-¿Es posible quitar el cepo cambiario el 11 de diciembre de 2015?

-Si bien es posible, no es deseable: con el fenomenal atraso cambiario que legará el kirchnerismo -el TCR multilateral se ubicará a fin de año apenas 25% por encima del mínimo de diciembre de 2001-, hacerlo traería aparejado un salto de magnitud en el tipo de cambio. Esto implicaría un riesgo en materia inflacionaria e indudablemente complicaría las negociaciones salariales de 2016. La remoción del cepo requiere previamente una secuencia definida, pero que evite los cambios abruptos: implementar un plan macroeconómico consistente que ponga el foco en la lucha contra la inflación, cerrar definitivamente el conflicto judicial con los holdouts (y eventualmente mientras se negocien términos más favorables para nuestro país conseguir financiamiento vía organismos multilaterales) y llevar el tipo de cambio a un nivel más realista.

-¿Es realmente un problema el tamaño del Estado?

-El Estado tuvo un crecimiento fenomenal durante la gestión kirchnerista: el gasto público consolidado representó 45% del PBI en 2014 (19 puntos por encima del promedio histórico), con un peso similar al de Alemania u Holanda. La suba del gasto público no es buena ni mala en sí misma: depende esencialmente de cuál es la calidad de los bienes públicos que provee, de cómo se financia y de la posición fiscal estructural de largo plazo. Teniendo en cuenta que el desequilibrio primario rondará el 5,5% del PBI en 2015, es evidente que se requiere un reordenamiento del gasto. Pero con un Estado que representa casi la mitad de la economía no debe soslayarse la importancia crucial que tiene el incremento de su productividad para el crecimiento de largo plazo. Caso contrario, el sector privado deberá aumentar la suya no sólo para poder competir con empresas de otros países, sino también para compensar el lastre estatal.

-¿Es posible bajar la inflación?

-Sin dudas que sí. En 2014 hubo sólo cuatro países que tuvieron una inflación superior al 25% (Siria, Venezuela, Sudán y la Argentina). Teniendo en cuenta el desinterés manifiesto de la gestión kirchnerista en la materia, es posible aspirar a bajarla gradualmente para llegar a un dígito en 2019. Para ello se requiere esencialmente normalizar de una vez el Indec, que el Banco Central (BCRA) acepte un compromiso explícito en materia inflacionaria para incidir sobre las expectativas del sector privado, tasas de interés alineadas con la inflación, disminuir el desequilibrio fiscal financiado con emisión monetaria, y un gobierno que sea garante de un acuerdo social entre gremios y empresarios que fije precios y salarios en función de la inflación esperada (y no la pasada).

El autor es economista y director de la consultora Labour, Capital & Growth

Fuente: La Nacion