Con estos movimientos, el Bovespa, principal indicador bursátil del país vecino, perdió cerca del 7% en lo que va del año; Petrobras Brasil ha perdido más de la mitad de su valor en la Bolsa de Comercio porteña. No es solo el mercado financiero, la situación macroeconó- mica deja mucho que desear y las perspectivas positivas se alejan. A comienzos del año, los analistas esperaban una recesión, pero los resultados los sorprendieron: en el segundo trimestre el PBI se redujo 1,9% con respecto al primer trimestre, con una caída anualizada del 7%. La moneda brasileña está acercándose rápidamente al 4 a 1. La moneda respondió negativamente a la quita del investment grade de Standard & Poor’s, de la cual Brasil gozaba desde 2008.

Después del crecimiento nulo de 2014, Brasil puede considerarse en “recesión técnica”. A su vez, la caída en la producción es la peor en 25 años. Se espera que la industria se retraiga más de 5% durante el 2015; el desempleo, ya en 7,5%, indica que más de medio millón de puestos de trabajo se perdieron durante el año.

La devaluación afecta el salario en dólares de los brasileños, disminuyendo su poder de compra. La respuesta del gobierno reelecto de Dilma Rousseff a la difícil situación económica ha sido un cierto ejemplo de ortodoxia y ajuste tradicional. Decidido a obtener la confianza de los inversores internacionales, Joaquim Levy -Ministro de Finanzas-depositó en los flujos de capitales la esperanza de recuperación, justo en un momento en que la economía global se vuelca a un vuelo a la calidad, expectante de los movimientos de la Fed norteamericana sobre las tasas de interés. Un ajuste fiscal y de tarifas se puso en marcha, mientras las tasas de interés volaron hasta 14%, intentando ponerle un freno a la aceleración inflacionaria. Lo cierto es que estas políticas contractivas exacerbaron la recesión, disminuyendo la recaudación del tesoro y dificultando más los objetivos fiscales de Levy de alcanzar un superávit de 2% del PBI. El resultado fiscal primario es ahora un -0,6% del PBI.

El ajuste fiscal propició más rá- pidamente la pérdida de popularidad de la presidente Rousseff, con menos del 10% de imagen positiva, y debe enfrentarse a un Congreso Nacional opuesto al plan económico del Ejecutivo, pérdida de apoyo de partidos aliados y masivas protestas en las calles y sindicatos. Los entramados de corrupción disminuyen aún más el apoyo político al plan económico.

La aceleración de la devaluación, propiciada por una salida de capitales de más 5.000 millones de dólares según los resultados de la Cuenta Capital y Financiera del Balance de Pagos, se traslada a los precios internos: lejos de responder al ajuste monetario y financiero, y aun en recesión, la tasa de inflación se acerca velozmente al 10% anual, 4 puntos más que hace un año. En medio del fin del boom de commodities, también el comercio exterior se desploma fuertemente, como en toda la región. La devaluación difícilmente estimula las exportaciones en el corto plazo, pero afecta significativamente la capacidad del país de comprarle al resto del mundo. Así, las importaciones caen a valores de 2010.

Expectativas para 2016 Los efectos de la recesión brasileña sobre la Argentina son decisivos, en tanto es su principal socio comercial por lejos, representando más del 30% del comercio exterior argentino. Los resultados sectoriales son claros: aun con una recuperación en la producción automotriz –debida fundamentalmente a las ventas internas-, las exportaciones se desplomaron un 24% entre enero y julio; las ventas de frutas han caído más de 10% interanual en el primer trimestre. Las perspectivas de apaciguar la restricción externa impulsando las exportaciones en el corto-mediano plazo no pueden sino volverse crecientemente débiles frente a este escenario.

* Economista y Director de Invecq Consulting S.A.