Ni bien asumió Mauricio Macri se generaron expectativas muy grandes para la evolución de la economía. Pero esa euforia duró poco. Hoy, camino a los tres años de gestión, muchos sectores empiezan a impacientarse o directamente a desilusionarse.

¿Dónde estuvo el problema? ¿Qué se puede esperar en adelante?

Para ir al grano, en términos generales se tomaron decisiones necesarias y acertadas, pero la falta de coordinación de la política monetaria y la fiscal fueron las grandes culpables de que parte de las expectativas generadas inicialmente no llegaran a buen puerto. Mientras el Banco Central presentaba una política restrictiva y una batalla supuestamente inquebrantable contra la inflación, el déficit fiscal continuaba sin rienda para no afectar la actividad. Digamos que la economía quería bajar de peso comiendo pizza todos los días…

¿Por qué nos quedamos a mitad de camino? La inflación y el déficit se movieron a un ritmo por debajo de lo esperado y lo mismo sucedió con las inversiones que no llegaron, la generación de empleo formal que no apareció y la reducción de la pobreza y la indigencia.

El Gobierno estaba convencido de que las inversiones llegarían con mayor velocidad y que el empresariado local acompañaría a la nueva gestión con grandes anuncios, que brillaron por su ausencia, de inversiones que ayudarían a resolver varios de los problemas, como mejorar el empleo privado y la productividad. Pero la economía crece poco y lento. Los resultados están a la vista. Lo único que no se toca es el financiamiento externo, que es el que permite la reducción gradual del déficit; el resto está en corrección y en la búsqueda de ese equilibrio y esa coordinación que hasta el momento el equipo económico no supo encontrar.

Más inflación, menos déficit externo

El Gobierno cambió las metas de inflación: ahora el objetivo es el 15 por ciento. Pero para lograr esta meta –que ya está perdida a dos meses de iniciado 2018, porque se espera un alza de los precios cercana al 20 %–, debería subir las tasas y, en cambio, las baja. Así, sólo en el primer cuatrimestre se alcanzará la mitad de la meta (7,5 %).
El dilema “subo las tasas o achico el déficit externo”, o mejor dicho “bajo las tasas para mejorar la actividad” estuvo presente siempre. La decisión actual es más sensata. Y el camino correcto es ablandar la política monetaria. Lo importante es buscar un equilibrio entre frente externo, tasas de interés y tipo de cambio; pero se siguen equivocando con metas que no se podrán cumplir.

¿A cuánto el dólar en 2018?

Al bajar las tasas y cambiar las metas, permitieron un mayor movimiento del tipo de cambio, que era necesario para mejorar la competitividad. En 2018 tendremos un menor atraso cambiario: la proyección a diciembre es que se encuentre en el rango de los $ 23,20-$ 23.50. En noviembre de 2017 se esperaba un dólar de $ 20-$ 21 para 2018. Es evidente que las metas del tipo de cambio cambiaron y que se dará más importancia a reducir el déficit externo y a la mejora de la actividad porque “pasamos de cambios de metas de inflación a cambio de metas del tipo de cambio”.

Salarios, ¿se tocan o no se tocan?

La gran decisión que tiene que tomar el Gobierno es con los salarios. Una depreciación, para que sea exitosa, debe bajar los costos internos, donde un gran porcentaje son salarios. La administración Macri ya empezó está negociación, enfrentándose con los sindicatos, con el objetivo de darle a los empresarios una mejora de competitividad vía salarios. Veremos quién gana la pulseada: en 2017 la perdió el Gobierno, que tuvo que asumir ajustes por encima de sus aspiraciones; este año espera cerrar cerca de un 15 % más algún adicional a través de una eventual cláusula gatillo.

La Bolsa y el fin del ciclo monetario expansivo

Luego de un enero inolvidable, y con varios años de ganancias importantes, llegaron las tomas de ganancias generalizadas. Al cierre de esta nota, febrero comenzaba con una alta volatilidad, propia de los instrumentos de renta variable que muchos inversores habían olvidado. ¿Se viene una corrección importante o es una toma de ganancias que hace mucho tiempo no se daba? La Reserva Federal ya venía con un proceso muy claro: en 2014 dejó de inyectar dinero, en 2015 empezó a subir la tasa, en 2017 absorbió los excedentes monetarios a través de la venta de bonos y en 2018 se esperan tres nuevas subas de tasas. Hasta el momento, las tasas siguen siendo bajas. Por este motivo, y a pesar del impacto en el spread de los emergentes, recomiendo seguir invertidos en la Argentina, si bien con mayor cautela, selectividad y coberturas, porque el Merval es una de las bolsas más atractivas.

Fuente | El Cronista