Arranquemos por los motivos, que son varios: falta de regulación del mercado por parte del Estado, inexistencia de un parámetro para fijar precios; levantamiento del cepo al dólar, dos devaluaciones del peso, suba de precios en los alimentos y en el servicio eléctrico; escaso acceso al crédito para vivienda propia, alta demanda para alquiler y baja para operaciones de compra–venta; dueños especuladores, inmobiliarias que no se atañen a la ley. Ahora sí, la noticia: los precios de los alquileres se dispararon y la renovación de los contratos viene con aumentos de, en promedio, hasta el 40% a los que hay que sumarle un 15% de ajuste semestral, la comisión de la inmobiliaria y un futuro aumento en expensas cuando los encargados de edificios definan su paritaria.

Un departamento frente o contrafrente, un PH luminoso o, en el mejor de los casos, una casa con jardín y parrilla. Son los escenarios de la vida de una persona: mudarse solo, compartirlo con una pareja o con amigos, armar una familia. Pero todo eso queda en un segundo plano para el inquilino. Su destino es quedar atrapado entre el propietario del inmueble o la inmobiliaria que cumple el doble rol de mediador y administrador.

Aquí, dos historias. Dice Estefanía Naro, 34 años, que ocupa un departamento de dos ambientes en Belgrano y acaba de renovar su contrato por segunda vez: “El alquiler se me fue a $6.500 con expensas, casi un 30% más. La inmobiliaria quería cobrarme $16.000 de comisión. Les supliqué y me hicieron una rebaja. Pude negociar con el dueño un descuento del mes para que no me pesara tanto pagar la comisión”. Dice Victoria Pérez, 40 años, inquilina de un departamento de dos ambientes en Barracas: “Pedí poder rescindir el contrato sin punitorios a los seis meses y el dueño me pidió una cláusula de renegociación si la inflación se dispara al 50%. Tuve que cerrar el acuerdo porque si salía a buscar otro lugar iba a gastar mucha plata en la mudanza, más lo que implica ‘entrar’ a un departamento”.

Alquilar un dos ambiente en Palermo cuesta, en promedio, $8.500 al mes. Para firmar el contrato, hay que dejar un mes de depósito y otro de adelanto, y la comisión inmobiliaria que, por ley, es del 4,15% en la Ciudad pero que en la práctica cobran hasta un 9%. Eso, más los gastos de certificación de firma, revisión de garantías, Veraz y sello, suma unos $26.000, sin contemplar lo que implica la mudanza.  Para renovar un contrato hay que sentarse a negociar. Es una incógnita sobre qué porque no hay estadísticas del Indec ni cifras precisas sobre la inflación, pero piden entre 30% y 40% de aumento respecto del último acuerdo, más un ajuste semestral que termina siendo de un 33% anual. Todo esto sucede antes de que los gremios acuerden sus paritarias, es decir, sin saber cuánto les aumentarán el salario.

Fuente Clarin