problema es de larga data y con actores complicados del otro lado. Terminarlo es una señal significativa. Además hay un cambio en el estatus legal en muchos lugares. El default técnico implicaba que ciertos bancos, compañías y organismos multilaterales no consideraran al país, lo hicieran poco o estuvieran obligados a poner capital propio para prestar. Los bancos tienen muchas regulaciones. Cuando la Argentina salió del default le liberó US$ 1700 millones al BID de su capital para volver a prestar.

-Diferenciaría lo real de lo financiero. El inversor de la economía real mira otros factores. Sabe que en el corto plazo muchas de las cosas que se hacen para reordenar la economía tienen impacto negativo en el nivel de actividad y en la inflación. Eso se ve. Hay preguntas sobre eso. Y es importante que la Argentina las pueda contestar no sólo al inversor, sino también a nosotros mismos.

-¿Cuál es el trabajo post default?

-La economía real tarda en moverse más que la financiera. El trabajo que tenemos que hacer es que el interés en el país se concrete. Que los actores decidan la inversión y que desde la Argentina esa inversión tenga impacto. Muchas de las medidas que se toman para organizar la economía tienen efectos que van en contra de la dinámica economía, en precios y actividad. Cuanto más rápido tengas la inversión, esa dinámica pega la vuelta.

-¿En qué sectores hay mayor interés por parte de las empresas?

-Las conversaciones que tenemos nosotros pasan más por incentivar la inversión real. Hay interés por proyectos en infraestructura. Y dentro de eso, energía, en especial en renovables, donde Estados Unidos es líder.

-¿Que tan complicada es la crisis en Brasil?

-Es un enorme costo para todos desde el punto de vista político, social y económico. Es nuestro principal sociocomercial. Sí creo que la Argentina para imaginar su camino hacia adelante requiere de inversión y financiamiento, que empieza a ver dónde tiene perspectivas positivas. Eso transforma a la Argentina en algo más atractivo. En los años noventa ambos países compitieron para atraer la inversión extranjera directa. Pero en los últimos años se está detrás de Perú.

-¿Cuánto preocupa en Washington que Brasil se transforme en un problema mayor?

-Claro que es una preocupación de la región y de los Estados Unidos.

Fuente La Nacion