John Elkann, líder de la familia italiana Agnelli (dueños de Ferrari y Fiat Chrysler) tiene una forma peculiar de preparar a sus parientes para una batalla por una importante adquisición.

En junio, reunió a las dos ramas del clan familiar en el estadio de Juventus en Turín para un amistoso de fútbol, con los parientes como hinchadas. Al día siguiente, en la asamblea anual del holding del grupo, Exor SpA, explicó por qué debían comprar por US$6900 millones la aseguradora PartnerRe, de EE.UU. y entrar en el negocio de las finanzas, el paso más transformador del grupo en un siglo.

Las familias e individuos ricos de Europa –desde los Agnelli hasta el suizo Thomas Schmidheiny y el francés Vincent Bollore– vienen protagonizando algunas de las adquisiciones más notorias de los últimos años. En julio, Coty, controlada por la familia germano-austríaca Reimann, se quedó con 43 marcas de belleza de Procter & Gamble en US$12.500 millones, lo que la convertiría en una de las mayores firmas de belleza del mundo.

Algunas familias buscan sectores menos riesgosos, como los productos de consumo o seguros; otras procuran consolidarse en sus rubros tradicionales, que enfrentan a competidores de menor precio.

Según banqueros y consultores, el objetivo es posicionarse para las tendencias de largo plazo, tales como el consumo en los países en desarrollo. “Tratan de invertir en megatendencias como los artículos de consumo, salud y servicios”, dijo Hermann Prelle, presidente de UBS Group para Alemania, el mayor administrador de fortunas del mundo. “En las familias existe la creencia de que sólo se puede tener una ventaja competitiva si se adopta una visión a largo plazo”.

El escándalo de Volkswagen AG, que admitió haber engañado en las pruebas de emisiones de gases en sus vehículos diésel, demuestra que las empresas familiares no necesariamente son más estables, y que diversificar generalmente tiene sentido. Las familias Porsche y Piech, que juntas controlan una mayoría de VW a través de un holding, vieron esfumarse unos 23.000 millones de euros del valor de mercado de la automotriz desde las revelaciones el 18 de septiembre.

El año pasado, las compras de las familias europeas tocaron el nivel más alto después de la crisis financiera de 2007, según datos de la investigadora Pitchbook.

Esas compras gravitan en la economía de Europa. Casi la mitad de las 500 empresas familiares más grandes del mundo están en el continente, donde sus ventas representan más del 13% del PBI y casi 9 millones de empleos, según el EY Family Business Yearkbook 2015.

Europa tiene una larga tradición de empresas familiares que va desde firmas muy antiguas como la química Merck, fundada en 1668, hasta la automotriz más grande del mundo, Volkswagen.

Los inicios de la fortuna de US$16.000 millones de la familia Reimann se remontan a 1823, cuando Johann Adam Benckiser fundó la compañía química homónima en Pforzheim, Alemania. Los Reinmann vienen acelerando su pasaje de los productos químicos especiales y ácidos cítricos a café, artículos de lujo y cosméticos.

En 2014, JAB Holding, la rama de inversiones de la familia, compró la unidad de café de Mondelez en US$5000 millones en efectivo, creando así la segunda empresa de café del mundo al combinarla con D.E Master Blenders 1753, adquirida un año antes. También compró Peet’s Coffee & Tea y Caribou, marcas muy conocidas en EE.UU.

“Marcas fuertes” “Nos gustan el crecimiento, la baja intensividad de capital, la estabilidad durante el ciclo económico y el poder de fijar precios que tienen las marcas fuertes”, dijo en diciembre Peter Harf, socio del JAB Holding, con sede en Luxemburgo.

La creación de la mayor cementera del mundo este año –la fusión entre Holcim y Lafarge, con un valor de US$35.000 millones– fue comandada por dos megamillonarios: el suizo Schmidheiny, mayor accionista de Holcim, y Albert Frere, el hombre más rico de Bélgica, inversor número uno de Lafarge.

Ambos llevan décadas en el cemento, pero la competencia de productores de los mercados emergentes, sumada a la menor demanda de materiales de construcción por la inestabilidad económica, los llevó a combinar operaciones para expandirse y bajar costos.

Vincent Bollore, uno de los hombres más ricos de Francia, con una fortuna de US$5600 millones según el Indice de Multimillonarios de Bloomberg, figura entre los compradores más activos de Europa en los últimos dos años. Aumentó su control en el imperio de medios francés Vivendi y desmanteló negocios de telecomunicaciones para reenfocarse en el mundo de la TV paga, el cine y la música. Esto incluyó la venta de más de US$30.000 millones en activos, entre ellos operaciones en el sector de telefonía de Francia, Norte de Africa y Brasil. Las adquisiciones apuntan a “reposicionar a Vivendi en la producción y distribución de contenidos y acopio de datos”, dijo Bollore a los inversores en abril.

Elkann, líder de los Agnelli, buscó invertir en el sector de reaseguros para depender menos del volátil sector automotriz. Y también adquirió la inmobiliaria Cushman & Wakefield este año y la firma de inspección de embarques SGS en 2013. La estrategia es “simplificar” sus inversiones y reducir su dependencia de las industrias de capital intensivo como la automotriz, señaló Elkann en mayo.

Y los Agnelli no son los únicos italianos que hacen compras. Ferrero, fabricante de bombones y dulces, de un grupito de accionistas, adquirió en junio la centenaria chocolatera británica Thorntons para ponerla bajo el mismo techo que la Nutella.

Traducción: Susana Manghi