Hace una semana se levantaba el cepo cambiario y el flamante dólar libre salía al ruedo a $ 15.

Ayer, ese mismo dólar, cotizaba a $ 13,31, un 12% abajo que una semana atrás y 35,1% por encima del momento de la devaluación y levantamiento del cepo cambiado.

El resultado de la primera semana de dólar libre puede leerse como el primer paso decidido para devolverle competitividad al sector agropecuario con la eliminación de retenciones para granos y economías regionales, a excepción de la rebaja de 5 puntos para las de la soja, y la devaluación del peso.

El cambio favorable para las condiciones del sector agropecuario seguramente quedará en la historia. Un exportador de trigo no sólo tendrá un tipo de cambio entre 30% y 40% mejor sino también la reducción a cero de una retención de 20%. ¿Le alcanzará?

La contracara cambiaria de la semana es el salto en los precios que generó la suba del dólar y el interrogante es cuánto de los aumentos “preventivos” podría ser absorbido después de comprobar que el aumento del dólar no estaría resultando tan grande cómo algunos analistas y empresarios preveían.

En otras palabras, los economistas hoy se preguntan si con un dólar de $ 13,31 el Gobierno se quedó o no “corto” con la devaluación.

La respuesta para esa pregunta es relativa ya que depende para quién un dólar de entre 13 y 14 pesos puede resultar alto o bajo.

Probablemente un productor de trigo o de maíz esté saltando de contento después de años de penurias, pero los comerciantes están preocupados porque un proceso de remarcación les complicará las ventas; y ni que hablar de los trabajadores que, desde hace semanas, comprueban subas diarias en muchos productos.

El proceso es incipiente y todavía no se podrían sacar conclusiones, más allá del violento salto de la carne y de lácteos y harinas, sobre cómo sigue la película inflacionaria en el corto plazo.

Marina Dal Poggetto, directora del Estudio Bein, mide desde hace años la evolución de los precios todos los martes.

Detectó que en las primeras semanas de diciembre, el índice de su canasta subió 3,1% con un salto pronunciado de 4,1% en la carne. Pero que, después de la devaluación, había habido cierto amesetamiento.

Tal vez sea demasiado prematuro sacar conclusiones pero así cómo el dólar de $ 15 no le resultó una sorpresa a los mercados, la baja a $ 13,31 podría estar indicando no sólo lo que es obvio en este momento que es que hay más oferta que demanda, sino también que el traslado a precios de la devaluación podría no ser tan cruento.
Vale la pena insistir en que se trata de datos preliminares pero sobre los cuales una parte del Gobierno festeja.

Es claro que para Mauricio Macri un tema importante era darle competitividad al campo y señales a los empresarios para que traigan dólares, pero ahora también es crear condiciones para el intento de moderar la tradicional “puja distributiva” después de una devaluación.

Los gobiernos devalúan cuando no quedan dólares en el Banco Central para mejorar las condiciones para las exportaciones y saben que tienen el alto costo del salto inflacionario y, en especial en el caso argentino, en el precio de los alimentos.
La segunda etapa viene con los reclamos de aumentos salariales para compensar a los trabajadores por la caída del poder de compra de sus salarios, y la de los empresarios para tratar el moderar el aumento del costo laboral.

Es por eso que Macri apuesta a que el traslado a precios de la devaluación sea el menor posible para que si la expectativa de devaluación para 2016 es de 30% como sostiene una encuesta de la Universidad Di Tella, el resultado de las paritarias no salga del rango 28-30 por ciento.

Pensar en una banda para la discusión de los aumentos salariales del año próximo implicaría, previamente, establecer una banda para la flotación del dólar. ¿Será entre $ 13 y $ 14?

No habrá una respuesta rotunda hasta que lleguen los anuncios fiscales por parte del Gobierno.

Hasta ahora se dedicaron a anunciar medidas de expansión fiscal: menos retenciones, menos impuestos a las Ganancias para aguinaldos, plus de $ 400 para jubilados y beneficiarios de la asignación universal por hijo e incorporación de más chicos a la AUH. ¿Y cómo se cierra así el fuerte déficit fiscal que dejó Cristina Kirchner?

Evidentemente, todavía no llegó el tiempo y lo demuestra el hecho de que el ministro de Energía y Minería, Juan José Aranguren, hizo tres conferencias de prensa y sólo enunció que podría haber suba de tarifas en enero.

Mientras tanto, y para coronar el fin de año financiero, los ahorristas no dudan de desprenderse de dólares y pasarse a tasa de interés. Es un fenómeno temporario, pero que demuestra que el mercado está para pasar el cierre del 2015 en calma.

Fuente: IEco