El gran DT de fútbol Marcelo Bielsa utilizaba una frase motivadora durante la formación de un equipo de trabajo, para el logro de los objetivos planteados: “Lo posible ya está hecho. Lo imposible lo estamos haciendo, para los milagros necesitamos tiempo”. Este es, quizás, el mismo tiempo que necesita el nuevo Gobierno para reconstruir la devastada “Hiroshima económica” de la que venimos, que cuenta con una enfermedad central, la cual, como es lógico, demanda un tiempo para su tratamiento y posterior cura.

Mucho se ha dicho, pasados estos primeros cien días de gestión. Entre varios aciertos y algunos errores, se ha navegado en una dirección que sólo pueden tomar aquellos que no esconden la realidad ni falsean estadísticas. Dicho de otra manera, cuando uno acude al médico con síntomas marcados y los cuenta con claridad, es más fácil para el médico el diagnóstico de la enfermedad y su posterior tratamiento. En economía pasa lo mismo. Y si un gobierno niega los síntomas, claramente no habrá tratamiento ni mucho menos cura. Pero no hay que confundir el síntoma con el problema central, ya que de esa forma no atacaríamos a la causa sino a la consecuencia. La inflación, el tipo de cambio y la tasa de interés son los síntomas. La enfermedad es el déficit fiscal. Por eso es tan importante comenzar a gestionar con responsabilidad los recursos, poner en marcha la rueda, volver a crecer, atraer inversiones, generar empleo privado. Para que la simple cuenta de almacenero vuelva a dar un dato alentador: gastar menos de lo que entra, dejando una parte para el ahorro (reservas) y la inversión (rutas, hospitales, escuelas, innovación). Lo mismo que pasa en una casa, la cuenta es clara. Y un país es una familia numerosa que debe regirse también por esos lineamientos básicos de administración.

El inminente cierre del acuerdo con los holdouts, la reciente y positiva visita de Obama a nuestro país y la iniciativa de las calificadoras de riesgo para mejorar la nota de nuestra deuda soberana nos ponen nuevamente en el umbral del mundo. Sería un error pensar que todo estaría solucionado, ya que bajo esas premisas, recién estaríamos en condiciones de empezar. Faltaría muchísimo, no hay dudas. Comenzar a venderle al mundo, exportar nuestro talento y productos. En el medio queda aún un tema tan importante como complejo: la reforma integral tributaria. Lo deseado, tal vez, sería que en un futuro no muy lejano, la partera vuelva a gritar: ¡son gemelos! Y nazcan los hermanos superávit, fiscal y comercial, y con ellos como base, comenzar a construir un futuro mucho más alentador para nuestra querida Nación.

Fuente: Cultura Invest