La campaña de Mauricio Macri tuvo un fuerte sesgo hacia todo el sistema de los agro-negocios y, en particular, hacia las economías regionales. Sus primeros días de Gobierno no defraudaron: la eliminación de las retenciones a las exportaciones, junto a la liberación del cepo cambiario y la consecuente depreciación del peso, fueron dos medidas claves para estas economías dispersas por todo el territorio nacional. Sin embargo, años de atraso cambiario, fuerte presión tributaria y regulaciones anti-exportadoras, afectaron a todas las economías regionales. Estancamiento y reducción de la producción, desaparición de miles de productores, caídas en la inversión y en las exportaciones, son algunos de los fenómenos observados en las últimas temporadas. Los elementos internos sumados a la paralización y caída de la demanda externa, configuraron un escenario poco favorable para estas actividades, con fuerte dependencia del mercado internacional. Además, al ser producciones destinadas en gran medida a la exportación -cuando la salida hacia el mundo se ve dificultada ya sea por factores exógenos y/o por políticas económicas erradas-, rápidamente se genera un exceso de oferta en el mercado interno, provocando una caída en los precios que muchas veces no llega a cubrir los costos de producción y que la cadena traslada por completo hacia el primer eslabón productivo. Más allá de la dinámica de la demanda internacional, que a lo largo del año pasado no ha sido favorable como consecuencia del desempeño de importantes socios comerciales como Brasil y Rusia, la variable interna más relevante a la hora de explicar el desempeño de las exportaciones de las economías regionales es el tipo de cambio real. El índice de tipo de cambio real multilateral señala que la cotización real del dólar tocó el mínimo nivel desde la salida de la convertibilidad, durante todo 2015. En septiembre pasado, este índice -que llegó a estar por encima del 2,5- se ubicó por debajo del nivel vigente a fines del régimen de convertibilidad, al tocar un índice de 0,95 y tuvo un promedio anual de 1,04 previo a la liberación del mercado de cambios. Esto sucedió al ritmo que el peso se devaluaba constantemente en términos nominales, a una velocidad siempre menor al avance de los costos internos en pesos y, en el último tiempo, también respecto al resto de las monedas del mundo. Con esta pérdida de competitividad internacional, muchas producciones dejaron de ser rentables y debieron volcarse al mercado interno o, incluso, ni siquiera llegar al mercado. La retracción en las cantidades enviadas al exterior es solo un elemento, al que se debe adicionar la caída en los precios internacionales de estos productos. De este modo, el deterioro en la rentabilidad de los productores argentinos se da por doble vía: caída de precios y cantidades. En las últimas semanas se han hecho anuncios públicos relacionados a medidas de emergencia, que si bien pueden ser útiles en el corto plazo, no deben ser entendidas como políticas sectoriales sostenibles. Son los casos de los precios sostén para la lechería o la compra de existencias en la industria vitivinícola. Recuperar a estos sectores, claves para el empleo en las provincias del interior del país, demandará de mayores esfuerzos, en caso de que el escenario internacional no mejore pronto. Bajo este supuesto, los productores demandarán en el corto plazo un dólar más alto y reducciones impositivas, elementos que pueden entrar en contraposición con otros objetivos que tiene en mente el nuevo equipo económico para el ordenamiento de la macroeconomía.

Fuente Cultura Invest