Con un retraso de más de dos meses la Secretaría de Hacienda, a cargo de Juan Carlos Pezoa, decidió entregar los datos de las finanzas públicas de agosto y septiembre, en forma acumulada, sin el desagregado de cada mes, los cuales revelaron una severa profundización de la grieta fiscal que recibirá el próximo gobierno.

El resultado informado dio cuenta de un aumento del 14.057% en el déficit primario de las cuentas públicas, esto es antes de considerar el pago de intereses de la deuda pública, a $59.316,3 millones, porque contrastó con apenas $419 millones en los primeros nueve meses del año anterior.

El saldo financiero, luego de sumar los servicios de la deuda, fue negativo en $139.551,1 millones, un 160,2% más abultado que un año antes.

El cuadro de desequilibrio fiscal real fue claramente más abultado. Para neutralizar la enorme brecha que se abrió en el curso del año entre los recursos totales genuinos en 28,5% y los gastos plenos en 42,7%, la Secretaría de Hacienda volvió a sumar ingresos de transferencias de ganancias meramente contables del Banco Central, Anses, organismos descentralizados y fondos fiduciarios y PAMI por $96.178 millones, monto similar al que recibió en los primeros nueve meses del año previo.

De ahí que descontado ese efecto, el déficit primario saltó a $155.939 millones, un 61% más que en 2014, al equivalente a 4% del PBI del período; mientras que el rojo financiero real escaló a $251.672 millones, con incremento en este caso de 30,6%, el cual significó el 6,5% del PBI estimado como promedio del período.

Como es habitual, el comunicado de Hacienda se limita a destacar la relevancia de los pagos de salarios, jubilaciones y subsidios, mientras que ignoró explicar la singular brecha de más de 14 puntos porcentuales entre la suba registrada en los ingresos y los gastos.

Ahora queda pendiente conocer los resultados del movimiento de fondos de la caja de la Tesoreía en octubre y noviembre, que se sospecha se agudizó el desequilibrio final a más de 7% del PBI.

Fuente | Infobae