En Brasil corre un rumor que trae mucha preocupación: los fondos buitre tendrían ya una posición fuerte en su tenencia de acciones y obligaciones negociables dentro de Petrobras, tras haber acelerado operaciones de compra desde enero de este año.

Ya se sabía en el país vecino que estos fondos habían comenzado a adquirir papeleras de la petrolera en el último trimestre del año pasado, cuando el affaire por las denuncias de corrupción dentro de la compañía ya eran un caso grave en Brasil. Sin embargo, el dato clave que circuló la semana pasada es que entre mediados de enero y fines de abril, las operaciones de adquisición de títulos y acciones se aceleraron y que hasta una combinación de fuerzas de todos los fondos buitre podría ya forzar decisiones para el futuro de la compañía.

Si bien los analistas financieros brasileños no tienen el dato exacto sobre la cantidad de acciones que tendrían en su poder estos inversores, se especula con que incluso podría superar el 5% y alcanzar hasta un 10% en el caso de algunas obligaciones negociables. No se trata de una mayoría, ni mucho menos, pero sí de una posición relevante entre los inversores privados institucionales.

El principal fondo buitre que habría desembarcado en Petrobras, y lo habría puesto en su principal mira inversora desde fines del año pasado, es un viejo conocido de la Argentina. Se trata de Aurelius, el fondo buitre propiedad de Mark Brodsky, que a su vez es discípulo directo de Paul Singer, el dueño de NML Elliott. Aurelius fue noticia para la Argentina esta semana, al hacerse cargo sus abogados, encabezados por Edward Friedman, de la presentación de un memo ante Thomas Griesa para intentar trabar los pagos de la emisión de abril pasado del Bonar 24.

El propio Aurelius había hecho un avance en diciembre pasado en su estrategia de complicar a Petrobras, cuando blanqueó sus tenencias de bonos de la compañía y anunció que haría un llamado a otros acreedores (incluyendo los inversores institucionales brasileños) para reclamar información sobre la situación patrimonial y los activos de la petrolera, para, eventualmente, pedir una aceleración en el pago de los dividendos accionarios y de los intereses de las obligaciones negociables emitidas por la compañía.

Según los argumentos de Aurelius, la justificación del pedido eran las denuncias por corrupción en la petrolera manejada hasta febrero último por María Das Graças Silva Foster, cuando fue reemplazada por Aldemir Bendine. Aurelius protestaba por los retrasos que se registraban en esos días en las presentaciones de los balances y estados contables de Petrobras, y reclamaba la aclaración de la situación o el pago adelantado de los dividendos comprometidos.

El fondo de Brodsky no mostró cuál era en ese momento su verdadera posición accionaria (se supone que en esos momentos era muy minoritaria), con lo que no pudo demostrar la fortaleza necesaria para que su reclamo se concrete. Tampoco consiguió que otros inversores lo siguieran. Lo que sí logró es que las acciones de Petrobras se desplomaran en esas jornadas de diciembre del año pasado por motivo doble. Por un lado, por las denuncias de corrupción que el mismo Aurelius potenciaba. Por el otro, por la sorpresa que despertó en Brasil el desembarco del fondo buitre en la crisis de Petrobras.

De alguna manera, la llegada de Aurelius y compañía, hizo entender al mercado brasileño que la caída de la petrolera era en serio, ya que en el momento en que los fondos buitre comenzaron a comprar acciones demostraron que lo que se podía esperar de Petrobras era un recrudecimiento de la crisis, una baja aun mayor de los papeles, acciones directas para perturbar los movimientos de reestructuración de deuda y, lo más grave, hasta operar directamente para forzar un default.

La intención de máxima de Aurelius es poder sumar al 25% de los tenedores de deuda de Petrobras en Nueva York (serían aproximadamente unos u$s 560 millones de deuda, de los cuales se supone que el fondo domina unos u$s 150 millones), para forzar un pedido de adelanto en el pago de dividendos. Según analistas de Wall Street, si lograra el apoyo de ese 25% de los accionistas podría reclamar por incumplimientos de la petrolera en cuanto a las reglas de la denominada IASB (International Accounting Standard Board), derivadas de las denuncias de corrupción dentro de la empresa y las pérdidas que estos actos reconocidos por la propia petrolera provocaron en sus balances. El argumento sería que como el pago de coimas y retribuciones indebidas generó pérdidas a los accionistas de Petrobras, ésta debería forzar una presentación de adelanto en el pago de retribuciones en Nueva York y San Pablo a partir de la aplicación de las normas del IASB. Si este pedido avanzara, luego Aurelius forzaría a la conducción de Petrobras a una negociación privada (al menos esto es lo que buscarán los abogados de la empresa brasileña) para la cobertura anticipada de los vencimientos de los intereses o incluso una recompra de los bonos adquiridos entre noviembre de 2014 y abril de este año. Si le resultara la estrategia, Aurelius (y los fondos que lo acompañan) ganaría casi un 40% anual de dólares en una operación de meses.